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Generación Y: La generación del cambio

Son los hijos del auge de la tecnología y las comunicaciones, y crecieron en medio de una etapa de fuertes cambios políticos y sociales en el mundo.

Son los hijos del auge de la tecnología y las comunicaciones, y crecieron en medio de una etapa de fuertes cambios políticos y sociales en el mundo.

Son los miembros de la Generación Y, los menores de 30 años, de quienes se afirma que cuentan con mejores defensas ante las crisis, muestran gran confianza en sí mismos, saben lo que quieren y cómo lograrlo. 

Si usted nació después del año 1982 y es un joven adulto, pertenece a un entorno urbano y cuenta con un grado de información más o menos apreciable; es una persona ajena a lo convencional y a la vez dueña de un alto grado de compromiso con el planeta y un mayor sentido ético, usted es miembro de la que se ha dado en llamar como Generación del Milenio o Generación Y.
Se trata, ni más ni menos, de quienes están irrumpiendo hoy en los campos profesional, cultural, artístico, político y social, e indudablemente constituyen una tenaz competencia para las generaciones que los preceden, no sólo porque los códigos digital y tecnológico son lenguas maternas para los Ye, sino porque de ellos se resaltan cualidades como su mejor aptitud para enfrentar las crisis, una sorprendente seguridad y autoestima, su creatividad poliforme y una construcción de valores más liberal en lo moral pero con cuotas de responsabilidad y compromiso más sólidos que los de sus mayores.

Comparados con sus inmediatos predecesores, la Generación X, que comprende a los nacidos después de mediados de los años sesenta y a los que comúnmente se conoce como la generación perdida, y con la generación de sus padres, los baby boomers, nacidos en el boom demográfico de la posguerra, entre 1945 y 1965, los Ye se destacan por ser los primeros individuos capacitados para manejar la dolencia reina de estos tiempos: el estrés.

Los medios de comunicación, el mercadeo y, más juiciosamente, algunos científicos sociales, los describen como gente relajada que rehúye las complicaciones; dueños de un aguzado sentido crítico y cuestionador; se destacan por su natural habilidad para trabajar en equipo y son más abiertos a encontrar la equivalencia entre pares; tienen una enorme facilidad para desarrollar múltiples tareas a un mismo tiempo. Buscan la independencia a ultranza y son emprendedores, tienden a formar pequeñas empresas antes que emplearse, son adictos al cambio permanente y son una generación que cuenta con inteligencia financiera.

Se muestran alérgicos a las reuniones y a los usos burocráticos tradicionales de las oficinas: impulsan resolver estos temas valiéndose de Internet. Un rasgo distintivo es que propician la comunicación y, por supuesto, son los amos y señores de las redes sociales, claramente diseñadas a su medida.

Eligen carreras emparentadas con las artes visuales, la tecnología o las humanidades, y en los espacios laborales han ido desterrando la formalidad. Podría decirse que se han apropiado de una nueva y diversa narrativa del mundo.
Una tradicional revista de publicidad y mercadeo de Chicago, Advertising Age, en 1991, fue la primera en advertir la llegada de la Generación del Milenio y colgarle el mote de Generación Y, aludiendo a los por entonces adolescentes como gente nada dócil o conformista, siempre cuestionadora y en búsqueda permanente.

Con frecuencia hijos de hogares disfuncionales, están preparados para evitar cometer las equivocaciones de sus padres. Apuestan por el equilibrio entre lo personal y lo profesional y no están obsesionados por sus carreras como lo estuvieron los boomers o los yuppies años atrás.

Fenómeno urbano al fin, los Ye reconocen a la guerra de culturas o de tribus como un signo de su época, hacen culto de la práctica de deportes urbanos y adhieren con firmeza a las estéticas de skaters o emos. Sin embargo, la cultura hipster, con un desapego por lo establecido y una búsqueda de independencia a ultranza, parece ser la que mejor los representa, con su gusto por la ropa de segunda mano y accesorios que representan su postura alternativa. Sus elecciones en cuanto a moda, música, cine, diseño o tecnología siguen esa misma línea.

Se dice de los Ye que son la primera generación que no está exactamente dispuesta a cambiar el mundo, porque sencillamente fueron acogidos por un entorno que les es amigable y práctico. No obstante, y pese a vivir en una época en que se subraya lo singular y lo individual, tienden a identificarse con los movimientos sociales y con la reivindicación de los derechos humanos y civiles, porque creen firmemente en mejorar las condiciones de vida para las generaciones futuras.

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Los Ye llegaron con el final de la Guerra Fría y la caída del muro de Berlín, con la masificación de Internet y la aparición de los teléfonos celulares. Son protagonistas de la globalización y presenciaron en directo las guerras en la ex Yugoslavia, Iraq o Afganistán; asistieron en primera fila a los ataques de 11-S y el auge de la guerra contra el terrorismo. Más recientemente, fueron testigos del ascenso del primer presidente negro de los Estados Unidos y de la muerte del hombre sindicado como el peor terrorista de la historia.

Gente de la posmodernidad al fin y al cabo, no parecieron tan sorprendidos frente a las revelaciones de Wikileaks y muy seguramente su espíritu impregna muchos de los contenidos que animan a Los Indignados y a colectivos como Anonymus.

La visión académica

Más allá de etiquetas, la teoría moderna de las generaciones en la que nos reflejamos se la debemos a los científicos sociales norteamericanos, quienes han escudriñado los comportamientos y las tendencias de los miembros de su sociedad, pero que también han entendido que la clasificación generacional no sólo no es caprichosa, sino que resulta válida para otras sociedades desarrolladas y aun para los miembros de las clases urbanas educadas de las sociedades emergentes.

Así lo afirman dos historiadores norteamericanos, William Strauss y Neil Howe, quienes desarrollaron una teoría que plantea la existencia de ciclos generacionales que han venido repitiéndose a lo largo de la historia, con cuatro etapas por ciclo, o cuatro cambios, que corresponden cada uno a un período generacional, de aproximadamente veinte años, signados en cada caso por un estado de ánimo social en particular, un sistema de creencias más o menos común, y características generales que cobijan a la mayoría de los individuos.

Estas cuatro etapas se intercalan, según estos autores, en una sucesión de crisis y despertares sociales: durante las crisis se fortalecen las instituciones y se debilita el individualismo, mientras que en los despertares, los intereses personales e individuales se imponen a los institucionales, y dan lugar a momentos de mayor conciencia y cambio social.

Según estos postulados, los hombres y las mujeres de la Generación Y son personas optimistas, que fueron criados en la creencia de que son personas especiales. Critican el egoísmo de los adultos, a quienes les reclaman el hecho de desconocer los derechos de los otros. Sin embargo, y a contrapelo de lo que ocurrió con los baby boomers y la Generación X, los Ye no alientan la ruptura generacional frente a sus padres y con frecuencia comparten con éstos gustos y afinidades. Un fenómeno claro es que permanecen más tiempo en el hogar paterno, hecho que ha derivado en una prolongación de la adolescencia.

La Generación Y está dotada de una mayor autodisciplina, se trata de una colectivo mejor entrenado y dispuesto a lograr metas de largo plazo. En definitiva, gente con menores expectativas que las de sus padres y con mayores índices de bienestar y felicidad que éstos. Se trata de una generación menos inclinada al aturdimiento, más sobria y más enfocada.

¿Se reconoce usted como un Ye? ¿O ve retratado a alguno de sus hijos o nietos? De ser así, enhorabuena, porque todo parece indicar que se trata de la generación del cambio, la que dará el salto hacia un futuro más equilibrado.

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Febrero
01 / 2012

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