Ashes, Carolina Sepúlveda y Custo: moda de verdad

POR: Revista Diners
 / julio 23 2014
POR: Revista Diners

Las pasarelas presentan un desafío tanto para los diseñadores como para la prensa especializada, empresas de producción, organizadores y público. Los primeros son los que llevan la batuta. Sin creadores no estaríamos en una feria como esta y menos en un recinto oscuro a la espera de que aparezca la primera modelo. Cuando por fin los veinte minutos de desfile comienzan, el papel de los demás adquiere sentido. El reto que asumimos todos consiste en que ese lapso donde se ve la moda –normalmente al ritmo caprichoso que exige la música planeada previamente y no al que uno quisiera para poder apreciar mejor-, ese tiempo es compartido. Un desfile se convierte así en un ejercicio colectivo de imaginación tan lírico como técnico. Participar en él requiere el más esmerado esfuerzo, no es banal. Aunque puede ser también muy divertido.

Resolví desplazarme con mi termómetro invisible a los lugares donde se manifiestan los nervios de quienes se ven involucrados en un desfile. Detrás del escenario –backstage para los del sector moda- el ambiente es húmedo. Se suelen combinar las lágrimas con le sudor. La tensión es evidente en el espacio reservado para cada diseñador, hasta las pacientes prendas muestran algo de extrema rigidez colgadas en sus perchas. Quizás los vestuaristas sean los únicos felices en ese momento: los he visto bailar con aspersores de vapor en sus manos, imitar el caminado soldadesco de algunas modelos y gastar bromas sobre sus sueños. Empresarios de agencias de modelos se la juegan hasta el último minuto y lucen lógicamente despeinados. Los equipos de estilismo quisieran pulir más y ya no se puede. El diseñador prefiere que todo comience ya: como si le fuera a abrir la puerta de toriles a un ejemplar de casta muy bravo.

Al otro lado del cortinaje, los murmullos denotan la ansiedad que también se vive entre los asistentes. Determinar quién es quién no es tan evidente, las pintas literalmente despistan. Los hay “muy producidos” y están quienes neutralizan su misión sin moverse de la silla asignada. En general, los de la primera fila están activamente trabajando. Son clientes, patrocinadores, periodistas, celebridades, compradores, familiares. Cada quien tiene que estar listo para recibir al toro que está a punto de salir. ¿Será hermoso, suficientemente impactante, entretenido, aguerrido, capaz de quitar la respiración?

Tres propuestas, en el primer día de Colombiamoda, lograron aliviar esta pregunta. Vanessa Gómez, la joven diseñadora que es autora de la línea femenina Ashes; Carolina Sepúlveda creadora de la marca Aldea y de la colección “Trazos” y Custo Barcelona –el único invitado internacional en las pasarelas-.

El romanticismo en su estado más puro debe ser negro, blanco, liviano, limpio, hondo y musical. Como versos recitados en murmullo que toquen la piel y luego hagan nido en el alma. Así fue Ashes. Eso transmitió Vanessa Gómez con un magnetismo único, de ella. Cuando se quitó –a modo de saludo agradecido- el sombrero de fieltro negro y su ala ancha recortada a mano rozó el piso de la pasarela al finalizar su presentación hubo lágrimas. De verdad: en los ojos de varios asistentes y en los de Ana María Londoño, la productora jefe de Fucsia, publicación que respalda el trabajo de un diseñador anualmente. De Vanessa Gómez en este caso pues su línea femenina conquistó al jurado que buscaba el diseñador revelación en esta edición.

Vestidos amplios en capas anudadas con breves nudos a la espalda, sobre la cadera, en una cintura que siempre se desliza. Pantalones de abundante tela que se enrosca a modo de serpiente sobre los tobillos. Sobretodos y capas, breves blusas y otras larguísimas y desabotonadas. Todas las prendas flotando al ritmo de los ventiladores metálicos que marcaban la pasarela. Y los sombreros de fieltro: el símbolo de una mujer que irrumpe con una fuerza tan suave como contundente en la moda nacional.

A Carolina Sepúlveda los nervios se apoderaron de su cuerpo justo al final de su desfile. Es su cuarta pasarela en Colombiamoda. Fue entonces que se agarró los dos brazos como temiendo que fueran a desajustarse. Y sonreía para sí misma. Luego mostró esa misma sonrisa a los fotógrafos que la solicitaban. El diseñador Angel Yañez, admirado a su paso, llegó precisamente a felicitarla en privado. Estudiosa de los patrones japoneses, Carolina Sepúlveda resolvió volver su taller visible a través de “Trazos”. “La verdad es que a diario es un lugar silencioso y sin colores” dice esta mujer apoyada sobre las cajas de cartón que envuelven los zapatos. En pasarela se convirtió en una suerte de invernadero intervenido con una mesa de corte, rollos de lino, rosas y agua (intervenciones de Don Eloy y Cielo, las marcas patrocinadoras), maniquíes y varias máquinas de coser.

En torno al escenario desfilaron las modelos con los maxi vestidos, los gabanes, los blusones y las faldas de cortes libres que maneja con precisión la diseñadora. Blancos y rojos, blancos y rojos. Solamente finas líneas en azul, amarillo, verde y rojo recorrían como venas algunas piezas. Los trazos reales que la diseñadora trabaja a mano sobre papel y que resolvió volver diseño textil para mostrar además cómo funciona su método particular. Así mostró la factura real de sus bolsillos, del sesgo, de la entretela, de los bajos y de los remates de cuello. Prendas finalizadas pero que muestran el quehacer desnudo. Una manera reveladora de contar cómo vive la moda.

A Custo lo que es de Custo. La marca creada por este barcelonés hace más de treinta años, nacido bajo el apellido Dalmau, es un armario infinito y múltiple. Siempre se amplia como si con él no fuera el asunto del espacio. Siempre cabe más de su lenguaje característico interpretado en esta ocasión con una entretenidísima secuencia de shorts, chaquetas, abrigos largos, tops, camisetas, jerseys, vestidos y pantalones en terciopelos mezclados con todo lo inimaginable. Paleta retro provista de azules, amarillos y rojos siempre varios “pantones” más debajo de lo usual.
“Me siento medio paisa y estoy muy feliz de estar en Medellín” había dicho durante el almuerzo Custo Barcelona ante la mirada de su mujer, Eva, la madre de sus cuatro hijos. Los directivos de Haceb también le escucharon divertidos. No en vano tienen que conocerse bien. La empresa antioqueña se la juega en el mercado a través de la intervención estética de una colección de neveras invitando a destacados diseñadores. Custo Barcelona dejó impreso su sello con un gallo en azules y negros y con una mujer favorecida por una enorme pamela. Por la noche, durante el desfile, busqué el gallo para continuar el juego. No lo encontré pues Custo Barcelona es experto en distraer tu atención con un diseño y otro y otro más. Que esta vez lució especialmente bien en los zapatos en pasarela.

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julio
23 / 2014