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25 años y siempre: en honor a Andrés Escobar

Hoy, en un día al que no habríamos querido llegar, se cumplen 25 años de la trágica muerte de Andrés Escobar. Aquí un homenaje al Caballero de la Cancha y fuera de ella.

Hoy, en un día al que no habríamos querido llegar, se cumplen 25 años de la trágica muerte de Andrés Escobar. Aquí un homenaje al Caballero de la Cancha y fuera de ella.

“Pero, por favor, que el respeto se mantenga… […] fue una oportunidad y una experiencia fenomenal, rara, que jamás había sentido en mi vida. Hasta pronto, porque la vida no termina aquí.” Andrés Escobar.

Muchos jóvenes que nacimos a finales de los 80 o comienzos de los 90, pequeños como éramos, no pudimos ver o no tenemos los recuerdos suficientes de las selecciones que volvieron a un mundial después de 28 años de frustraciones, en 1990 y que luego repitieron la hazaña en 1994. Sin embargo, crecimos con el doble estigma de la gloria y la derrota, sin términos medios. Hemos sabido, de boca y de mano de las generaciones anteriores y de los medios de comunicación con su parla incesante por más de veinte años, que esos equipos, destinados a la grandeza (a la que accedieron a cuentagotas) fracasaron estruendosamente, yendo a estrellar sus enormes aspiraciones contra el más duro de los muros, el de las eliminaciones contundentes y consecutivas en primera ronda.

Esa es una historia que se cuenta siempre, con lujo de detalles, cada vez que hay la oportunidad gracias a un triunfo importante, un partido previo o una conmemoración de ese evento. Pero hay otros recuerdos, menos alegres y más reflexivos, que se relatan soterradamente y sobre los que aún hoy persiste un halo de oscuridad. Para un país que sigue inmerso en la tremenda narrativa de violencia desde todos los frentes, hacer el ejercicio de contar sin medias verdades y, por esa vía, aceptar que hasta el deporte y los equipos por los que “nos hacemos matar” –con las implicaciones metafóricas y literales que la expresión tiene– jugaron codo a codo con esa parte lamentable de lo que somos no es sencillo. Esos intentos, igual, son infructuosos, porque la verdad está ahí, no calla y, en este caso, es una: hoy se cumplen 25 años del brutal asesinato de Andrés Escobar Saldarriaga, defensa de la selección Colombia y Atlético Nacional, días después de haber vuelto de EEUU tras el amargo adiós del Mundial apenas 3 partidos después, cuando hasta el propio Pelé daba a Colombia como favorito.

Lo que pasó, en mayor o menor medida, es conocido porque, esto sí, lo han contado los testigos muchas veces. Andrés salió de fiesta con unos amigos y en el lugar en el que estaban, unos tipos lo increparon hasta la saciedad por el autogol que anotó en la portería de Óscar Córdoba frente a los anfitriones diez días antes. ‘El Caballero de la Cancha’, como era conocido, pidió respeto a sus contradictores, abogando por la razón cuando los otros, enceguecidos, sólo querían saber de terquedad y de ira. Cuando ya se marchaba, Escobar fue a buscar su carro al parqueadero y ahí se topó a los mismos tipos. Y el desenlace no pudo, no podía ser otro. Lo que era un fracaso colectivo en lo deportivo, del que iba a costar sudor y tiempo recuperarse, se convirtió en apenas segundos en una tragedia colectiva en lo moral. En la madrugada del 2 de julio de 1994, en Medellín, habían matado a Andrés Escobar de 6 disparos. De esa, aún no se sabe cómo recuperarse. En parte, porque ni el más pesimista y descreído del país podría haber imaginado que una acción tan desafortunada como común en la dinámica de un partido de fútbol podría haber llevado a Colombia a un punto sin retorno. ¿Cuál es la línea macabra  –y esta pregunta deberíamos hacérnosla más a menudo– que une puntos tan dispersos en el mapa de nuestra realidad, en este caso un autogol y un asesinato?

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Los que vemos hoy a la Selección llegar hasta lo impensado, seguramente nos preguntamos por qué a Andrés Escobar y a sus compañeros no les tocó una mejor suerte. El estigma de violencia e incomprensión colectiva con el que cargamos los que nos llamamos colombianos, tanto afuera como aquí mismo, entre nosotros, nos ha llevado a situaciones que no deberían repetirse jamás, y esa selección a la que no le alcanzó, tampoco fue ajena a la cruz. Hoy, 25 años después, en el mejor desempeño futbolístico de nuestra historia a punta de puro juego y alegría, 23 hombres y un cuerpo técnico que apenas comienza nos están liberando a todos, así sea un poquito, de ese lastre. Hay un sentimiento de tranquilidad que partido tras partido está impregnado una convicción de que las cosas, comenzando por el fútbol, sí pueden ser mejores. Un homenaje para Andrés, por lo que mereció… y para todos los demás.

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