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Alemania y Estados Unidos, muy cerca

Lo que la historia no puede, el fútbol lo consigue. Hoy enfrentados, pero juntos, aparecen Alemania y Estados Unidos, con un pasado y unos protagonistas comunes.

Foto: Jürgen Klinsmann, técnico de Estados Unidos, junto a Joachim Löw, de Alemania

Lo que la historia no puede, el fútbol lo consigue. Hoy enfrentados, pero juntos, aparecen Alemania y Estados Unidos, con un pasado y unos protagonistas comunes.

El fútbol en Estados Unidos comenzó a cambiar hace veinte años, cuando la Copa del Mundo llegó por primera vez a esa parte de América en 1994. Como todo evento no gringo organizado allá o tratado de emular por los estadounidenses, algunos detalles fueron risibles y extraños para el resto del mundo de larga tradición futbolera. El tamaño y la estructura de canchas y estadios, la mayoría de ellos originalmente ideados para el fútbol americano y adaptados al nuevo deporte. La palabra “soccer” por todas partes; la mascota del mundial, un perro que respondía al nombre de Striker (palabra del inglés norteamericano para referirse al forward británico, es decir, al delantero) y en general, toda clase de malentendidos culturales ligados al idioma y a la manera estadounidense de entender los deportes –las numerosas pausas, la ausencia de empates, menos pasión y más publicidad.

La opinión general fue que era absurdo llevar el mundial, algo tan poco norteamericano, a la tierra de los rascacielos y de las cosas de tamaño descomunal, pero la FIFA, por supuesto, tenía todo controlado y la jugada fue tanto política como económica. La idea del fútbol como el deporte mundial estaba muy bien, pero no consumada totalmente. Concretar a EEUU era derribar la última frontera y lograr la globalización real del mercado. Y aunque las críticas durante todo el torneo y la aparente apatía de los estadounidenses fue notoria, al final la sensación fue que el torneo fue exitoso y dejó para la posteridad la creación de la liga profesional norteamericana, la MLS y el interés paulatino del gringo de cierto perfil (blanco, de clase media alta, con algún matiz intelectual).

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De los equipos clásicos en la historia de las Copas del Mundo, quizá la peor decepción de ese mundial 94 se la llevó Alemania, poniendo su pequeña contribución a la larga tradición del vigente campeón que queda afuera más pronto de lo esperado. Por supuesto, el conjunto germano llegaba con la etiqueta de favorito y su plantel reforzaba la idea: entre otros estaban Lothar Matthäus, Bodo Illgner, Andreas Brehme y el goleador Jürgen Klinsmann. Éste último llegó precedido por buenas rachas en las temporadas anteriores y logró marcó unos cuantos goles en el torneo, que sin embargo resultaron intrascendentes al momento de la eliminación contra Bulgaria. Cuatro años después disputaría su último campeonato mundial y se retiraría. De ahí a la dirección técnica habría un paso.

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Estudiando para ejercer de entrenador profesional, se cruzó con un tal Joachim Löw, exjugador también pero con un paso mucho más discreto por el fútbol de primer nivel. Hicieron buenas migas, tal vez compartiendo personalidades y visiones similares de entender el juego. Y en 2004, cuando sorpresivamente le otorgaron el cargo a Klinsmann sin tener ninguna experiencia previa, éste no dudo en llamar a su amigo Löw para emprender el proyecto juntos. Juntos quisieron transformar las bases del fútbol alemán tradicional, de defensa férrea y sobrada potencia física. Y lo consiguieron: con una renovación importantísima, el juego teutón contemporáneo empezó a cosechar elogios no sólo por su eficacia natural a la que acostumbra, sino también por los destellos de clase, elegancia y alegría de sus nuevas generaciones. Esa idea, además de deportiva, también tiene un importante asiento en lo cultural: es la Alemania posmoderna, la que se gestó gracias a la posguerra, el milagro económico y la reunificación del Este con el Oeste. Es esa nueva Alemania, la del poderío financiero y la vanguardia artística y cultural, la de los descendientes de turcos, albaneses, tunecinos, ghaneses, polacos, españoles y brasileños que el mundo reconoce como alemanes y juegan en el Mannschaft, el equipo nacional, como cualquier rubio más.

Luego del mundial en casa que ilusionó hasta al más escéptico –y dicen, también, que sirvió para unir al país, tan dispar, en torno a una idea común–, Klinsmann se marchó y como era de esperarse para alguien que fuera parte del proceso, Löw ocupó el lugar que le pertenece hasta hoy, cuando afronta su segundo mundial. Y justo ocho años después de la última vez que trabajaron juntos, los amigos se reencuentran para enfrentar sus métodos y su ideología parecida en un partido a muerte. Por supuesto, Alemania parte con ventaja, pero el duelo no deja de ser interesante por ver cómo reaccionarán ambos equipos a las decisiones de sus técnicos, que se conocen tan bien y saben tanto el uno del otro.

¿Por qué, en un mundo con millones de posibilidades, dos personas tan cercanas terminan enfrentadas por causas distintas a miles de kilómetros? Más allá de la simple suerte, también es el hecho de que si algo les quedó a los gringos de su experiencia mundialista, sumada a su típica obsesión de abarcarlo todo, es que el soccer también apasiona y que, con trabajo duro y un buen proceso, podrían también llegar a triunfar. Por eso, cansados de los resultados mediocres, decidieron dejar de lado a los coachs locales y traer a un hombre de la talla de Klinsmann, tan curtido en el juego de más alta exigencia. Y curiosamente, con Klinsmann y el cambio en la filosofía de juego, que los acerca a estándares europeos, por primera vez logra emocionar a los países con un interés genuino en el juego. Además, aparecieron también jugadores jóvenes y ávidos de triunfos. Cinco de ellos, además, tienen nexos con Deutschland: o bien nacieron allá, o sus padres lo hicieron o han jugado desde chicos en las divisiones inferiores de clubes alemanes.

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En Estados Unidos, ahora se habla de lo cool que es ver fútbol europeo y seguir las ligas domingo a domingo, casi como un fenómeno cultural novedoso. En Williamsburg, uno de los barrios de perfil alternativo de Brooklyn en Nueva York, proliferan los jóvenes con intereses artísticos que se reúnen en bares y restaurantes, a veces incluso a las 6 o 7 de la mañana, para no perder detalle del Real Madrid, el Liverpool o el Bayern Múnich. What’s going on in America?, preguntarían los estadounidenses, porque esa europeización nunca había sido tan fuerte como hoy. El futuro promete más.

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Junio
26 / 2014

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