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Uruguay-Italia, los dos rebeldes del Mundial

El partido Italia-Uruguay enfrenta a Mario Balotelli y Luis Suárez. Ambos estrellas, ambos polémicos, ambos sendos jugadores de fútbol.

El partido Italia-Uruguay enfrenta a Mario Balotelli y Luis Suárez. Ambos estrellas, ambos polémicos, ambos sendos jugadores de fútbol.

El partido que debería ofrecer más emociones hoy, italianos contra charrúas, enfrenta a dos equipos cuyas grandes figuras, deportivamente tan diferentes, comparten una cierta manera de ser dentro y fuera de la cancha. Ambos estrellas, ambos polémicos, ambos sendos jugadores de fútbol.

Uruguay depende mucho de Luis Suárez, su genial delantero, y eso lo saben todos, desde la prensa, los hinchas y los rivales hasta su técnico y compañeros de selección. Cuando Suárez está ausente se nota mucho y el poder ofensivo de su equipo, así como la intimidación a los rivales se resiente. Eso pasó, en parte, en el primer partido de este mundial, en el que Costa Rica sorprendió y los venció 3 a 1. Por eso la vuelta al equipo contra Inglaterra, después de una lesión reciente, supuso la victoria que todos estaban esperando, con un Suárez inspirado que salvó a su equipo en el momento más complicado. ‘Luisito’, como le dicen, es así: a veces se demora en despertar, pero cuando lo hace no hay nadie indiferente y es muy difícil no salir tocado (para bien o para mal).

Por su parte, en una Italia ausente de cracks mediáticos desde hace mucho tiempo, los dos jugadores que sobresalen realmente son Andrea Pirlo y Mario Ballotelli, ambos por vías muy diferentes. Me explico: no es que los dos no sean jugadores excepcionales, pero donde el primero destila elegancia, calma y habilidad para jugar con la mente –en un perfil reciente, decían que Pirlo pareciera que jugara siempre con esmoquin–; el otro es todo velocidad, fuerza, impaciencia por hacerlo todo, meter todos los goles, ser él mismo los 11 jugadores. Es como si Ballotelli tuviera que demostrarse a él mismo y a los otros 60 millones de italianos de lo que es capaz partido tras partido; uno sólo fallo o una derrota son una catástrofe para su ego, generalmente en las nubes.

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Y es ahí donde Suárez y Ballotelli se hermanan, en su necesidad de no ser como los demás: ellos son, y lo saben, diferentes y excéntricos. Y sus actuaciones dentro de la cancha, pero sin balón ni en juego son las que completan su perfil de rebeldes. La mala reputación que se han ganado a pulso tiene en ambos una larga historia. Nadie le perdona a Suárez no haberle dado la mano a Patrice Evra en un partido en la Premier League inglesa, además de haberlo insultado de manera racista meses antes. Después, el escándalo continuó cuando en una acción de juego mordió en un brazo a Ivanovic, defensa del Chelsea, mientras forcejeaban. No era la primera vez que eso pasaba: jugando en Holanda, ya había mordido durante un partido a un rival. En un partido contra Chile, le propinó un puño en la cara al defensa Gonzalo Jara. Para callarlos a todos y dar algo positivo de qué hablar, Suárez hace goles. A sus críticos, les ha respondido con 213 tantos en algo más de ocho años de carrera.

Ballotelli comenzó con sus problemas desde chico y no ha parado. Entre ellos se encuentran las muchas peleas con sus compañeros de equipo; salidas nocturnas prohibidas; declararse hincha del AC Milan mientras jugaba en su clásico rival, el Inter; negarse a entrenar como el resto de sus compañeros; tener encontronazos con los técnicos; quemar su propia casa tras jugar con fuegos artificiales y finalmente anotar un gol y como respuesta a todas las críticas, mostrar una camiseta con la leyenda “¿Por qué siempre yo?”.

Eso son ambos jugadores: geniales e incomprendidos. Incómodos por la situación que les toca y por estar siempre en el ojo del huracán. Pero como corresponde a los cracks, el enorme talento o incluso la lucha que dan es suficiente para sobreponerse. Incluso si en un partido no brilla ni siquiera con un gol, la entrega de Suárez es meritoria, tanto que se convierte en épica y en tragedia. Todavía es suya la gloria de uno de los partidos más emocionantes e improbables de la historia de los mundiales. En 2010, Suárez saca con la mano el gol de la clasificación a semifinales de Ghana, en el minuto 120 del partido, luego de un apretado 1-1. Lo expulsan y pitan penal para Ghana. Un Suárez desconsolado sale del campo pero se queda cerca para ver el fatídico desenlace. El ghanés Gyan estrella el balón contra el palo y sale. El partido termina ahí mismo y la definición por penales favorece a Uruguay. ¿Quién puede decirle algo a Suárez?

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‘Súper Mario’, el italiano, no se queda atrás. A la Eurocopa 2012 llegó con poca credibilidad gracias a constante indisciplina. Al equipo, además, pocos daban ni siquiera por opcionada fue labrando su camino hasta la final. En la semifinal contra la durísima Alemania, Balotelli, como si fuera lo más sencillo del mundo, marca dos goles en quince minutos, le da triunfo a la selección y por celebración se quita la camiseta y se queda quieto, mirando muy serio y fijamente a algún punto indeterminado. ¿Quién puede decirle algo a Mario?

Por el bien de la emoción del mundial, ojalá ambos jugadores den hoy lo mejor de sí en el campo. Por supuesto, si le ponen esa pizca suya de rebeldía este choque de estrellas promete ser de lo más interesante que nos deje la Copa del Mundo.

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Junio
24 / 2014

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