La revancha entre la roja y la naranja

El partido de hoy enfrenta dos estilos de juego y también, muy distantes pero inevitablemente ligados, tal vez más de lo que quisieran, dos estilos de vida.
 
POR: 
Andrés F. Rodríguez

España y Holanda se han enfrentado una única vez en la máxima competencia del fútbol mundial, con ese escaso 1-0 que le dio a los de la península su primera copa mundial en 2010. Aún se habla de lo poco entretenido del partido, de los merecimientos de cada quien, de qué el desenlace debió haber sido de una forma o de la otra. Con ese recuerdo todavía fresco, las dos potencias futbolísticas se ven de nuevo hoy, ésta vez en el escenario opuesto, el primer juego de su grupo.

Afuera del partido, el ciudadano vive los ‘choques’ reales, por cuenta de las profundas diferencias culturales que unos y otros dicen tener. Es un lugar común creer que para la región del norte de Europa, fría y distante, lejana al Mediterráneo, el espíritu del sur es sinónimo de pereza y poco trabajo, siesta al mediodía y fiesta sin cesar. De la otra orilla, se dice que los vecinos del mar ven en su contraparte tierra fértil para la rigurosidad, el aburrimiento y la falta de cualquier tipo de sentido del humor. Cierto o no, el estereotipo está muy extendido entre unos y otros, españoles y holandeses, disparejos hermanos por vía jurídica gracias a lo que se llama hoy Unión Europea.

El embajador de España en ese país, Javier Villaure, dijo en una entrevista que Holanda forma parte del “grupo duro” de la UE, con Austria, Finlandia y Alemania y que en efecto sí los ven como un país indisciplinado y de segunda clase. Palabras muy duras y tan contradictorias que dan risa, porque si algo se encuentra en la costa ibérica en el verano son rubiecitos pálidos y altísimos, con ganas de tostarse al máximo aprovechando la abundancia de sol que tanto escasea allá arriba, en sus playas imaginarias industrializadas. En otras palabras, a los holandeses les encanta España para veranear, pasarla bien e irse de fiesta, pero cuando se trata del trabajo duro, la economía y la crisis, las miradas son de reproche porque temen, como muchos otros países, que ayudar a los que están en aprietos es poner en riesgo la relativa estabilidad de la que aún hoy gozan algunos en el Viejo Continente. ¿Y los españoles? Para ellos los holandeses quizá son tacaños y estrictos, pero en estas épocas aciagas en que el desempleo joven alcanza el 57.7%, el trabajo y las oportunidades están allá y por eso están emigrando, con la esperanza puesta en encontrar lo que se les niega.

Curiosamente, como uno de los llamados “fuertes de la UE” en lo socioeconómico, Holanda ha cumplido relativamente bien el papel como receptor de migrantes, especialmente de los estados del Caribe que siguen estando bajo su dominio. Para ello, las selecciones nacionales sirven como un pequeño país, un crisol mínimo pero significativo de la nación: varias de las máximas figuras del fútbol holandés, como Ruud Gullit, Edgar Davids, Clarence Seedorf y Patrick Kluivert, además de algunos convocados a Brasil 2014 son de orígenes surinameses, curazaleños y arubanos. Que nadie se olvide tampoco que la reina de los Países Bajos es la argentina –¡suramericana!– Máxima Zorreguieta, una muestra más de que, como sea, la mezcla e integración de culturas se le da muy aceptablemente al país de los puertos y los diques.

El partido de hoy enfrenta dos estilos de juego y también, muy distantes pero inevitablemente ligados, tal vez más de lo que quisieran, dos estilos de vida aunque en este caso y, por fortuna, no se trata de que haya un vencedor y un vencido.

         

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junio
13 / 2014