Los croatas brasileños

Por increíble que parezca, hay dos brasileños que tienen la dura tarea de aguarle la fiesta al anfitrión en su partido inaugural.
 
POR: 
Andrés F. Rodríguez

¿Es posible conjugar lo que se debe hacer con lo que seguramente se quisiera en el imprevisto campo de juego?Cuando nacer ya no es pertenecer.

Hubo un tiempo en que el fútbol era sinónimo de identidad local y nacional y de orgullo patrio. Los hinchas seguían al equipo de su ciudad, equipos cuyos jugadores estaban todos conformados –prácticamente– por personas nacionales, con pasaporte de ese mismo país. Ese principio se extendía, por supuesto a las selecciones nacionales, con hombres en teoría patriotas hasta la médula. El equipo de un país siempre ha funcionado como catalizador de frustraciones, conflictos y alegrías de todo un país. Pues bueno, esa época, al parecer, ha quedado atrás.

En realidad no hay que ser tan dramáticos, que para la muestra están todos los fanáticos con sus camisetas y sus gargantas a punto para gritar los goles nacionales. Sin embargo, lo cierto es que ya no es raro encontrar, como uno de los miles de nuevos hijos de la globalización, seguidores criollos del Barcelona y el Real Madrid o gente que prefiere ver la liga china, camerunesa o portuguesa y pasar por alto un Huila-Tolima. Lo mismo pasa con los jugadores nacidos en un lugar que terminan representando a otro, muchas veces con una distancia geográfica y cultural insalvable. Las cosas del mundo posmoderno, con sus facilidades relativas de movilidad, para jugar al “me voy para allá a ver que me sale”, que funciona tanto o tan poco según el caso. Sólo eso explica que hoy, en la inauguración del que debería ser su mundial en casa, haya dos brasileños que se paren en la cancha pero del lado contrario, enfrentando al que es su país natal, con camiseta, pasaporte y sentir diferente. Es el caso de Eduardo da Silva y Sammir, delantero y volante, respectivamente.

El destino de ambos fue parecido. Eduardo salió de Brasil a los 16 años, en 1999, cuando la academia juvenil del Dinamo Zagreb lo quiso tener entre sus filas. Fue a una prueba, regresó a su casa en Río de Janeiro y dos meses después haría de la capital croata su nuevo hogar por varios años. Sammir Cruz Campos dejó en 2006, a los 19 años, los diversos equipos por los que pasó muy modestamente en las regiones de Minas Gerais y São Paulo, para seguir los pasos de su compatriota, ya asentado y con quien se cruzó fugazmente unos meses. ¿Por qué dos brasileños terminan en un país de Europa del Este, en principio tan extraño a su hogar y su vida? Quizá, como ya se dijo, las oportunidades de establecer su carrera y buscar el futuro esquivo, además de la posibilidad del sueño, aquí no americano sino –como corresponde al fútbol– europeo. No menos importante, desde hace años Croacia ha tenido predilección por futbolistas suramericanos (aparte de los anfitriones del mundial, Argentina y Chile cuentan con varios jugadores).

El resto es historia: ambos han pasado ya más de 8 años en ese país, lo que les permitió, junto con su buen desempeño, obtener la nacionalidad y, ante la ausencia del interés brasileño, unirse al equipo croata. Será el primer mundial de ambos, que ya vivieron de cerca la clasificación. Para Eduardo, será su revancha del campeonato de 2006 al que no fue convocado.

Seguramente, en sus sueños de niños no estaba disputar un mundial con otra que no fuera su selección, pero el anhelo, ya adultos, persiste aunque sea en otras condiciones, no por eso menos emocionantes, con el corazón y la cabeza partidos en dos.

         

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junio
12 / 2014