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¿Se puede sentir envidia de la buena? Esto dice el neurocientífico Facundo Manes

La envidia es una emoción social que seguramente muchos han experimentado en la vida, ¿pero es posible que sentirla no sea del todo malo? La ciencia responde.

Foto: Disney

La envidia es una emoción social que seguramente muchos han experimentado en la vida, ¿pero es posible que sentirla no sea del todo malo? La ciencia responde.

El diccionario de la Real Academia Española (RAE) define la envidia como “la tristeza o pesar del bien ajeno”, mientras que el neurocientífico Facundo Manes la explica en su libro Ser Humanos como “una emoción social caracterizada por reacciones afectivas negativas que nos brinda información sobre cómo nos está yendo en la competencia de recursos”.

La psicoanalista Helena Trujillo agrega a este concepto un par de detalles con base en la filosofía clásica. Para ella, “el envidioso es una persona próxima al envidiado”, por eso puntualiza que “la gran desigualdad provoca admiración, mientras que la desigualdad mínima provoca envidia”. 

Además, Manes explica en su libro que “la envidia se intensifica cuando la posesión deseada es relevante para el estatus social, cuando la persona envidiada es importante para uno o cuando es similar en términos de edad, género, clase social e intereses”.

Pero la envidia va más allá de sentir rabia por el ascenso de un colega o que sus amigos tengan más dinero que usted. Al menos así lo ve Ignacio Morgado, director del Instituto de Neurociencia de la Universidad Autónoma de Barcelona, quien asegura que este sentimiento se caracteriza por el deseo de que el envidiado no tenga lo que tiene.

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Con estas reacciones de rabia o tristeza por el éxito del otro es difícil creer que pueda haber una manifestación positiva, sin embargo, algunos grupos científicos la han encontrado.

¿Qué puede tener de bueno la envidia?

El neurocientífico Facundo Manes explica que hay algunas teorías que distinguen entre la envidia maliciosa y la benigna, ya que ambas podrían tener efectos diferentes en la cognición, la emoción y la conducta. Esta diferencia radica en una cosa: en cómo se valora cognitivamente la situación. 

Ser Humanos destaca que la envidia maliciosa “se manifiesta como un deseo de que el envidiado pierda la posesión o cualidad para reducir el propio sentimiento. Incluso, es posible sentir placer si esto sucede, y se asocia con conductas contraproducentes en el ámbito laboral, engaño y disrupciones sociales en los grupos”.

Por el contrario, dice que la envidia sana o ‘de la buena’ se caracteriza porque quien manifiesta este sentimiento cree que la otra persona merece lo que tiene y que cada quien es capaz de lograr lo que desea. En este sentido, la emoción negativa se convierte en admiración por el otro y no hay ninguna intención de hacerle daño.

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De hecho, algunos estudios experimentales han revelado que, a diferencia de la envidia maliciosa, la benigna se asocia con la intención de ser mejor en cada aspecto de la vida o al menos en ese que se anhela. 

Por lo tanto, Manes concluye en su libro que la frustración y los sentimientos negativos que este sentimiento genera se traducen en una ventaja para alertarnos a mejorar en los ámbitos donde no somos tan fuertes. Básicamente, es un recordatorio de que siempre se puede ser mejor y que trabajando duro podemos alcanzar eso que deseamos del otro sin necesidad de sentir odio o rabia hacia esa persona.

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Enero
21 / 2022

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