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La mentoría, una ruta para crecer en compañía

Si tiene un desafío profesional o enfrenta un momento difícil en algún aspecto de la vida, es probable que trabajar con un mentor le sea útil.

Foto: Ilustraciones por Sindy Elefante / @SINDYELEFANTE

Si tiene un desafío profesional o enfrenta un momento difícil en algún aspecto de la vida, es probable que trabajar con un mentor le sea útil.

Hace poco mi hermano me confesó que si pudiera pedir un deseo sería volver a tener 25 años, pero con la experiencia acumulada de éxitos y fracasos personales y económicos. Seguramente, ese es el sueño de muchos, pero como resulta imposible devolver el tiempo, o por lo menos el señor Elon Musk todavía no tiene una máquina que nos permita hacerlo, se puede cumplir parte de esa ilusión al transmitirles a otros esas vivencias para ayudarles en sus procesos de aprendizaje en materia empresarial, económica, espiritual y hasta de salud.

Ojo, no abra todavía el Word. No se trata de escribir un libro de memorias que podría quedarse en los anaqueles de la librería, si es que alguna editorial decidiera publicarlo; tampoco me refiero a perseguir a los jóvenes de la familia (hijos, nietos, sobrinos) para contarles historias aburridas de cómo logró hacer la inversión de su vida o cómo salió de una crisis financiera. 

El camino que han elegido algunos es la mentoría, un modelo con el que muchos emprendedores y personas han logrado superar momentos complejos en la vida, gracias al acompañamiento de un “socio” de experiencias, que ayuda a identificar aquellos aspectos que le están creando obstáculos para su desarrollo y plantea interrogantes que allanan la ruta más conveniente para superarlos.

No es un monje tibetano

El primer mito que se debe destrozar sobre la figura del mentor es creer que vamos a encontrar un gurú, una especie de monje tibetano que está más elevado que los demás en materia de sabiduría y espiritualidad. Los mentores disfrutan una vida calificada como normal, sin los vistosos éxitos económicos de Jeff Bezos o Warren Buffett, pero con un bagaje profesional y personal que les permite vivir tranquilos y satisfechos con lo que han logrado en diferentes aspectos. Esto los habilita para apoyar a las generaciones más jóvenes en su proceso de crecimiento personal, económico y espiritual.

El factor crítico de un mentor es la experiencia, señala Luis Gerardo Caro, coach ontológico, porque se trata de transmitir con base en lo que se ha vivido y no en repetir lo que dicen los libros y textos académicos. “Un mentor es alguien que se apasiona por ayudar a la gente a lograr resultados en su vida”, afirma el también inversionista y mentor de varias decenas de personas que se han lanzado al mundo de las inversiones con su acompañamiento.

Un mentor al que le ha pasado de todo

Carlos Alberto Lopera Merino forma parte de la Red de Mentores del Valle del Cauca desde hace varios años y confiesa que su desarrollo como mentor fue muy intuitivo, pero con el proceso de formación que recibió en la Cámara de Comercio de Cali logró tener más conciencia sobre ese rol y el impacto que genera en las personas que ha tenido la oportunidad de acompañar.

Lopera tiene una experiencia profesional y empresarial de más de treinta años, pues sin haberse graduado de su carrera como administrador de empresas empezó a trabajar en una firma de banca de inversión como apoyo en el diseño de los modelos financieros y de negocio de las Zonas Francas de Bogotá, Cartagena y del Pacífico.

Era un joven de 24 años cuando lo nombraron director financiero de la Zona Franca del Pacífico. “La gerente me preguntó si todo lo que le había presentado en el papel se podía hacer realidad. Le dije que con un equipo humano adecuado lo podía lograr y me ofreció el trabajo”, recuerda sobre ese gran salto que dio recién graduado de la Universidad Javeriana.

Ilustración por Sindy Elefante / @SINDYELEFANTE

«El mentor trabaja con el carácter»

Al cabo de pocos años decidió que lo suyo era emprender y en 1996 creó Servicomex Logística en una bodega de solo 50 metros cuadrados, pero muy pronto se trasladó a un espacio de más de 1.500 metros y siguió creciendo. Hoy se le reconoce en la región como un emprendedor serial que ha creado más de siete empresas, la mayoría de las cuales han logrado ser tan exitosas que se las han comprado, y otras le han reportado fracasos.

“Me ha pasado de todo en la vida de los negocios: nos inundamos, nos incendiamos, un temblor nos dañó las bodegas, hemos tenido accidentes, en fin, todo lo que un empresario tiene que vivir para aprender”, advierte.

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Gracias a esas vivencias, hoy Carlos Alberto tiene muy claro cuál es su rol. “El mentor trabaja más con el carácter que con el problema del empresario y eso es fundamental entenderlo, porque muchas veces se confunde su papel con el de un asesor. Un mentor trabaja contigo como ser humano, no entra a decirte cuál debería ser tu estrategia de mercadeo, aunque sí aporta conocimientos que impactan el negocio. Me gusta hacer reflexionar a la persona para que se haga las preguntas que antes no se había hecho sobre su negocio”.

Mentora de carácter

Yo no creo en las casualidades, por el contrario, estoy convencida de que las cosas siempre pasan por algo. Y en la construcción de este artículo contacté a una mentora que también creó su empresa en 1996, al igual que Lopera. Lilian Simbaqueva es la fundadora de Lisim, una firma de analítica, consultoría y software especializados que fue pionera en tecnología financiera en Colombia.

La primera vez que la entrevisté, hace más de veinte años, me atendió en su estudio porque acababa de tener un hijo. Me sorprendió su claridad, la pasión por los negocios y, al tiempo, su compromiso con ese nuevo ser que aterrizaba en su hogar. Por eso, no dudé en llamarla para que me orientara sobre cómo compaginar mi vida como emprendedora y madre cuando nació mi segunda hija.

En medio de sus múltiples ocupaciones, Lilian se tomó el tiempo de ir hasta mi casa, con un ramo de flores y una tonelada de experiencias que me ayudaron a reorganizar mi vida. Jamás olvidaré ese acto de generosidad y los cientos de llamadas que siempre ha contestado, así se encuentre en otro continente dictando conferencias.

Una etapa complicada

Hace varios años Lilian pasó por un exigente proceso de mentoría con una aceleradora internacional que le ayudó a detonar el crecimiento extraordinario de su negocio y la llevó, incluso, a vender la mayoría de sus acciones a una gran firma colombiana. Aunque estaba consciente de lo que implicaba esa operación, retirarse de la empresa que había fundado y dirigido por tantos años le generó un proceso emocional doloroso y difícil, al que se sumó la grave enfermedad de su madre.

“Estaba en esa etapa complicada de la vida y me encontré con un amigo que se dio cuenta de lo que estaba viviendo y ofreció acompañarme como coach de vida. Lo contraté y fue espectacular, porque logré descubrir lo que necesitaba en ese momento”, recuerda hoy Lilian sobre esa vivencia, de la que obtuvo grandes aprendizajes.

Con su experiencia empresarial, así como con todo el bagaje de vida y una intensa fe católica, Lilian apoya hoy a emprendedores que evalúan vender sus empresas a terceros y la buscan para que los apoye en la definición de aspectos cruciales en una operación de esta envergadura. 

“Tener a alguien que ha vivido la experiencia y está dispuesto a acompañar para descubrir cuál es la mejor forma de proseguir es fundamental. Mi objetivo consiste en ayudar a los emprendedores a hacerse preguntas clave y a encontrar las respuestas que necesitan”, afirma.

¿Cuándo buscar un mentor?

Lilian está consciente de que no se las sabe todas y sigue aprendiendo de otros mentores. “En una oportunidad hice una charla TED y conocí a Paula Rincón –fundadora de Think and Talk y organizadora de TedxBogotá–, nos hicimos amigas y me ha ayudado mucho en temas de comunicación”, señala.

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¿Cuándo se debe buscar un mentor? “Cuando tienes la sensación de que hay un reto que te está quedando grande, o cuando se quiere iniciar un proceso nuevo en la vida, como cambiar de empleo, crecer profesionalmente, vender una empresa, o cuando fallece un ser querido y otros eventos que nos dejan sin piso”, afirma. 

Esa respuesta me hizo pensar sobre las múltiples veces que busqué a mis amigas para llorar en sus hombros por el final de una relación de pareja. Claramente, ninguna me dio mentoría, pues en esos casos quienes nos quieren se limitan a ser empáticos sin cuestionarnos, y su mayor apoyo es servirnos una copa de vino y pasarnos pañuelos de papel para secar las lágrimas.

Según Lilian, cuando llega el momento de buscar mentor se debe pensar en alguien que nos inspire, que sea un modelo para seguir por su experiencia, conocimiento y por ser experto en un área específica. Para encontrarlo es clave formar parte de redes de empresarios, vincularse a programas con entidades como las cámaras de comercio, los gremios y otras instancias que aglutinan a este tipo de personajes.

Ilustración por Sindy Elefante / @SINDYELEFANTE

El mentor nos allana el camino

Cuando a mi hijo le dio por fumar armé un escándalo. Con su estilo pausado me respondió: “Mamá, es que muchos no aprendemos por cabeza ajena”. En segundos tomé la decisión de no ser la mentora de mi hijo en este aspecto y se lo derivé a mi hermano, que tampoco tuvo gran éxito.

Pues en mentoría, el reto sí es aprender en cabeza ajena. Por eso resulta fundamental hacer conciencia y tener la madurez necesaria para aprovechar al máximo las toneladas de información y experiencias que nos provee un mentor en las sesiones. La metodología es variada: puede ser desde una charla semiinformal acompañada de un café, un vino o una cerveza, hasta un encuentro con varias personas que comparten sus inquietudes con la moderación de un mentor y que construyen sobre la experiencia de todos.

En el caso particular de las mentorías financieras, Luis Gerardo Caro asegura que el objetivo es ahorrar tiempo, errores y dinero. “Permite obtener herramientas para avanzar en la vida financiera; el primer paso es generar preguntas para ayudar a hacer conciencia sobre una situación determinada, así como identificar los pensamientos y las creencias raíz que llevan a ciertos comportamientos que afectan la salud financiera de las personas”, sostiene. 

¿Significa eso que nuestros mentores nos van a salvar de caer en el abismo y nos darán masticado todo lo que necesitamos? No, para nada; de hecho, Caro asegura que lo único que un mentor no debe hacer es impedir que la persona recorra su propio camino. “Hay que dejar que cada quien haga la tarea porque se debe propiciar el proceso de aprendizaje y evitar la dependencia del mentor para la toma de decisiones”. 

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Agosto
03 / 2021

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