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La moda de la cancelación, ¿censura o justicia?

El despertar de movimientos sociales lleva a pedir justicia de hechos pasados y a la picota a decenas de artistas que se han excedido. ¿De qué trata?

Foto: Ilustraciones Jorge Ávila - @JORGETUKAN

El despertar de movimientos sociales lleva a pedir justicia de hechos pasados y a la picota a decenas de artistas que se han excedido. ¿De qué trata?

Repudia a alguien por algo que hizo o escribió? Si lo bloqueó ya de las redes y de sus afectos, es parte de la tendencia actual de la cancelación. Bienvenido al presente que pretende borrar el pasado.

No es tan fácil: el pasado no se puede borrar. De hecho, aunque no lo sintamos ni se haga visible, influye en la vida de cada uno y nos moldea a diario. Si de algo sirve recordarlo es para no repetirlo, o para avanzar. Borrar o cancelar a las personas o los hechos sirve solo para volvernos iguales a lo que repudiamos.

Lo deja en claro Margaret Atwood, la célebre escritora estadounidense, autora de El cuento de la criada, quien abandera desde finales del año pasado la lucha contra la llamada cultura de la cancelación. En un brillante manifiesto escrito por 150 grandes autores, muchos de ellos repudiados por pensar distinto, señala cómo la censura y la intolerancia anulan el pensamiento diverso.

Es tendencia

Siendo justos, la cancelación no es una cultura, sino una tendencia. Cultura es una palabra que viene de cultivo, en referencia a lo que cambia, como las cosechas. En general, se usa más para nombrar las tradiciones que unen a un grupo humano. La cancelación no une. Salvo en su deseo explícito de quemar en la hoguera a los proscritos; o de anularlos para siempre de la vida pública.

Le sucedió a nadie más y nadie menos que la escritora J. K. Rowling, por un comentario en Twitter en el que comparaba los tratamientos de hormonas de las personas transgénero con las llamadas terapias de conversión homosexuales. La andanada de críticas fue tan grande que hasta los mismos actores de la película Harry Potter, que nació gracias a su imaginación, tomaron distancia de ella. Aún hoy miles llaman al boicoteo por esas líneas, obviando de entrada su genialidad como narradora.

El ardor feroz de la cancelación ha tocado a todos en una época de hipersensibilidad. En la que múltiples reivindicaciones sociales exigen respeto a sus causas, y se revelan miles de causas, todas tan justas como válidas.

El problema se presenta cuando desde cientos de puntos de vista, las personas ejercen como inquisidoras y movilizan a otros a destrozar celebridades, incluso a las que ya no están.

No mira al presente

Otra dificultad está en que se miden las cosas con la percepción del ahora y no del ayer. Y en medio de la ira de las reacciones inmediatas no se entiende que si hoy algo nos escandaliza es porque hay una nueva mirada, capaz de comprender con más contexto lo que éramos y cuánto estamos cambiando.

Hay que entender el origen de la dinámica de la cancelación en los movimientos que reivindicaron que la violencia intrafamiliar no era solo del ámbito privado, sino que debía exteriorizarse para hacerla visible y juzgada penalmente.

Esa conquista importante de la justicia y de los movimientos feministas ha logrado balancear las relaciones de género y marcar una era de más igualdad y respeto. Sin embargo, como en toda línea fina, ha dado paso a consideraciones de si la obra debe estar separada del artista o no.

Ilustración por Jorge Tukan – @JORGETUKAN


¿Se debe separar la obra del artista?

La diseñadora Coco Chanel ha sido señalada por su romance con un oficial del régimen nazi y se ha pedido su olvido. Igual con Woody Allen o Roman Polanski, genios del cine que han recibido acusaciones por abusos sexuales que han llevado a actores y estudios a cerrarles las puertas.

Kevin Spacey, ganador de dos Óscar, apenas consiguió su primer trabajo este año, después de casi tres años sin laborar tras ser acusado de abusos sexuales, cuando fue retirado de House of Cards, su serie insignia en su momento cumbre.

El cantante Michael Jackson fue vetado en múltiples emisoras del mundo después de muerto, luego de que un documental presentara los testimonios de víctimas de pederastia. Su música sigue siendo actual, pero sus acciones del pasado lo han “cancelado”.

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En esa línea, es probable que en unos años sean “cancelados” cantantes como Diomedes Díaz por su vinculación con un crimen. O, incluso, escritores como Gabriel García Márquez por su alusión directa a la pedofilia en Memorias de mis putas tristes. Tal como le sucede a Blake Bailey, a quien las editoriales le retuvieron su biografía de Philip Roth, tras acusaciones de abuso sexual.

Y sigue…

La lista de artistas condenados más allá de su arte seguirá engrosando.

Los últimos famosos en mal momento son Johnny Depp, acusado por su esposa Amber Heard de abuso físico y emocional, pero él contraatacó alegando que ella era la abusadora; como consecuencia, fue retirado ya de la saga Animales fantásticos.

Brad Pitt es otro en el ojo del huracán, acusado por su exesposa Angelina Jolie de comportamiento violento.

La cosa va más allá y se pone peor. Emily Wilder, de 22 años, fue despedida de The Associated Press por su activismo en pro de justicia en Palestina y sus publicaciones en redes cuando estaba aún en la universidad. Los medios que supuestamente promueven el pensamiento caen también en la censura a sus reporteros por pensar con independencia.

Cuentos infantiles, películas y otras víctimas de la cancelación

No solo famosos reales sufren el escarnio y el bloqueo público: ahora han propuesto cancelar el beso del príncipe a Blancanieves por considerar que no fue consentido por ella, aunque altere la historia del hechizo y el final.

Lo que el viento se llevó fue retirada de HBO por considerar que “perpetúa los estereotipos más dolorosos para las personas negras”, a pesar de ser una cinta crucial en la historia del cine que, vista a la luz de la inteligencia, sirve para recordar épocas que deben quedar en la historia.

Los algoritmos de Facebook, aplicados también en su filial de Instagram, cancelan desde disidentes de las políticas contra el COVID-19, hasta pezones visibles de la historia del arte como la Maja desnuda, de Goya, o quien ponga una imagen de las Torres Gemelas por considerarlo material sensible.

Esas medidas llevaron a que miles de personas pusieran el símbolo de pausa de los reproductores musicales, similar a las Torres Gemelas, para ver si las “cancelaban”. Así fue.

Censura y más censura

La cancelación de YouTube es tan controvertida y arbitraria como la de Facebook: censura palabras, contenidos y música, y persigue artistas digitales como un inquisidor de tiempos oscurantistas.

De hecho, el video en el que Susan Wojcicki, directora de YouTube, recibe el Premio a la Libre Expresión, es el que cuenta con más “manos abajo” en la plataforma, en comparación con los “me gusta”: 55.000 vs. 187.

El arte también es censurado. Se cancelaron publicaciones de personas que pintaban partes blancas en retratos de personas afro. El white washing llegó al absurdo de vetar manos o pies con tonalidades claras, pintadas por autores afro en honor a su real naturaleza.

En 2017, diez mil personas firmaron una petición para retirar del MoMA de Nueva York el cuadro Teresa durmiendo, de Balthaus. Consideran perturbador ver a una niña con la pierna levantada que deja entrever la ropa interior.

El chavo del 8 y los Muppets también entran en la lista

La televisión y el cine del pasado también generan noticias hoy: El Chavo del 8 causó discusiones por el acoso sexual y el abuso de las protagonistas hacia la figura de don Ramón.

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Grease ocasionó miles de comentarios por considerarse machista y por la escena en la que el protagonista, encarnado por John Travolta, le toca el seno a la actriz principal. Aún piden su cancelación.

Miss Piggy, la cerdita más famosa del mundo gracias a los Muppets, ha sido acusada de violentar domésticamente a la Rana René (Kermit, en inglés). Pepe Le Pew, el zorrillo conquistador de los Looney Tunes, tildado de promover la violación, fue cancelado.

Los libros de Dr. Seuss, el autor de libros infantiles más famoso de Estados Unidos, fueron vetados porque tienen escenas que hacen referencia a “visiones equivocadas” que pueden herir a las personas, según su editorial.

Dumbo fue borrado del cine por tener imágenes de personas con la cara tiznada, aludiendo a burlas contra la población afro. Jorge el curioso también cayó en la racha de censores por hablar de un mono traído de África por un hombre blanco. Un hecho que la mente de algunos asoció a la esclavitud.

«El arte es arte, y no se cancelará»

Tras un periodo de despertar de movimientos como el #MeToo o el #BlackLivesMatter; o los movimientos en América Latina contra la censura de los medios tradicionales o los abusos policiales, la gente usa el poder de las redes para señalar y censurar a quienes considera que violentan su dignidad.

Es un momento de transición y la sociedad vive este remezón porque trata de ubicarse en un punto medio.

En parangón con la crisis sanitaria actual, eliminar los gérmenes no es el camino final hacia la igualdad y el respeto. Lo es comprender los distintos puntos de vista; la complejidad de los seres humanos; los avances que se están dando; y, también, convivir con el pasado para aprender de este y no repetirlo.

El arte refleja la vida o la ficciona, pero no ha sido nunca moralmente ideal. Porque caería en el aburrimiento y porque nació para cuestionar y controvertir. Los censores les respiran ahora en la nuca a los creadores. Les piden que alteren uno u otro personaje. Que cambien la fisionomía de sus protagonistas o las decisiones que toman, so pena de cancelarlos.

El arte es arte, y no se cancelará. Tal vez sus creadores caigan víctimas de decisiones personales o de sus opiniones en este momento, y sean invisibilizados. Pero el arte está para vernos con otros ojos e ir más allá en la comprensión de nuestras flaquezas y grandezas.

Quien quiera verse con los mismos ojos de la uniformidad puede bien acudir a los espejos.

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Julio
07 / 2021

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