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“Los derechos menstruales son fundamentales para tener una vida digna”

La antropóloga Isis Tijaro lleva una década dedicada a la educación menstrual y los derechos menstruales, promoviendo distintos procesos en varios territorios del país.

Foto: @organizaciontyet

La antropóloga Isis Tijaro lleva una década dedicada a la educación menstrual y los derechos menstruales, promoviendo distintos procesos en varios territorios del país.

«Cocinar con el periodo corta la sopa”, “no se puede ir a la iglesia cuando se está menstruando porque es pecaminoso” o “cortarse el cabello durante el ciclo menstrual lo pone feo”, son algunos de los mitos que rodean la menstruación. Sin embargo, varias personas y organizaciones están trabajando para eliminar el tabú que acompaña este ciclo natural.

 

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“Decir la palabra ‘menstruación’ sigue generando incomodidad en una parte de la población”, asegura Isis Tijaro, antropóloga de la Universidad de los Andes, experta en derechos menstruales y creadora de la organización Tyet, que promueve la autonomía femenina y la educación menstrual en Colombia.

¿Qué son los derechos menstruales?

Según la UNFPA (Fondo de Población de las Naciones Unidas), “hay una serie de derechos humanos universalmente aceptados que pueden ser socavados por el tratamiento que se presta a mujeres y niñas durante la menstruación”. Estos son: derecho a la dignidad humana, derecho a un nivel adecuado de salud y bienestar, derecho a la educación, derecho al trabajo y derecho a la no discriminación y la igualdad de género.

Para que estos sean respetados, la educación menstrual es fundamental. Por este motivo, Tijaro ha trabajado con varias comunidades campesinas, urbanas, afrodescendientes, indígenas y mujeres privadas de su libertad en Colombia acerca del tema. pero no solo desde el punto biológico, sino cultural que, según ella, genera cambios aún más notorios.

 

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“En Colombia este tema ha estado enfocado, durante muchos años, en la prevención y en la reproducción humana, en ‘tome este anticonceptivo para que se cuide’, pero no estaba asociado a la salud y al proceso histórico y cultural asociado con la vivencia menstrual”, explica.

Para ella, para gozar de los derechos menstruales necesariamente debe haber acceso al agua limpia y potable, acceso a educación menstrual de calidad, condiciones básicas de saneamiento (infraestructura adecuada), justicia tributaria (que se logró el 14 de noviembre del 2018) y autonomía al elegir el elemento para recolectar la sangre menstrual.

Básicamente, los derechos menstruales deben estar presentes en cada comunidad porque garantizan el derecho a la dignidad.

¿Qué dicen los estudios?

Según encuestas realizadas por la Unicef en el 2019, 106 millones de personas en zonas remotas de América Latina, principalmente zonas rurales, no contaban con un baño digno en casa o productos de gestión menstrual. Además, en áreas rurales de Colombia, el 34,8 % de las niñas encuestadas aseguraron que no sabían nada acerca de la menstruación antes de la menarquia (primer sangrado), mientras que el 45 % no conocían de dónde proviene el sangrado menstrual.

Otro estudio realizado por Unicef titulado Higiene menstrual en las niñas de las escuelas del área rural en el pacífico colombiano, que se enfocó en tres territorios: Bagadó, Chocó, Santander de Quilichao, Cauca e Ipiales, Nariño, encontró que 1 de cada 4 encuestadas ha faltado a clases a causa de la menstruación. El 28% se debe a incomodidad o miedo a mancharse y el 40,2 % de las participantes reportaron que su concentración disminuye cuando están menstruando. Además, manifestaron que prefieren quedarse en casa porque no tienen un lugar privado y adecuado para cambiar sus toallas higiénicas en la escuela.


“Es importante señalar que las condiciones de ruralidad inciden en los canales y tipos de información a los que acceden niñas y adolescentes. A estas zonas pocas veces llegan organizaciones o instituciones a brindar información y realizar campañas u otro tipo de acciones orientadas a la promoción y la prevención. Tampoco cuentan con bibliotecas públicas y el acceso a internet es restringido; situaciones que inciden y limitan el acceso de niñas y adolescentes a información sobre la menstruación”, explica el mismo estudio.

A esto, se suma, según el informe, las condiciones deterioradas en infraestructura y baterías sanitarias, así como la poca o nula disponibilidad de agua, jabón y papel higiénico.

Derechos menstruales y la comunidad nasa

Isis Tijaro empezó a trabajar desde el 2009 en procesos de pedagogía menstrual con madres e hijas y abriendo talleres para mujeres de todas las edades. En ese año creó la metodología Guardiana con la que llegó a diferentes regiones del país y este año empezará a formar educadoras menstruales.

En el Cauca, por ejemplo, a través de una investigación con las mujeres nasa con las que ha estado trabajando desde hace dos años, redibuja los procesos menstruales con un programa dirigido a las educadoras menstruales y construido de la mano con ellas.


“Es un intercambio de saberes porque no es sino hasta que llegas al territorio, que comienzas a diseñar los contenidos con la comunidad. La percepción del cuerpo y la vivencia menstrual tiene mucho que ver con el territorio porque está relacionado con las recetas y los remedios de la familia”, explica Tijaro.

A su vez, Isis apunta que para hablar de estos temas se debe abarcar un largo proceso. Por eso, para ella dos años es muy poco y cree que estará toda su vida con esa comunidad. “Implica desestigmatizar, quitar el tabú y finalmente cambiar un código cultural”, agrega.

Un camino que le abrió otro camino

A esta comunidad llegó por otra investigación. Hace cuatro años, aproximadamente, trabajó con niñas, niños y jóvenes nasa que fueron reclutadas de manera forzada por grupos armados y de la mano con la comunidad y tres colegas creó un proyecto llamado El árbol del amor.

Tras este proceso se abrieron muchos espacios con las mujeres nasa y creó círculos de escucha activa en los que no enseñaba nada sino que se dedicaba a entender las dinámicas del territorio.

A partir de esos espacios se vio cómo el tejido cumple un papel determinante dentro de la vivencia menstrual y se encontró que había una narrativa de todo lo que no se debía hacer cuando se tenía el periodo, así que junto a las profesoras de la comunidad empezaron a crear una manual para la educadora menstrual nasa (sigue en construcción) en el que también se integra la cosmovisión de su territorio.

“Cuando las niñas y las mujeres están menstruando no pueden pasar por ojos de agua (acumulaciones de agua), tocar los alimentos o visitar los cultivos, así que empezamos a construir, junto a las mujeres de la comunidad, qué es lo que sí se puede hacer durante estos días, cómo sí se puede pasar por un ojo de agua y crear una narrativa muy local que las ayude en ese proceso”, comenta Tijaro.

No es solo dictar un taller

“La donación masiva de copas menstruales es tenebrosa. En otras comunidades hemos visto que diferentes organizaciones van y dictan un taller de cuatro horas. Luego regalan una de estas y creen que así ya solucionaron el problema, pero no, esto vuelve a instrumentalizar la menstruación y a poner en el centro de la conversación al producto y no al compartir de saberes”, argumenta Tijaro.


Según ella, la copa menstrual tiene una curva de aprendizaje conceptual y funcional muy alta y al solo entregar el objeto, sin hacer el debido acompañamiento, muchas mujeres le daban los usos que para ellas eran convenientes, por ejemplo, le cortaban la punta para envasar con ella el aceite de coco.

Tijaro asegura que es necesario acompañarlas dentro del proceso de incorporación de la copa menstrual en sus cotidianidades. La meta principal debe ser informar a las mujeres para que ellas tomen la decisión autónoma al escoger qué producto quieren.

“Con las niñas y las mujeres del Cauca hemos trabajado en mostrarles alternativas para que sean ellas quienes decidan. Al fin y al cabo son quienes las van a usar. En este caso, la copa menstrual ha sido muy bien aceptada porque volvieron a recoger su sangre y es muy importante para la comunidad, ya que son prácticas que sus abuelas y madres hacían antes”, explica Tijaro.

A esto también se suma el cuidado del territorio, pues según Tijaro, había muchos escenarios llenos de toallas y tampones que los perros se estaban comiendo, así que para ella el rol fundamental es crear una narrativa que abarque el panorama completo.

Línea femenina

Ligado a estos procesos de reconocimiento del cuerpo, Isis Tijaro creó una línea de productos para la autonomía de la gestión menstrual.

 

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Uno de ellos son las copas menstruales Agua Cup. Según Tijaro, su principal diferencia con otras marcas es que se enfocan en dar un acompañamiento durante todo el proceso. Así que no solo se encargan de vender un producto igual para todas, sino que se les explica cómo saber cuál es la talla adecuada, cómo utilizarla y muchos otros elementos necesarios para su uso.

Además de invertir el 20% de las ventas en los proyectos que desarrolla desde su organización.

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Su lenguaje es incluyente, pues habla de menstruación más allá del género y la apuesta de este año es empezar a generar todos los contenidos con lenguaje de señas para que más personas tengan acceso a esta información.

 

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Fuera de esto, ofrecen una línea de ropa interior menstrual que incluye tecnologías textiles de alto desempeño que son cómodas y funcionan bien en los días de sangrado, pues cuenta con cinco capas que la hacen impermeable, transpirable, antibacterial y absorbente.

Educación menstrual diferencial

El sueño de Isis Tijaro es que a final de este año se publique la cartilla que muestra lo trabajado con las mujeres nasa para que se pueda difundir en todas las veredas de la comunidad.

“Esto únicamente va a servirle a los territorios nasa porque no puedes educar a los embera con esta cosmovisión. Sin embargo, queremos dejar instalados procesos autónomos que las comunidades puedan aplicar, pero eso toma años porque todos tenemos una relación muy diferente con nuestra vida íntima”, explica.

 

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Entre los principales retos a los que se enfrenta constantemente están la lejanía, pues a algunos de estos territorios se llega a través de un largo viaje de más de cuatro horas en lancha y la inseguridad de encontrarse en lugares tan apartados de las principales ciudades.

Desmitificar

“Siempre he creído que habitamos el cuerpo hombros para arriba, pero que hacia abajo están todas las narrativas que nos impuso la industria farmacéutica, la industria médica y la moda. Abajo está el miedo, pero los procesos de educación menstrual permiten entenderte como una persona completa y dejar de habitar tu cuerpo desde el dolor y el desconocimiento”, apunta.

Además, cree que los discursos están cambiando y sigue trabajando para que se deje de ver la sangre como algo sucio que deba ser limpiado y tapado. Para ello, opina que es fundamental educar en menstruación a los niños y a los hombres puesto que es un tema social, cultural, político y económico. Si realmente queremos un cambio, debe hacerse colectivamente.

 

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“Normalmente los niños tienen sus primeros acercamientos a la menstruación a través de la caneca de la casa. Así que el discurso les llega desde el papel manchado y lo sucio, por lo que tenemos que cambiar las narrativas y enseñarles a ellos para que comprendan el papel tan importante que juega la menstruación en nuestras vidas”, concluye.

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María Camila Botero. Soy periodista. Me gusta observar el mundo y luego escribir sobre la vida. Me apasionan los temas con enfoque social, el cine y los libros. Twitter: @CamiBotero8 Correo electrónico: camila.botero@revistadiners.com.co 

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Marzo
08 / 2021
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