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El lado femenino de la pandemia: ¿cómo esta época afectó a las mujeres?

Acompañar a las mujeres en el logro de sus objetivos debe ser el propósito de gobiernos, empresas y familia, especialmente en la coyuntura actual.

Foto: Sindy Elefante

Acompañar a las mujeres en el logro de sus objetivos debe ser el propósito de gobiernos, empresas y familia, especialmente en la coyuntura actual.

Hasta hace poco solía enojarme con mi madre porque no podía pasar más de diez minutos sentada sin hacer nada. Preocupada con limpiar el polvo, tender la ropa o preparar a tiempo la comida. Pero después de ocho meses de teletrabajo, colegio y universidad virtual, más tareas domésticas a cuestas, siento que me he convertido un poco en mi madre. ¡Y me aterra! Con las medidas para controlar el contagio por COVID-19, los hogares han cambiado las dinámicas. Muchas de las mujeres que brindaban su apoyo en las tareas domésticas se vieron de un día para otro encerradas en sus casas, con el riesgo de perder sus ingresos. Y, de paso, numerosas madres trabajadoras también nos vimos obligadas a asumir esos quehaceres.

Las que podíamos atender nuestros empleos armadas de un computador hemos logrado mantener nuestras fuentes de ingresos. Pero miles de informales y personal que atendía el hogar, el cuidado de niños, de personas enfermas y adultos mayores no han contado con la misma suerte. Además, según un informe de ONU Mujeres, otro grupo de trabajadoras que ha sido muy golpeado es el vinculado a las actividades de comercio, restaurantes y turismo, sectores más afectados con la pandemia.

“No es mi imaginación”

Lo que en un principio me parecía divertido, como planear el menú, cambiar de sitio las cosas y ensayar nuevos métodos para lavar frutas y verduras, con el paso de los meses se me convirtió en una pesada carga. Con motivo de esta nota revisé algunas estadísticas para comprobar si mi sensación de haber corrido una maratón todos los días era solo producto de mi imaginación.

De acuerdo con la Gran Encuesta Integrada de Hogares del Dane, definitivamente la pandemia sí nos ha obligado a trabajar mucho más en casa. En agosto de este año las mujeres destinamos un promedio de 28,4 horas a la semana para realizar oficios del hogar y actividades de cuidado no remunerado. Mientras que los hombres solo asignaron 12,3 horas a esas labores. En paralelo, dedicamos 39,6 horas a nuestras responsabilidades laborales. Los hombres reportaron haber destinado 46,2 horas a sus actividades remuneradas.

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Confieso que con cierta satisfacción, muy victimista por cierto, concluí que semanalmente las mujeres trabajamos 68 horas. Mientras los hombres invierten, apenas, 58,5 horas en tareas domésticas y sus empleos. Según el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, las mujeres invierten, en promedio, el doble de tiempo en el trabajo doméstico no remunerado que los hombres.

Verónica Alaimo, especialista sénior de la División de Mercados Laborales del BID en Chile, señala que “esto impacta en el desarrollo de sus carreras, afecta su competitividad y eficiencia, obliga a dejar oportunidades y crea obstáculos para conseguir promociones y aumentos. También, en algunos casos, las obliga a abandonar los espacios que han conseguido en la esfera pública e, incluso, a perder su empleo, sin mencionar los niveles elevados de cansancio, ansiedad y estrés y el aumento de la violencia doméstica a causa del confinamiento”.

¿Emprender es la salida?

Esta coyuntura nos lleva a otro asunto muy importante para las mujeres trabajadoras, y es la brecha salarial que persiste en Colombia y el mundo. Según el informe Participación de las Mujeres Colombianas en el Mercado Laboral, publicado en abril de este año por el Dane, en el país la diferencia del ingreso promedio de hombres y mujeres es de 12,1 %, es decir, por cada 100 pesos que gana un hombre, una mujer gana 87,9 pesos.

La educación es un factor que puede contribuir a una menor brecha; 18,8 puntos cuando se cuenta con educación universitaria, y 37,5 puntos cuando no se tiene algún nivel educativo. Sin embargo, la brecha de género se agrava en quienes tienen un nivel educativo de posgrado, con un 21,5 %.

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Esta situación podría plantear el emprendimiento como una alternativa para lograr un balance de vida entre trabajo y familia. Pero la realidad es muy diferente. Dice Luz Marina Ferro, profesora asociada del área de estrategia y emprendimiento de la Facultad de Administración de la Universidad de los Andes, pues las mujeres emprendedoras suelen enfrentarse a mayores niveles de exigencia.

Lo cierto es que las emprendedoras chocan con diversas barreras en el mundo de los negocios. Según Ferro, los principales retos surgen de estereotipos de género. Así como de la percepción de que las mujeres son más adversas al riesgo, tienen menos capacidad de ser sostenibles en el tiempo y no se interesan por impulsar el crecimiento de alto impacto.

Lilian Simbaqueba dice que desde niña le proponía negocios a su tío y admiraba mucho a su padrino, dueño de varias empresas. En 1996 creó Lisim, una empresa que desarrolla modelos analíticos predictivos y tiene presencia en más de diez países. Hacia 2008 fue elegida por la aceleradora Endeavor como una emprendedora de alto impacto, con acceso a herramientas para impulsar el crecimiento.

En 2015 vendió su compañía. En 2019 la volvió a comprar para salvarla de la crisis en la que estaba sumida por deficiencias de gestión.

Lilian también invierte en diversos emprendimientos, forma parte de juntas directivas y brinda consultoría en sus áreas de conocimiento. “Vender la empresa fue muy difícil, porque como mujer uno tiende a encariñarse con ella, la ve como a un hijo; además, mi madre había fallecido en esa época. Pero tomé distancia por un tiempo y me dediqué a las inversiones”, dice la empresaria.

Ella ha sido testigo directo de cómo evalúan a las mujeres que buscan inversiones para sus negocios. “Hay un sesgo cultural porque en el mismo pitch, entre un hombre y una mujer, eligen al hombre”, señala, pero también advierte que la mayoría de las emprendedoras tienden a ser demasiado emocionales y no se preparan para presentar sus negocios de manera racional, con cifras contundentes y claras que evidencien los beneficios para los potenciales inversionistas.

Abrir espacios para las mujeres

Lilian está convencida de que se deben establecer mecanismos para garantizar la participación de las mujeres en las empresas y en otras instancias. “Me critican por eso, pero estoy convencida de que debe haber mujeres en las juntas directivas, crearse premios y categorías especiales para reconocer sus aportes. En Endeavor era difícil que se vincularan porque sus empresas no tenían el tamaño requerido, pero se creó un premio para promover su participación”, dice.

Hace un par de meses estuve a punto de regañar a mi esposo. Cuando se quejó por la ley de cuotas para impulsar la presencia de mujeres en el gobierno. Aunque reconozco que yo también he navegado en el mundo de los negocios evitando que me rotulen de feminista. Sin embargo, Lilian afirma que es necesario abrir esos espacios porque las mujeres tenemos un desfase en materia de derechos. “En Colombia, el derecho a votar nos lo otorgaron en 1959, por ejemplo, así que debemos ponernos al día”.

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¿Cómo brindar apoyo a las mujeres para permitir que desarrollen todo su potencial, como profesionales, hijas, esposas y madres? Verónica Alaimo afirma que se requiere “incorporar activamente la dimensión de género en las estrategias de respuesta ante la pandemia, lo que implica destinar recursos suficientes para responder a las necesidades específicas de las mujeres”.
Del mismo modo, es necesario que los empleadores incorporen en sus políticas laborales modelos de trabajo con horario flexible, trabajo en casa con tiempos de desconexión claros, y otras opciones que les permitan atender los quehaceres familiares.

En el caso de mi empresa, hace más de cuatro años iniciamos un piloto con nuestra directora de desarrollo de negocios cuando nació su primera hija. Desde entonces ha trabajado en casa y solo concurre a la oficina para reuniones de planeación o seguimiento y citas con clientes. Hace dos años nació su segunda hija. A pesar de mis reservas con respecto a su desempeño en estas nuevas circunstancias, ella ha demostrado ser una colaboradora valiosa y altamente productiva.

Con su ejemplo, hace dos años decidimos convertirnos en una empresa basada en teletrabajo, lo que nos permitió afrontar sin grandes traumatismos la cuarentena. Evitamos la sobrecarga horaria, respetamos los tiempos laborales, extendemos tiempos en algunos proyectos si es necesario y nos enfocamos en los resultados, más que en el cumplimiento de horario.

Más allá de lo que pueden hacer los gobiernos y las empresas, también tenemos la responsabilidad de visibilizar nuestra situación en el hogar y promover que todos los miembros de la familia colaboren con las labores domésticas; de manera equitativa para evitar la sobrecarga femenina y permitir su realización profesional y personal.

En mi familia esta ha sido la oportunidad de convocar a juntas periódicas para revisar las asignaciones domésticas. Por mi parte, evito hacer las tareas asignadas a mi esposo o mis hijos. Y si bien es posible que los platos duren cinco horas sucios, en algún momento, el responsable se hará cargo o simplemente no habrá comida sobre la mesa.

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Diciembre
01 / 2020

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