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Mayerlín Vergara: el ángel guardián de las niñas refugiadas en Colombia

La cordobesa Mayerlín Vergara ganó el Premio Nansen para los refugiados gracias a su incansable labor de rescatar niñas víctimas de explotación sexual.

Foto: Nicolo Filippo Rosso, Cortesía ACNUR

La cordobesa Mayerlín Vergara ganó el Premio Nansen para los refugiados gracias a su incansable labor de rescatar niñas víctimas de explotación sexual.

Son las cuatro de la tarde del 26 de octubre. En Riohacha, Guajira, la temperatura marca 34 grados centígrados. Mayerlín aparece en la pantalla de la recepción en donde vive, porque dice que allí no se pierde la señal. Lleva el pelo recogido y una camisa oscura de rayas. En el fondo solo se alcanza a ver un cuadro con un colorido arreglo floral. Ella sonríe, siempre sonríe.

Mayerlín Vergara ayuda a niñas víctimas de explotación sexual a salir adelante.


Maye, como le dice todo el mundo, cuenta que se enteró de que había ganado el Premio Nansen para los refugiados en mayo pasado cuando Federico Sersale, director de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) en La Guajira, le dijo por WhatsApp que necesitaba hablar con ella personalmente. “Se me hizo extraño porque estábamos en medio del confinamiento, pero le dije que sí. Nos vimos también con la oficial de protección, Tashana Ntuli, y ambos me contaron lo del premio. Yo solo dije, ¡Ay, qué bueno!, pero en ese momento no dimensioné lo que había ganado. Me despedí y seguí trabajando”, cuenta con ese acento cordobés inconfundible.

La colombiana recibió el Premio Nansen para los refugiados 2020, que se entrega desde 1954.


El Premio Nansen para los refugiados se entrega desde 1954 a las personas u organizaciones que sobresalen por su labor en la protección de personas refugiadas, desplazadas y apátridas. Lo han recibido personalidades como Eleanor Roosevelt o Médicos sin Fronteras. El galardón, que consta de una medalla y 150.000 dólares, es equivalente al Nobel humanitario y honra el legado de Fridtjof Nansen, científico y diplomático noruego y primer Alto Comisionado para los Refugiados.

“Sigo creyendo que el premio no es para mí, es para la fundación Renacer, para mi equipo, que ha sudado la camiseta conmigo y, sobre todo, para los niños. Ver su lucha a diario para superar el dolor, la tristeza, la angustia, la depresión, la ansiedad y la rabia, no tiene precio”, asegura.

Aunque habitualmente la ceremonia se lleva a cabo en Ginebra, Suiza, este año tuvo que ser virtual y contó con la presencia de artistas como Juanes y la escritora Isabel Allende. Sin embargo, los ojos de Maye se llenaron de lágrimas cuando la actriz Angelina Jolie, enviada especial de Acnur, le dedicó unas palabras: “Tuve el privilegio de conocerte a ti, y a algunos de los niños que has rescatado el año pasado. He visto la diferencia absoluta que has hecho en sus vidas, al encontrar formas para liberarlos, ayudándolos a superar el trauma y el dolor, valorándolos como deben ser valorados, y dándoles esperanza para el futuro. Gracias por tu extraordinario servicio, valentía y ejemplo”, afirmó en su discurso.

Maye cuenta emocionada que lloró al escuchar esas palabras porque cuando Jolie los visitó, el hogar en Riohacha apenas comenzaba. “Me remonté a esos primeros días que fueron tan duros, tan difíciles, en los que casi ni dormíamos. El equipo era nuevo, la única que tenía experiencia era yo. Y ella es una mujer con unos sentimientos muy profundos. Su visita estaba planeada para que durara unos 15 minutos y terminó por quedarse como una hora porque se conectó con la vida de los niños. Y luego, cuando hablamos las dos, mostró un profundo interés por lo que hacíamos”, explica.

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La actriz y activista Angelina Jolie se reunió con Mayerlín Vergara y su equipo para conocer de cerca el proyecto que lidera en La Guajira.


Un cambio radical

En julio de 2018, cuando Colombia vivía uno de los picos más altos de flujo migratorio de venezolanos, un equipo de la fundación Renacer fue a hacer una misión de reconocimiento en La Guajira.

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Maye, quien trabaja en la fundación desde hace 21 años, fue a ciudades como Riohacha, Maicao y Uribia. “Durante día, tarde y noche recorríamos las calles. Quedamos impresionadas con lo que encontramos: decenas de mujeres venezolanas con sus hijos dormían debajo del muelle, en el parque, en los cementerios; algunos niños dormían al lado de sus abusadores. Fue tan doloroso lo que vimos que, literalmente, cuando llegábamos a descansar nos poníamos a llorar. Entonces le decíamos a una de las psicólogas que tocara el acordeón para ver si nos servía de terapia”, relata.

Vergara nació en el corregimiento Punta de Yánez, municipio de Ciénaga de Oro.


Un día, con la directora de la fundación Renacer, Stella Cárdenas, se dieron cuenta de que el Instituto de Bienestar Familiar tendría que atender la difícil situación en la frontera, “pero éramos conscientes de que no podrían brindar una respuesta especializada y concreta a estos niños víctimas de explotación sexual. Teníamos que abrir una casa en este lugar. Y sin vacilar dije que yo me vendría a vivir aquí. Era un cambio radical de vida”.

Luego de conseguir una casa en Riohacha, adaptarla físicamente y obtener la licencia de funcionamiento, abrieron el hogar en abril de 2019. Desde entonces han atendido cerca de 75 menores venezolanas (la mayoría son niñas aunque también han recibido niños). “Las niñas migrantes de Venezuela son los casos más duros que he podido ver en toda mi trayectoria, creo que por el doble impacto que sufren. Por un lado, todo el proceso de migración, de salir de Venezuela, la decisión de venirse por una trocha ilegal, un camino oscuro y hostil donde viven un sinnúmero de vulneraciones. Y, por otro lado, llegar a un país diferente, solas, desprotegidas y caer en manos de abusadores. Las niñas llegan al hogar con un daño enorme y grandes afectaciones físicas y mentales, estrés postraumático, depresiones profundas. Son seres humanos partidos en pedacitos y ha sido muy triste verlas en ese estado”, confiesa.

El hogar que dirige Vergara funciona desde abril de 2019.


Maye explica que cada caso es distinto. Cuando llegan a la casa, un equipo de profesionales les hace diversas valoraciones psicológicas, familiares, legales y cognitivas, y con base en eso elabora un plan de intervención. Su tiempo de permanencia dependerá de sus avances y de la situación que tengan, pero no pasa del año y medio. “Yo veo cómo llegaron y cómo están ahora. Y creo que podemos dormir tranquilas porque hicimos algo valioso. Estoy segura de que muchas de estas niñas ya estarían muertas, porque las hubieran matado o se hubieran enfermado. Y ver cómo resurgen de las cenizas es verlas nacer de nuevo, así suene a cliché”.

Y es que esta mujer ha visto los cambios que pueden lograr a largo plazo y eso también le genera una profunda alegría. “En Barranquilla tuve una niña que llegó embarazada. Yo la acompañé en su parto hace 21 años. En estos meses me comuniqué con ella. Ahora es una gran empresaria, vive con su esposo y tuvo tres hijos más. Le pregunté por su primogénita y me contó que estudia Sociología. Así se corta la cadena del abuso y ayudamos a esa niña y a una generación más”.

Más que un trabajo, una vocación

Mayerlín Vergara nació hace 45 años en el corregimiento Punta de Yánez, municipio de Ciénaga de Oro, en un humilde hogar. No tiene hijos, es soltera y agradece profundamente a su madre, que vive en Soledad, Atlántico, con el resto de su familia, por haber luchado para que estudiara el bachillerato en la Normal Nacional para Señoritas de Sahagún.

Maye comenzó muy joven como maestra en el distrito de Aguablanca, en Cali. “Más que enseñarles las tablas de multiplicar, empecé a ver las vidas de eso niños. Recuerdo un día que les dije que redactaran una carta de Navidad y un pequeño escribió que quería una nevera y comida porque en su casa no había. En ese momento le dije a Dios que deseaba hacer algo más por ellos, no quería quedarme en un salón de clases”.

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Mayerlín Vergara trabaja hace 21 años con la fundación Renacer.

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Otra imagen que quedó grabada en su memoria fue la de dos niños que inhalaban pegante, un domingo en la mañana, en Cartagena. “Y volví a decirle a Dios, necesito ayudar a esos niños”. Al poco tiempo leyó en un aviso clasificado del periódico El Heraldo, que una ONG requería una psicopedagoga para trabajar de noche. “Me dije, esa soy yo. Llevé la hoja de vida sin saber qué era la fundación Renacer y me llamaron a entrevista. Fui honesta y dije que más que una profesional con mucho conocimiento, las niñas necesitaban una persona que las escuchara. Y me contrataron”.

Comenzó el 23 de junio de 1999 en uno de los hogares en Barranquilla. Todos los días entraba a las 6 de la tarde y salía a las 8 de la mañana. A los tres años comenzó a estudiar Sociología en la Universidad del Atlántico. “Sí, fue difícil, pero estaba haciendo dos cosas que me gustaban y este trabajo era lo que yo buscaba en mi vida. Y cuando uno tiene esa convicción, lo que viene es el compromiso, que te va formando el carácter para que no te canses”, asegura.

Luego de estar siete años en la casa se fue a Cartagena para trabajar la explotación sexual desde la prevención. Y también marcó la diferencia pues lideró una campaña llamada La muralla soy yo. “Los cartageneros están muy orgullosos de sus murallas. Así que iniciamos una conversación con todos, desde el hotelero, la masajista, el taxista, los músicos, para explicar el sentido de protección que tuvieron las murallas en tiempos de la Colonia. Y luego les dijimos que era tiempo de construir una muralla humana para proteger a nuestros niños, pues ahora son ellos nuestros grandes tesoros. La estrategia comenzó en 2009 y hoy es liderada por la Corporación Turismo Cartagena de Indias. Es muy bueno ver que ha trascendido a las más de 11 alcaldías que ha tenido la ciudad y que no depende de gobiernos ni partidos”.

El turismo sexual en Colombia ha tenido un impacto devastador en niños y adolescentes.


Su incesante activismo y cabildeo también permitieron la creación de dos medidas legislativas: la Ley 1329, que estableció una pena mínima obligatoria de 14 años de cárcel para las personas condenadas por facilitar e instigar a la explotación sexual de niños, y la Ley 1336 que puso en la mira a los propietarios de establecimientos que permiten este delito en sus instalaciones.

Un tema de largo aliento

“Hay que hacer un fuerte trabajo de prevención para lograr transformaciones sociales y no tener que abrir más casas”, explica, y resalta que debe cambiar, por ejemplo, la percepción de una adolescente víctima de explotación social. “Nos sensibilizamos con una niña de 7 años, se nos arruga el corazón, lloramos, nos movilizamos, denunciamos. Y eso tiene que seguir siendo así, pero también tiene que suceder lo mismo con las adolescentes. A veces, parece que fuéramos indiferentes o se tiende a creer que ellas ya son responsables de lo que les está pasando, o les gusta o ganan mucho dinero. Y no es así”.

También hay unos retos gigantes en la era digital, porque los abusadores ganan espacios en este terreno, señala Vergara.


En el tema digital también hay unos retos gigantes, porque los abusadores ganan espacios en este terreno. “El discurso ese de ‘yo no sé de eso’ o ‘ay, tan lindo el niño, me enseña a manejar el celular’, lo tenemos que traspasar. Es imperativo que los padres conozcamos todas las herramientas digitales porque mientras sigamos ignorando lo que sucede en ese entorno, nos vamos a quedar sin mecanismos para acompañar y orientar a los más pequeños (…) Los abusadores no solo contactan a los niños a través de Facebook, también están presentes en los videojuegos en línea, con perfiles falsos, por ejemplo, así que hay que tener sumo cuidado”, dice.

Y en diez años, ¿cómo se imagina Maye? “Yo, a veces, trato de no imaginarlo. Quisiera siempre estar conectada con la fundación. Quisiera tener la posibilidad de conseguir más recursos, de poder ir a otras ciudades o países donde no se les está dando atención a las niñas víctimas de explotación sexual y contar lo que hacemos aquí y decirles que sí funciona. Pero no sé cuáles serán los planes de Dios para mí. Ya veremos”.

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Noviembre
26 / 2020

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