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Del dolor a la esperanza: la historia de tres madres que perdieron a un hijo

Oneida Escobar, Alba Reyes y Ángela María Cáceres sufrieron la pérdida de un hijo y lograron transformar su dolor en fuerza para ayudar a otros.

Foto: Camilo Ponce de León / Producción Lucy Moreno

Oneida Escobar, Alba Reyes y Ángela María Cáceres sufrieron la pérdida de un hijo y lograron transformar su dolor en fuerza para ayudar a otros.

En el campo de la ingeniería, la resiliencia es la capacidad que tiene un material, mecanismo o sistema para recuperar su estado inicial cuando ha cesado la perturbación a la que había estado sometido. En las personas sucede algo similar. Según el psiquiatra Rodrigo Córdoba, la resiliencia es un concepto sajón que habla de la capacidad de reconstruirse y levantarse en los momentos difíciles. “Aunque considero que tiene una visión mucho más amplia en el sentido de convertir situaciones complejas, difíciles o traumáticas en experiencias favorables y dinámicas”, asegura.
Después de la muerte de sus hijos, estas tres mujeres estuvieron en la oscuridad y sintieron el dolor que, como dice la escritora Piedad Bonnett, no tiene nombre. Pero hoy trabajan para iluminar la vida de otros.

Sanación a través de la educación

Hablar con Ángela María Cáceres es como recibir una inyección de energía. Su pelo blanco, su sonrisa, sus expresiones y hasta el bindi en su frente son señales de una mujer especial.

Y lo es. Durante trece años Ángela ha estado a la cabeza de la fundación Juan Pablo Gutiérrez Cáceres, una organización que creó en honor a su hijo mayor y que ha otorgado 461 becas de posgrado para jóvenes de escasos recursos que quieran trabajar por Colombia.

La historia comenzó en la noche del 27 de enero de 2007, cuando su hijo se cayó por accidente de un balcón en Viña del Mar, Chile, donde estudiaba un MBA en la Universidad Adolfo Ibáñez.

A las 3 de la mañana del sábado le avisaron a Ángela y a su familia de la tragedia. A las 9 de la noche llegaron a Viña del Mar y Juan Pablo ya estaba en un ataúd. El domingo se devolvieron a Colombia y el lunes ya lo estaban enterrando. Ángela sintió que enloquecía.

En ese momento peleó con Dios, con la Virgen y hasta con su familia. Se volvió una persona muy dura. El dolor era demasiado intenso. Varias personas le plantearon la idea de crear una fundación, pero ella aún no estaba lista. Sin embargo, una carta que recibió a los tres meses del fallecimiento de su hijo cambiaría todo: la Universidad Adolfo Ibáñez otorgaría una beca para un colombiano en honor a Juan Pablo. Ese gesto le llegó al alma.

La fundación se lanzó el 23 de noviembre de 2007, día del cumpleaños de su hijo. En aquel entonces y gracias al apoyo que recibieron de la Organización Ardila Lülle, del Banco Colpatria y Spring pudieron dar cinco becas. Su sueño, cuenta, es llegar algún día a las 1.500 becas.

Ángela María Cáceres creó hace 13 años la fundación Juan Pablo Gutiérrez Cáceres.


“Juan Pablo decía que la educación era importante y que necesitábamos estar preparados para salir adelante”, comenta.

Ángela Cáceres vivió tres años de dolor, de luto absoluto y luego otros dos años de un lento despertar. Poco a poco, con su trabajo en la fundación, con sus investigaciones sobre las culturas orientales, la ayuda de su familia, de su psicóloga y hasta de su médica bioenergética, empezó a encontrar las respuestas que buscaba. “Dios no manda nunca un castigo. Uno diseña su vida y viene a cumplir esa misión”, asegura.

“En ocasiones es muy difícil encontrar el propósito de la vida, pero puedes empezar analizando en qué encuentras felicidad”, señala. Hoy asegura que su propósito es seguir consiguiendo fondos para que más jóvenes puedan tener acceso a un posgrado de calidad.

“Dar alivia el dolor (…) La fundación es algo importantísimo en mi vida porque cuando tú ves cómo les ha cambiado la vida a estos jóvenes que hemos podido ayudar se te escurren las lágrimas. Es una satisfacción inmensa y el corazón se te llena de amor”.

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Hoy Ángela es feliz, volvió a bailar, le encantan la naturaleza, las flores, los colores, la vida. El dolor quedó atrás. Está dichosa con su primer nieto, adora a su marido con el que lleva 47 años de casada, se unió más a su familia y extraña visitar a los niños del hogar Santa Rita, donde trabaja como voluntaria.

El abrazo de Oneida Escobar

En este año ni la pandemia pudo detener el deseo de Oneida Escobar y su familia por honrar la memoria de su hijo, Luis Andrés Colmenares, en el décimo aniversario de su muerte.

Y es que una década no ha sido suficiente para aclarar lo sucedido en aquella madrugada del 31 de octubre de 2010. Al menos no para la familia del joven estudiante de Derecho que murió en extrañas circunstancias después de una fiesta de Halloween.

Pero la vida continúa, imparable, y se abre paso, incluso, en medio de aquellos que sienten que no quieren seguir viviendo. Hace diez años, Oneida estaba hundida en la oscuridad de un dolor
terrible, de la que ni siquiera su hijo menor, Jorge, ni su esposo, Luis Alfonso, podían sacarla.

Aunque el proceso en el Tribunal de Bogotá continúa, la mamá de Luis Andrés siente que su corazón empieza a sanar, algo que ella misma pensó nunca llegaría a suceder.

Esta madre guajira, definitivamente, ya no es la misma. Ha madurado y ahora ve la vida de otra manera. Hoy puede hablar de Luis Andrés sin que las lágrimas la invadan y, además, ha encontrado un nuevo propósito para vivir: ayudar a otras mamás que han pasado por una situación similar a la suya.

Así nació, a comienzos de este año, la fundación Luis Andrés Colmenares, un espacio que ofrece ayuda psicológica, jurídica y emocional a madres que no tienen los recursos económicos necesarios y que temen naufragar en el complejo sistema jurídico colombiano.

Oneida y su hijo Jorge ofrecen ayuda psicológica, jurídica y emocional a madres sin recursos.


La idea de hacer algo para ayudar a otros ya estaba en el corazón de Oneida, incluso antes de la muerte de ‘Luigi’. Pero su propia travesía entre audiencias, juzgados y abogados, despertó en ella la necesidad de crear este proyecto que no ha podido lanzarse oficialmente por la pandemia. “A veces uno solo quiere ser escuchado y abrazarse con las personas que tienen el mismo dolor”, comenta Oneida.

Su hijo menor, Jorge, quien apenas tenía 15 años cuando murió Luis Andrés, la acompaña en esta nueva etapa. “El objetivo más grande que tiene la fundación es que las personas tengan las puertas que no tuvimos en un inicio. Nosotros aprendimos ‘a las patadas’, pero cuando ya abres las puertas y sabes cómo es el camino, no quieres que otras personas lo vivan de la misma manera”, explica
Jorge, abogado de la Universidad del Rosario y el concejal de Bogotá más joven del Centro Democrático.

El camino todavía es largo, pero Oneida cada día va un paso más adelante: ha vuelto a escuchar las canciones de Silvestre Dangond y Peter Manjarrés, que tanto les gustaban a ella y a Luis Andrés; ha vuelto a sonreír y hasta a hacer bromas. Incluso, las celebraciones han regresado. El año pasado ella misma sorprendió a todos con una banda en el cumpleaños de su mamá: una señal más del avance en el camino hacia su propia resiliencia y de dejar atrás el dolor.

Renacer a partir de la diversidad

Alba Reyes se levanta cada día con la convicción de que la fundación que creó en memoria de su hijo puede hacer algo para salvar una vida. Esa es su nueva razón de vivir.

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Hace seis años su motor era su único hijo: Sergio, un joven de 16 años, inteligente, enamorado de su abuela, la naturaleza, la literatura y la música. El 4 de agosto de 2014 todo cambió cuando tomó la decisión de quitarse la vida, presionado por la discriminación sexual que vivía en su colegio.

Pero Alba no se fue al vacío con su hijo porque, como lo afirma en una de sus charlas, decidió crear la fundación Sergio Urrego. Apenas leyó la carta de despedida que le dejó el joven en su mesa de noche, supo lo que tenía que hacer. “Fue un legado que me dejó mi hijo apenas se marchó”, asegura.

Su duelo ha sido muy fracturado. No solo tuvo que vivir el dolor por el suicidio de su hijo, sino que debió enfrentar a las autoridades, a la sociedad y a los medios de comunicación cuando denunció públicamente lo que había sucedido.

En aquel entonces, ese duelo se manifestó, incluso, en su cuerpo. Sufrió complicaciones en el útero que la llevaron a una cirugía y otros cambios físicos que ningún médico le pudo explicar.

En 2016, Alba Reyes representó a Colombia en el Congreso de Familias por la Diversidad, en Costa Rica.


“La resiliencia empieza por trabajar en uno mismo. Cuando se te va ese ser amado, cuando sucede algo muy fuerte en tu vida, tienes que centrarte en ti, en quién eres tú como persona, en qué te gusta y qué te hace feliz”, explica.

Un año después de la partida de su hijo, la fundación ya era una realidad gracias al apoyo de Colombia Diversa, su familia y amigos. En 2016 esta madre representó a Colombia en el Congreso de Familias por la Diversidad, en Costa Rica, y al año siguiente logró un encuentro con organizaciones sociales de Washington y Nueva York que trabajan en temas de diversidad y no discriminación, como The Trevor Project y Human Right Campaign.

Hoy, Reyes es conocida como una activista que trabaja en pro de los derechos de los jóvenes y las familias diversas. “Cuando uno empieza a trabajar en una obra social no tiene precio y te permite renacer. Ese es mi motor de vida hoy en día”, señala.

Aunque muchos proyectos la enorgullecen, hay uno que tiene un lugar especial: la línea Salvavidas, creada a propósito de la serie de televisión Por trece razones y que ha brindado apoyo psicosocial a más de 2.115 jóvenes con ideación suicida. “Cuando una persona entra en crisis no puede esperar, tiene que ser escuchada en su momento para brindarle primeros auxilios psicológicos”, explica.

Pero Alba Reyes no se conforma y sigue soñando con tener una organización a escala mundial que ayude a los jóvenes colombianos en el exterior; imagina una casa refugio para aquellos que son sacados de sus propios hogares y no tienen a dónde ir y anhela otorgar una certificación que garantice ámbitos educativos libres de discriminación.

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Noviembre
25 / 2020

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