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Ángela Maldonado, la colombiana que National Geographic premió por conservación ambiental

Gracias a su gestión, el cuidado del medio ambiente y conservación de especies, Ángela Maldonado fue reconocida por su trabajo en la Amazonía.

Foto: Valentine Rosado/WWF

Gracias a su gestión, el cuidado del medio ambiente y conservación de especies, Ángela Maldonado fue reconocida por su trabajo en la Amazonía.

Ser líder ambiental en Colombia no es una tarea sencilla. Mucho menos trabajar en la conservación de algunas especies y estar expuesto a las amenazas de quienes viven del tráfico de fauna. Ángela Maldonado es una defensora del medioambiente y sabe muy bien de todos los peligros que eso conlleva.

Aunque su camino al inicio no estaba destinado hacia la conservación, la vida la fue llevando en la dirección de dedicar su vida y sus esfuerzos a la protección y el cuidado de las especies que viven en la triple frontera de la Amazonía colombiana, peruana y brasileña.

Se formó en Conservación en la Universidad de Oxford Brookes, en Inglaterra, y creó la Fundación Entropika, por la que recibió el premio Buffett al liderazgo en conservación en América Latina.

Conversamos con ella sobre cómo inició su camino en el cuidado del medio ambiente y algunas de las luchas más duras que ha librado en su tarea como protectora de los primates en Colombia.

¿Cómo se involucró en el cuidado de la fauna y hace cuanto trabaja en conservación?

Estudié Administración de Empresas, pero siempre me han gustado los animales. Sin embargo, la química y la física no es lo mio, por eso no estudié biología. Tampoco me gusta la sangre, por lo que tampoco pude estudiar veterinaria. Siempre tuve mascotas y eso hizo que mi relación con los animales fuera muy cercana.

En el año 1993 rescaté un mono churuco, una especie amazónica, del tráfico. Ahí empecé a leer sobre primates y gracias a la información que recolecté, lo liberé en una estación en el Vaupés, en donde estaban rehabilitando esta especie de monos.

Luego me fui para Inglaterra donde hice una maestría en Conservación de Primates y después hice mi doctorado en Antropología y Conservación. Al final del doctorado, junto a un grupo de compañeros con los que trabajamos en el Parque Amacayacu, en el Amazonas, creamos la Fundación Entropika, con la que hace 13 años estamos luchando por la fauna.

¿Cómo fue ese rescate de ese mono, si aún no tenía experiencia en conservación?

Yo vivía en Pasto y con un compañero teníamos un negocio allá. Un día llegó un hombre que llevaba un mono amarrado. Yo nunca había visto uno de esos, pero había trabajado de forma voluntaria en organizaciones ambientales. Le pregunté al hombre que por qué tenía a ese animal si era una especie silvestre y me dijo que era su compañía.

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Recuerdo que el mono se llamaba Bryan, y el señor transportaba mercancía en un camión desde el Putumayo a Nariño. Después de hablar con él lo convencimos de que nos lo dejara, pero allí en Pasto no había un lugar donde pudieran darle la atención que necesitaba.

Lo que decidimos fue cuidarlo y tratar de llevarlo a las afueras de Pasto, a un pueblito que se llama Chachagüí, que es de clima cálido, para que el monito pudiera trepar árboles y estuviera en un lugar más parecido a su medio.

Luego, investigando para poder encontrar un lugar en el que pudiera liberarlo, una organización del Estado nos dijo que les debíamos entregar al mono pero no lo podíamos volver a ver. Yo quería seguir involucrada con su proceso, entonces ahí me di cuenta de la realidad de los centros de rehabilitación de fauna en Colombia, en donde muchas veces estos animales se quedan en una jaula hasta que se mueren. Por eso decidí que quería liberarlo.

En medio de esa investigación me enteré de que una pareja de estadounidenses tenían una estación biológica en donde rehabilitan churucos y decidí llevarlo con ellos. En esa época el DAMA (Departamento Técnico Administrativo del Medio Ambiente) también tenía dos monos de esta especie para liberar y me dijeron que me dejaban llevar el mío si llevaba los otros dos. Para ese entonces había vuelto a Bogotá, renuncié a mi trabajo y me fuí para el Vaupés, en donde estaba esta estación. Allí se unió a un grupo silvestre y ese ha sido uno de los casos exitosos de reintegración. Ahí empecé mi carrera, incluso el mono dejó de llamarse Bryan y lo bauticé Matías.

¿Luego se fue a estudiar a Inglaterra y allí se dio cuenta que quería dedicarse a la conservación?

Yo me fui a Inglaterra porque necesitaba estudiar algo relacionado con conservación. Desde antes de irme ese era mi plan. Allí hice la maestría y el doctorado, pero todo el tiempo volvía a Colombia a hacer trabajo de campo y para estar al frente de la parte de investigación de la fundación.

¿Cómo se involucró con el trabajo en la Amazonía?

Empecé con el trabajo en el Vaupés. Esta es una zona muy bella del país, pero con muchos problemas de seguridad. Mi familia se preocupaba mucho, también porque la guerrilla sacó a las personas que estaban a cargo de la estación de conservación y yo quedé a cargo de eso.

Sarah y su esposo, los que estaban en la estación, se fueron para el parque Amacayacu, en el Amazonas, y me dijeron que allá había mucho trabajo por hacer en temas de conservación, especialmente en mono churuco, que es como la especie de nuestro corazón.

En el 2003 hice mi primera visita al parque y empecé los trámites para hacer investigación allí. En el 2005, cuando terminé la maestría, empecé a trabajar de lleno en esta zona.

¿Siempre han trabajado por la preservación de esta especie?

Ha sido la especie bandera, especialmente en un proyecto en el que trabajamos con la comunidad mocagua, que en este momento es una de las comunidades líderes de conservación. Luego seguí con el Proyecto Aotus, que es el mono nocturno, en el que aún estamos trabajando.

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¿Cuáles son las principales amenazas de estas especies en el país?

Cuando hablamos de animales extraídos es la forma en la que nosotros calculamos cuál es el impacto en el medio ambiente. La cacería comercial, el tráfico de fauna para el turismo y, en el caso del mono nocturno, es su extracción para la investigación biomédica. Esas son las tres principales amenazas de estas especies.

¿Por qué el mono nocturno es tan apetecido por la industria biomédica?

Existen varios de este tipos de monos, pero el Aotus Nancymaae es el modelo perfecto para experimentación en malaria por su sistema inmunológico. Pero estamos hablando de que esto sucedió hace cuarenta años, cuando empezaron a hacer investigaciones.

¿Todavía buscan esta especie para hacer investigaciones?

Claro que sí. Tenemos información de este mes, que algunas comunidades indígenas están extrayendo estos animales para investigación de malaria. Por eso nosotros averiguamos con las autoridades cuáles son los permisos que existen para la captura de un animal que está calificado como vulnerable.

¿Cómo es el trabajo que hacen ustedes con las comunidades indígenas? Muchas veces la captura de estas especies es la única forma para sobrevivir.

Claro. En el año 2008 hicimos un estudio sobre la significancia de la captura de estos animales para las comunidades en la frontera. Encontramos que el 60 % de los animales que vendían al laboratorio venían de Perú. Los visitamos y les preguntamos por qué lo hacían. La mayoría nos daban esta razón.

Les dijimos que si llegábamos a hacer proyectos de conservación y económicos en los que la condición fuera dejar de capturar esos animales, ellos estaban de acuerdo en hacerlos. nos dijeron que sí e iniciamos trabajo con ellos.

En este momento dos de esas comunidades están trabajando con nosotros desde hace 11 años.

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En vista de que es una actividad muy riesgosa, ¿cuáles han sido los retos o los peligros más grandes?

Precisamente las intimidaciones cada vez que denunciamos algo. Yo siempre digo que si empezamos alguna investigación hay que terminarla. Comencé denuncias que llevan muchos años que han derivado en campañas de difamación, persecuciones, incluso amenazas de muerte. Por eso hemos avisado a las autoridades para pedir apoyo de ellas. También debido a estas amenazas y a la situación de los líderes ambientales en Colombia, desde junio de este año cuento con esquema de protección de la Unidad Nacional de Protección.

¿El Ministerio de Medio Ambiente los ha apoyado en sus investigaciones?

Para nada. Todo lo contrario. Muchas de las irregularidades que ocurren con el tráfico del mono nocturno han sido culpa del ministerio. Por otro lado, hace un año la Contraloría solicitó a la Procuraduría y la Fiscalía investigaciones disciplinarias y penales, precisamente por esta razón. Aún falta mucho por hacer en cuanto a regulaciones y leyes ambientales en Colombia.

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Octubre
14 / 2020

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