Gregg Bleakney: el explorador de la creatividad en Colombia

Gregg Bleakney vive desde 2013 en Bogotá, donde creó una agencia que trae marcas para mostrarles lo mejor de Colombia. Esta es su historia.
 
Gregg Bleakney: el explorador de la creatividad en Colombia
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POR: 
Melissa Serrato Ramírez

A Gregg Bleakney siempre le preguntan si fue por amor que decidió quedarse en Colombia; entonces él responde invariablemente que no. “Creo que soy el único gringo que no está aquí por culpa de una mujer. Todavía no he tenido esa fortuna”, asegura.

Sin embargo, a sus 45 años tiene una agencia llamada WhereNext en Colombia, porque le parece inconcebible hacer su trabajo en otro lugar del mundo. Tras dos años de periplo en bicicleta por todo el continente americano, se dio cuenta de que este país es el único lugar que tiene todo lo que buscó siempre: “Gente extraordinariamente creativa, con una energía que impulsa y de la que uno se puede alimentar en cualquier rincón”.

Bleakney aclara que si bien vive en el país desde 2013, contó para Diners “este cuento por primera vez en español”, pues su historia ha sido publicada en varios medios de Estados Unidos.

¿Cómo era su vida antes del viaje?

Entrenaba en salto triple para los Juegos Olímpicos, como Catherine Ibargüen. Era parte del equipo de la Universidad de Oregon y me lastimé la rodilla en los campeonatos de Estados Unidos. Mi carrera deportiva acabó a los 24 años, cuando finalizaba la universidad, así que tuve que reemplazar mi carrera olímpica por otra meta física, ya que mi trabajo en tecnología, con Oracle, nunca me iba a dar esas satisfacciones. Vivía en San Francisco y conocí a un chico que viajaba por toda la costa de California en bicicleta. Me pareció muy interesante y me enteré de que había una ruta desde el punto más alto de Alaska, para llegar hasta el punto más bajo de Argentina; era la más larga del mundo para hacer en bicicleta y supe que eso podía reemplazar a mi sueño olímpico. Guardé dinero durante dos años, vendí mis posesiones materiales, doné todo a una ONG, comencé de cero para tener una vida más simple y arranqué.

Al interior de un granero cubriéndose del frío de la Patagonia.


¿En qué año fue eso?

Por allá en 2002. Comenzamos en Prudhoe Bay, Alaska, con mi mejor amigo, que durante el viaje me pedía que le tomara fotos en los mejores paisajes para mandarlas por correo electrónico a su familia. Un día le tomé una foto frente a un glaciar y la repetí como cincuenta veces, pues quería lograr la foto perfecta. Me gustó y la mandé al periódico de mi ciudad, el Seattle Times. La publicaron y contaron que uno de sus chicos estaba recorriendo América en bici. Ahí me empezaron a buscar de otras revistas para pedirme que escribiera sobre el viaje, una de ellas fue una practicante de Nat Geo.

¿Publicó su historia en la revista de National Geographic?

En principio era para el blog, con fotos de Alaska. Luego quisieron publicarlas en la revista, pero la calidad era muy mala y no las pudieron sacar. Fue muy frustrante porque para ese momento ya estábamos lejos, así que fui a la tienda más cercana y compré mi primera cámara. Esa cámara tomó todas las fotos de mi viaje, lanzó mi carrera como fotoperiodista y me enseñó el principio de mi agencia: hacer lo máximo con lo mínimo.

¿Cómo siguió el recorrido?

Esa primera parte del viaje fue una aventura física con mi amigo. Crecí en un barrio blanco con muchos privilegios. Por ahí vivían Bill Gates, de Microsoft, y Howard Schultz, de Starbucks. Yo era un gringo clásico que creía que todo lo que había al sur de México era igual; entonces, cuando llegamos ahí, el viaje dejó de ser aventura porque conocí a la gente que estaba a los lados de la carretera, a la de verdad. En la frontera con Guatemala nos atracó una banda criminal mexicana, con máscaras y armas, casi nos matan. Mi amigo decidió regresar a Estados Unidos y me quedé solo en Guatemala por un mes, pensando en las razones por las que quería andar y decidí seguir solo por toda América Central.

Los páramos han sido el escenario perfecto para que marcas extranjeras se interesen por Colombia.


¿Cuánto tardó desde Alaska hasta Panamá?

Seis meses. Siempre había estado en contacto por correo electrónico con ocho ciclistas que estaban haciendo algo similar, y en Panamá, cuando esperaba el barco que me llevaría a Cartagena, me escribió un japonés contándome que había sido secuestrado por las Farc en Pasto. Ante eso, decidí saltarme Colombia y tomé un avión desde Panamá hasta Quito. Subí casi hasta la frontera y empecé a bajar desde ahí en bicicleta, maravillado por los Andes, los paisajes y la gente, que es más emocional y tan lejana de la cultura gringa. Completé dos años cuando llegué a Ushuaia, y de ahí regresé a Estados Unidos.

¿Qué hizo cuando regresó?

Había seguido mandando fotos a Nat Geo, y una semana después de regresar me dieron una beca para hacer un workshop de fotografía, conducido por Rich Clarkson, que había sido el director de fotografía de Nat Geo. La última noche, él me dijo que tenía quince minutos para preparar una presentación con las treinta mejores fotos de mi viaje, frente a él y a cinco de los fotógrafos más icónicos del mundo. Luego, Rich me dijo que había personas muy semejantes a mí, que parecían estar perdidas, pero que lo más importante era que yo tenía una curiosidad por la vida, y que a pesar de que los demás dijeran que yo era un vagabundo, en Nat Geo, en cambio, tenían un nombre para la gente como yo: fotógrafo.
Entonces me dio una beca de Nat Geo para integrarme, y para el primer trabajo me preguntaron si quería proponer algún tema, les dije que quería ir a Colombia.

¿Cómo recuerda ese viaje?

Fue en 2008, duró dos meses y me encanté con Colombia, a pesar de que al segundo día en Bogotá me robaron todo el equipo que había comprado para venir. Se salvó una cámara chiquita, con la que terminé tomando todas las fotos. Hice varios reportajes, uno de ellos sobre la generación de ciclistas jóvenes. A partir de ese momento empezaron a conocerme como un fotoperiodista que podían enviar a Colombia, porque en esa época nadie quería venir. En los años siguientes regresé varias veces y aprendí cómo se sentían las energías.

Gregg Bleakney durante su recorrido en bicicleta por Alaska.


¿A qué se refiere?

Para mí, Colombia es lo más extremo en término de energías, al igual que Brasil. Puede ser que la gente local no se dé cuenta, pero manejan la vida entera con energía. La gente siente y reacciona por la energía que lleva dentro y creo que eso es lo que les da magia a las fotos.

¿Cómo recuerda su vida en ese momento?

Era prácticamente un vagabundo. Vivía y dormía en un carro, en hostales, por muchos años no tuve hogar. Era muy chévere, pero tenía que viajar mucho y siempre solo, así que empecé a aburrirme. Quería trabajar con un equipo.

¿Creó entonces la agencia?

Sí. Tenía en la cabeza las raíces del equipo con el que entrené, pues mi técnico había sido alumno del fundador de Nike, Bill Bowerman. Lo conocí a él y a la gente de la agencia Wieden+Kennedy, la más prestigiosa del mundo, de la que salió el Just do it. Cuando competía en atletismo y al tiempo estudiaba, tomé clases con Dan Wieden, fundador de esa agencia, y desde entonces tuve el sueño de fundar una, pero estaba tan enfocado en el deporte que dejé eso a un lado.

¿Y qué pasó?

Cuando estaba en Colombia me di cuenta de que había mucho talento y pensé que aquí podría conectar mis estudios, mi experiencia de fotógrafo, de viajes y mi vida de privilegios en Estados Unidos, con la energía y el talento que había en este país. Un amigo me invitó a vivir en la casa de su mamá y en ese tiempo maduré la idea. Mi objetivo era trabajar con gente verdaderamente creativa; es decir, los recién salidos de la universidad, y personas excluidas a pesar de su potencial, por ejemplo, las madres solteras.

¿Cómo empezó?

WhereNext es el nombre de la agencia; trabajamos en publicidad, creatividad y producción de video. Arrancamos en 2013, en mi apartamento de Bogotá, con una mochila y una mesa que me donó mi vecina cuando vio que no tenía muebles. Contraté a una persona y empezamos a trabajar con la idea de traer por primera vez marcas internacionales a Colombia para desarrollar sus campañas aquí. Nuestra primera producción fue para la marca de ropa de aventura gringa ExOfficio, que conocí porque en una de las entrevistas que me hicieron dije que había hecho mi gira por América solo con dos pares de ropa interior de esa marca. Ellos nos contrataron y nos fuimos dos semanas a grabar en un safari de lujo en África. Recuerdo que uno de los días de producción comimos helado mientras mirábamos jirafas y ahí pensé: “Esto forma parte de esa energía colombiana, no podría estar haciendo esto ahora con un gringo o con una persona de otro país”.

Colombia

Bailes, colores y música durante el Carnaval de Barranquilla.


¿Cómo logró que la empresa se consolidara?

No nos detenemos en conseguir clientes globales: Adidas, Dior, Facebook, IBM. Ahora tenemos sede en España y Estados Unidos, pero la base está en Bogotá, con más de 20 personas que trabajan en una oficina de Quinta Camacho, que tenemos hace cuatro años.

¿Cómo consigue a sus clientes globales?

Con los contactos de mi vida anterior, pero también porque los colombianos están superorgullosos de serlo y ahora yo me siento también un poco de aquí. Hablo del país y termino convenciéndolos de hacer la producción aquí. Así fue cuando trajimos a todo un equipo de editores y periodistas de Backpacker Magazine, una revista de viajes de Estados Unidos, a hacer las pruebas de equipos para viajes en una travesía que les organizamos por el páramo de Ocetá y dedicaron la edición entera a Colombia.

¿Qué aprendió de esa primera experiencia en Colombia?

Descubrí que Colombia tenía biodiversidad no solo natural, también de historias y que mi trabajo era hacerles ver todas esas historias a las personas que traigo. En una ocasión, Columbia, la marca de ropa deportiva, vino con un grupo de periodistas a probar una chaqueta en otro páramo. A su regreso, me dijeron que ese viaje les había generado más publicidad que cualquier otro evento en la historia de la marca. Ese día me dije: “Claro, estoy en el lugar perfecto para tener una agencia de creatividad, porque en Colombia nunca falta Macondo y la gente de afuera puede sentirlo.

Si quieres ser un surfista profesional tienes que vivir en donde están las mejores olas del mundo, pero si quieres tener una gran agencia de creatividad, tienes que estar en el lugar en el que está la mejor creatividad del mundo”. Ese lugar es Colombia, que tiene esta energía para lanzar ideas que funcionen.

Colombia

Plátano verde en la balsa, en Nuquí, Chocó, en el Pacífico de Colombia.


Hablemos de los proyectos que ha desarrollado para Colombia…

En Procolombia se dieron cuenta de toda la publicidad que mi agencia estaba generando para Colombia; me invitaron a conocerlos y me preguntaron si sabía algo de pájaros. Yo dije que sí, pero, en realidad, lo único que había hecho era pajarear. Ellos querían hacer una campaña de país, basada en los pájaros, porque Colombia tiene más aves que el resto del mundo y en dos días se cerraba una licitación para revisar las propuestas. No dormí y me presenté. Competían productoras gigantes. Lloré cuando nos dijeron que habíamos ganado. Trabajamos dos años y de ahí salió The Birders, que lanzamos el año pasado.

Y el proyecto sobre grafitis…

La destilería de Ron Dictador, en Cartagena, tenía una sede gigante y abandonada cerca de Valledupar. Los dueños son europeos y uno de ellos, aficionado al grafiti, no sabía qué hacer con la destilería y nos llamó para que le diéramos ideas. Así que les propusimos hacer un museo de grafitis. Ya hicimos una primera tanda, en la que pintaron doce grafiteros famosos, incluidos Toxicómano, Stinkfish y Erre. Otro grupo va a venir a pintar a partir del concepto de las aves que habitan la Sierra Nevada de Santa Marta, que está justo al lado, pero eso será después de la pandemia. En estos días trabajamos en un proyecto digital para mantener vivo el sector del turismo, uno de los más golpeados por esta situación. También exploramos el tema del café, pero de eso no voy a hablar todavía.

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agosto
26 / 2020