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Universidades en época de pandemia: una reflexión del modelo educativo

Clases virtuales, becas, descuentos en matrículas y una profunda reflexión sobre el modelo educativo son algunas de las propuestas de los centros de educación superior para adaptarse a la “nueva normalidad” que dejará el coronavirus.

Foto: Avel Chuklanov / Unsplash

Clases virtuales, becas, descuentos en matrículas y una profunda reflexión sobre el modelo educativo son algunas de las propuestas de los centros de educación superior para adaptarse a la “nueva normalidad” que dejará el coronavirus.

Emma Lozano cumplirá 18 años en agosto, justo cuando deberá iniciar su carrera de Biología en la Universidad de los Andes. Hay una curiosa mezcla de desconcierto y esperanza en sus palabras cuando habla de lo que le espera: la inducción será virtual, el tour por la universidad también y muchas clases pasarán al modo online. La presencia en el campus será mínima. Algo absolutamente impensable hace apenas unos meses. El panorama en las universidades ha cambiado.

La pandemia ha alterado la vida en el planeta de formas nunca antes vistas. El sector de la educación superior no ha sido ajeno a esa sacudida. Estamos ante un cambio de paradigma abrupto, del que todavía desconocemos su alcance y consecuencias. Las universidades enfrentan un desafío con varios elementos en contra. El descenso en las matrículas, el impacto financiero y la urgencia por mantener la calidad en la oferta educativa.

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“Yo no estoy tan preocupada por lo académico. Creo que a esos cambios me puedo adaptar. Me inquieta más lo social, porque para la gente como yo, llegar a una universidad es un mundo completamente nuevo que ya no va a ser así. Incluso, nos han explicado que utilizaremos los laboratorios en grupos pequeños y que podemos optar por clases virtuales o presenciales, según las materias. No nos lo han dicho de forma muy cruda, pero está claro que todo va a ser distinto”, reconoce Emma.

Por estos días, las universidades, no solo colombianas, sino del planeta, diseñan estrategias a marchas forzadas para tratar de hacerle frente al escenario que se dibuja. Nadie estaba preparado para una situación ni remotamente parecida. La única certeza, de momento, es la incertidumbre. “El coronavirus les ha dado muy duro a las universidades. Casi ninguna estaba lista en lo pedagógico, ni en lo académico, ni en lo financiero. Creo que algunas entrarán en crisis profundas y tendrán que cerrar o fusionarse para subsistir”, vaticina Francisco Cajiao, experto en educación.

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La prueba de que las alarmas están encendidas la dio el mensaje que, no hace mucho, varios rectores le enviaron al gobierno pidiendo apoyos para el sector, que deberían traducirse en créditos financieros y alivios en el plan de pagos de sus obligaciones. Los cálculos hablan de entre un 20 y un 
25 % de tasas de deserción para el semestre que se avecina. Una baja generalizada que viene de tiempo atrás. Ya desde el segundo semestre de 2016 la caída en matrículas de nuevos estudiantes fue del 7 % en las universidades privadas y del 5 % en las públicas. Este dato, del Laboratorio de Economía de la Universidad Javeriana se explica por tres razones. Una, dice Luz Karime Abadía, codirectora del laboratorio, es el descenso en las proyecciones demográficas; la oferta de programas virtuales en el mundo, y la primera y más preocupante: el comportamiento de las cifras de desempleo en el país durante los últimos años.

Por culpa de la pandemia, el más reciente indicador fijó en un 19,8 % el nivel de desempleo en Colombia. Y tiende a empeorar. “El descalabro y las dificultades financieras que van a enfrentar las familias afectarán considerablemente a las universidades, sobre todo a las privadas, que en una proporción muy grande dependen de las matrículas y están supeditadas al ingreso económico de sus estudiantes”, explica Francisco Cajiao.

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En una carta que escribió Alejandro Gaviria, rector de la Universidad de los Andes, quedó en evidencia la gravedad de la situación. “La actual crisis de salud y económica ha afectado a la actividad de la universidad. Durante este periodo hemos tomado medidas sin precedentes con el fin de atender las necesidades de nuestros estudiantes, profesores y equipos administrativos. Quisiéramos que fuera de otra manera, pero las circunstancias siguen siendo inciertas y probablemente nos afectarán por un tiempo más”, manifestó Gaviria.

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Hay muchas razones para la preocupación, pero, de momento, se han puesto en marcha medidas contra el impacto en los bolsillos. Los Andes, por ejemplo, mantendrá becas, ofrecerá créditos condonables, bonos y eliminará costos de inscripción. Hasta bajará sueldos –algunos de forma voluntaria– de directivos y personal académico, entre otras medidas. Casi todas las universidades van por la misma senda: descuentos, congelación de plantilla, ayudas en herramientas digitales, etc.

Jaime Marín, director de Programas Abiertos de Educación Ejecutiva de la Facultad de Administración de la Universidad de los Andes, asegura que una de las estrategias que han desarrollado ha sido la de lanzar cursos, talleres y programas online que respondan a las demandas actuales y, sobre todo, que sean de alta aplicabilidad a los entornos laborales. “No solo trabajamos en formación sobre crisis, también en aprendizajes para proyectarse y estar un paso adelante para cuando superemos esta coyuntura, es un ‘planee desde ya para la situación que seguramente va a venir’”, asegura.

El desafío de lo virtual

Más allá de sobrevivir a la crisis económica, las instituciones universitarias se enfrentan a la virtualidad, que venía en camino, aunque con más lentitud en Colombia y ahora es prácticamente una obligación. La ministra de Educación, María Victoria Angulo, ha empleado la frase “presencialidad con alternancia” a partir de agosto, cuando arranca el semestre. Lo que viene, entonces, es un modelo mixto en el que lo virtual será protagonista.

Ese anuncio también ha evidenciado grandes falencias en el sistema educativo y representa, por lo tanto, otro desafío. “La crisis dejó ver la profunda desigualdad en conectividad que existe entre los sectores urbanos y rurales en Colombia, no solo en lo que respecta a la educación superior, sino a la básica y secundaria. Hay una enorme diferencia en el acceso a computadores y tabletas, que termina incidiendo sobre la educación como se plantea ahora”, dice Adolfo Meisel Roca, rector de la Universidad del Norte, en Barranquilla.

Luz Karime Abadía cita las estadísticas del Dane, según las cuales el 52 % de los hogares colombianos tiene conexión a internet y el 42 % un computador o tableta, cifras muy bajas que dan cuenta de los problemas de conectividad del país. De hecho, dice Abadía, el 22 % de los jóvenes no tiene acceso a internet y las regiones surorientales son las más rezagadas.

“A escala mundial, la educación virtual ya se abría paso. Esta coyuntura ha sido más bien como un catalizador y un llamado a tomarla más en serio. Si estábamos en plena revolución 4.0, ya vamos en los albores de la 5.0, que integra la inteligencia artificial. Pero la teoría de que los jóvenes son nativos digitales y que se manejan muy bien en ese entorno es más un mito. No es fácil para ellos ni para los profesores y las instituciones. Estamos en un mundo nuevo y ante un cambio cultural muy grande que nos lleva a repensar la educación como la entendemos”, dice Andrés Franco Herrera, vicerrector académico de la Universidad Jorge Tadeo Lozano.

Cada centro, dice este vicerrector, está tratando de responder, como puede, a una realidad inesperada. En su caso, la Unitadeo también ha diseñado un paquete de medidas de alivios económicos a los estudiantes y de ayudas y paquetes tecnológicos y de conectividad. Conscientes de que ese es uno de los grandes obstáculos para muchos de sus alumnos. Y no solo eso, se ha intensificado el acompañamiento psicosocial para jóvenes ante los casos de estrés, ansiedad, depresión y violencia intrafamiliar que ya empiezan a emerger con fuerza.

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¿Desaparecerá el campus?

El experto Cajiao advierte que “migrar” a la virtualidad es “tremendamente fatigoso, pesado, como vivir en otro planeta. Además de muy costoso para las universidades, frente a la creencia de que lo online es barato. Es urgente que se mejore la legislación para que las universidades puedan incorporar lo virtual. Y eso se hace desde el Ministerio de Educación. Eso va a permitir que las universidades diseñen mejor sus programas y puedan asegurar mayor cobertura”.

Otra de las cuestiones que plantea el modelo híbrido y genera inquietudes en los estudiantes, como bien decía Emma, a punto de empezar clases en los Andes, es la relacionada con lo social. Si hay un plus que generan las universidades, dice Francisco Cajiao, es la posibilidad permanente de intercambio de saberes, de argumentación, de debate que se da en el campus, algo que podría quedarse atrás.

“Pero hay que encontrar caminos para que eso no ocurra –opina Andrés Franco–. Lo técnico es importante. El software, la conectividad, etc., pero son solo herramientas. El medio, no el fin. Lo que nunca se debe perder es la relación profesor-estudiante y las sinergias naturales y relaciones psicoafectivas que se establecen en la universidad”.

En eso están de acuerdo los rectores Gaviria y Meisel. “En posgrado nos moveremos más en educación virtual, pero en pregrado la presencialidad es importante. No creo que el campus universitario vaya a desaparecer. Lo mejor que tienen las universidades es una conversación permanente, por ejemplo, sobre cómo transformar la sociedad. Y eso necesita un diálogo uno a uno, con interacciones repetidas, en un espacio físico común. No creo que la virtualidad vaya a sustituir plenamente la vida universitaria. Sé que las condiciones no van a ser fáciles. Pero las mejores universidades de Colombia van a sobrevivir”, ha dicho Alejandro Gaviria en una entrevista publicada en El Tiempo.

La interacción entre los estudiantes, la orientación de tesis e, incluso, el lenguaje corporal, el saber si un alumno está aburrido en clase, son elementos a considerar y que nos dicen que no se puede abandonar lo presencial”, afirma, por su parte, Adolfo Meisel Roca. Y mantiene la confianza: “Es un reto muy complejo y no es ideal lo que está pasando, pero soy bastante optimista, creemos que es el momento de la solidaridad, de esperar a que se empiece a reactivar la economía y de prepararse para lo que viene”.

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