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Una vida de milagros junto a Sai Baba

Fabio Alzate, gerente general para el área andina de Siemens Healthcare Diagnostics, lleva 18 años comunicándose con Sai Baba a través de milagros cotidianos que parecieran una historia ciencia ficción.

Fabio Alzate, gerente general para el área andina de Siemens Healthcare Diagnostics, lleva 18 años comunicándose con Sai Baba a través de milagros cotidianos que parecieran una historia ciencia ficción.

No quería estar aquí. Fabio tenía cinco años y ya se preguntaba por qué estaba en este planeta. Y cada vez que lo hacía una luz cobre lo revestía y luego escuchaba repetidamente la misma pregunta: ¿quién soy yo?

Pero solo fue hasta los 18 años, cuando iniciaba la carrera de bacteriología, cuando empezó a recibir respuestas. Escuchó la historia de una persona que había estado con un maestro llamado Sathya Sai Baba y mentalmente pidió conocerlo. Cuatro años después, cuando comenzaba un rural en Puerto Boyacá, vio por primera vez la imagen de Sai Baba en unas fotocopias y recordó que era el santo que había solicitado conocer. Desde ese momento empezó a experimentar una serie de eventos, para muchos, imposibles de creer, gracias, según él a ese líder espiritual y gurú de la India.

Calcetines voladores

“Yo soy el Avatar encarnado en esta era en la Tierra, pídeme lo que quieras y te demuestro que siempre estoy consciente de todos mis devotos”. Las afirmaciones del maestro, que leía en las fotocopias, le parecieron atrevidas. Entonces decidió probarlo. “Le dije: ‘si es verdad que usted escucha todo lo que uno dice, yo quiero que tome los calcetines que están en el clóset y los ponga en la cama’, en ese momento los calcetines volaron y cayeron enfrente de mí. Quedé en shock”.

Una semana después, el maestro de túnica azafrán apareció por primera vez en sus sueños. “Me contó que habíamos estado juntos en otras vidas. Luego me dijo que ahora, por fin, nos volvíamos a encontrar”.

Un día le comunicó que era el momento de ir a la India. Las instrucciones que recibió en el sueño fueron las siguientes: debía viajar el 9 de diciembre de 1998, ir a la agencia de viajes Panalpina, preguntar por Luz Marina, quien le conseguiría el mejor precio; al salir del aeropuerto de Bangalore iba a encontrar a mano derecha un tienda con el nombre Babú, quien era el encargado de despachar los taxis a Puttaparti, donde está el inmenso ashram de Sai Baba.

Encontró la agencia, conoció a Luz Marina y el 9 se embarcó rumbo a India. Cuando llegó a Bangalore encontró a Babú y a un templo que ya conocía en sueños. Para el darshan, ceremonia diaria en la que Sai Baba compartía con sus seguidores, cientos de personas debían sacar un ficha que indicaba qué tan cerca del maestro estarían. Todos quedaron atónitos cuando Fabio reveló su número: el cuatro. “Eso significaba que iba a estar enfrente de él, pero yo no sabía”.

Recorriendo decenas de filas de seguidores que se organizaban en zig zag, entró el santo a la ceremonia. A las 2:10 de la tarde se dirigió hacia a Fabio y le dijo: “you are here”.

Un anillo de oro

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Fabio sentía que su lugar estaba en India. Sin embargo, Sai Baba tenía otros planes para él. “Se me apareció en sueños y me dijo que tenía que volver a Colombia. Regresé llorando y días después me manifestó que debía estar aquí para aprender a ser espiritual en Occidente, ‘hay que tener la cabeza en el cielo y los pies en la tierra’, me explicó”. Pero Sai Baba también tenía otro propósito. En ese mismo sueño le ordenó que abriera una fundación para niños desplazados en Medellín a la que después se unieron otras personas.

En el tercer viaje a India, Fabio fue llamado a una entrevista personal con el maestro, una especie de lotería que ganaron solo unos pocos de sus seguidores. Un día antes del encuentro soñó que Sai Baba movía su mano y materializaba un anillo de oro con un diamante. El día de la entrevista fue una reproducción exacta del sueño, solo que el anillo no tenía uno sino tres diamantes. “Ante mi sorpresa él me confesó: ‘sí, es igual que el sueño’” Los seguidores de Sai Baba afirman que en ocasiones el santo entregaba un anillo para protección. Tal vez sabía lo que el futuro le deparaba a su amigo.

En 2003 Fabio empezó a padecer fuertes dolores de cabeza que con los años se hicieron más frecuentes. En 2009, cuando su cabeza parecía estar a punto de explotar, tres esculturas en madera que había hecho su madre sobre el maestro, se llenaron repentinamente de vibhuti, una ceniza sagrada que Fabio comió como si fuera un remedio. “Cuando vi eso le dije a mi esposa que me iban a operar de la cabeza, efectivamente el médico dijo que si no lo hacía podía morirme. Tenía hematomas subdurales bilaterales”.

Después de la operación sufrió una hemorragia cerebral masiva. Nueve horas estuvo en coma, luego se sometió a otra operación para drenar la sangre que milagrosamente se estaba dirigiendo a una parte más superficial de la cabeza. Cuando recuperó la conciencia tenía paralizado el lado derecho del cuerpo. En esos momentos Sai Baba tampoco lo abandonó. “Mi mamá había puesto una foto de él en mi habitación de la clínica y un día la señora del aseo me preguntó quién era. Le respondí que un amigo. Entonces me dijo que él había ido todos los días a visitarme mientras yo estaba dormido”.

En dos meses, ‘el milagro andante’, como le decían los médicos, estaba recuperado.

Píldora energética

En febrero de este año el maestro le pidió que fuera a la India. Después de un viaje de 24 horas Fabio llegó para la celebración del Mahashivaratri, la noche de Shiva, en la que debía permanecer en vigilia. Pero a las siete de la noche el cansancio pudo más. Cuando se entregó al sueño vio a Sai Baba moviendo su mano para hacer una píldora. Le dijo que la tomara para estar mejor, pero no funcionó, entonces fabricó una más grande y Fabio recobró toda su energía. Solo durmió cinco minutos.

Un día antes de su regreso, vio a Sai Baba por última vez en este plano. “En el darshan me miró y estiró sus manos hacia mí. Me puse a llorar, sabía que se estaba despidiendo”. Con la partida del maestro creyó que no volvería a verlo en sueños. Se equivocó, a los pocos días estaba de nuevo a su lado.

Fabio ya no se pregunta por qué está aquí, sabe que conocer a Sai Baba ha sido lo mejor que le ha pasado en este planeta.

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Marzo
17 / 2012

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