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Hombres tejedores: destejiendo estereotipos en Pereira

Un grupo de hombres tejedores se reúnen al menos una vez al mes para tejer, reflexionar y trabajar para romper con el discurso hegemónico de la masculinidad.

Foto: Cortesía Entretejidos

Un grupo de hombres tejedores se reúnen al menos una vez al mes para tejer, reflexionar y trabajar para romper con el discurso hegemónico de la masculinidad.

Camilo Quiceno tiene 21 años y aprendió a tejer a la edad de 17 con su abuela. Es un joven de pinta chévere, alternativa y con un corte de cabello moderno que lo destaca.

Es el tipo de estudiante que en medio de una clase en su universidad saca hilos y agujas para ponerse a tejer mientras aprende. “Nunca miro a los docentes, los escucho, pero ellos se disgustan y me toca explicarles que el tejido es mi modo de concentrarme y de aprender”, comenta.

Quiceno, quien aprovecha una sala de espera y cualquier espacio para tejer, lo hace por gusto, pero también porque es su manera de sumarse al derrocamiento de un estamento que anula a las otras masculinidades o masculinidades alternativas.

Tejer
Una nueva generación

Este joven hace parte de una generación de hombres que se niega a encajar en esa idea de un masculino de carácter fuerte, insensible y violento que la sociedad patriarcal ha venido construyendo a lo largo de la historia y, por el contrario, busca una alternativa a ese modelo hegemónico que, entre otras cosas, vincule la perspectiva de género.

“El tejido me permite experimentar, llegar a las comunidades, mostrarle al mundo cómo es mi manera de resistir y de expresar que estoy ‘mamado’ de todo eso, del hombre agresivo que asesina y que es machista, porque no somos eso, somos los hombres que transforman”, comenta.

“Cuando uno habla de otra masculinidad -continúa- es porque no se siente representado por la que hay en el acuerdo social y que, desde mi perspectiva, hace mucho daño, a las mujeres como víctimas principales, y a nosotros por tener que encajar en ese molde, pues de lo contrario, podríamos terminar anulados socialmente”, comenta.

Nuevas masculinidades

Nuevas masculinidades

Pero construir otras masculinidades no es un trabajo sencillo, requiere de pensamiento crítico y es un trabajo largo que equivale a deconstruirse como sujeto. “Tengo que destejerme todo el tiempo y estar muy atento a diario conmigo mismo para identificar, por ejemplo, cuándo soy machista en los comentarios ligados a la tradición y a los múltiples micromachismos que suelen salir en simples gestos u otras maneras”. Quiceno tampoco se amolda a ese discurso del hombre simple hasta en el vestir; “en lo personal me considero supremamente complejo en todo lo que soy”, asegura.

Este joven encuentra en la labor del tejido una manera de llegar a esos espacios inhabitados por esos otros hombres que sí existen, pero que no se reconocen, “no quieren figurar, temen posicionarse y expresarse”, sostiene.

“Lo bonito de nuestros encuentros es que en cada actividad rompemos con ese paradigma; el solo hecho de salir a las calles a tejer siendo hombres es ya un acto performativo en el que la participación en espacios públicos convierte a los mismos lugares en otros espacios de reflexión”, agrega.

Un movimiento internacional

Y es que “no se puede empoderar a las mujeres y a las niñas sin que participen también los hombres”, explica Michael Kimmel, sociólogo y director del Centro para el Estudio del Hombre y las Masculinidades, de la Universidad Stony Brook de Nueva York, quien dijo para Infobae que “para alcanzar la igualdad de género es necesario educar, salir de las viejas ideas de lo que significa ser hombre y romper con la herencia patriarcal”

Y así vienen surgiendo por todo el mundo otras alternativas que proponen desaprender los roles de género adquiridos durante toda la vida.

De ahí que hayan surgido también colectivos masculinos y otras organizaciones que se están uniendo para re-pensar las formas tradicionales de ser varones. Ese es el caso de la Red de Hombres por la Igualdad de España; y Varones Antipatriarcales, en Argentina, que reclaman tener las garantías para poder tener relaciones personales y laborales más equitativas.

La ola de hombres tejedores

En ese contexto surge precisamente esa ola hombres tejedores, quienes propician que los mismos varones se animen a incursionar en una actividad asociada generalmente a las mujeres y que, por ende, a través de su propia experiencia logren despertar otra mirada y cuestionar lo que en realidad significa lo masculino.

El incio

El primer colectivo de varones tejedores nació en Chile en 2016 con un grupo inicial de 12 hombres.

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Sus actos performativos han causado todo un revuelo en redes sociales y en Facebook, ya que cuentan con más de 70 mil seguidores que no paran de sorprenderse con sus diversas intervenciones como la de vestirse de traje y salir a tejer con lanas de color fucsia en espacios urbanos y hasta en entornos empresariales donde en general, lideran los hombres.

 

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Así vivimos nuestro primer Círculo de Tejedores de este 2020, compartiendo y conociendo a más tejedores y tejedoras de la ciudad que se suman a nuestros espacios donde compartimos historias, conocimientos y experiencia entorno al Tejido. Gracias a cada uno de los asistentes, gracias por ayudarnos a construir espacios para la creación, creatividad y tejido, gracias al @victoriacentrocomercial por el apoyo y el espacio brindado. ¡Juntos tejemos una nueva sociedad! #entretejidoshombrestejedorespereira #circulodetejedores #crochet #HombresTejedores #tejerterapia #tejedorescolombianos #tejeresdehombre #todostejemos #crochetersofinstagram #colombia #pereira #victoriacentrocomercial #hombrestejiendounanuevasociedad #knitting #guywhocrochet #menwhocrochet #tejidoalparque #ganchillo #tejerayuda #tejeresmisuperpoder #crocheterapia #crochetaddicted

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“Todos empezamos en secreto en nuestras casas, algunos enseñados por nuestras madres, abuelas y unos pocos lo hacían por imitación; observaban y se encerraban en el cuarto a hacer sus propias puntadas”, cuenta César Enríquez, presidente de Hombres Tejedores de Chile.
“Surgimos para luchar contra el machismo en nuestra sociedad y en nuestras propias familias, porque tuvimos que enfrentarnos a los comentarios también machistas de nuestros propios padres o de algún otro familiar”, comentó el mismo Enríquez.

Hombres tejedores en Colombia

La idea llegó a Argentina, pasó a Estados Unidos, España, Alemania, México y en Colombia ya hay dos grupos: El Costurero de la Casa en Medellín y Entretejidos en Pereira.

Hombres Tejedores

Este último surgió hace dos años por iniciativa de Uriel Aguirre Cardona, de 31 años de edad, licenciado en Artes Visuales y un hombre de cabello largo, de mirar dulce y comprometido con la transformación social. Le gusta tejer y lo hace cada tarde sobre las 3:00 p.m., como antaño solían hacerlo las mujeres, pues eran ellas las que se dedicaban a la costura casi como una imagen literaria en la que no era raro encontrarlas al lado de una ventana por la que veían pasar la cotidianidad, tal y como lo representa el poema El seminarista de los ojos negros, de Miguel Ramos Carrión, donde reza:
“Desde la ventana del casucho viejo… mientas la costura mezcla con el rezo, ve todas las tardes pasar en silencio, los seminaristas que van de paseo”.

Pero en esta ocasión el que ve lo que sucede por la ventana no es una mujer puritana sino un joven-hombre que emplea la costura como una herramienta terapéutica para relajarse, meditar, regular el cuerpo y pensar con claridad en los temas cotidianos. “Ahí es donde llegan las soluciones”, afirma.

El colectivo Entretejidos

Uriel empezó a tejer a los 17 años, le enseñó una amiga de su mamá y tiempo más tarde, al retirarse de un trabajo, decidió emprender un nuevo proyecto con bisutería y otras manualidades. “Busqué por tutoriales distintos tejidos y volví a la costura”, cuenta.

Por ese tiempo encontró al grupo de Hombres Tejedores de Chile a través de las redes sociales, los contactó y hace dos años creó el colectivo Entretejidos, que en la actualidad cuenta con un grupo base de cuatro hombres tejedores y al que se le han ido sumando más personas, pero de manera itinerante dadas las ocupaciones diarias.

Hombres tEJEDORES

“Hice una convocatoria y en ese momento aparecieron tres chicos y la mayoría eran mujeres a las que decidimos no excluir, sino sumar a la reflexión”, comenta. “Cuando hacemos encuentros o actividades públicas los hombres observan desde lejos, pero no se acercan a preguntar; lo hacen por redes sociales, pero no directamente”.

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Encuentros para ayudar

Al son de hoy Entretejidos ha hecho más de treinta encuentros, entre estos, y bajo su programa Tejido con Sentido Social, el año pasado confeccionaron gorras, guantes y bufandas para un hogar de abuelos. “Ahí se unió mucha gente que donó lanas y su mano de obra. Al final del año, les hicimos la entrega a los abuelitos y compartimos con ellos toda la tarde”, cuenta Uriel.
“Nuestro fuerte -añade por su parte Quiceno- es el croché y hacer tejidos en gran formato. Mi premisa es poder hablar por medio del tejido, que no sea un objeto inanimado, sino que pueda llegar a otras partes”.

Tejer para la paz

Pero quizás uno de sus trabajos más emblemáticos fue el que realizaron en el Primer Campamento de Reincorporados de Risaralda con las Farc y al que se le denominó Tendiendo Puentes. “Lo dirigimos nosotros y, por medio del tejido de quipu (instrumento de almacenamiento de memorias que está hecho con cuerdas de lana o de algodón de diversos colores y provistos de nudos) creamos un puente entre la comunidad y los re-incorporados”, comentó Quiceno.

“Empezamos a pensar de qué manera le íbamos a aportar a la paz desde el tejido, y la experiencia fue hermosa. Hombres y mujeres se pararon con fuerza, pidieron perdón y realizaron cada uno un nudo símbolo de paz. De la actividad participaron afros, indígenas y reincorporados”.

En la sesión se rompió el hielo con “un trapillo grande que sirvió para generar una telaraña entre todos; el que lo recibía decía su nombre y donde vivía y luego se lo pasaba a otro y así íbamos generando un tejido muy grande y colorido. Decían cosas como que están cansados de la guerra y que querían estar más cerquita, crear lazos y encontrarse para crear alternativas de organización social”, narró Quiceno.

Un trabajo que llega a más espacios

Con la fundación Enfances 2/32, niños y jóvenes tuvieron la oportunidad de hacer auto-retratos con muñecos que tejieron a su imagen y semejanza. “Nosotros les llevamos el patrón, pero la forma del pelo, los ojos, la ropa y demás, corrió por su cuenta. Salieron un promedio de 15 muñecos que se expusieron en La Cuadra, uno de los espacios culturales y urbanos más importantes de Pereira”, narró Uriel.

Su primera presentación en ese espacio se dio con una intervención en lana donde expusieron todos los trabajos que habían hecho con antelación.

“En La Cuadra hemos estado tres veces y en la última trabajamos el compromiso por la paz e hicimos un muñeco de tamaño real. Era una obra interactiva, un cuerpo sin género que llevaba los colores de la bandera de Colombia y cuyo pecho estaba abierto. Cada quien escribía su compromiso y describía cómo aportaría a la construcción de la paz y acto seguido, guardaban el papelito en el tórax de la figura”, detalló Quiceno.

Una iniciativa para todos

Edwin Rojas es otro tejedor que se centra en el trabajo con plástico. Saca tiras de las bolsas y trabaja en su reutilización. “Queremos ir hasta las comunidades y enseñarles a tejer con bolsa y que hagan su propia talega de mercado”, comentó Uriel, quien del grupo es el experto en tejer muñecos.

“También hicimos 35 figuritas para el centro de primera infancia Re+Creo, del barrio Las Colonias, de Pereira. Se unieron 15 tejedores a la causa y les entregamos a los niños los muñecos en diciembre”, añadió.

Dentro de todo, también recuerdan de manera especial la participación de una niña con problemas de visión. “Ella veía un poco por un ojito y se acercaba el tejido a la cara; ahí nos dimos cuenta de que no podíamos entregarle una aguja, entonces le enseñamos a tejer con los dedos e hizo cadenetas impresionantes. Siempre demostró una sed enorme por aprender a tejer y eso nos marcó mucho”, aseguró Quiceno.

Una iniciativa que empodera

Por este colectivo han pasado niños con hiperactividad y autismo. “En una oportunidad vi que un chico caminaba de un lado para el otro en un mismo tránsito y pensé que era muy raro, pero la directora de la Fundación Enfances 2/32 se me acercó y me pidió que le enseñara a tejer. Me explicó que se trataba de un niño autista, entonces me senté con él, lo instruí un poco en el tema y se calmó mucho. Era muy esquivo con el contacto físico, pero de entrada yo empecé a ponerle la palma en el hombro, y conmigo no tuvo ningún problema”, comentó Uriel.

Otra labor destacada fue la que adelantaron con la fundación Malabareando las Calles, con niños en situación de vulnerabilidad. “Uno de nuestros mayores logros ha sido llegar a las juventudes y a la infancia porque logran comprender y asumir que expresarse de otra manera y performar el cuerpo, no tiene nada de malo, y que por el contrario, empodera. El tejido es un elemento para transformar, sanar, generar catarsis, nuevas formas de sustentarse, es una terapia que genera seguridad, autonomía y un montón de cosas que van más allá de la práctica”, finaliza Quiceno.

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Abril
06 / 2020
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