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Medioambiente, humanidad y educación: los retos según Brigitte Baptiste

Diners conversó con la bióloga y rectora de la universidad EAN Brigitte Baptiste sobre animales, medio ambiente y universidades en tiempos del COVID-19.

Foto: Paola Sánchez

Diners conversó con la bióloga y rectora de la universidad EAN Brigitte Baptiste sobre animales, medio ambiente y universidades en tiempos del COVID-19.

Delfines en los mares de Cartagena, zorros caminando en Bogotá, un oso palmero cruzando una carretera en Casanare, zarigüeyas trepando árboles en Neiva, peces en los canales de Venecia y tortugas deambulando en Cancún. Estas son algunas de las imágenes que hemos visto en diferentes videos de redes sociales o medios de comunicación desde que se decretó el aislamiento obligatorio por el COVID-19.

Pareciera que los animales quisieran volver a esos lugares que habitaron en algún momento y esto ha generado una serie de reflexiones sobre qué está ocurriendo con ellos y cómo el COVID-19 ha sido, quizá, una gran ayuda para visibilizar y recordar el cuidado del medio ambiente a nivel mundial.

La BBC Mundo y France 24 se han apresurado a dar el veredicto sobre los beneficios que esta pandemia trae y traerá frente a los temas ambientales. Romain Julliard, director de investigación del Museo Nacional de Historia Natural de París, aseguró para la agencia AFP que la aparición de animales se debe a que “sin la presencia de seres humanos, ni la habitual circulación de las zonas urbanas, estos tienen vía libre para pasear por las ciudades”.

Frente a esta coyuntura Diners conversó con Brigitte Baptiste, experta en temas ambientales y de biodiversidad en el país, exdirectora​ del Instituto de Investigación de Recursos Biológicos Alexander von Humboldt, y actual rectora de la Universidad EAN, quien nos dio a conocer su opinión sobre el avistamiento de especies en zonas urbanas, sobre los efectos en el medio ambiente del COVID-19 y el rol de las universidades en tiempos de pandemia.

¿A qué se debe la aparición de animales en un momento como este, más allá de que esos lugares no estén habitados por las personas?

Lo primero que hay que entender es que muchas de las imágenes que hemos visto son fake news o viejas. Es la construcción de personas que les gusta mucho la idea que eso pase. Como por ejemplo los delfines grabados en aguas de Venecia, que en realidad se grabaron meses atrás en Cerdeña, una isla del Mediterráneo.

Los animales que estamos viendo han estado ahí hace mucho tiempo, no aparecen de la nada, solo que antes no los veíamos porque en el ajetreo de nuestra vida cotidiana, en muchos casos, no estamos ni siquiera entrenados para ver nada. Nos puede pasar un águila multicolor y no la vemos, estamos ensimismados en nuestros asuntos.

En Bogotá es usual que pasen miles de águilas sobrevolando la ciudad en estas épocas y la gente no las ve, se requiere de un ejercicio de observación para que nos demos cuenta con quién estamos conviviendo. Es parte de la educación ambiental, pero esta ha fracasado exponencialmente en generar esa conciencia en la convivencia con la fauna en el mundo.

¿Podríamos romper con esos titulares que aseguran que “los animales regresan a su hábitat”?

Los animales están ahí y obviamente tan pronto baja el ruido, la contaminación y la ocupación del espacio, quedan al desnudo y se ven. Los vemos caminar por los andenes, cruzar por las calles. Nos causan curiosidad, temor, pero en un momento en el que la conciencia ambiental está exacerbada estas son señales que todo el mundo interpreta como una respuesta mística de la naturaleza.

Yo diría que no está pasando nada. Estamos viendo algo que estaba oculto por nuestro ruido, pero no es un cambio ambiental. No aparecieron de la nada, no están colonizando Venecia desde las profundidades del Mediterráneo.

Si persistiera nuestro abandono de las calles o de los parques durante meses e incluso años, por supuesto que estos espacios volverían a ser colonizados por la fauna que hace tiempo no llegaba, muchos animales volverían a reproducirse rápidamente, se comerían la biomasa que crezca y eso sería inevitable.

Es bonito que veamos los animales. Me parece importante que llamen la atención para ver si la gente piensa qué significa convivir con estas especies y abrirles espacio en el hábitat urbano.

¿Cómo se ha beneficiado o se beneficiará el medio ambiente con esta pandemia?

Lo más importante es la reflexión que se está induciendo en la sociedad. Ecológicamente hablando no pasa nada. Para que hubiese cambios ambientales significativos tendrían que pasar años. Yo no creo que vaya a haber ningún cambio ambiental relevante, visible o importante en este momento a raíz del COVID-19.

Lo que sí está pasando es que estamos reflexionando sobre lo que le hacemos al planeta, estamos evaluando otras formas de habitar que pueden ser posibles y más sostenibles. Por ejemplo, el hecho de que estemos consumiendo menos petróleo, nos hace preguntarnos si ya estamos listos para dejar de consumirlo por completo.

Las formas de distribución de alimentos y el consumo en general que nos ha tocado modificar, nos hacen preguntarnos si será que ya estamos listos para cambiar permanentemente lo que comemos, bebemos y las formas en que producimos comida y la distribuímos.

Hay un experimento mental y social que estamos haciendo y que se está desarrollando en las discusiones de las redes. Todo el mundo está dispuesto a reflexionar al respecto, bien sea porque está el discurso de que podemos vivir con menos, ser felices con una economía distinta. Podemos decir que el coronavirus demostró que el capitalismo es letal y que nos podemos deshacer de ello,etc. Depende de las posiciones ideológicas.

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Los más valioso son todas estas discusiones que se están generando, porque en gran medida creo que la gente va a ir encontrando algunas alternativas individuales y colectivas para disminuir su huella ecológica negativa, para incidir en políticas innovadoras de energía o de producción de alimentos.

Me da mucho miedo que sea un gesto coyuntural, pasajero, porque la gente aspira a volver a la ‘normalidad’, y tenemos dos grupos de personas: por un lado los que dicen, ‘la normalidad nunca va a volver a existir, porque nos convertimos en una sociedad solidaria y equitativa, donde las corporaciones van a colapsar y nos vamos a ir todos al paraíso terrenal de la agritopia’. Y por otro los que dicen, ‘todo esto va a pasar y al final del año todo se volverá a estabilizar.

¿Qué cree que pasará?

Yo creo que va a haber un punto intermedio en el cual este evento nos va a preparar para cosas mucho más drásticas que se vienen con la emergencia climática. Ojalá que no nos coja el fenómeno de la niña en febrero del otro año, porque ahí sí colapsa el país.

Piensa en Australia, que justo después de la devastación por los incendios, les llega el coronavirus o como Puerto Rico, que sufrió un par de situaciones devastadoras continuas, ya es difícil recuperarse.

Yo creo que los aprendizajes de la crisis van a ser muy importantes. Esperaría que los planes del gobierno incluyan cada vez más instrumentos para el manejo de los desastres naturales y culturales. Que haya más previsión de las implicaciones de un evento de esta naturaleza porque claramente nos coge con los calzones abajo, como siempre nos han cogido los eventos imprevistos en todo el mundo.

¿Hay alguna consecuencia para la naturaleza con el COVID-19?

Hay una muy importante y es que definitivamente se instauran las tecnologías digitales y de las comunicaciones como el sector de más rápido crecimiento y de mayor importancia en el sostenimiento de la sociedad.

Eso no es poca cosa, es un proceso que se ha venido desarrollando desde las últimas dos décadas, pero debido al coronavirus se convirtió en el evento más importante de la transformación de la economía y de la sociedad.

Fíjate que las empresas de mayor crecimiento en este momento son las de telecomunicaciones, las que prestan servicios de conferencias virtuales, la conectividad digital y la capacidad de cómputo asociada a esto, la capacidad satelital y el manejo de la información. Todas las tecnologías de las 4G y la 5G están disparadas en este momento.

Otra son los retos políticos. Por ejemplo, la imposición del aparato de vigilancia en China donde desaparece por completo la privacidad, los riesgos de la militarización y del control policivo de la vida civil ya está en un extremo. Todo esto atado a la tecnología.

Estos son aspectos que se van a proyectar en las consecuencias ambientales porque la minería va a seguir, la producción de minerales para la construcción de dispositivos tecnológicos no va parar, al contrario, se va a exacerbar. Ahí hay una situación muy real y concreta para el futuro: la huella ecológica de todo el sistema tecnológico digital.

¿Qué pasará a futuro en términos de medioambiente?

El consumo del agua, la energía, la comida y todo creo que se va a mantener parecido a lo que siempre pasa. Ojalá hiciéramos conciencia frente a la escasez, o la huella ecológica de la comida y se pueda dejar de desperdiciar.

Si el COVID-19 nos ayuda a ser más conscientes sobre el desperdicio de alimentos y la inequidad en la distribución de alimentos en el mundo, buenísimo. La gente ha incrementado su solidaridad, estamos entre todos dándonos de comer los unos a los otros.

Los temas de epidemias van a seguir siendo relevantes. La conectividad microbiana del mundo sigue creciendo por efectos de la expansión de la globalización de los mercados, de los intercambios y las migraciones. Es inevitable que los microbios de una parte del mundo viajen a otra.

Tenemos una lista de epidemias predichas muy preocupantes. Según la OMS (Organización Mundial de la Salud) y otras organizaciones internacionales, estamos expuestos a una gran cantidad de riesgo biológico a futuro, y no solamente humano.

Tenemos problemas graves con enfermedades asociadas a las plantas que nos alimentan, problemas de diversificación genética en casi todos los cultivos del mundo y donde llegue una plaga y acabe con el maíz, ahí sí que vamos a tener problemas.

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Eso está contemplado como un riesgo real al que deberíamos estar poniéndole mucha más atención, pero como son riesgos difíciles de cuantificar, es decir, están más cerca a la incertidumbre, nadie aporta recursos para afrontarlos o investigarlos.

Estos aprendizajes del coronavirus podrían mover la aguja del sistema de Naciones Unidas y de la solidaridad planetaria. Habrá que ver, una vez pasada la crisis, si los nacionalismos permiten que eso pase, porque los cierres de fronteras, las señales desafortunadas de Estados Unidos y en general los líderes del mundo, no han hecho sino mandar el mensaje de ‘sálvese quién pueda’, aunque se salvan algunos que entienden que estamos hablando de un problema planetario que no tiene fronteras.

¿Cuál es el rol que cumplen las universidades en un momento como este?

Básicamente es hacer el mismo ejercicio de reflexión que cada uno está haciendo. La universidad tiene que lograr trasladar estas preguntas a todos los ámbitos de su trabajo, tiene que darles forma en los programas que ofrece a sus estudiantes y de una manera constructiva.

Verlos como retos de la humanidad o de la formación de las nuevas generaciones, porque esas son las cuestiones a las que se van a enfrentar.

Creo que eso vuelve a hacer un llamado a la universidad a participar muy activamente en la solución de los problemas de la sociedad, a plantear retos de innovación y participación importantes. Cuestiona los cimientos de la universidad, que muchas veces solo está acomodada.

El síntoma de eso es que a la universidad le cuesta trabajo seguir funcionando en cuarentena. Uno dice ‘¿qué voy a hacer con semejante dispositivo (la institución) si ya no puedo ofrecer una experiencia integral de vida universitaria?’, porque claro, dar clases virtuales sí, de hecho la EAN no paró, nosotros seguimos dando las clases, incluso los estudiantes están más activos. Pero el sistema de pedagogía asociado con tecnología funciona bien.

Antes el 60 % de los inscritos iban a las clases presenciales, ahora está participando el 100 %. Lo cual nos pone a pensar que tal vez no necesitábamos el salón de clases para hacer las cosas bien. Hay muchas cosas por resolver en la universidad en el tiempo que viene.

Temas sobre la relevancia de los programas, los contenidos y las formas en que estamos capacitando a las personas, tenemos que ser mucho más activos como articuladores del conocimiento y de la práctica.

¿Cómo conectamos a las empresas con las instituciones del Estado, y con los nuevos talentos para que sean mucho más eficientes y efectivos en la construcción de soluciones para los retos del planeta?

La universidad necesita un revolcón, de eso somos conscientes. Igualmente, pensamos que si no es la universidad la primera que lo puede hacer, entonces ¿quién?. En este lugar están los mejores cerebros de la sociedad, en teoría.

Si la universidad no es capaz de dar el ejemplo ahí sí me preocupo. La academia puede y tiene que dedicarle la mayor parte de sus esfuerzos a pensar, obviamente con un foco. Estoy segura de que todas las universidades en Colombia están más o menos concentradas en eso.

¿Y cómo aportar desde el conocimiento a este tipo de acontecimientos?

Poner a los grandes cerebros a la producción fabril es una respuesta de tiempos difíciles. Pero cada quien tiene que identificar sus espacios de posibilidad y de incidencia.

Yo no creo que el oficio de la universidad sea fabricar cosas. El trabajo de este lugar es diseñar, probar, adaptar y luego en asocio con alguna empresa o con el Estado tener unos prototipos y verificar su producción y distribución.

Hay que tener cuidado con las buenas intenciones. La tentación de las universidades al activismo puede ser grande porque hay mucha mano de obra y capacidad para operar, pero no debemos olvidar que nuestro lugar está en ser centros de pensamiento, centros de experimentación.

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