Ahmad Tayel: una cara del Islam en Bogotá

Vive hace dos décadas en Colombia y su misión es desatanizar el mundo musulmán.
 
POR: 
Natalia Margarita Parada

Publicado originalmente en Revista Diners no. 501, diciembre de 2011.

El Sheikh de la enorme mezquita de la capital es un sirio que le huyó al régimen del padre del actual presidente de su país.

La luz del día entraba por los ventanales iluminando aquel imponente espacio de paredes blancas y columnas altas que vemos con curiosidad desde la calle 80 de Bogotá. Y allí, sentados en el piso sobre un tapete color marrón, sin zapatos y con un libro en medio de ellos, un hombre y cuatro jóvenes conversaban mientras tomaban un chai.

–Salam Aleykum –saludé, mientras me quitaba los zapatos y acomodaba sobre mi cabeza la bufanda que utilizo contra el frío.

–Aleykum Salam –respondió el hombre invitándome a sentarme junto a ellos.

Su nombre: Ahmad Tayel. Es el líder religioso, o Sheikh, de esta enorme mezquita.

Me había citado a la una de la tarde para entrevistarlo. Habían pasado 20 minutos y los cuatro jóvenes que preparaban un trabajo sobre religión para el colegio continuaban indagando: “¿Cuál es el estatus de la mujer para los musulmanes?”. Ahmad, apenado por mi espera, vio la oportunidad para incluirme en la conversación. “La mujer en el Islam es el tema más divertido para los medios de comunicación occidentales, ¿o me equivoco?”, me preguntó. Luego les comentó a los jóvenes que yo era periodista. En un murmurio fallido, uno de ellos se acercó al oído de su compañero: “¿Será periodista o será musulmana?”. “Desde hace 14 siglos el Islam establece que las mujeres pueden desempeñar las mismas actividades laborales que los hombres”, explicó el Sheikh.

Quizás, en ese momento, los jóvenes comprendieron que se puede ser periodista y musulmana a la vez. Aunque lo segundo no sea mi caso.

De 52 años y origen sirio, Ahmad ha pasado los últimos 21 años de su vida en Colombia dando a conocer el Islam que el grueso de la población desconoce. Para ello está acreditado por el Ministerio de Awqaf (asuntos religiosos) de Kuwait y por la poderosa World Assembly of Muslim Youth –WAMY–, organización saudí de la cual él es el representante para Colombia.

Sin embargo, esta tarea es compartida, pues no existe un máximo líder musulmán en Colombia. Además de Tayel, tan solo en el escenario bogotano también están el Sheikh de origen tunecino Ilyes Al-Marzuqui y el de origen iraní Muhammad Vaziri, así como Carlos Sánchez y Julián Zapata, ambos, colombianos conversos al Islam.

El líder recuerda de Siria los encuentros con amigos de diversas corrientes intelectuales, “cada tertulia con ellos equivalía a leer 10 libros”. También que cursaba cuarto año universitario cuando sus conocimientos y el reconocimiento que tenía por parte de la comunidad local, lo llevaron a guiar por primera vez la khutba (sermón) de la oración de los viernes. Lo hacía en una pequeña mezquita de Al-Kiswah, la ciudad donde se crió, unos 15 kilómetros al sur de la capital siria.

Luego de graduarse de literatura inglesa en la Universidad de Damasco, ejerció su profesión como profesor de inglés, revisor lingüístico y traductor (tarea que aún ejerce como otro rubro para vivir). Se considera “una persona de mucha amistad con los libros y las bibliotecas”, y fue justo esa curiosidad intelectual, una de las principales motivaciones que lo llevaron a abandonar su país.

Cuenta que en la Siria en la que creció, gobernada hasta los noventa por Hafez Al-Assad, padre del actual y controversial presidente sirio, el ambiente era sofocante para los intelectuales. “Había mucha presión política, te podían arrestar solo por el hecho de reunirte con tus compañeros para una tertulia. No se podía vivir ni pensar libremente”. Y no ha podido regresar. Hace tres años tuvo que encontrarse con los suyos en la vecina ciudad de Antakya, en la frontera turca. Pero no le gusta hablar del tema, y lo cierra velozmente: “las injusticias nunca se olvidan”.

Apoyado por una fundación islámica, pudo salir de Siria en 1990. Lo enviaron como representante cultural del Islam a distintos países. Primero a Turquía, luego a Brasil por siete meses y finalmente, en 1992, a Colombia. Aquí lleva radicado 21 años junto con sus tres últimos hijos nacidos acá y su esposa y primer hijo nacidos en Siria pero, hoy en día, ya nacionalizados en el país.
Colombia lo ha tratado bien. Su primera misión fue como profesor del colegio colombo-árabe de Maicao, donde además de dar clases de árabe contribuyó con la edición de una serie de libros de 13 tomos sobre la misma lengua. Tras un año en Maicao viajó a Bogotá, donde reemplazó al Sheikh egipcio Mustafa que para ese entonces regresaba a su país de origen.

Tiene rutinas muy claras. Estudio, rezo, entrevistas, clases. Antes del desayuno que comparte con su familia, le dedica dos horas diarias a la lectura. Recuerda que el primer libro que leyó cuando llegó a Colombia fue La mala hora de García Márquez, un libro que admite haber leído “en mala hora”, pues “¡para apreciar a Gabo tienes que hablar bien español!”, suelta con una gracia que le es algo esquiva.

Ahmad Tayel, con su vocación de maestro, aclara que el objetivo de estos espacios no es promover la conversión, sino generar comprensión para que haya respeto y diálogo interreligioso (de hecho tiene buenas relaciones con el rabino Goldsmith, de Bogotá). Insiste en que el Islam talibán, aquel de personas como Osama Bin Laden, no es la regla. “En todo el mundo somos 1.500 millones de musulmanes que practicamos una religión diferente a eso. El Islam no es producto afgano”. Y finaliza pensando en las mujeres: “La cifra de musulmanas conversas desmiente esa idea del Islam como una religión machista, ¿o es que acaso una mujer colombiana se convierte para ser oprimida?”. Tiene un punto allí.

Justo, al salir, me encuentro con una mujer de velo. Se llama Alison Gary. “Soy colombiana felizmente conversa, ¡pero tengo afán!, debo regresar a mi trabajo, los viernes son laborales pero yo aprovecho la hora del almuerzo para venir a rezar”. Como ella, son varias las musulmanas conversas que han logrado conciliar su vida profesional en un país católico con sus costumbres como musulmanas. “Me encanta mi velo islámico sobre el cabello, mira cómo se me ve, ¿no es precioso?”.

 

*Natalia Margarita Parada: Periodista especializada en temas del Oriente Medio. Ha trabajado en países como Egipto y Libia documentando la Primavera Árabe y los conflictos de la región. Fotos: Federico Ríos

         

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