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Perros de asistencia: Historias de perros que salvan vidas

Estos animales pueden complementar tratamientos de asistencia emocional, terapéutica, de resocialización e, incluso, ser claves en detectar ciertos tipos de enfermedades.

Foto: Stupina Kseniia / Shutterstock

Estos animales pueden complementar tratamientos de asistencia emocional, terapéutica, de resocialización e, incluso, ser claves en detectar ciertos tipos de enfermedades.

Desde hace unos minutos, Juez, un border collie, no deja de ladrar. Él y su amo se encuentran en medio de un tribunal en el que se define un caso que ha despertado el interés nacional: una niña demandó a sus padres alegando emancipación médica, pues después de años de ser donante de médula ósea, no quería, además, donar el riñón que podría salvarle la vida a su hermana. Los ladridos eran tan estruendosos que la juez que presidía el caso tuvo que llamar la atención de su dueño, Campbell Alexander. En un momento, el abogado salió del recinto. Detrás iba su mascota. Caminó unos pocos pasos y cayó al suelo. Convulsionó.

Un perro de asistencia no necesariamente debe ser un golden o un labrador . Todo depende del perfil social de cada uno. No hay distinción de razas. Foto: Costesía Adriana Ávila


Esta es una escena de la película La decisión más difícil, protagonizada por Cameron Díaz y Alec Baldwin. Los ladridos de Juez tenían una justificación: alertaban a su dueño de que estaba a punto de tener un episodio de convulsión. Por eso el perro estaba a su lado en medio de tan importante evento, por eso no tuvo que esperarlo afuera o en casa. Siempre debía estar con él. “Sería chévere tener un perro que me avisara cuándo me dará un ataque”, le decía Jorge Andrés Angarita a su padre, mientras veían la película.

Angarita, un sincelejano de 24 años, sufre de convulsiones desde los nueve. Ha llevado su enfermedad con medicamentos y estrictos controles médicos. Pero la medicación no lo alerta sobre un posible episodio, así que no descartó la posibilidad de que existiera un perro que le avisara con anticipación cuándo ocurriría.

En determinados casos, la presencia de los perros en un salón de clases ayuda a manejar la sociabilidad entre los niños. Foto: cortesía Adriana Ávila.


Comenzaron una investigación que los llevaría a la Fundación Colombiana de Perros para la Discapacidad, que funciona en Pereira, liderada por Juan Carlos Montoya, administrador agropecuario, quien realizó estudios en la fundación Bocalán, de España, donde aprendió sobre entrenamiento de perros para personas en condición de discapacidad.

Jorge Andrés y su papá viajaron a Pereira para conocer a Juan Carlos. Había bastantes caninos, recuerda el sincelejano, pero le llamó la atención uno en particular: Marilyn, una labradora retriever. Ella pertenecía a una camada de la que destacaron tres que tenían el perfil para la asistencia humana. Acordaron iniciar un entrenamiento especial. Hasta entonces no había ninguno en Colombia que tuviera la capacidad de anticipar un ataque de convulsión.

Así es el entrenamiento

Juan Carlos Montoya trabajó en varias instituciones como asistente técnico en industria animal hasta que decidió dedicarse a los perros. En 2003 comenzó a desarrollar programas piloto en el Hospital Infantil de Manizales, con perros de apoyo emocional seleccionados por su capacidad social. “Iban por los distintos pabellones del hospital dándoles compañía lúdica y emocional a los niños internos”, explica.

En 2004 ya prestaba asistencia con animales a niños diagnosticados con síndrome de Down; también trabajó con el instituto DINA (Desarrollo Integral del Niño Autista), Bienestar Familiar y otras organizaciones enfocadas en el cuidado infantil. “Los perros que se utilizan para la terapia de apoyo emocional deben tener condiciones de comportamiento especial. El entrenamiento empieza desde que nacen. Allí hacemos terapia de exposición a ruidos, personas, olores, se les da un pellizco, luego un premio, otro más fuerte, luego otro premio, así van perdiendo el miedo a que los toquen. Se entrenan en la calle, en parques, aeropuertos, terminales de transporte, hospitales, cualquier sitio en el que pueda haber personas”.

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El entrenamiento de Marilyn se realizó en varias etapas; la primera, de estimulación temprana y de obediencia básica. La segunda y tercera, de alerta y protección. Cuando el paciente sufre de un ataque, “ella se mete por debajo y ayuda a que la persona no se golpee durante su convulsión, empieza a ladrar para que reaccione más rápido y que otros le puedan auxiliar en un momento dado. También tiene entrenamiento en calles y aeropuertos porque es un perro acompañante”, explica Juan Carlos.

“Llevo dos años con Marilyn. Los primeros meses era muy tímida. Al principio, cuando me iba a dar una crisis, ella comenzaba a ladrar y no dejaba que nadie se me acercara. Hoy, cuando me va a dar una crisis, me avisa cinco minutos antes”.

¿Cómo hacen los perros para identificar una convulsión?

Un estudio publicado el 28 de marzo de 2019 en la revista Nature, una de las publicaciones científicas más prestigiosas del mundo, concluye que los perros pueden identificar un olor particular que el cuerpo segrega antes y durante un ataque convulsivo. La investigación titulada Los perros demuestran la existencia de un olor epiléptico convulsivo en humanos fue realizada con un grupo de perros que logró identificar, en varias ocasiones, el olor que expedía el sudor tomado de pacientes durante una convulsión, y se depositó en unas latas que estaban acompañadas de otras con un contenido diferente.

Marilyn no se separa de Jorge Andrés y tiene su propio certificado que la acredita como perra de asistencia. No es solo una mascota. Por eso puede entrar con su dueño a espacios en donde no sería posible: aviones, escenarios cerrados y a sus clases de Derecho. Marilyn lo acompaña siempre y “cuando está en modo trabajo no se le puede tocar. No porque no se deje, sino porque se desconcentra de su trabajo; si alguien la toca, ella se pone a olerla y quizás yo esté a punto de tener un ataque y no se percate. Mientras está en la casa, le quito el chaleco con el que sale y solo ahí ya es una mascota”.

Perros de Asistencia
Jorge Andrés Angarita y Marilyn

Transformación de vidas

Marilyn, que ya tiene cinco años, le ha devuelto la confianza a Jorge Andrés. “Tenía temor de salir porque ‘qué tal me dé una crisis’. Desde que estoy con ella, voy a cualquier parte que me invitan, soy más alegre, me he atrevido a hacer deportes, regresó mi confianza. Si alguien sufre de ataques epilépticos, se la recomiendo, no porque me gusten los perros o porque quiera a Marilyn, sino por muchos motivos, pues devuelve la seguridad; si a alguien le da pena lo que le sucede, un perro como ‘Mary’ le sube la autoestima”, añade.

Y es que esa cualidad que tienen para restablecer la autoestima del dueño es incontrovertible o, por lo menos, eficaz. Así lo comprueban las décadas de funcionamiento de programas como el de la fundación Affinity y su proyecto de Intervenciones Asistidas con Animales en cárceles de España. “Se desarrolla desde hace 28 años”, dice Maribel Vila, directora del proyecto. Son catorce centros en los que viven 26 perros que, previamente, pasaron por la aprobación de Vila, quien vivió con ellos para asegurar que pudieran cumplir con el rol.

“Lo que se valora es el temperamento. Para poder trabajar en terapias tienen que ser animales que realmente gusten del contacto social, que disfruten trabajar a cambio de comida o juego, que no muestren tasas de agresión, y que estén sanos; a partir de allí se les adiestra con obediencia básica. No hay razas mejores que otras, siempre nos gusta recalcar que no es una cuestión de razas, sino de individuos”, explica Vila.

Los perros viven de manera permanente en el centro penitenciario y trabajan de dos maneras: “Hay un grupo de internos escogidos por la junta directiva. Los cuidan, alimentan, limpian y pasean todos los días del año y, por otro lado, los llevan a celdas o módulos donde sean necesarios, con internos que presentan un perfil depresivo o que no tienen ninguna red social ni familiar”, añade la educadora social especializada en el trabajo con perros como herramienta terapéutica.

Con este documento Marilyn está certificada como perro de asistencia

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En uno de los videos que tiene la fundación en su página web, aparece Vila leyendo una carta en la que un recluso escribió: “Quiero que sepáis que estos días que he pasado con los perros fueron los más bonitos que he pasado en cuatro años de condena. Os agradezco de corazón”. También hay otros testimonios, como el de Nico, quien dice que “los perros me han cambiado, tanto la forma de pensar como de actuar. Han sido una salvación. No pensaba dejar la vida delictiva”. Ahora Nico trabaja en una institución de protección de animales.

Una mirada a otros problemas de salud

Adriana Ávila es la coordinadora de la Unidad de Investigación de Terapia Ocupacional en Intervenciones no Farmacológicas de la Universidad de La Coruña.

Ávila, colombiana pero radicada en España desde hace algunos años, cuenta que hicieron un estudio durante diez años sobre el efecto del animal de compañía y de terapia en personas con alzheimer. “Aunque tuviera un deterioro, la persona con alzheimer que veía al perro generaba una activación cognitiva. Recordar secuencias era más fácil cuando iban con él que cuando iban solos. Mi perra (Nica), fue una de las pioneras. Yo representé a España en ese proceso y a la perra se le entrenó para que fuera a la panadería por el pan, para que llevara la canasta y repasara con los usuarios los medicamentos que debían tomarse”.

Nana es la mascota de Adriana Ávila y forma parte de investigaciones de trabajo con niños en España. Foto: @juvemultimedia.


Con su actual mascota, Nana, Adriana también desarrolla un nuevo proyecto de investigación “en los colegios con niños en riesgo de exclusión social, y ahora hacemos una investigación sobre si favorece o no en los procesos de atención, que un perro esté en clases con niños.

Ávila cuenta que está pendiente el inicio de una nueva investigación, más profunda, sobre perros de asistencia en pacientes que sufren de epilepsia, un proyecto que vincularía a España, Colombia y Estados Unidos, y en el que participaría, también, Juan Carlos Montoya. La especialista añade que un perro entrenado para atender necesidades de salud específicas puede costar entre 6 mil y 8 mil euros.

Algunos beagles fueron utilizados en estudios para identificar, con su olfato, células de cáncer de pulmón. Foto: Alexey Androsov / Shutterstock


También hay otras investigaciones sobre perros que alertan en casos de hiperglucemia, hipoglucemia e, incluso, en la detección de ciertos tipos de cáncer; sobre esto último se concentran los investigadores del BioScentDX, ubicado en Florida, Estados Unidos, que llevaron a cabo una investigación en la que un grupo de perros identificó con un 97,5 % de efectividad muestras de cáncer de pulmón. “Entre los principales beneficiados estarían las comunidades rurales, que pueden tener acceso limitado o nulo a las últimas tecnologías, puesto que requieren de los pacientes viajes a distancias considerables para pruebas de diagnóstico. También planeamos la investigación de tipos de cáncer adicionales y trabajamos para identificar los biomarcadores que causan el olor del cáncer en el aliento humano, la saliva y el suero sanguíneo. Si podemos identificarlos, tal vez podamos desarrollar una prueba tradicional para reemplazar a los perros”, le dijo a Diners Mike Moore, de BioScentDX.

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Enero
27 / 2020


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