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¿Por qué ser perfeccionista podría arruinarle la vida?

Si el perfeccionismo está arruinando su vida, es el momento de buscar ayuda y retomar su camino para vivir más tranquilo y feliz. Pautas para conseguirlo.

Foto: Ilustración Jorge Ávila @JORGETUKAN

Si el perfeccionismo está arruinando su vida, es el momento de buscar ayuda y retomar su camino para vivir más tranquilo y feliz. Pautas para conseguirlo.

Petra Kolber era experta en fitness. Rubia, de medidas perfectas, se convirtió en una de las más buscadas en Nueva York durante la década de 1990. Daba clases, tenía dvd, entrenaba a atletas de élite y hasta su foto aparecía en una caja de cereales. A simple vista, todo lucía bien para esta mujer. Pero nada más alejado de la verdad.

Kolber tenía una voz interior que a diario le recordaba que no daba la talla, que no era lo suficientemente buena en lo que hacía, que le sobraban unos kilos y otros pensamientos negativos que no la dejaban disfrutar el momento o avanzar en su proyecto de vida. Su angustia derivó en ansiedad y comenzó a sufrir ataques de pánico, que la dejaban literalmente lavada en sudor.

Empezó a rechazar propuestas laborales, inició una terapia y luego de siete años de un intenso trabajo interior pudo identificar que el perfeccionismo le estaba robando la energía de vivir.

¿Qué significa?

Hace un par de meses, Ricardo Clavijo* tuvo una entrevista de trabajo en una multinacional. El psicólogo le preguntó por su mayor debilidad y él no dudó en responder: “Un poco perfeccionista”.

Ricardo, como muchas personas, cree que ser perfeccionista no es algo negativo y que, por el contrario, puede tener muchas cosas positivas. “Me pareció una buena respuesta, porque tendemos a pensar que ser perfeccionistas no es algo tan oscuro y más bien implica que la persona trabaja duro, es detallista, ambiciosa y exigente”, explica.

El psicólogo social Thomas Curran cuestiona esto y se pregunta por qué le tenemos una admiración generalizada, la elevamos casi al nivel de un valor y hasta creemos que es el emblema de los exitosos, sin ni si siquiera cuestionarnos su concepto.

Según el Diccionario de la Real Academia Española, el perfeccionismo “es la tendencia a mejorar indefinidamente un trabajo sin decidirse a considerarlo acabado”. Los expertos lo definen como la combinación de estándares personales extremadamente altos e irreales y autoevaluaciones muy críticas.

Thomas Curran, quien lideró una de las investigaciones más grandes que se hayan hecho sobre el tema, asegura que ha visto poca evidencia de que los perfeccionistas tengan más éxito.

“Por el contrario, se sienten descontentos e insatisfechos, con la sensación persistente de que nunca son suficientemente perfectos. Sabemos, por informes clínicos, que esconden un montón de dificultades psicológicas, como la depresión, la ansiedad, la anorexia, la bulimia e, incluso, pensamientos suicidas. Y lo más preocupante es que durante los últimos 25 años han aumentado a un ritmo alarmante”, afirma en su charla TED.

Los investigadores revisaron más de 40.000 datos de estudiantes de colegios de Estados Unidos, Canadá y Gran Bretaña, entre 1989 y 2016, y se dieron cuenta de que el perfeccionismo socialmente prescrito, aquel en el cual la persona siente que la gente le exige demasiado y espera que sea perfecta, pasó de 9 % en 1989 a 18 % en 2016.

Las razones aducidas por los investigadores para que se produzca esta tendencia son varias. Por un lado, el neoliberalismo ha alimentado la competencia, el individualismo y la idea de perfeccionarnos; la meritocracia ha hecho que los rankings y las tablas de clasificación midan el mérito y dejen a mucha gente fuera del sistema; las redes sociales y la cultura visual, por su parte, también contribuyen a dar esa idea permanente de lo que no somos.

¿Cómo son?

Catalina Gómez* trabaja desde hace diez años en una empresa de seguros. Cuenta que un viernes le entregó un informe a su jefe, que había revisado varias veces. Sin embargo, se percató de que un dato había quedado mal cuando volvió a revisarlo en su casa. Durante el fin de semana, su pensamiento estuvo enfocado en ese fallo.

“Pero cómo se me pasó, me repetía una y otra vez. Y ahora qué voy hacer, qué le voy a decir. Llegué a contemplar la idea de renunciar, porque había fallado y creía que la confianza entre mi jefe y yo podía romperse –confiesa avergonzada–. El lunes hablé con mi jefe, solucionamos el error y no pasó a mayores”.

Gómez, de 40 años, asegura que solo hace muy poco fue consciente de los problemas que le traía a su vida ser tan perfeccionista. “Siempre quería tener todo bajo control, quería dar la impresión de que mi vida estaba en orden y armonía.

Cuando hacía una fiesta en mi apartamento, por ejemplo, nunca estaba tranquila ni disfrutaba del momento, porque permanecía en función de que todo saliera impecable: la comida, los arreglos, el piso, el baño, el mesero. ¡Y al final quedaba tan exhausta que no quería ni hablar con los invitados!”.

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Por lo general, los perfeccionistas tienden a ver todo en blanco y negro, no hay grises, son inflexibles, críticos implacables de sí mismos y disciplinados, pero sufren permanentemente y sienten angustia, porque nunca creen que están haciendo las cosas lo suficientemente bien.

Un estudio realizado por la Universidad de Brock, en Canadá, revisó la relación entre perfeccionismo y salud física de 492 personas, entre 24 y 35 años de edad. El estudio concluyó que los perfeccionistas son más propensos a sentirse mal, a quejarse por insomnio, dolor y fatigas que aquellos que no lo son. Además, le temen mucho al fracaso.

¿Qué hacer?

Curran cree que sí hay esperanza. “Los perfeccionistas pueden y deben aferrarse a ciertas cosas; normalmente son brillantes, ambiciosos, concienzudos y trabajadores. Y sí, el tratamiento es complejo. Pero un poco de autocompasión, y no autoexigirnos mucho cuando las cosas no van bien pueden convertir esas cualidades en una paz interior y un éxito mayor”.

También sugiere que los padres apoyen a sus hijos desde pequeños y de manera incondicional cuando intentan algo y fracasan, y les enseñen que nadie en la vida es perfecto.

Petra Kolber, la experta fitness, decidió convertirse en psicoterapeuta y escribir un libro llamado Detox para perfeccionistas, de Editorial Urano, para ayudar a las personas que habían sufrido tanto como ella. Su propuesta es hacer un detox de 21 pasos, basado en la psicología positiva y en su propio proceso de transformación.
Estos son algunos de los consejos que Kolber comparte en su libro:

1. Identifique los tres pensamientos negativos que repite con más frecuencia.

Para los perfeccionistas, la predisposición natural hacia la negatividad puede ser especialmente destructiva, porque se alimenta de las inseguridades y fomenta un círculo vicioso de indecisión y autocrítica. Si no les ponemos freno, estos pensamientos repetitivos se convierten en auténticos ladrones de felicidad que menoscaban la autoimagen, las relaciones y las expectativas.

2. Pare de rumiar

Los pensamientos obsesivos son el debilitante proceso de tratar de cambiar lo que no existe. El pasado quedó atrás y el futuro está fuera de nuestro alcance. Nuestro poder está únicamente en el presente.

3. Renuncie a expectativas tóxicas para dar cabida a objetivos sanos

Los objetivos sanos nos motivan y nos proporcionan energía: el miedo solo se cuela cuando tenemos expectativas imposibles basadas en aspiraciones poco realistas.

4. Descifre el miedo

Para los perfeccionistas, el miedo es un adversario poderoso, dotado de incontables caras. Es un ladrón que nos roba recuerdos, conexión, y cualquier tipo de deseo e, incluso, la voluntad de probar nuevas experiencias.

5. Trabaje sus carencias en lugar de rechazarlas

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Debemos aceptar plenamente quiénes somos hoy, incluidos nuestros defectos reales o percibidos.

6. Dese un respiro de los medios sociales

El juego de la comparación propiciado por los medios puede activar nuestra tendencia a pensar que podemos o debemos llegar más lejos o que nuestros recursos y cualidades son inferiores.

7. Descubra la magia de fluir

La capacidad de estar presentes, aquí y ahora, requiere esfuerzo y concentración por nuestra parte. Hay que aprender a estar aquí y a dejar de preocuparnos por el futuro. Mediante estos gestos podremos acceder a una sensación de suspensión en el tiempo; un espacio que nos permite sumergirnos en cada uno de los momentos y que propicia la erupción de nuestro auténtico potencial.

Las consecuencias del perfeccionismo

En un artículo publicado en el periódico español El Mundo titulado La paradoja del perfeccionismo, explican las consecuencias laborales, sociales y personales que puede acarrear esta conducta.

En el trabajo

La persona tendrá la virtud de repasar numerosas veces su trabajo, pero perderá mucho tiempo en estas revisiones y será lenta en la ejecución. La parte positiva es que su trabajo será impecable, puesto que lo ha revisado varias veces antes de entregarlo.

En lo social

Esta persona ama con la misma intensidad con la que puede criticar su realidad, por lo que es constante, afectuosa y leal. El lado negativo indica que suele ser la persona más odiada y la primera prescindible en grupos sociales.

En lo personal

Suele ser exigente con el otro, autocrítico y rígido de pensamiento y en su comprensión de la vida. Pero también es apasionado y gran compañero, amante y amigo que lo da todo por el otro, porque en la relación tampoco puede fallar. En la amistad es igual.

* Nombres cambiados por petición de la fuente.

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Diciembre
30 / 2019


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