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Las abejas se mudan a Bogotá: así son los primeros apiarios urbanos profesionales

ApisGreen instaló los primeros apiarios urbanos de manera profesional y especializada en Bogotá con el fin de proteger a las abejas de su extinción.

Foto: damien-tupinier/ Unsplash

ApisGreen instaló los primeros apiarios urbanos de manera profesional y especializada en Bogotá con el fin de proteger a las abejas de su extinción.

Tener apiarios urbanos ya es tendencia entre hípsters y ejecutivos de las ciudades más importantes del mundo como Nueva York, París, Londres, Hong Kong, Tokio, Chicago y Berlín, por nombrar solo algunos lugares. Así las abejas se han ido apostando en los áticos y azoteas de los edificios más altos del mundo para producir su rica miel citadina. A futuro, y con mayor formación, así como la gente tiene huertas en su casa, también podrían llegar a tener apiarios para producir miel y polen caseros.

Y es que el campo está dejando de ser el terreno seguro de estos insectos por el uso indiscriminado de agroquímicos, mientras que los entornos urbanos, aunque pareciera extraño, están apuntando a convertirse en uno de sus lugares de salvación, porque allí no se fumiga con la misma intensidad que en las zonas rurales. El instituto Earthwatch de Massachusetts catalogó a las abejas como los seres vivos más importante del mundo, pues sin ellas, a la humanidad le quedarían solo unos cuantos años de esperanza de vida.

Según informes del Instituto Colombiano Agropecuario (ICA), el 30 % de estos insectos en Colombia ha desaparecido en los últimos tres años, en efecto, por plaguicidas.

Apicultura en Bogotá

Bogotá no es ajeno a la tendencia de la apicultura urbano. Gino Paolo Cala, ingeniero de alimentos de la Universidad Jorge Tadeo Lozano y especialista en Procesos y Calidad en la Universidad EAN, se puso a tono con la economía azul (modelo económico creado bajo los principios de conservación del medio ambiente) y fundó ApisGreen, una de las primeras empresas de apicultura urbana en Colombia, que contribuye con el aumento de polinizadores.

apiario

El alcance de este trabajo ha sido tal que el ingeniero fue premiado por Maloka en la primera Rueda de Ideas de la Agenda Científica, recibiendo también apoyo del Instituto para el Emprendimiento Sostenible de la Universidad EAN, que le otorgó, además, el premio como emprendedor del año en 2017.

Y es que a Bogotá han estado llegando muchas abejas, o así lo reportó el mismo cuerpo de Bomberos con un incremento en el número de enjambres en localidades como Chapinero, donde se encontraron cerca de 334 enjambres el año pasado. “Vemos que el hábitat natural de las abejas está siendo afectado por las fumigaciones y por eso se han ido trasladando a otros entornos como el de la ciudad. Esa validación nos llevó casi 3 años y nos hemos dado cuenta de que, en efecto, las abejas sí pueden adaptarse a la ciudad”, comenta Cala.

Apicultura en la universidad

El ingeniero hizo escuela con el grupo Apícola de la Universidad Nacional GAUN y entre 2017 y 2018 quedó a cargo del apiario de la Universidad Javeriana y más también lideró los apiarios de la EAN y de la Universidad Jorge Tadeo Lozano.

El de la EAN tiene capacidad para albergar a 150.000 abejas y está instalado en la sede del Nogal, exactamente en la terraza de este edificio, que tiene siete pisos y se abastece de energía a través de 25 paneles solares. Se trata de una cubierta verde o espacio natural de 700 metros cuadrados donde conviven, además, distintos ecosistemas en los que se recrean bosques con diversidad de flora. También hay huertas. La construcción asemeja un árbol de gran altura en cuya copa (la terraza) se encuentra la mayor biodiversidad, incluidas, las abejas. 

ApisGreen

“No cualquiera puede tener un apiario”

El modelo de negocio de ApisGreen radica entonces en la venta e instalación de estos apiarios y en la asistencia técnica de las colmenas. “Los servicios dependen de la necesidad del cliente, si quiere producir polen, conservar la especie, producir miel o prestar un servicio de polinización”, comenta Cala. Según él, los apiarios urbanos tienen múltiples funciones, como estudiar las condiciones climatológicas de una ciudad o hacer bancos genéticos.

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Sin embargo, también hay criterios a la hora de instalar apiarios y no cualquiera podría hacerlo. “Mis análisis se orientan a ubicar a las abejas en pisos altos, preferiblemente en terrazas cercanas a los cerros orientales de Bogotá o a parques muy grandes que sean verdes, pero habría que analizar otros factores como abundancia de flores y fuentes hídricas. También se revisan las épocas del año para hacer las instalaciones; se observa si hay barreras artificiales o naturales de protección, si la topología permite un fácil acceso, si existe equilibrio entre sol y sombra, la dirección de los vientos predominantes, la humedad ambiental, la del suelo, si hay industrias o presencia de otras colmenas y etc.,” explica.

Cala recalca que en entornos urbanos el objetivo de la apicultura debe ser netamente de conservación, porque está prohibido por ley tener producción animal en perímetros urbanos. Lo que sí se puede hacer es revisar la calidad de la miel y del polen y derivar de allí otras conclusiones. “Por ahora mi trabajo es netamente investigativo y, parte del modelo de negocio de ApisGreen se vincula precisamente con la academia y con las universidades”.

giono paolo cala

Gino Paolo Cala.

El cuidado de los apiarios

En especies, Cala trabaja con abejas Apis Mellifera, que cumplen con tres rasgos genéticos que le permiten adaptarse al entorno urbano: el productivo, el higiénico y el de mansedumbre, ya que esta especie es amigable y está clasificada como animal doméstico.

“Lo importante es seguir un protocolo de seguridad para trabajar en un apiario antes, durante y después de las labores, pero con buenas prácticas las abejas no tendrían por qué picar, por eso es una actividad que debe ser realizada por personas con experiencia en manipulación de colmenas”, afirma.

Como parte de la rutina, en los apiarios urbanos se revisa el estado de la colmena como si se tratara de un libro donde cada cuadro es una hoja que hay que leer con detenimiento para ver qué sucede: si a las abejas les falta agua, si tienen suficientes crías, si hay población enferma, si están fuertes o si existe algún problema con la abeja reina, entre otros aspectos.

Para quienes quieran acceder a un apiario, el precio varía según el número de colmenas que se tenga, es decir, “una colmena en promedio con una trampa de polen y con una media alza, debe estar costando alrededor de 500 mil pesos; lleva una base de hierro, una piquera, cámara de crías, abejas, la reina fecundada, trampa de polen, un techo y tienen una capacidad de albergue de entre 80 y 100 mil individuos. Las colmenas son de tecnología Langstroth”.

También hay que tener presente la inversión en el encerramiento, que es el que protege a las abejas; la variedad floral, el equipo de manejo, el de protección y, de acuerdo al número de colmenas, podría adquirirse una centrífuga, si lo que se quiere es producir miel.

El apiario de la Universidad Javeriana

Si usted quiere aprender más sobre el mundo de la apicultura, la Universidad Javeriana ofrece un recorrido guiado por su apiario los días viernes de 12:00 a 2:00 p.m. Los interesados deberán hacer con antelación la solicitud al correo apiario@javeriana.edu.co.

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La idea del espacio es compartir un interés en común por proteger a las abejas y demostrar que la existencia de las mismas es fundamental para el ecosistema, pues polinizan un tercio de los productos que los humanos consumimos.

El apiario de la Universidad Jorge Tadeo Lozano

Por su parte, el apiario de la Universidad Jorge Tadeo Lozano, ubicado en el edificio administrativo, tiene como novedad el diseño del primer encerramiento en guadua, es decir, en materiales sostenibles y que permite el ingreso de algunos rayos solares.

“Un encerramiento es un espacio para proteger a las abejas y que reduce la posibilidad de accidentes o picazones a las poblaciones circundantes y, en mi caso particular, cuando hago revisiones, salgo con menos abejas en el overol porque se disminuye el campo de visión periférica de las mismas y por tanto, no perciben cuando salgo; los animales también podrían llegar a pastar a dos metros de distancia sin ser picados, sirve como protección en caso de lluvia y hasta puede funcionar como bodega del mismo apiario, entre otras cosas más”, explica Gino Cala.

En la Tadeo hay entre 20 y 40 mil abejas, distribuidas en cuatro colmenas en un apiario que se encuentra cerca de los cerros orientales y a parques como Bicentenario, Independencia y Renacimiento. Es un espacio de cubierta gris, es decir, que no tiene hábitat natural verde, es de asfalto y las abejas deben salir a buscar sus flores. Las investigaciones desarrolladas allí apuntan a la producción de cápsulas de polen para el consumo humano.

El apiario cuenta, además, con tecnología de punta con monitoreo de la actividad de estos insectos, a través de la incorporación de sensores que miden la temperatura y la humedad, así como una cámara que envía información en tiempo real a cualquier dispositivo móvil, usando una dirección IP conectada a Internet. La producción de miel se destina para análisis fisicoquímicos y saber cuáles son las condiciones de este producto urbano.

Un proyecto de esperanza

La ciudad, entonces, poco a poco se está formando en apicultura urbana, y las universidades, como se esperaba, han sido de las primeras en sumarse a esta iniciativa abriendo espacios para crear apiarios y avanzar en investigación y encontrar, así, alternativas que vayan en pro de conservar al ser vivo más importante del planeta.

“En Asia, por citar un ejemplo -dice Cala-, la polinización se está haciendo de manera manual por personas que van de flor en flor en un proceso menos efectivo, porque se están quedando sin abejas”. El panorama es poco alentador, pero iniciativas como las de ApisGreen, son las que le dan un giro esperanzador al tema.

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Septiembre
18 / 2019


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