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¿Es el momento para abandonar las redes sociales? Algunos expertos dicen que sí

Pasamos muchas horas al día en las redes sociales, divagando, peleando, hablando, pero varios estudios corroboran el perjuicio que pueden generar en la salud física y mental si no se ponen límites. Llegó la hora de hacer un pare y recuperar la autonomía.

Foto: Jorge Ávila - @jorgetukan

Pasamos muchas horas al día en las redes sociales, divagando, peleando, hablando, pero varios estudios corroboran el perjuicio que pueden generar en la salud física y mental si no se ponen límites. Llegó la hora de hacer un pare y recuperar la autonomía.

En diciembre pasado, el director de marca y comunicaciones de Rappi, Carlos Miguel Correa, tomó una decisión radical: desconectarse de todas sus redes sociales durante seis meses. “Estaba en medio de un proceso espiritual, siempre he sido muy inquieto con mi búsqueda interior, quería conectarme de nuevo conmigo. Y, últimamente, hacía scroll con ansiedad, sin parar, sin leer nada productivo, emitía juicios superficiales, así que quise reafirmar que para ser feliz no necesitaba estar en las redes”, cuenta.

Su decisión de desconectarse concordó con su traslado a Brasil. Dice que allí, a la mayoría de las personas les parecía rarísimo que no tuviera cuenta en Instagram y no pudo socializar tanto con su familia en Colombia, como acostumbraba. “En mi rutina de las primeras semanas me dio una especie de síndrome de abstinencia. Entonces, cuando sentía esas ganas incontrolables de mirar el celular, me levantaba del puesto, me tomaba un vaso de agua y se me pasaba”.

Regresó hace poco al mundo virtual, pero con nuevas reglas. “En primer lugar, decidí que mis redes serían privadas y solo tendría gente que estimo de verdad, con la que quiero mantener contacto, o que sea una fuente de inspiración para mí. Ahora hago scroll despacio, no con la intención de divagar; me tomo ciertos tiempos para revisarlas y no publico mensajes negativos. En las redes hay que saber dónde se pone la atención”, asegura.

Correa, por supuesto, no es una excepción. En la actualidad, cada vez más gente –no solo los famosos–, cuestiona el uso que les da a estas herramientas. Algunos son radicales y afirman que lo mejor es desconectarse por completo y decirle adiós. Otros, por el contrario, le apuestan a un uso controlado y con más consciencia. Pero es un largo camino por recorrer.

En el informe más reciente, publicado en abril de 2019 y elaborado por We Are Social, una agencia global de marketing y comunicaciones enfocada en redes sociales, se afirma que “a pesar de la controversia sobre la privacidad, la piratería, las noticias falsas y todos los demás aspectos negativos de la vida en línea, el mundo continúa adoptando internet y las redes sociales”.

Explica que el crecimiento digital global no muestra signos de desaceleración, ya que un millón de personas nuevas en el mundo se conectan cada día y el 45 % de la población mundial es ahora usuaria de las redes sociales, es decir, 3.500 millones de personas.

En el caso de Colombia, el informe asegura que, en promedio, los colombianos invierten 3 horas y 31 minutos diarios en redes sociales, en cualquier dispositivo, y que el 60 % de los usuarios está entre los 18 y los 34 años.

¿Qué hacer?

El estadounidense Jaron Lanier, pionero de la realidad virtual e investigador del tema, es radical. En su libro Diez argumentos para cerrar sus cuentas de redes sociales en este momento, asegura que estamos perdiendo nuestra libertad. “Ahora somos animales de laboratorio y formamos parte de un experimento para que los anunciantes nos envíen sus mensajes cuando estemos más susceptibles”. También señala que nos hacen infelices, por causas diversas, como los estándares irracionales de belleza o estatus; además, están debilitando la verdad y destruyendo nuestra capacidad de empatizar, entre otras cosas.

El profesor de Ciencias de la computación de la Universidad de Georgetown, Cal Newport, publicó Minimalismo digital, un libro que en poco tiempo se convirtió en best seller, en el que asegura que nuestra relación con estas herramientas es complicada, porque mezcla beneficios con perjuicios. Y los cambios tecnológicos han sido masivos, transformadores, no planeados e inesperados.

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También explica que la gente no sucumbe en las redes porque sea perezosa, sino porque las corporaciones involucradas han invertido millones de dólares para que esto suceda. Funcionan como las máquinas tragamonedas de un casino. El cerebro se activa igual que cuando uno apuesta, es algo impredecible. ¿Qué obtendrá? ¿Likes, corazones o retuits? Y por otro lado, está el tema de la aprobación social. “Somos seres humanos que no podemos ignorar lo que los demás piensan de nosotros. Y si no hay una retroalimentación positiva, esto genera estrés”, explica.

Newport, sin embargo, considera que la mejor manera para pelear contra la tiranía de las redes es hacer una limpieza detallada y quedarse con lo que realmente le sirva y le ayude en su sistema de valores. Dice que una desintoxicación digital tiene que hacerse al menos por treinta días para mirar qué puede ser necesario y tener un impacto real en el futuro, porque en la relación tecnológica, “menos es más”.

Para el psiquiatra Milton Murillo es mejor hablar de un uso con mesura. “Hablar de la desconexión total es ir contra un nuevo lenguaje, el digital. Aunque no podemos desconocer que hay un enorme riesgo, que desafortunadamente no ha sido aún incluido en la última edición del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, DSM V, y no tenemos un protocolo establecido”.

Murillo asegura que las redes se convierten en un problema cuando afectan la funcionalidad de la persona y generan la alteración del patrón del sueño, problemas de interacción con las demás personas, en las relaciones, el trabajo y el estudio. “Si presenta síntomas de abstinencia, como la ansiedad, la sudoración, el estado de ánimo variable y el pensamiento predominante en la red social, cuando no tiene acceso a ella, debería ir a donde un especialista y pedir ayuda”.

La psicóloga clínica Graciela Galán también está de acuerdo con Murillo en que debe existir un uso moderado y agrega que “la tecnología no es inadecuada, lo que ha traído consecuencias negativas es el uso indiscriminado y la falta de regulación de la misma. Asimismo, la sociedad de consumo nos ha llevado a no poder vivir sin ella, generando una necesidad adquirida y no relacionada con nuestras necesidades básicas”.

Gabriel Arbeláez se desconectó durante dos años y medio de sus redes sociales. Ahora, paradójicamente, trabaja en una empresa de ventas por internet con gente muy joven que no concibe que no tenga Instagram ni Snapchat o que comparta Facebook con muy poca gente. “Ellos no solo presentan una adicción a su presencia en redes sociales, sino que adicionalmente tienen una adicción al smartphone y llegan a basar su felicidad en el número de corazoncitos o pulgares arriba en sus fotos. Vivo la lucha de forma privada, buscando que mis hijos no se conviertan en adictos a ese tipo de vida. Pero es una batalla casi perdida, donde solo se obtienen victorias pírricas. La existencia ya no es solo física, ahora también es digital”, concluye.

¿Por qué debería abandonar las redes?

En una charla TED, Cal Newport habla sobre las tres objeciones que habitualmente oye de la gente para no dejar las redes, y explica su argumento.

1. Las redes sociales son una de las tecnologías fundamentales del siglo XXI. Rechazarlas sería un acto extremo.

No es cierto. Son una fuente de entretenimiento, que utiliza algunas de las tecnologías fundamentales. Como lo expresa Jaron Lanier, estas empresas le ofrecen golosinas a cambio de que usted les dé minutos de su atención y sus datos personales, que luego se pueden empaquetar y vender. No utilizarlas, solo es rechazar una forma de entretenimiento.

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2. No puedo dejar las redes sociales porque es vital para mi éxito en el siglo 21. Si no tengo redes, la gente no sabrá quién soy, no podrán encontrarme, no tendré oportunidades y desapareceré de la economía.

Lo que el mercado valora en la economía competitiva del siglo XXI es la capacidad de producir cosas que son raras y valiosas, no actividades fáciles de replicar y que producen una pequeña cantidad de valor. Y el uso de las redes sociales es el epítome de esto; es algo que cualquier niño de seis años con un teléfono inteligente puede hacer. En cambio, el mercado recompensará el trabajo profundo y concentrado, requerido para desarrollar habilidades reales.

3. Las redes sociales son inofensivas. Me divierto con ellas.

Las redes sociales llevan múltiples daños, que están bien documentados. Hay investigaciones que demuestran que si usted pasa gran parte de su día en un estado de atención fragmentada, interrumpiendo para «echar solo un vistazo», esto puede reducir de forma permanente su capacidad de concentración.

A nivel psicológico, también hay muchas investigaciones. Sabemos que cuanto más utilice las redes, más probable es que se sienta solo y aislado. La constante exposición de su vida, cuidadosamente curada, a sus amigos, puede dejarlo con un sentimiento inadecuado e incrementar los índices de depresión.

En un futuro cercano, seguro escucharemos de la discrepancia entre la forma en que están conectados nuestros cerebros y el comportamiento de exponerse a estímulos con recompensas intermitentes durante las horas de vigilia. Una cosa es pasar unas horas en una máquina tragamonedas de Las Vegas y otra es tener una con usted durante todo el día. Esto genera un cortocircuito en el cerebro y graves consecuencias, como trastornos de ansiedad.

PARA TENER EN CUENTA

En su libro Minimalismo Digital, Cal Newport da varios consejos para disminuir el uso de las redes.

1. Sea consciente de la importancia de estar solo y en silencio.
2. Deje su teléfono en casa.
3. Tome largas caminatas.
4. Escriba cartas para usted mismo.
5. Exija una verdadera conversación, cara a cara, no en línea.
6. Absténgase de dar likes o dejar comentarios. Si elimina esta interacción trivial, le enviará un mensaje claro a su mente.
7. Apague las notificaciones cuando le envíen mensajes. Esto le permitirá estar más presente y concentrarse en sus actividades.
8. Practique un oficio artesanal. Es ocio de alta calidad.
9. Arregle o construya algo semanalmente.
10. Programe semanalmente el tiempo que invertirá en ocio de baja calidad, como las redes sociales.
11. Haga parte de algún grupo, como un equipo deportivo, un grupo voluntario o un comité en su templo.
12. Borre las aplicaciones de redes sociales de su teléfono y solo consúltelas en
su computador.

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Agosto
13 / 2019


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