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La mala hora de la Selección de Argentina

Argentina dejó de ser la selección que inspiraba respeto en sus rivales, y a pesar de contar con jugadores de clase mundial, hace rato no logra un campeonato que reafirme su estatus mundial. Un repaso por su descenso.

Foto: Fabrice Coffrini / AFP

Argentina dejó de ser la selección que inspiraba respeto en sus rivales, y a pesar de contar con jugadores de clase mundial, hace rato no logra un campeonato que reafirme su estatus mundial. Un repaso por su descenso.

Es increíble, pero no se me da”, decía un Lionel Messi derrotado, como pocas veces se ha visto en su carrera deportiva. Este jugador, acostumbrado a levantar copas, ganar ligas, balones de oro y cualquier otro reconocimiento que se le ha atravesado en el camino, se retiraba de la Selección Argentina después de perder su cuarta final con la albiceleste.

La primera final fue en la Copa América de 2007, en Venezuela. Argentina enfrentaba a su archienemigo Brasil, que en ese momento, jugador por jugador, era inferior a los argentinos. El equipo dirigido por Alfio Basile, el mismo técnico que le dio su último título importante, la Copa América de 1993, se llevó tres goles, y estrellas como Riquelme, Ayala, Cambiasso, Verón, Tévez y Messi se iban a casa con el premio de consolación.

Pasaron siete años para volver a jugar una final. El equipo dirigido por Alejandro Sabella llegaba a la final contra Alemania. La perdieron uno a cero, con un gol de Mario Götze, y Argentina perdía la oportunidad de ganar su tercera Copa del Mundo.

Llegó la revancha en 2015 y 2016. Dos oportunidades en fila para volver a ganar. Dos partidos contra la selección chilena y su generación de oro, un rival difícil de enfrentar. Duro, con sangre en el ojo, como dirían los comentaristas de antaño y con ganas de llevarse todo.

Esta selección liderada por Arturo Vidal, Alexis Sánchez y Claudio Bravo no se achicó y le ganó la final de 2015 por penaltis en su casa. La segunda oportunidad sería un año después, en el centenario de la Copa América que se jugaba en Estados Unidos. El partido, como un año antes, se definió por penaltis y los chilenos le ganaban otra vez a Argentina la noche del 26 de junio de 2016.

“Se terminó para mí. Son cuatro finales que nos toca perder. No se da, lo intentamos, lo buscamos y ya está”. Con esas palabras, Messi ratificaba su decisión de dejar la albiceleste. Era verdad, el hombre que lo ganó y sigue ganando todo con el Barcelona, no ha podido obtener un título con su selección, su única deuda deportiva pendiente.

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Pero no hay que ver a Messi como el único responsable de lo que le pasa a Argentina. No tiene sentido, puesto que es un deporte en el que juegan 11 contra 11. El problema viene desde antes. Después de la Copa América de 1993 jugaron dos finales de Copa Confederaciones (1995 y 2005), cuatro finales de Copa América (2004, 2007, 2015 y 2016) y la final de un Mundial (2014). Siete finales en los campeonatos más importantes para una selección, muestra que el problema no es de solo un hombre.

LA DEBACLE

Desde hace unos años el fútbol argentino ha estado en crisis. Los clubes tienen grandes deudas y los jugadores, técnicos y árbitros han parado sus actividades para protestar por falta de pagos y por mejoras de condiciones laborales.

En 2017, Claudio Tapia asumió la presidencia de la AFA, justo en el momento en que la clasificación de Argentina al Mundial de Rusia peligraba, lo que hubiera sido un duro golpe para una de las mejores selecciones del continente. “Debemos refundar el fútbol argentino”, dijo durante su posesión.

Tapia tenía que encargarse de dejar atrás malos manejos de presupuestos, denuncias judiciales y otros problemas que se agravaron después de la muerte de Julio Grondona, quien durante 35 años manejó la AFA con puño de hierro.

Incluso Menotti volvió a trabajar con la AFA y ahora es el director de selecciones nacionales, en un intento por poner orden en la casa con las personas que hicieron grande a la selección.

“SIGUE SIENDO UN EQUIPAZO”

Pese a todo lo que ha pasado, las finales perdidas y las decepciones, para muchos Argentina nunca ha dejado de ser un equipo que inspira respeto. Cuenta con el mejor jugador del mundo, que pese a haber tenido la oportunidad de jugar para otro país, de renunciar a la selección, de volver y ser criticado por gran parte de la afición, sigue resistiendo. “Voy a decir algo que quizás a los argentinos no les guste mucho, es a título personal, a Messi lo respeto porque juega con Argentina cuando, por ejemplo, pudo haberse llenado de oro con España, creo que es la última oportunidad que tiene la AFA y Messi, para poder coronarse en una competición realizada en Argentina, y como la final, se viene a jugar acá en el 2020… Si Federer pudo ganar con Suiza a los 34 por qué no Messi a los 33 o 34 pueda levantar una Copa”, asegura Guillermo Knoll, periodista y escritor del país austral.

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¿Es falta de tiempo para conformar un equipo sólido? “Yo creo que, principalmente, el problema pasa por el poco tiempo para entrenar y amalgamar un equipo. Los futbolistas argentinos actúan en diferentes países y se juntan tres días antes de jugar. Es cierto, al resto le pasa lo mismo, pero tampoco he visto muchos equipazos últimamente, por lo que parece una regla general. Antes de México 1986, por ejemplo, Carlos Bilardo tuvo a la mayoría de los jugadores en Buenos Aires y contó con mucho tiempo para trabajar, algo que ahora no sucede”, argumenta Luciano Wernicke, autor de numerosos libros sobre curiosidades del deporte.

“¿Sabés cuándo fue la última vez que yo sentí que los jugadores tenían ‘fuego sagrado’? ¡Italia 90, papá! Perdimos el primer partido contra Camerún, nos daban por muertos. Todos los jugadores hechos mierda, golpeados, suspendidos (…) llegamos a la final a puros huevos, a puro fuego sagrado”, decía El Fletero, un personaje del dibujante y animador Gabriel Lucero, que se hizo popular durante el Mundial de Rusia.

En junio se jugará una nueva edición de la Copa América en Brasil, la oportunidad perfecta para redimirse y volver a tomar su puesto como una de las grandes selecciones del mundo y para alcanzar un título esquivo por más de 25 años. Habrá que mirar qué pasa.

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