SUSCRIBIRME
INICIO//Tendencias//¿El feminismo es un asunto de hombres?

¿El feminismo es un asunto de hombres?

A propósito del Día del Padre, que se celebra el 16 de junio, Diners le da una mirada al concepto actual de lo que se entiende como “ser hombre”, idea que a través de la publicidad y la agenda feminista ha ido transformándose.

Foto: Shutterstock

A propósito del Día del Padre, que se celebra el 16 de junio, Diners le da una mirada al concepto actual de lo que se entiende como “ser hombre”, idea que a través de la publicidad y la agenda feminista ha ido transformándose.

No hubo rodeos. El propósito fue claro (y peligroso, comercialmente hablando). A comienzos de este año Gillette quiso confrontar la idea de lo que significa ser el tipo de hombre que durante años se encargó de promover, ese de perfil rudo, seductor, que gracias a su apariencia física lograba el éxito.

Las imágenes fueron el inventario de las cualidades de un estereotipo masculino tradicional: niños que se burlan de otro llamándolo raro y homosexual, padres que validan una pelea a golpes entre sus hijos, acoso disfrazado de piropo, y en el fondo: risas y aplausos en señal de aprobación. En total, 38 segundos. Pero los 60 restantes desataron la polémica.

Apareció el actor Terry Crews y denunció que fue víctima de acoso sexual. Después, las escenas de hombres que detenían abusos y peleas en la calle buscando una salida dialogada. Mientras tanto, sus hijos los veían, “porque los niños de hoy son los hombres del mañana. Sé el mejor hombre que puedas”, remataba la publicidad.

Pero no a todos les gustó la idea. “Nueva campaña de Gillette por un ‘hombre mejor’ fracasa en las redes”, y “Gillette y un controvertido comercial contra el machismo” fueron algunos de los titulares que siguieron a la publicación de la campaña. Al 30 de mayo, el video publicado en YouTube tenía 793 mil me gusta y 1,4 millones de no me gusta. ¿Por qué el mensaje de ser mejores hombres hirió tantas susceptibilidades?

Algunos criticaron el hecho de que “satanizara” la figura del hombre; otros hacían hincapié en que se aprovecharon de un discurso moral para lucrarse; los demás decían que era un error de mercadotecnia hablar mal del público al que le quieren vender.

“A nadie le gusta que le cuestionen sus privilegios”

Ricardo Ayllón es mexicano. Desde hace 15 años trabaja con hombres violentos, o mejor, “con hombres que deciden ejercer violencia con su pareja, anteponiendo la parte de decisión, porque es algo que decides hacer, y eso es lo que intentamos que vean en Gendes, que no por ser hombres hay que ser violentos”.

Gendes es una organización de la sociedad civil presente en México, Estados Unidos, Panamá y Uruguay, que impulsa una nueva mirada a la masculinidad a través de procesos de reeducación. “El 80 % de los que llegan a nuestra oficina en México lo hacen en crisis, ya sea porque su pareja les va a dejar o porque les dijeron: si no buscas atención, no regreso. En promedio, tienen 34 años y están en todos los niveles económicos, desde el señor que trabaja en la construcción, hasta el que llega en un Mercedes-Benz”, explica Ayllón, quien estuvo en Colombia gracias a la organización Género e Impacto Comunicaciones, como parte de una charla sobre equidad de género.

El hombre violento es uno de los ejemplos más populares, fáciles de reconocer y de enmarcar dentro del concepto machista, la máxima expresión de lo que se conoce como masculinidad hegemónica. “Proponemos alternativas a un modelo tradicional de ser hombre, nos referimos a relacionarnos desde el respeto, la no violencia y generar condiciones de igualdad. No es dejar de usar el poder, sino de ver cómo podemos utilizarlo de manera compartida, entre ellas y nosotros”.

Pero Ayllón reconoce que no es fácil, sobre todo en un país como el suyo. A pesar de que existe la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia (2007), en la que además de acciones de prevención, acompañamiento y protección para ellas, se vinculan procesos de trabajo con el hombre agresor, admite que el machismo ha cruzado todas las capas sociales. “En los libros de primaria solo aparecen seis mujeres. Si yo soy un niño o niña y leo eso, ¿quién voy a pensar que hizo la historia? Pues los hombres”.

Vea tambien: Película recomendada: ¿Dónde estás Bernadette?

“Cuestionamos los privilegios que se tienen como hombre, y a nadie le gusta eso. Cuando ponemos estos temas en la mesa, en una escuela, una conferencia, donde sea, siempre encontramos resistencia, no están de acuerdo, no se responsabilizan, culpan a las mujeres, les llaman feminazis, responden a partir del enojo. Afortunadamente, encontramos otros que van hallando consciencia de la situación, van reflexionando y se dan cuenta de que es necesario cambiar”.

Ser hombre en Colombia

“En Quibdó, uno de los elementos centrales de la imagen de la masculinidad es que el hombre debe ser capaz de conquistar sexualmente a las mujeres. En esta ciudad llaman quebrador al hombre que tiene el poder de conquistar, al que se mueve entre una mujer y otra y cambia continuamente de compañeras. En Armenia, llaman cumplidor al hombre capaz de asumir con responsabilidad sus deberes en todos los ámbitos de su desempeño social: es el buen trabajador, el padre responsable y el proveedor económico para su mujer y sus hijos”.

Este es un fragmento del libro De quebradores y cumplidores: sobre hombres, masculinidades y relaciones de género en Colombia, publicado en 2002 y escrito por Mara Viveros Vigoya, una de las fundadoras de la Escuela de Estudios de Género de la Universidad Nacional.

La profesora de Ciencias Humanas encontró que, para 1997, el estudio de masculinidades en América Latina era incipiente, no había más de cuarenta investigaciones sobre el tema, y que en la década del 2000 se impulsó la investigación.

De esa línea de acción ha formado parte Douglas López, de 44 años, quien por su trabajo como consultor del ICBF en temas de género y por ser uno de los fundadores de la Red Colombiana de Masculinidades No Hegemónicas, ha liderado procesos de sensibilización sobre el tema de ser hombre en Colombia.

López cuenta que en uno de los talleres que llevaba a cabo en el Llano colombiano, las mujeres decían que su modelo ideal era el del hombre recio, “ese que sea fuerte, machote, que va a responder por la familia. Otras dijeron que preferían uno exitoso, pero con las mujeres, y uno les preguntaba ‘¿pero es que no ve que sale con varias?’, ‘yo lo voy a cambiar’, respondían. Eso hace que el hombre no quiera renunciar a ciertos privilegios, y tampoco le queda fácil porque si lo hace lo tildan de ‘blandito’. ‘A nosotras nos gustan recios, no como los de Bogotá que son blanditos’, insisten”.

“Y si uno luego se va a las estadísticas se da cuenta de que la violencia se ha reducido significativamente en Bogotá por el trabajo de género, mientras que en el Llano se mantienen, al punto de que todavía existe el movimiento machista del Casanare (Movimiento Machista Colombiano)”.

Entre 2013 y 2014, en el marco de una estrategia llamada “Se buscan hombres”, iniciativa del ICBF para determinar cómo las relaciones de pareja inciden en la violencia con los niños, trabajó con alrededor de 500 hombres y 300 mujeres que pertenecían al Ejército Nacional.

“Les mostrábamos a los hombres la representación de un donjuán que decía ‘a mí me gustan todas, rubias, altas, gorditas, porque un hombre es aquel que tiene a varias mujeres en la palma de la mano sin que se den cuenta’. La respuesta general era que se reafirmaban, decían: ‘ese es el propio’. Pero luego mostramos a una mujer que decía esas mismas cosas y la respuesta fue: ‘no es confiable, no podría tener nada serio con ella’. Luego, cuando se retomaba el estereotipo de donjuán, ahí sí se cuestionaban a sí mismos. ‘De pronto por eso no lo toman a uno en serio’”.

Cuando a las mujeres se les planteó ese mismo ejercicio, con un hombre mujeriego, lleno de poder y con características de un liderazgo autoritario, lo rechazaban, pero cuando aparecía en escena una mujer que expresaba el mismo discurso, el desenlace era otro. “La justificaban: ‘es que esa mujer tuvo que haber tenido una vida muy difícil, le tocó tomar las riendas, a ella la volvieron así’. Se parte de la naturalización de que las mujeres son dóciles y los hombres violentos”, explica López.

Vea tambien: ¿Por qué el turbante se ha vuelto a poner de moda?

El ejercicio se replicó en varias ciudades del país y la conclusión fue certera: eran más cercanos a su concepción de género un hombre y una mujer de la misma región, que dos mujeres de regiones diferentes. Si hay expresiones machistas en Córdoba, las exacerban tanto hombres y mujeres, y si están en Bogotá tienden a pensar parecido. No por ser mujeres (u hombres) quiere decir que tengan el mismo concepto sobre este tema.

¿El feminismo es un asunto de hombres?

Recientemente, las discusiones de género han recibido el impulso mediático del movimiento Me Too, que surgió en 2017. En estas, el tema del hombre como un agente de cambio difícilmente ha formado parte de la agenda del debate, incluso a veces ni siquiera se incluye.

“Algunas mujeres consideran que trabajar equidad de género es un asunto de mujeres y no de hombres. Les choca que los hombres digan que son feministas, pero hay otro segmento más proclive a aceptar que los hombres formen parte del tema, que comprenden las luchas de la equidad en términos de transformación del sistema patriarcal”, añade López.

“En Gendes decimos que somos hijos del feminismo, que vinimos de ahí, por nuestras compañeras de vida, porque hemos visto lo que han vivido, de ahí tomamos nuestras acciones. Mary Wollstonecraft, considerada la primera feminista, decía que el feminismo era la búsqueda de la dignidad humana. Partiendo desde ahí, trabajar en la igualdad de género es trabajar en la erradicación de la violencia contra las mujeres y apuntar a una vida digna, por lo tanto la nuestra es una lucha feminista”, expresa Ricardo Ayllón.

En ese ejercicio, Douglas López considera que, así como se ha luchado por conceptos de igualdad y equidad enfocados en las mujeres, también se debe hacer un esfuerzo para que los hombres se ocupen de los procesos domésticos, para que asuman tareas del hogar, pero no solo a una escala de cocinar o lavar, sino a una que implique la transformación profunda de los roles de género. “¿Cuántos hombres estudian Preescolar? Aparentemente es algo que solo hacen las mujeres, pero más aún, ¿cuántas personas dejarían al cuidado de un hombre a su hija o a su hijo en el jardín?”.

Que muchos hombres se hayan sentido ofendidos por el comercial de Gillette porque no se sienten representados con el estereotipo de hombre que mostraron al inicio da cuenta de la falta de educación sobre el tema de masculinidades. “Lo más llamativo es que ninguno se ha parado a pensar que el anuncio, en su espíritu aspiracional, está invitando a que el espectador se identifique con los otros hombres, los que intentan detener peleas, evitar situaciones de acoso a mujeres y defender a las víctimas de bullying en el instituto”, escribió el periodista Guillermo Alonso en Icon, la revista masculina del diario El País, de España.

Apropiarse de esta nueva forma de sentirse hombres y formar parte del feminismo es, en palabras de Judith Butler, una de las máximas figuras del feminismo actual, una especie de responsabilidad. La filósofa le dijo a CNN que “sí, deberían ser feministas. Es mejor relacionarse con mujeres donde hay igualdad, es más sexi, debemos decirlo, la igualdad es sexi y la dominación no lo es, es una explotación que termina en abuso e injusticia, ¿por qué vivir con eso en tu vida?”.

INSCRÍBASE AL NEWSLETTER

TODA LA EXPERIENCIA DINERS EN SU EMAIL

Ver términos y condiciones.
Junio
12 / 2019

Send this to a friend