SUSCRIBIRME

El caótico futuro de vivir en una ciudad, por Melba Escobar

Vivir en una ciudad es todo un reto. De hecho, cuando usted termine de leer este artículo, 130.000 personas habrán llegado a instalarse en las capitales del mundo. Incluida Bogotá.

Foto: Delaney Turner on Unsplash

Vivir en una ciudad es todo un reto. De hecho, cuando usted termine de leer este artículo, 130.000 personas habrán llegado a instalarse en las capitales del mundo. Incluida Bogotá.

Las cifras son elocuentes. Hace 100 años, solo el 10 % de la población mundial habitaba en urbes de más de tres millones de habitantes, hoy esta proporción se acerca al 60 % y se estima que hacia el 2050 alcance el 80 %. Uno de los cambios más sustanciales del planeta durante el siglo XXI será, sin duda alguna vivir en una ciudad o en las grandes urbes del mundo.

Sin importar la raza, lengua, cultura o lugar geográfico, la gente llega a megalópolis como Manila, Shanghái, Dubái, São Paulo o Bogotá minuto a minuto. Mientras, el campo se va quedando solo.

Las mayores migraciones se ven en Asia y África, pero Latinoamérica no se queda atrás. Esta convergencia de poderes, disciplinas, bienes, dinero y gente buscando mejorar su nivel de vida, no está exenta de retos: una de cada cuatro personas habita en tugurios.

En países como la India –donde hasta hace unos años la concentración de sanitarios era de uno por cada 900 habitantes–, esta cifra es aún más grande. Otro gran desafío es, indudablemente, la movilidad, que amerita abordarse como un tema en sí mismo.

Vivir en una ciudad, ¿el futuro distópico?

Para Daniel Brook, autor del libro Historia de las ciudades futuras, el caso de la metrópoli india es emblemático. Mumbai se define por aspectos como su nivel de desigualdad, pero también por su vitalidad cultural, su riqueza espiritual y su caos urbano.

En el caso de Shanghái, tanto los Rolex falsos que se venden en la calle y los “masajes sexy” que les son ofrecidos a los extranjeros, como su imponente infraestructura, le dan identidad a esta megalópolis. Las ciudades son, según Brook, una amalgama de factores que se retroalimentan unos a otros como en un organismo vivo.

En medio de tantos debates que rodean el tema, quizá uno de los más contundentes sea el de si apostarle a las ciudades existentes o comenzar de ceros. El economista norteamericano Paul Romer, estudioso del desarrollo urbano a nivel global, es uno de los defensores de construir nuevas urbes.

China el ejemplo de 20 años al futuro

Es el caso de China, que construye 20 nuevas ciudades al año, dentro de su plan de sacar a 500 millones de personas del campo. Un ejemplo en plena construcción es Lanzhou Xinqu, al noroccidente del país. Valga decir que el proceso de urbanización para vivir en una ciudad está en relación directa con los 660 millones de personas que han salido de la pobreza en los últimos 30 años en el país asiático.

Vea tambien: Davivienda, un banco a la vanguardia digital en Colombia

El objetivo es diseñar pensando en la disminución del desplazamiento urbano, concentrando todo en un mismo lugar con mayor densidad, usar energía solar, purificar y reutilizar la lluvia, y generar espacios públicos de calidad, parques ecológicos y huertos urbanos.

Otro gran reto de las ciudades del futuro es lograr una economía de bajo impacto en carbono –las urbes consumen el 75 % de la energía y el 80 % del CO2 del planeta– mientras les garantizan los derechos a sus ciudadanos y les ofrecen los medios para mejorar sus condiciones de vida. Para quienes están detrás de las decisiones que esto implica, el desafío no es pequeño.

Vivir en una ciudad, el reto de los grandes países

A diferencia de Paul Romer y su inclinación por las nuevas ciudades, Edward Glaeser –uno de los mayores expertos mundiales en el tema y autor del best seller El triunfo de las ciudades– es un convencido de que los grandes centros urbanos magnifican las fortalezas de la humanidad y deben conservarse.

Su propuesta es resolver las fallas que hay en las metrópolis existentes. Para él no hay que avergonzarse de los niveles de pobreza que se encuentran en muchas ciudades, pues los pobres que llegan atraídos por ellas vienen buscando precisamente las oportunidades que solo una gran ciudad puede ofrecerles.

Justamente por ello, para el periodista Robert Neuwirth, autor de Ciudades fantasma, las urbes del futuro se deben construir desde el barrio, la cuadra, el tugurio. El autor muestra cómo muchas de esas nuevas ciudades, o esos barrios “mejorados” que buscan sacar a las comunidades de la comuna y el tugurio, se convierten en fantasmas, pues carecen de la vitalidad, la historia o el arraigo con que cuentan sus hogares.

Por eso, para él, los temas que hay que abordar para construir el futuro son cómo legalizar las tierras, cómo traerles alcantarillado y servicios a quienes más lo necesitan y cómo compartir una visión de ciudad y de futuro, pues se ha demostrado que sin un sentido de comunidad y de pertenencia las ciudades dejan de ser viables.

Las ciudades determinan la prosperidad de una nación

Para todos estos pensadores de ciudad, al final, más allá de los proyectos de planeación urbana, del involucramiento de la empresa privada o el sector público, y del nivel de inversión con que se cuente, son los habitantes los que acaban determinando cómo es una ciudad.

Si en ella venden relojes falsos en la calle, si la luz se conecta ilegalmente de un poste vecino, si se apoderan de tierras baldías en zonas de derrumbes, si sus edificaciones no cuentan con canales para procesar agua lluvia y acaban por inundarse, o si los espacios son armoniosos, iluminados, seguros y verdes, depende y dependerá de los ciudadanos que las habitan.

Vea tambien: Chevrolet Trailblazer 2022, un camino de posibilidades

Para construir las ciudades del futuro se pueden tomar diversos caminos. Hacer uso de la tecnología –como hace Kent Larson– para proponer vehículos que se pliegan y edificaciones que se transforman con paredes robóticas para acomodar más personas en un menor espacio.

O construir ciudades nuevas, esas que según Paul Romer “son las que nos van a acompañar por el resto de la historia de la humanidad”. O se puede tomar la vía de Glaeser, transformando las urbes existentes y aprovechando su historia, su valor social y cultural y su infraestructura.

Son muchas las fórmulas, pero en lo que la mayoría de los expertos coincide es en que para que cualquiera de ellas sea exitosa resulta imprescindible contar con la gente, preguntarle cómo vive hoy y qué requiere para vivir mañana. Solo así será posible comprender el futuro de nuestras ciudades que, para este momento, ya tienen 130.000 habitantes más.

También le puede interesar: Beijing, la ciudad que se abre al mundo

El artículo El caótico futuro de vivir en una ciudad, por Melba Escobar se publicó originalmente en Revista Diners de septiembre de 2013

¡Quiero recibir el newsletter!

TODA LA EXPERIENCIA DINERS EN SU EMAIL

Ver términos y condiciones.
Mayo
31 / 2021

Send this to a friend