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"La humildad no es agachar la cabeza, sino tener polo a tierra"

Este es tan solo un ejemplo de la teoría de la incertidumbre que alude al cambio permanente de los conceptos con base en los avances de la ciencia. Aquí se esconde el secreto de la esperanza y la vida.

Foto: Pixabay/ CC BY 0.0

Este es tan solo un ejemplo de la teoría de la incertidumbre que alude al cambio permanente de los conceptos con base en los avances de la ciencia. Aquí se esconde el secreto de la esperanza y la vida.

Publicado originalmente en Revista Diners Ed.434 de mayo 2006

Albert Einstein, que tuvo la bondad de enredarnos la cabeza con un nuevo concepto de tiempo y espacio, dejó una frase que fue por muchos años un dogma. ”Dios no acostumbra jugar a los dados”, dijo él para afirmar que el universo se regía por leyes predeterminadas y predecibles.

Ese concepto ha sido refutado por una nueva realidad respaldada en los flamantes conocimientos de la física moderna. En consonancia con esta realidad, comprobada matemáticamente, podemos afirmar que en cada fracción de segundo estamos ante un nuevo universo.

Esta expresión, que sólo podía ser aceptada y reconocida bajo el simple esplendor y asombro de la poesía, no es el espejismo de una superstición sino la espléndida renovación del conocimiento, que tiene formidables consecuencias.

Ya no podemos aceptar solo el mundo lineal que nos dejó Newton. Este concepto del universo y de las leyes que lo rigen ha sido de sustancial importancia para la formación de nuestro pensamiento y nuestra conducta, pero lo novedoso, la noticia de los descubrimientos de la física cuántica, es un espacio de ampliación de nuestra conciencia y de reconciliación con algunos hechos que eran antes oscuros para nosotros.

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Las teorías de la física moderna se han convertido en el conocimiento progresivo de la física cuántica (conocimiento que nadie entiende, según los expertos, pero que ha sido comprobado de manera experimental) y nos han llevado a un nuevo concepto de la realidad.

Con estos nuevos principios ya no se puede aceptar que estamos en un universo físico que responde a leyes inalterables y predecibles. “El famoso principio de la incertidumbre de Heisenberg (cito del último libro del Dalái Lama, El universo en un solo átomo) afirma que cuanto más preciso sea el cálculo de la posición de un electrón, más incierto es el conocimiento de su velocidad, y cuanto más precisa la medición de su velocidad, más incierta su posición. Podemos conocer la posición de un electrón en cualquier momento dado, pero no su comportamiento, o podemos conocer su comportamiento, pero no su posición”.

Esta iniciación que aparentemente puede parecernos fabulosa, propia no de la ciencia sino de la literatura fantástica, no está en mi limitada inteligencia comprenderla del todo. No he sido adiestrado ni he tenido la afición por las matemáticas, pero así surge lo que los estudiosos de la física han llamado “el principio de la incertidumbre”.

Lo que puede interesar para los lectores son las implicaciones que tiene esta teoría desde el paisaje continuamente cambiante de la filosofía y las innumerables puertas de ampliación de nuestra conciencia.

Los conceptos de algunas actitudes que hemos declarado como virtudes (esas que nos hacen notables o desdichados para los demás), han ido cambiando, si las vemos con los nuevos conceptos de la ciencia.

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La humildad, a la que antes concebíamos como el simple hecho de aceptarlo todo con inmodificable resignación, agachar la cabeza mejor dicho, se ha cambiado por un concepto más entusiasta, renovado y de mayor exigencia y alcance. Ahora aceptamos que humildad es tener conciencia de la realidad. “Tener polo a tierra” como dicen mis alumnos de la Facultad de Medicina o mis hijas adolescentes.

No podemos dejar de reconocer los principios que rigen la realidad, los principios de no contradicción, el principio de causa-efecto, de la lógica en general, que conducen nuestros rutinarios razonamientos, los que nos han servido para vivir de manera práctica, cotidiana, y que nos dan los resultados que deseamos.

Pero aunque los hallazgos experimentales de la física cuántica (que estudia el comportamiento de la materia en su más íntimo estado) parecen estar más relacionados con la inmaterialidad de la poesía, sin embargo son estos los que validan la nueva visión del universo: la importancia de vivir en el presente, retórica que se ha convertido en el caballito de batalla de la nueva espiritualidad, la renovación constante de la vida, y en últimas, la fecunda realidad de la esperanza.

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Febrero
26 / 2019

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