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Feromonas, el aroma del amor

La compatibilidad de una pareja depende de muchos factores, pero uno de los más importantes es el olor. Aprenda aquí sobre los criterios olfativos de las relaciones.

Foto: Mi pobre angelito, 1990, 20th Century Fox

La compatibilidad de una pareja depende de muchos factores, pero uno de los más importantes es el olor. Aprenda aquí sobre los criterios olfativos de las relaciones.

Publicado originalmente en la Revista Diners N. 314, de mayo del 1996.

La evaluación olfativa que realizan los mamíferos durante el cortejo —los toros y los caballos ensanchan las ventanas de sus narices cuando los excita el amor— era para él una prueba de que el olor es un equivalente químico del plumaje del pavo real o del fino canto del ruiseñor como medio para conseguir pareja.

Esas fragancias son conocidas como feromonas. En los últimos cien años, los científicos confirmaron la existencia de feromonas en focas, cerdos, roedores y muchos otros animales Pero nunca en humanos.

Y no pocos afirmaron que los hombres carecían, incluso, del equipo necesario para comunicarse por medio de los olores. En las otras especies la recepción de las feromonas es función de dos pequeños hoyos ubicados en las ventanas de la nariz, conocidos —en conjunto — como el órgano vomeronasal (VNO, por sus iniciales en inglés).

Y hasta hace poco era un dogma científico que cualquier presencia del VNO en los humanos constituía, cuando mucho, un vestigio del pasado. Es más: en los pasados años 30 los fisiólogos declararon que el cerebro humano no tenía una sección destinada a procesar las señales del VNO, con lo cual cerraron, al menos por un tiempo la discusión sobre cualquier posible papel que pudiera jugar el olor en la atracción sexual entre humanos.

Descubrimientos recientes sugieren, sin embargo, que los reportes sobre la “incapacidad» olfatoria de los humanos han sido exagerados. Hace menos de una década —usando microscopios de alta tecnología que no estaban disponibles para los investigadores de comienzo de siglo— un equipo liderado por Luis Mont-Blonch, de la Universidad de Utah, encontró par de hoyos, uno en cada ventana, una pulgada hacia adentro de la nariz, alineados con celular receptoras que se probó que la válvula olfativa que los científicos no pudieron encontrar en 1930 no está ausente del cerebro humano.

Está envuelta en la masa frontal de la corteza cerebral, lo cual la hace difícil de encontrar. Este hecho, unido al descubrimiento de un VNO funcional en los humanos, abrió un nuevo capítulo en la historia de los olores humanos.

A la caza de la gran feromona

Si el ser humano puede recibir y procesar las feromonas, también debe producirlas. Y la fuente debe ser uno de los tres tipos de glándulas mayores de su piel: las sebáceas, las sudoríferas o las apocrinas. Las sebáceas son clave para lubricar y proteger del agua la piel, pero es poco lo que se sabe sobre cómo contribuyen al olor humano: las sudoríferas excretan agua, sal, sustancias inodoras en personas sanas, y las apocrinas protegen el cuerpo de bacterias exudando los vahos nocivos que sirven como base para el negocio de los desodorantes.

De las tres, las apocrinas —que sólo son funcionales después de la pubertad, cuando el ser humano comienza a buscar pareja y que son más activas en los períodos de nerviosismo o excitación — son las mejores candidatas a figurar como las productoras de feromonas humanas.

Las glándulas apocrinas exudan esteroides olorosos que afectan el comportamiento sexual de algunas especies de mamíferos. La androsterona, un esteroide emparentado con el que produce el olor que tiene al borde de la extinción al desgraciado ciervo almizclero, es uno de ellos.

Los hombres secretan más androsterona que las mujeres, aunque su olor es difícil de detectar. Y cuando se detecta es poco placentero. Una encuesta hecha en 1968 por la National Geographic Society encontró que, a escala mundial, aquellas personas que lo pudieron captar calificaron el olor de la androsterona como el segundo menos placentero de todos los olores, después de los compuestos del sulfuro. ¿Una feromona de olor repugnante? Todo lo contrario a lo que esperaban encontrar los científicos.

A un así. Karl Grammer, del Instituto Austríaco para la Biología Humana, decidió hacerle seguimiento a la reacción de las mujeres ante feromona. Esperaba encontrar una reacción fuerte y favorable al olor de la androsterona en los días de la ovulación, cuando el sentido del olfato es más agudo en las mujeres y cuando están mas propensas a concebir.

Los cambios de sus niveles de estrógeno, sospechaba Grammer, podrían modificar la forma como las mujeres reaccionaban al olor de la androsterona. Y encontró que, en efecto, había una reacción, pero muy distinta de la esperada por él.

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En lugar de atracción, las mujeres en periodo de ovulación demostraron total indiferencia. La androsterona, al parecer, ofrecía pocas esperanzas a los hombres de encontrar una solución barata al derrumbe de sus citas amorosas.

Sobre ratones y hombres

Hay, sin embargo, pruebas empíricas sobre el efecto de los olores en la atracción sexual entre los humanos. Y, curiosamente, no fueron encontradas por fisiologistas dedicados a investigar los olores, sino por genetistas estudiosos de las leyes de la herencia en el sistema inmunológico.

Experimentos sobre el rechazo de tejidos en órganos trasplantados llevaron a descubrir que el organismo detecta presencias extrañas —provengan de un virus o un riñón implantado— por que las células del cuerpo están recubiertas con proteínas que el sistema inmunológico reconoce como propias, a diferencia de aquellas pertenecientes a cuerpos invasores extraños.

Un segmento de nuestro DNA llamado Complejo Histocompatible Mayor, MHC (por su sigla en inglés), codifica las estructuras de las enfermedades, actuando como si fuera el órgano visual del sistema inmunológico.

Y cuando la enfermedad es reconocida, los sientes del sistema —las células T —son alertados y ellos se encargan de acabar con los intrusos. Pero la función del MHC es todavía más compleja. En experimentos de laboratorio se ha comprobado que cuando una ratona se ofrece a dos pretendientes, inevitablemente elige a aquel cuyos genes MHC sean mas compatibles con los suyos.

Ella evalúa los MHC de los machos al oler su orina. Si escoger una pareja disimilar, la ratona se asegura de no quedar embarazada. Rechaza, incluso, los genes MHC de sus hermanos.

Sexy Genes

Esta claro que los humanos no muestran interés en la orina de sus parejas. Pero los investigadores descubrieron que el hombre puede discriminar entre los ratones que se diferencian genéticamente, con solo oler su MHC.

Y si las narices humanas solo pueden hallar esa pequeña diferencia con criterios olfativos, pueden también detectar los productos aromáticos del sistema inmunológico del cuerpo humano. Es más: un grupo de científicos de la Universidad de Berming, en Suiza comprobó que las diferencias de olor del MHC en las secreciones de las glándulas apocrinas de los hombres afectaban las decisiones de las mujeres.

El equipo reclutó cien estudiantes entre hombres y mujeres de diferentes colegios, para reducir las posibilidad de que se conocieran unos a otros. Los hombres se pusieron camisetas de algodón mientras dormían durante dos noches consecutivas. No consumieron comidas condimentadas, alcohol, ni tabaco.

Tampoco usaron productos aromatizados, ni tuvieron sexo durante los dos días del experimento. Durante el día sus camisetas sudadas eran guardadas en contenedores plásticos. En las dos semanas anteriores al experimento, las mujeres usaron un spray nasal para proteger las membranas mucosas.

Ellas fueron elegidas de tal manera que pasadas esas semanas comenzaran a ovular, pues el olfato se desarrolla más en ese período. Primero olieron una camiseta nueva y luego las usadas por los hombres. Debían clasificar las camisetas en más o menos sexy, según la intensidad del olor.

Clasificaron el olor de los hombres según el grado en que éste les resultaba placentero. Un mismo olor era agradable para unas y desagradable para otras. Algunas dijeron que los olores que preferían les recordaban a algunos ex amantes, mientras que el MHC común al de ellas era frecuentemente descrito como similar en sus padres o hermanos, resultado que se esperaba de la prueba.

Tomándole el pelo a la naturaleza

Basados en sus pruebas, los investigadores suizos encontraron también que las mujeres que toman pastillas anticonceptivas —evitan la concepción haciéndole creer al organismo que está embarazado— reportan un cambio en sus preferencias olfativas.

Las píldoras “reversan» las preferencias naturales y una mujer puede sentirse atraída hacia un hombre por el cual normalmente no se interesaría. Los efectos de semejante elección involuntaria pueden ser positivos hasta que la mujer suspenda las pastillas.

Entonces notará que su marido tiene un nuevo aroma en el cuerpo. El asunto ha llegado más lejos Las parejas con dificultades para concebir hijos comparten significativamente más su MHC que las que tienden a procrear fácilmente.

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El olor no es causado por la infertilidad de uno u otro, sino por la combinación de genes. Inclusive los problemas de infertilidad se deben muchas veces, a decisiones estratégicas e inconscientes que toma el organismo femenino para inmunizar sus sistemas y evitar la procreación.

Las píldoras anticonceptivas tienen su encanto —y juegan un papel muy importante— pero hacen cortocircuito en nuestro propio sistema de elección de la pareja, que se relaciona con adaptaciones formadas por las necesidades creadas durante millones de años en las adversidades ancestrales.

Quienes encuentran ofensivo el hecho de que no sea la comprensión racional sino los sentidos lo que juega un papel tan importante en la atracción sexual y selección de la pareja, no deben preocuparse, somos menos humanos de lo que creíamos, pero descubrimos que nuestros sabores y aromas son mucho más complejos de lo imaginado

Cómo oler a su hombre

El magnetismo de un hombre depende del sistema inmunológico de sus genes y de cómo lo puede compartir con su potencial pareja. Y ya está comprobado, según los científicos, que las mujeres pueden detectar su compatibilidad genética mediante el olfato. Para ello es necesario, sin embargo, que puedan llegar a descubrir el olor natural de nuestro sistema inmunológico. Muchas lo agradecerán. Si usted tiene, por ejemplo, problemas de procreación, antes de visitar un médico hágale caso a su olfato. Practique el test del olor, para lo cual no debe ingerir píldoras anticonceptivas:

1. Tómese unos días libres. Haga que su pareja se duche con un jabón sin fragancia y que use una camiseta de algodón durante un día y una noche. Manténgalo alejado de los fumadores y de los olores fuertes.

2. Asegúrese usted de no estar resfriada y aléjese de los fumadores durante un par de días.

3. Luego que el hombre pase un día y una noche en su ropa de algodón y antes que la mande lavar, huela la camiseta. Si el olor no la ofende, usted esta a salvo. Si éste le resulta sexy, mejor aún.

De este modo usted estará segura de que él es el hombre con el que puede tener hijos. Pero si el olor le recuerda a su papá o a su hermano, póngase en contacto con su doctor y pídale que le realice los tests genéticos antes de decidir engendrar un hijo.

4. La incompatibilidad genética no es la única razón por la cual puede encontrar ofensivo el olor de su pareja. Este puede parecer intenso si él encuentra en una condición médica que explique su olor. Lo mejor será analizar el último chequeo médico. Un olor muy dulce puede ser evidencia de diabetes o esquizofrenia.

5. Antes de concluir que su relación es un asco, revise la dieta de su pareja. Las comidas muy condimentadas alteran el olor del cuerpo y lo hacen más fuerte.

6. Si aún le molesta el olor, no vaya a «echar» a su pareja todavía. Algunos detergentes de ropa pueden hacer una mala mezcla con los olores del cuerpo. Cambie el detergente por uno inodoro.

7. Si aún se siente ofendida, cambie de pareja.

Los Ángeles Times. Adaptación y derechos exclusivos para Colombia de Revista Diner

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