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¿Qué nos pueden enseñar las ballenas sobre cómo manejar una empresa?

Nunca sienten miedo, dominan cada centímetro del océano y su comunicación es un enigma de perfección. ¿Puede el hombre superar la nobleza y el liderazgo de las ballenas?

Foto: Creative Commons

Nunca sienten miedo, dominan cada centímetro del océano y su comunicación es un enigma de perfección. ¿Puede el hombre superar la nobleza y el liderazgo de las ballenas?

Revista Diners de diciembre de 2001. Edición 381

Las ballenas son símbolo de imponencia, poder, interacción social y capacidad de comunicación. Son líderes majestuosos y ejemplos de paz y convivencia. Ningún animal domina tanto espacio, pues su reino acuático abarca desde la superficie hasta las mayores profundidades del océano. No hay sobre la tierra, por su descomunalidad, quien pueda igualarlas. El Creador las ha hecho para que canten, silben y naden de manera enigmática y alegre sobre las olas o en el oscuro e inconmensurable abismo de las misteriosas cuencas del mar.

Son heroínas legendarias y aunque se haya creído siempre lo contrario, muy sociables, generan un conmovedor grado de confianza al hombre. Es la nobleza, no su tamaño o descomunal peso, su velocidad o longevidad, la cualidad que las hace grandes en su total estimación. Tal virtud magnifica la dimensión corporativa y estos habitantes perpetuos del mar, haciéndolos prevalecer en el contexto del reino animal y en el entorno marítimo que ostentan, 75% del hábitat planetario.

No atacan a nadie ni se valen de su enorme contextura para agredir a ningún ser vivo. Arrojan al aire un intempestivo géiser que llega a una altura de ocho metros. Pueden alcanzar 35 metros de largo y un peso de hasta 210 toneladas. Llenan sus pulmones con dos mil litros de aire. Un hombre como Jonás, “encamarotado” entre sus fauces, es algo más que una mota de algodón o goma de mascar en el interior de su abertura bucal de tres metros de largo y dos de altura, donde probablemente el profeta permaneció en ayuno por tres días y tres noches hasta que fue arrojado a tierra, con un simple estornudo, hasta dar final feliz a la historia bíblica. Pueden sobrevivir hasta cien años y viajar hasta 20.000 kilómetros por un año, lo que equivaldría a darle dos vueltas al globo terráqueo. Durante una centuria podrían ir más de dos veces hasta la Luna y regresar a la Tierra. Su velocidad de inmersión es de unos 120 metros por minuto, o sea que al cabo de diez minutos han superado el kilómetro y su viaje a las profundidades marinas dura hasta hora y media, lapso en que pueden, sin salir a respirar, aguantar la presión del agua. Allí un hombre quedaría triturado sin posibilidad de ser reconocido.

Liderazgo estratégico

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Su infinita memoria y su nivel de preparación, de entrenamiento y reentrenamiento, les permite emprender con absoluta tranquilidad el desafío de recorrer distancias hasta de 20.000 kilómetros anuales que el hombre, sin planificación, jamás podría alcanzar. Con alta productividad instruyen y comparten el conocimiento a sus liderados. No improvisan y viajan tranquilas durante todo el vasto recorrido interoceánico. Como líderes estratégicos, ordenan con su lenguaje de comunicación empresarial a toda la comunidad y la conducen segura por las mutantes sendas climatológicas, propias de las áreas boreales y del trópico, hasta donde finalmente llegan a criar. Durante el viaje no comen, porque antes se proveen del combustible alimentario necesario para arribar a la meta. Su vida en común está respaldada por el respeto a la dominancia y por el acatamiento de los subordinados a su rol respectivo.

En el océano, el lenguaje corporal y los sonidos submarinos manifiestan el status social. En la libertad del mar, por jerarquía, se tiene acceso primero a la comida o al apareamiento.

Las ballenas son altruistas. Ponen en peligro su vida al ayudar a sus compañeros maltrechos. Enfrentan con coraje, sólo cuando son hostigadas, a sus enemigos,
sobre todo al terrible ser humano. Atienden a los heridos hasta que estén en condiciones de mantenerse a flote. Colocan al arponeado entre ellas, lo protegen y lo ayudan a escapar, salvo cuando se emplea toda la tecnología para capturarlas.

Gracias a su onda de comunicación aglutinan a todos los suyos en su órbita. La frecuencia que utilizan es sorprendentemente válida y eficiente. Supera y puede afectar nuestros sistemas de radiocomunicaciones. Con naturalidad, en su larga aventura de ,hasta dos decenas de miles de kilómetros de viaje marino, los liderados se sintonizan con el líder que los dirige.

Sus travesías son enseñanzas conmovedoras. Cuando emprenden el viaje desde gélidas zonas boreales hasta el caliente golfo de México, preparan la partida con anticipación de dos o tres meses. Empiezan con la ingestión de siete toneladas de alimentos por día, con lo que incrementan su espesor de diez a cincuenta centímetros. Así inician el período de “vacas gordas» en aguas frías. Después van a parir en mares tórridos, con un espesor epidérmico disminuido por el largo viaje a diez centímetros de grasa. Paran en estos estratégicos lugares gracias a la precisión de su carta de navegación y vuelven a aparearse en el punto de referencia indicado en su disco genético. El destacado científico colombiano Jorge Reynolds Pamba ha comprobado que si una ballena gorda pariera, padecería un infarto. Sucedería igual si copulara, porque el coito, aunque dura 37 segundos, pondría en peligro el sistema cardiovascular debido a que la dilatación del corazón es muy lenta.

Toman todas las precauciones. Las jorobadas, por ejemplo, reúnen e imparten instrucciones a su equipo. Se proveen de las reservas alimentarias indispensables para emprender su migración, ordenadamente, con exactitud, en tiempos, plazos y movimientos. Para desplazarse consultan la base de datos y se capacitan e interactúan con el equipo familiar hasta convertirse en amos de los profundos océanos. Ciertamente, quienes extraen provecho de las profundidades obtienen las mayores ventajas.

El encanto de los sonidos de las ballenas posee una estructura musical interesante. Tienen la capacidad de unir a las naciones en un canto pletórico de amor y respeto por la naturaleza. Pueden contar sin interrupción el día y la noche entera. Los investigadores han descubierto una asombrosa inteligencia musical en ellas semejante a la humana. “El canto de las corcovadas se expande por cientos de millas marinas en el Oceáno Pacífico sin atenuarse-capacidad comprobada de comunicación polo a polo- y por eso se escuchan a gran distancia”, sostiene Roger Payne.

Defensa y alimentación

Su laboriosidad en equipo es extraordinaria. Está precedida u acompañada de cantos que anuncian el momento en que las jorobadas forman un círculo o anillo de seguridad para defenderse o para agrupar krill o moluscos crustáceos, alimento básico para su subsistencia. Las adultas diseñan una rotonda con sus cabezas hacia el centro y sus colas o armas defensivas hacia fuera, en forma de flor «margarita».

Los heridos y jóvenes van al centro. Si el grupo es considerable el riesgo de confrontación es mínimo y sus miembros ahuyentan a los atacantes. Cuando se trata de alimentar a la comunidad, fabrican burbujas esquematizando una piscina circular donde atrapan a los moluscos. En síntesis, extraemos una lección clara: el empresario tiene que trabajar en equipo, debe reorientar su empresa con una carta de navegación precisa en la que sea posible consultar el rumbo ele la memoria de la compañía y siempre, como la ballena, debe tener definida la vía estratégica de su propia visión corporativa, su función comercial e industrial y el itinerario para explorar y acometer nuevas aventuras y retos en enormes y distantes territorios continentales.

La voraz globalización económica nos obliga a disponer en el tercer milenio de una comunicación de polo a polo, a tomar todo tipo de precauciones, a preparamos para afrontar los desafíos que impone el infinito espacio de los mercados internacionales, a reentrenamos y a proveernos inteligentemente de las indispensables reservas humanas, tecnológicas y financieras con miras a asegurar así una exitosa migración continental de carácter empresarial que aumente la productividad y concrete nuevas filiales autosostenibles o la expansión de otros productos corporativos, como suelen hacerle las ballenas, sin complicaciones y exentas de temores de manera natural y alegre, con inteligencia, majestuosidad y nobleza sin par, pues no hay quién alcance su nivel de liderazgo en la esfera terrestre.

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Febrero
01 / 2017

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