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¿Cómo reemplazar las toallas sanitarias? La odisea de una ecologista

¿Cómo reemplazar las toallas sanitarias? Esta es la pregunta de una ecologista que no quiere volver a utilizarlas por salud y por cuidar el medio ambiente.

Foto: Unslash/ C.C. BY 0.0

¿Cómo reemplazar las toallas sanitarias? Esta es la pregunta de una ecologista que no quiere volver a utilizarlas por salud y por cuidar el medio ambiente.

Mi mamá me dijo que mejor le preguntara al ginecólogo ¿Cómo reemplazar las toallas sanitarias?. Mi mejor amiga dijo que yo era la hippie más desagradable que conocía, y luego procedió a pedirme que escribiera la experiencia en esta columna. Mi mejor amigo aseguró que los límites de nuestra amistad empezaban con la frase “dispositivo interno para la menstruación”.

Todo porque yo quise intentar algo nuevo, que en realidad existe desde 1937 cuando la primera copa menstrual fue patentada en Estados Unidos. La inventora fue una cantante y actriz estadounidense llamada Leona W. Chalmers a quien le incomodaba muchísimo las toallas higiénicas de la época, por lo que decidió inventar algo más práctico.

Con la ayuda de varios ginecólogos, se dedicó a estudiar las posibilidades y tras varios intentos, creó el Tass-ette, el cual brindaba “protección invisible” según su propia publicidad. La señora Chalmers aseguraba que con su dispositivo “se terminaría la sensación de suciedad, el peligro del mal olor y las preocupaciones sobre cómo deshacerse de las toallas higiénicas”.

Algo sucedió en el camino – probablemente la llegada de los tampones – y el dispositivo nunca ha terminado de posicionarse en el mercado femenino. Sin embargo, es lo suficientemente popular como para que en la actualidad haya una respetable diversidad de marcas que lo venden, incluyendo Femmecup, Divacup, Ladycup y Mooncup. Pero no es la respuesta a cómo reemplazar las toallas sanitarias.

¿Y qué es exactamente la copa menstrual, otra toalla sanitaria?

A riesgo de volver a ofender a mi amigo, la copa menstrual es un dispositivo que se utiliza en la vagina durante la regla. A diferencia de los tampones, la copa recoge el flujo en vez de absorberlo.

En mi caso, utilicé la Femmecup, que compré por internet en una página de productos ecológicos donde también se encuentran toallas higiénicas de tela. El argumento de venta es que son dispositivos naturales, que le permiten a la mujer estar más cómoda al tiempo que cuida al planeta.

La Femmecup está hecha 100 por ciento de silicón de grado médico, lo que aparentemente significa que es hipoalergénica y que no produce olores. Es reutilizable, y según dice la caja uno puede usarla hasta por 5 años, lo que la hace muy rentable y ecológica. Además, para tranquilidad de mi mamá, los estudios dicen que es más segura que los tampones ya que no genera el Síndrome de Shock Tóxico. Una de las tantas respuestas a cómo reemplazar las toallas sanitarias.

Yo decidí intentar la copa en gran parte por curiosidad. El tema ecológico también me atrajo bastante y no voy a negar que el argumento económico terminó por convencerme. Según la misma página, una mujer utiliza entre “11.000 a 15.000 toallas y/o tampones desechables” a lo largo de su vida, lo cual es una gran cantidad de toallas contaminando por ahí.

Día uno. Hora de reemplazar las toallas sanitarias

Después de que compré la copa, pasaron 2 semanas antes de que tuviera que utilizarla. Pero finalmente el día llegó y yo procedí a leer atentamente el folleto – en papel reciclado, por supuesto – que viene dentro de la caja. Y debo aceptar que las instrucciones me parecieron complicadas, confusas y un tanto más ecológicas de lo que yo soy.

Así, luego de aclarar que uno debe lavarse muy bien las manos antes de manipular la copa, proceden a dar los siguientes pasos:

“Presiona un costado del borde superior de la copa y llévalo al fondo de la copa como se muestra en el gráfico. Sujétala firmemente e introdúcela en la vagina por el borde superior. La copa menstrual se coloca en la parte baja de la vagina. Con la práctica y conociendo tu anatomía irás encontrando su posición natural”.

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Leí y releí las instrucciones temiendo no conocer tan bien mi anatomía y no saber de manera intuitiva dónde está la parte baja de la vagina, ya que los dibujos del brochure no me decían mucho.

Luego me preocupó que la copa no quedara bien puesta ya que para evitar fugas sugerían: “Introduce tu dedo y rodea la copa con este. Así sentirás la forma de la copa”.

Respiré, saqué la copa de la caja y vi que en realidad es mucho más fácil de poner de lo que pensé. Uno solo la dobla y la introduce. Listo. Fin del problema. Hice un acto de fe ya que según todo lo que había leído, el dispositivo se podía usar mientras se duerme y dado que ya eran las 10 de la noche, me acosté a dormir.

Día 2. Los problemas empiezan y pienso otra vez en cómo reemplazar las toallas sanitarias

Tras una excelente noche de sueño donde ni me acordé de la copa, me levanté para enfrentar la realidad. Había que sacar el dispositivo. Extrañé los tampones con su bonita cuerda donde solo basta jalarlos para que salgan.

Aquí sugieren pujar si la copa está muy arriba y relajarse. “Al halar la copa, esta puede formar una succión. ¡No fuerces! Libera el paso del aire moviendo la copa de lado a lado o presionando un costado de la misma”. Más fácil decirlo que hacerlo. Efectivamente al intentar quitarme el dichoso aparato, lo primero que sentí fue la horrible sensación de vacío y el pánico de que me iba a arrastrar hasta mis ovarios en la sacada.

Luego claro estaba el miedo de no tener la suficiente motricidad fina para sacar la copa sin que se regara. Tal vez empezar el día aprendiendo a hacer esto no es buena idea. Yo seguía muy dormida para tantas innovaciones ecológicas.

Sin embargo, al segundo intento y luego de hacer presionar la copa para liberar la sensación de vacío, logré sacarla sin que efectivamente se regara nada. Después de verter su contenido y pensar que ahora conocía mucho más de mí de lo que jamás había querido saber, procedí a lavar la copa con el jabón neutro que recomiendan.

Como a la mayoría de mis amigas, en mi caso el segundo día de la regla, siempre es el más abundante. Desconfiando de la copa y de mis habilidades para que quedara bien puesta, me puse una de mis toallas higiénicas y me fui a trabajar.

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La Femmecup

Dice la página que la Femmecup tiene una capacidad de recolección de 30 ml de flujo, lo cual es 3 veces más que lo que un tampón o toalla puede absorber. Mi plan era verificar constantemente para evitar cualquier derrame, ya que el brochure recomienda utilizarlo primero en la casa “mientras aprendes a usarla y defines cada cuánto necesitas vaciarla”.

Pero claramente yo no puedo faltar al trabajo porque estoy aprendiendo a usar la copa menstrual. Para hacer las cosas más complicadas, mi jefe resolvió llamarme a una reunión eterna, que me tuvo atrapada buena parte de la mañana.

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Cuando por fin salí, fui al baño y descubrí que aparentemente había superado con creces los 30 ml, razón por la cual era necesario además, un cambio de toalla. Un poco más experta en el arte de remover la copa, pude sacarla sin tanto problema como en la mañana.

Día 3. Acostumbrándome

Para el tercer día de la regla, yo ya estaba bastante acostumbrada a la copa, al punto de que se me olvidaba que la tenía puesta y ya ni me preguntaba cómo reemplazar las toallas sanitarias. Algo que me ayudó bastante es que soy una persona poco asquienta razón por la cual nunca llegó a ser un problema manubriar internamente el dispositivo.

Eso sí, mi límite fue muy claro cuando el brochure recomendó: “Diluye el flujo en agua y utilízalo para regar las plantas”. Si la vida de mi helecho depende de mi regla, bien podemos ir preparando el funeral. Hasta ahí si no llego.

Una amiga me preguntó si después de este experimento voy a continuar. Y aunque no termino de acostumbrarme a la copa, debo aceptar que nunca he sido mucho más feliz con las toallas o los tampones. Jamás terminan de convencerme. Las toallas me incomodan en las noches y los tampones me generan desconfianza.

En este caso, la copa es mucho más cómoda, tiene menos riesgos y estoy siendo ecológica. Además, una parte de mí quiere al menos recuperar la inversión. La Femmecup cuesta unos $47,000 pesos que vendrían siendo casi 5 paquetes de toallas higiénicas Nosotras Natural de tela invisible con 14 unidades. Así que de acuerdo con mis cálculos, tendría unos 2 meses más de intento.

Día 4. Fin del experimento

Para el último día, ya estoy acostumbrada a la copa, no ha habido más derrames y ya sé ponerla y sacarla sin trauma. Leyendo en internet comentarios de algunas usuarias, señalan que un gran beneficio es que están en mayor contacto con sus cuerpos. Otras hablan de la comodidad y practicidad. Solo veo uno negativo de una mujer, quién dice que no le resulta tan sencillo lavar la copa cuando está en la oficina ya que le da pena.

Yo no sé hasta dónde soy más feliz estando en mayor contacto con mi cuerpo. Efectivamente creo que la copa es cómoda y práctica. Lo del baño efectivamente puede ser un reto pero también es algo que se resuelve sin tanto problema ya que no hay que lavar el dispositivo cada vez que uno lo retira. Así que el balance es bueno. Al menos el próximo mes, volveré a usarla.

Ya veremos si encuentro algo mejor en el camino o una nueva respuesta a cómo reemplazar las toallas sanitarias.

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Mayo
08 / 2020


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