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¿Qué es la terapia con cuencos tibetanos?

Una periodista incrédula se le midió a la terapia antiestrés de los cuencos tibetanos, tan de moda por estos días. Esta fue su experiencia.

Una periodista incrédula se le midió a la terapia antiestrés de los cuencos tibetanos, tan de moda por estos días. Esta fue su experiencia.

Hace un par de semanas me invitaron a una sesión de cuencos tibetanos. Reconozco que, al comienzo, me sonó un poco extraño. Temía que me pusieran a danzar en círculo y que, luego, nos hicieran tomar de la mano a todas las asistentes para encontrar la energía universal.

Afortunadamente, la experiencia fue completamente distinta. Cuando llegué al lugar, un salón con piso de madera y un gran ventanal con vista a un bosque de la Sabana de Bogotá, una instructora llamada Daraki nos explicó brevemente en qué consistía esta terapia ancestral, basada en las vibraciones de los sonidos.

Luego se sentó frente a nosotras -éramos cerca de seis mujeres-. A su alrededor tenía siete cuencos de metal de diferentes tamaños. Nos acostamos sobre el suelo, cerramos los ojos. Mi mente andaba con muchos pensamientos a la vez, dejarla en blanco es una tarea que requiere esfuerzo. Respiramos hondo y profundo. Luego, comenzó a dar suaves golpes en cada cuenco con una pequeña baqueta de madera. Unos cuencos producían un sonido más agudo, otros más graves, pero cada golpe era muy profundo.

Vibraciones para el corazón

Cuencos tibetanos


Poco a poco, la mente se fue calmando. En un momento determinado, Daraki se detuvo, se levantó, tomó un cuenco pequeño entre sus manos y se fue acercando a cada mujer. Cuando llegó a mi, me puso el cuenco en el corazón. Sentir las vibraciones tan cerca hicieron que me tranquilizara aún más. Extraño, pero cierto.

Veinte minutos más tarde, al abrir los ojos, sentí que estaba completamente calmada; el estrés con el que había llegado se había reducido al mínimo; estaba con una gran sonrisa en el rostro y todo ocurría muy despacio, sin prisa ni afanes. Sin embargo, quería entender un poco más cómo unos simples sonidos pueden producir este estado de bienestar.

¿De dónde vienen?

 

Daraki explica que, originalmente, los cuencos eran unos objetos de poder entre los monjes tibetanos, pues en ellos pedían la comida. “Son personas que hicieron votos de pobreza y de castidad y por lo tanto vivían de la caridad de los demás. Cada monje comía lo que se le ponía en el cuenco”, dice. También fueron utilizados como ollas y siempre han tenido un significado sagrado en la meditación.

“Descubrí esta terapia cuando estaba en Nepal. En un templo vi un letrero que decía ‘Mañana: taller de cuencos tibetanos’, así que me inscribí. Al día siguiente estuvimos tres horas tocando cuencos y practicado la técnica. Cuando salí de ahí me sentía en la nubes y con una felicidad infinita”, cuenta. Luego decidió certificarse en esta técnica durante dos semanas. “Fue una experiencia maravillosa y un proceso que me ayudó a sanar el corazón, pues venía de varias decepciones amorosas”.

Relajación del cuerpo y la mente

Según la instructora “los cuencos emiten un sonido que se asemeja a un masaje vibracional, logrando estados profundos de relajación del cuerpo. La mente se detiene y la persona incluso puede tener visiones, si no se queda dormida”, dice.

Se utilizan siete cuencos, porque cada uno sirve para trabajar un chakra (centros de energía ubicados en el cuerpo humano). Además, están hechos de siete metales (oro, plata, mercurio, estaño, plomo, hierro y cobre)

“Los beneficios físicos son relajación muscular, liberación de tensiones y equilibrio en la respiración. A nivel mental y emocional genera calma, las emociones que parecían muy fuertes, de repente disminuyen, y los pensamientos perturbadores dejan de cobrar tanta fuerza. A nivel espiritual, la persona puede conectarse con su esencia”, explica.

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Organización de células

cuencos tibetanos


Según Daraki se han realizado varias pruebas científicas que demuestran que el sonido de los cuencos tiene la capacidad de formar mandalas en la arena o en el agua y es por eso que su efecto de armonía y organización en las células ayuda a las personas.

Aparentemente, no hay ninguna contraindicación para tomar esta terapia. Sin embargo, los expertos recomiendan no practicarla diariamente, ni más de 45 minutos por sesión, pues hay personas que no logran asimilar tanta energía.

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*Sandra Martínez, editora de la revista Diners, con más de veinte años de experiencia en medios nacionales e internacionales. Le encanta escribir historias de viajes, gastronomía y bienestar.

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Octubre
17 / 2020

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