El calentamiento global es un asunto de todos: la Tierra está caliente

Andrés López, uno de los comediantes más reconocidos en Colombia, usa su ironía de manera astuta para contar a cerca de lo que significa el cuidado del planeta y la forma en que diariamente está siendo contaminado por el hombre.
 
POR: 
Andrés López

Un Renault 4 lleno de merengón de guanábana llega lo mismo que un Ferrari a Bogotá, Medellín, Cali o Cartagena. Por más plata que le gastes a un automóvil, desde que sea de combustión interna no le estás ganando a nadie. El verdadero avance es el carro eléctrico. Prométeme que tendrás uno cuando seas grande y le pondrás la siguiente calcomanía en el parachoques trasero: “Yo no apoyo guerras ni grupos económicos perezosos o corruptos: éste es un carro eléctrico”.

Estamos nadando en nuestra propia m… Hagamos una lista de las cosas que son anti-ecológicas y las cuales te hacen una persona perdedora e insoportable ante la inminencia del calentamiento global del cual tú y yo somos responsables:

 

1. Consumir marihuana, cocaína y cualquier cosa legal o ilegal que te haga creer que tienes que expandir tu mente cuando ya está expandida y llena de imaginación (inclúyanse las drogas psiquiátricas).

2. Fumar.

3. Mandar imprimir.

4. Comprar pirata.

5. Usar material P.O.P.

6. Montarse solo en un carro de combustión interna. (Si tienes carro eléctrico, te deseo lo mejor de la vida, te lo mereces todo, deseo que tus deseos se cumplan, pídeme lo que quieras y nada te será negado por los méritos de mi infancia… Si eres mujer, simplemente: te deseo. Dehe Axí).

7. ¡Qué cosas!: usar un carro de combustión interna. ¿Cuál es la diferencia entre un ataúd de lujo y uno sencillo si los dos logran el mismo propósito?

8. Un avión parqueado en la cabecera de una pista esperando que le den autorización para despegar. Algunos aviones no encienden el aire acondicionado sino al prender las turbinas, y eso debería ser independiente (uno se puede morir del calor en un avión remolcado que no ha prendido sus turbinas).

9. La prostitución. Cuando nace una prostituta, termina influenciando grupos económicos y hace que las decisiones reales para salvar el mundo no se tomen. Es como una droga pero con forma de mujer (u hombre) que nunca te satisface y necesitas una distinta (distinto) cada vez.

10. Ver porno por Internet. Usar Internet para propósitos que no aportan. El porno rico es con una mujer de verdad qu te quiera. ¡Supera la esclavizante pubertad!

11. Tener un negocio montado para dañar gente, ya sea periodismo dirigido a crear chisme, mercadeo del caos, vivir del conflicto y de la indignación de la gente, traficar con armas o influencias, generar miedo en la gente.

12. No hacer con frecuencia el amor con su compañera/o sexual. Eso estimula la industria de plásticos, accesorios, derivados del petróleo. La gente empieza a comprar cosas que no sirven, establecen relaciones sexuales con el dinero que no tienen y se vuelven dueños de cosas que no usan y no sirven para nada. Además una esposa o un esposo insatisfechos inducen a gobernantes a cometer errores garrafales que terminan
contaminando el mundo.

13. Ir al psiquiatra. Y si se lleva al niño, peor. Es más: escondan a los hijos porque los psiquiatras están sueltos y están visitando colegios. www.cchr.org (El dealer de ahora tiene un diploma colgado en la pared).

14. La infidelidad. Véase el punto 11 y añádase que el gasto se multiplica al ver el punto 13 también.

15. Tener un labrador para que una persona llena de perros lo pasee cuando usted no lo hace.

16. No usar pilas recargables. O no acumular bien las que no lo son y hacer que se reciclen.

17. El paranoico sistema de seguridad aeroportuaria mundial donde todo el mundo es de Al-Qaeda hasta que no demuestre lo contrario. (Niños de tres años a los que se les pone el detector de metales y que a todos nos parece tan normal). Pura radiación en cada aeropuerto: nos estamos cocinando de radiación por nuestra propia paranoia. Esa es la verdadera guerra atómica. Al-Qaeda logró lo que quería.

18. Exceso de impuestos. Papeleo y burocracia son antiecológicos. Todo aquello que sea comprobar que uno es uno y que promete su pasado, confirma que no hay intenciones de hacer algo ilegal.

19. Tener armas. Admirar armas. Ser un civil armado y paranoico. Creer que un arma te hace poderoso o invulnerable. Eso es tiempo perdido. Incluso, creer que un arma te arma. Hay muchas otras razones escondidas que hacen de este planeta una tierra caliente, y a los humanos una especie envías de extinción que no se ha dado cuenta de que lo es. Te invito a completar la lista y hacer la vuelta completa, es decir comenzar en la casita y desde la camita. En los países tercermundistas el que recicla está considerado en el mismo plano que un mendigo, gamín o pordiosero;
en el primer mundo es un millonario. En realidad son una misma persona, lo que pasa es que el basuco es muy caro. ¿Ven cómo se relaciona lo que les digo? Si te jodes la cabeza, jodes el planeta. Uno no puede indignarse cuando está cometiendo pecados graves. Si te indigna la corrupción, has preguntado: “¿Cómo soy yo corrupto?”. Es como el periodista que se queja del narcotráfico y sus influencias en el Gobierno y en los grupos armados al margen de la ley, cuando él mismo es cocainómano. Un gramo de cocaína son diez hectáreas deforestadas. ¿Ves? El siguiente punto anti-ecológico, y el más importante, es:

20. La doble moral. Es más: todo se puede resumir a este último punto. ¿Y qué será la doble moral?: una incapacidad de observación rigurosa
de uno mismo. Recuerda: de adentro pa’ fuera. Si uno no está dispuesto a cambiar, nada va a cambiar. Pero como ahora el fundamentalismo positivista racionalista jodió al mundo desde Wilhelm Reich: cualquier cosa que suene a espiritualidad ya debe ser atacada de raíz, pues todo se lo achacan a la religión y no al ser humano corrupto el cual es un poco distinto del noventa por ciento de  humanos normales que tratan de mejorar sus vidas y sacar este planeta adelante. Mejor dicho: seres espirituales que creen en algo y hacen algo al respecto. Pues la cosa se acabó, y cual tira cómica de Justo & Franco (Frank and Ernest, de Bob Thaves), “El fin está cerca”, la gran piedra se aproxima sobre nosotros, nos adelantamos al Apocalipsis, pues por razones de logística ha sido aplazado muchísimo tiempo.

 

A qué nos debemos acostumbrar:

1. A las colas de inmigrantes europeos, norteamericanos, australianos, surafricanos… todas las naciones de los trópicos hacia los polos, todas: haciendo cola en las embajadas de la nueva potencia mundial: Estados Unidos Colombianos. Está bajando el dólar. Esa es una señal.

2. Visitar ciudades costeras como Medellín, y el puerto de La Mesa, Cundinamarca. El muelle de Bucaramanga. Llegar a puerto en Cali.

3. Bombas atómicas vencidas que no explotaron en una supuesta Tercera Guerra Mundial, y otras fabricadas en Irán que fueron un fiasco.

4. Gracias al calentamiento global, las bogotanas ya están más accesibles al tacto y a la vista, cosa que hace de esta ciudad a  metros de altura, por fin una villa tropical.

5. Gracias al calentamiento global seremos, por defecto, un país del Primer Mundo. Clima agradable, puertos, bahías como la del río Magdalena, penínsulas estratégicas como la de Santander.

6. Todas nuestras regiones se unen. El cóndor, la moneda nacional de esa proto-Colombia, se vuelve un estándar económico, y hasta los bancos del Tíbet la reciben. La gente de ese futuro no necesariamente tendrá dificultades. El ser humano se adapta rápidamente y sin quejas. Somos la rana que se deja matar mientras le suben gradualmente la temperatura del agua. Como individuos somos muy duchos en aquello de dárnoslas de inteligentes, pero como masa somos fabricantes de desperdicios, saqueadores, vándalos. Este planeta se presentó como una adolescente hermosa, y nosotros la abandonamos a su suerte, desnuda entre una guerra de pandilleros del barrio más peligroso posible, a la media noche y con todo el mundo borracho. De malas como piraña mueca, como burro con alas, como colegiala en bar punk. La calidad de vida se empezó a perder cuando al ser humano le quitaron la parte de ser y dejaron un humano en el matadero constante de la historia, y con esto su planeta. ¡Qué cosas! Un planeta reducido a islas y a nieves perpetuas.

Ecología es más que ver como seres tiernos a los delfines, es diferente de dopar leopardos para ponerles un GPS incómodo y vender el documental a Discovery Channel; o peor aun agarrar una ballena y hacerle un piercing permanente del tamaño de una pelota de basquetbol para tomarle el pulso. Ecología no es supervisar que no se acaben sólo los animales favoritos de Walt Disney; también incluye la calidad de vida de los niños, así como la del perro labrador que te regalaron y ahora tienes que pagarle a alguien para que toque las heces calientes y las ponga en la basura. Caray, uno que ni siquiera acompaña a la novia al ginecólogo, y sí le agarra la caca a un perro. Si el carro eléctrico es el futuro, pues hágase ya. Si no se puede hacer un Transmilenio en la Séptima, hágase un túnel y mándese un metro por la Séptima, pero ya. Si el vivo se hace el ignorante para mantener su trabajo contaminante, hermano, pásele la factura que más le duela y el parte que lo deje inmovilizado de por vida. Si el bus o el camión mandan un humo negro y torcido, ciérrelo y haga que el hijo del chofer se mame esa vaina. El agua está subiendo y se comerá todo, y luego vendrá  el hielo. Tú y yo nos estamos acercando a ese futuro, y es inminente. Un “vareto” no te salvará, una cuenta en Suiza tampoco, y la rumba de este viernes esa línea de cocaína, menos. Los tornados no respetan a los carros de la Cruz Roja Internacional. Es simple: haz algo.

Lo que nos friega es la siguiente ecuación: Los colombianos fuimos criados pensando que todo el mundo es malo, todo tiene su lado malo, todo tiene su guardado, todo individuo se guarda su cosa mala, su oscuro interés monetario. Ese es el “mercader del caos”. Yo me cansé de ver a mis ancestros ofendidos leyendo tanto editorial caótico. Ya estuvo bueno: si las cosas están mal y uno quiere cambiar, debe reconocerse como persona buena y dejar de renegar de lo que hacen los otros, y empezar a preguntarse: ¿Qué hice yo? Esa es la pregunta difícil y de total rigurosidad
intelectual: ¿De qué soy responsable? El termómetro baja y el planeta adquiere más azul y verde en la medida en que tú te preguntes eso, sin
doble moral. No seas un cadáver conectado a Internet: haz algo. Y como diría Leonel Álvarez: “Listo, papito, si es ya, es ya”. O si no… Dehe Axi. El último cierra la puerta y apaga la luz.

         

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mayo
10 / 2012