SUSCRIBIRME

Confesiones de un fanático al golf

Todo está escrito sobre el golf: Amazon ofrece más de 26 mil libros, pero en ellos no se siente el placer del juego.

Foto: Lo Sarno on Unsplash

Todo está escrito sobre el golf: Amazon ofrece más de 26 mil libros, pero en ellos no se siente el placer del juego.

Se ha escrito sobre los hoyos en el golf que no se deben dejar de visitar antes de morir, los grandes jugadores y la forma en que asumen y enfrentan el juego. En los libros están consignadas las reglas, la fortaleza mental que se requiere y hasta existen cursos rápidos para aprenderlo en corto tiempo. Así que ya todo se dijo. O no todo: porque aun así, yo quiero dejar en claro cómo lo veo, lo vivo y lo disfruto.

Golf: humano vs. campo

Primero que todo, lo veo como una lucha del jugador contra el campo. La Federación de Golf de cada país establece un índice con la ventaja que cada terreno brinda y lo actualiza cada mes, de tal manera que nosotros, los jugadores, siempre asumimos el campo como un reto personal que nos impulsa a superarlo.

Para que esa batalla y el sistema en sí funcione, debe partirse del precepto de que el golf es un deporte de caballeros (léase también damas) y no existe espacio para la trampa.

Después de terminar una ronda de juego, los jugadores entregamos una tarjeta que recoge nuestro puntaje y, además, la firmamos, con lo que se entiende que damos la palabra y garantizamos que todo lo reportado es verdad.

 

Pero la mayor verdad consiste en que esa batalla silenciosa contra el campo está llena de felicidad. Porque el campo nunca es igual. Si bien no necesita explicación el reto de enfrentarse a un terreno nuevo donde cambian las distancias.

Sí hay que aclarar que el clima, la forma en que pica la bola, los caddies (ayudantes del jugador que se encargan de llevar el equipo y aconsejarlo), las trampas y dificultades del campo, el viento y mil cosas más hacen que, así se juegue en el mismo lugar, a la misma hora, con los mismos compañeros y todos los fines de semana, la posición de la bandera, las sombras, la humedad, el sol, el ánimo y muchos otros factores hacen que nunca nadie juegue dos veces el mismo campo. Y eso ocurre en el igual sentido en que afirmamos que nadie se baña dos veces en el mismo río.

Vea tambien: ¿Dónde hacer kitesurf en Colombia?

El campo de las sorpresas

Ese es, precisamente, el gran reto: que el campo siempre depara una sorpresa. Y ahí radica la felicidad: en que mientras se lucha contra sus condiciones cambiantes, se pueden caminar hasta siete kilómetros en un poco más de cuatro horas, en medio de conversaciones y aire fresco.

Se trata de un placer tan grande que lo ocupa casi todo. Tengo la suerte de compartir con mis amigos, mi familia y sobre todo con mis hijos, un juego en el que no importa tanto ganar o perder (claro: siempre es más rico ganar), pero en cambio resulta primordial hacerlo sin faltar a la verdad, utilizando las virtudes propias y sin aprovecharse de trampas o ventajas inducidas; respetando y ayudando a los demás contrincantes y, siempre, disfrutando del goce que es poder jugarlo, por lo menos ese día.

En el golf, cada decisión importa

El placer incluye la alegría de la preparación, que no solo está en las visitas frecuentes a las tiendas para comprar el equipo y los “gallitos”, sino que principalmente se aplica a los planes para jugar al día siguiente, escoger el grupo, el campo y hasta la hora, decisiones importantes todas ellas.

Eso sí: no se considera correcto presentarse tarde al campo. Es más, se respeta una etiqueta en la vestimenta. Después de calentar un poco, estamos listos.

Cuando se juega en grupos grandes o en torneos se descubre el grupo con el que se va a compartir ese día. Casi siempre está la tranquilidad de saber que se va a enfrentar a buenos competidores.

Si bien de vez en cuando, y como en la vida, no se corre con suerte y algunas veces se encuentra con alguien que no respeta las normas del golf, es grosero o poco agradable, sencillamente uno se olvida del personaje y se concentra en disfrutar el campo con el que se enfrenta, y se hace amigo de los demás: nunca se puede permitir que nada dañe el placer de estar jugando.

El arte de jugar golf

 

El deporte es tan placentero, que después de todo este tiempo recorriendo el campo, conversando y jugando, se termina el juego, se firman las tarjetas, se despide y agradece y, claro, se paga a los caddies.

Y aun así, siempre hay tiempo para sentarse a hablar de cómo se jugó, de la buena o mala suerte que se tuvo, de cuándo se repite (aunque sepamos que nos encontramos nuevamente el próximo sábado) o de cualquier otra cosa y aquellos que por alguna razón están de afán, se disculpan apenados por no poderse quedar otro rato más.

Para no llenarlos de adjetivos, prefiero citar un cuento muy popular entre los golfistas, que habla de dos amigos que van caminando y uno le pregunta al otro: “¿Qué es lo que más te gusta hacer en la vida? El otro, después de pensarlo un buen rato, le contesta sin ningún asomo de duda: ‘Jugar bien al golf’.

El primero se queda pensando y, asintiendo con la cabeza en señal de que está de acuerdo, pregunta de nuevo: ‘¿Y la segunda?’. Sin esperar, se ríen y contestan los dos al mismo tiempo: ‘jugar al golf’”.

Vea también: Tres inventos que los fanáticos de los deportes acuáticos amarán

¡Quiero recibir el newsletter!

TODA LA EXPERIENCIA DINERS EN SU EMAIL

Ver términos y condiciones.
Febrero
10 / 2021

Send this to a friend