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¿Cómo competir contra los hombres que no tienen una dimensión familiar?

Una periodista se pregunta cómo pueden las mujeres competir cabeza a cabeza con los hombres, cuando sus responsabilidades familiares no siempre tienen la misma dimensión.

Foto: Sarah Chai en Pexels

Una periodista se pregunta cómo pueden las mujeres competir cabeza a cabeza con los hombres, cuando sus responsabilidades familiares no siempre tienen la misma dimensión.

A 10 años de la reflexión de Adriana La Rotta, una multipremiada periodista colombiana con experiencia de vida en Estados Unidos, Latinoamérica y Asia, nos seguimos preguntando: ¿cómo competir contra los hombres que no tienen que llegar a casa a preparar la comida, atender a sus hijos y ayudarlos por las noches como cientos de madres deben hacer en el mundo?

Volver a casa luego de enfrentar al mundo

El momento preferido de mi día es cuando vuelvo a mi casa, ubicada en las afueras de New York, en el tren por la noche y durante algunos minutos navegamos a baja velocidad por las entrañas de Grand Central Station.

Me gusta imaginarme el mundo arriba, los turistas tomándose fotos en el Rockefeller Center, las señoras encopetadas de la Quinta Avenida, los vendedores de comida árabe escondiéndose del frío en sus carros de metal.

Algunas de esas noches sucede algo mágico. Mi tren a los suburbios sale al mismo tiempo con otro tren y por algunos instantes, que siempre me parecen muy cortos, las máquinas se juntan a la misma velocidad como si fueran hermanos siameses, y mi ventana se une a la de mi vecino, creando la ilusión de que ambos estamos frente a un espejo.

Detrás de él y detrás de mí viajan hileras de oficinistas sumidos en sus pensamientos, hermanos y hermanas de la aventura corporativa, sobrevivientes victoriosos del implacable mundo del trabajo.

A veces, durante ese breve momento de solidaridad, me da por sonreírle a mi vecino. Así de feliz estoy de volver a mi casa.

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Las mujeres amamos a la familia

Me encanta mi trabajo y me encantan las personas con las cuales trabajo, pero creo que la mayoría de las mujeres somos una especie de brújula cuya aguja apunta siempre hacia la familia.

Por eso cuando Anne-Marie Slaughter, una respetada académica de Princeton, reveló en 2021 que renunció a un cargo altísimo en el gobierno Obama porque no pudo ser una superejecutiva y al mismo tiempo una buena madre, me dieron ganas de darle un abrazo.

Es que en un inesperado desenlace, la liberación femenina y las décadas de conquistas laborales que vinieron con ella, han dejado a muchas mujeres exhaustas por la doble jornada que todavía tienen que hacer, y además frustradas y culposas por no tener el don de la ubicuidad.

Nuestro aporte como mujeres

La solución al dilema, naturalmente, no es que regresemos todas a la cocina. No solo nos encanta trabajar, sino que nuestro aporte es imprescindible para el avance de los países.

La solución es que las reglas que gobiernan la vida profesional no sean tan rígidas –¿o debo decir masculinas?– y dejen de recompensar solo a aquellos que pasan largas horas en el trabajo, están incondicionalmente disponibles y no hacen paréntesis profesionales para ponerse a tener hijos.

No dejarnos intimidar, ¿es una buena opción?

Eso es lo que creo que no aparece por ningún lado en el libro, también muy comentado, de Sheryl Sandberg, la exjefa operativa de Facebook.

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Su propuesta es que pisemos más duro y que no nos dejemos intimidar y apuesto a que el mensaje les encanta a las empresas, pero no es lo que me interesaría transmitirles a mis hijas.

Por supuesto que hay que pisar duro y no dejarse intimidar, pero el problema no es ese, sino cómo competir cabeza a cabeza con hombres cuyas responsabilidades –e inclusive lealtades– no incluyen la dimensión familiar al mismo grado que suele ser la norma entre las mujeres.

A propósito de mis hijas, que recompensan mi anticipación corriendo a saludarme cuando oyen la llave en la puerta, no pretendo que tengan el norte de la familia tan marcado como (tal vez) lo tengo yo. Pero sí sé que las hemos preparado para que sean lo mejor que pueden ser y que lo sean en más de una dimensión.

¿Cómo competir contra los hombres que no tienen una dimensión familiar? fue publicado originalmente en Revista Diners No. 519, mayo de 2013.

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Mayo
10 / 2022

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