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De bolsas a íconos

De cómo una bolsa de tela se volvió en el símbolo de un cambio de mentalidad para proteger al planeta.

De cómo una bolsa de tela se volvió en el símbolo de un cambio de mentalidad para proteger al planeta.

Paulatinamente va quedando atrás la bolsa de plástico y la tendencia de usar bolsas de tela para empacar se impone. Son útiles, prácticas, resistentes, tienen mucho estilo y, lo más importante, su contribución a la ecología y la sostenibilidad es innegable frente a sus antecesoras.

El ícono

Entre lo ecoamigable y lo hipster, es usual verlas convertidas en un accesorio diario. Distan de ser una simple bolsa plana: ahora las hay de todos los motivos, con estampados y diseños novedosos. Entre ellas está la famosa “I’m not a plastic bag” de la diseñadora inglesa Anya Hindmarch, verdadero objeto de culto creado en 2007 por la cual 80.000 personas hicieron fila en el Reino Unido, 30 personas resultaron heridas en una estampida en Taiwán el día que salieron a la venta y miles de neoyorquinos pagaron US$15 por una de ellas.

Cómo son

En respuesta a la demanda del mercado, su versatilidad se ha incrementado. La mayoría de las bolsas de tela de materiales reutilizables y que cuidan el medioambiente usan fibras vegetales orgánicas como el algodón, el bambú, el yute y el cáñamo. Estos componentes hacen posible que sean resistentes y con una vida útil que permite su reutilización constante. Lo mejor de todo: cuando su ciclo ha terminado, sus fibras biodegradables posibilitan una descomposición amigable y sin efectos nocivos en el ambiente.

Menos contaminantes

Se calcula que al usar una bolsa de tela se ahorran seis bolsas de plástico o papel por semana, es decir, 24 al mes y 288 bolsas al año. Si una de cada cinco personas hiciera esto, se ahorrarían 1,3 billones de bolsas durante una vida humana promedio, calculada en 68 años.

En Colombia

Los supermercados Carulla y Carrefour fueron los primeros en el país en ofrecer la opción de cambiar el uso de las bolsas plásticas por las de algodón o lona, a un precio asequible ($9.000) y reutilizable. La estrategia comenzó en 2008.

En el mundo

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Bangladesh, China, Francia, Ruanda, Sudáfrica, Uganda, Japón, Reino Unido, Nueva Zelanda, Irlanda y algunos estados norteamericanos, entre otros, han hecho importantes esfuerzos por prohibir total o parcialmente el uso de las bolsas plásticas y de papel. Hoy cobran por ellas, lo cual ha contribuido a lograr que en países como Irlanda, por ejemplo, haya disminuido en 90 % su consumo.

Más cara, pero no tanto… 

Algunos hablan de los elevados precios de estas bolsas en comparación con las plásticas, pero el retorno con respecto a su uso resulta muy alto. La proporción es de 100 a 1. Así, con usar la de tela 100 veces ya habrá sufragado su valor frente a las de plástico. ¿No vale la pena?

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Agosto
21 / 2014


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