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La lección de por qué hay que ir al psicólogo que nos dejó Robin Williams

Robin Williams estaría cumpliendo 68 años si hubiera acudido a un especialista para hablar de la depresión, las drogas y la tristeza que invadió su corazón. Diners explora la relación entre la comedia y lo que oculta la humanidad detrás de una sonrisa.

Foto: What Dreams May Come (1998)

Robin Williams estaría cumpliendo 68 años si hubiera acudido a un especialista para hablar de la depresión, las drogas y la tristeza que invadió su corazón. Diners explora la relación entre la comedia y lo que oculta la humanidad detrás de una sonrisa.

Publicado originalmente en Revista Diners agosto 2014

“Tendrás las estrellas como nadie las tiene. En una de ellas estaré viviendo. En otra estaré riendo. Entonces será como si todas las estrellas estén riendo cuando mires al cielo por la noche. Tú y sólo tú tendrás estrellas que pueden reír.” Antoine De Saint-Exupery
La emotiva despedida de Zelda Williams a su padre Robin Williams en Twitter.

En estos últimos días se ha escrito mucho alrededor de la muerte reciente de Robin Williams. Unos hablan del suicidio, otros de la depresión, la psiquiatría y la mala psiquiatría, de casos parecidos como los de John Belushi o Chris Farley (o Freddie Prinze y Lenny Bruce, que se suicidaron en los años setenta, y hasta dos gigantes, Chevy Chase y George Carlin, hablaron públicamente de su lucha contra la depresión) , comediantes jóvenes muertos por una sobredosis del alcohol y las adicciones a las drogas.

Otros le han hecho homenajes, lo han recordado y le han dicho lo mucho que lo quieren y lo van a extrañar. Lo cierto es que Williams perdió la batalla contra sus demonios internos, que sin duda, existen en cada ser humano en mayor o menor proporción.

Y pareciera que algunos cómicos tratan de lidiar su parte oscura con humor. ¿Entré más oscuro más cómico? ¿El resultado de eso será el humor negro? Robin Williams no se caracterizaba por el humor negro. Más bien era una alegría bondadosa. Por eso también duele tanto su partida. Con su clásica actuación como Patch Adams, el payaso médico que ayudaba a niños con cáncer, se inmortalizó.

Se notaba que sufría, pero ¿quién no? No fue tampoco invisible su lucha con las drogas. Lo que pasa es que su cara amorosa y un poco infantil cautivaron. La sublimación como otro gran mecanismo es efectivo. Transformar el dolor en alegría alivia. No lo desaparece. Por eso es que uno se pregunta por el dolor interno de las personas. En este caso es fácil suponer que eso lo llevó a la decisión de suicidarse como último mecanismo de búsqueda de alivio. Piedad Bonnet lo mostró en su libro “Lo que no tiene nombre», y nos enseñó a aprender a entender el dolor psíquico, la enfermedad mental, el suicidio y al suicida.

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Desde siempre se ha dicho que detrás de la cara de felicidad de un payaso hay una historia triste. Debe ser verdad, no en todos. Pero sí sabemos que muchas veces la risa y la alegría de la comedia pueden ser máscaras de grandes penas. La alegría es el antídoto de la tristeza, pero también es la negación de las dificultades.

Y no siempre es fácil saber, en la psicología del ser humano, cuándo cuál es qué. Quién sabe qué tantas cosas habría pensado Robin Williams, y quien sabe que tantas cosas le habría dicho a sus amigos, terapeutas y familia sobre su vida. Uno se alcanza a imaginar cuanta cosa pueda, vivencias, conflictos y amores, y eso es lo que se refleja en algunos escritos en los medios. Al ser una figura pública pertenece a todos, incluso su mente y sus emociones. Todos nos sentimos con derecho a opinar sobre su salud mental. Todos seríamos sus mejores psiquiatras y lo haríamos mejor.

Esto no es sarcasmo, espero. Es verdad que mirar desde afuera tiene un privilegio, porque es una mirada global y prejuiciada. Mirar adentro es de lo más difícil, porque se enfrenta uno con los fantasmas del otro y con los propios, y eso estremece.

Por eso negar, como mecanismo psíquico en la vida es tan útil, y ojalá no se entienda el negar como peyorativo, muchas veces es muy necesario. Por ejemplo, negar permite elaborar un duelo, porque es lo primero que se presenta para que el individuo no se estrelle de sopetón con el dolor de la pérdida, y poco a poco pueda dejar de negar y empezar a aceptar.

Cuántas veces no nos hemos dado cuenta que no vimos algo o sentimos algo y sentimos alivio por no habernos dado cuenta, hasta que se puede pensar y elaborar lo sucedido, o pedir ayuda. La mente es muy sabia, al igual que el cuerpo que tiene sus defensas, como la fiebre que es la forma de alertar la presencia de una bacteria o virus, y la forma que tiene el organismo de elevar la temperatura como parte de sus estrategias para aniquilar al intruso que está haciendo daño. Claro que estos mecanismos tienen sus bemoles. Una negación perpetua ya se vuelve otro problema.

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Hoy en día sabemos que las drogas y el alcohol son usados como atenuantes del sufrimiento. Muchos los saben manejar y muchos no. Y esto se ha convertido en un dilema ético, político y económico a nivel mundial.

Incluso es un tema de salud pública, al igual que se está considerando hoy en día la depresión. Tristeza ha existido siempre, y existirá, dolor, sufrimiento. La psicología la ha entendido como parte de la vida del ser humano y la psiquiatría le ha dado unos valores que cuando se exceden ciertas manifestaciones se puede llamar trastorno.

Sentimos mucho la muerte de Robin Williams. Como sentimos las muertes prematuras en la guerra y en el hambre. El ser humano está lleno de contradicciones, y el camino a entenderlas sigue.

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Julio
21 / 2019

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