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Las mujeres sí pueden hablar de fútbol

En el fútbol, uno de los pocos campos que les quedaba a los hombres como propio, cada día hay más mujeres en la escena que miran, comentan y juegan. Pero ¿tienen credibilidad? Tres miradas distintas.

Foto: Alex Morgan, jugadora del Portland Thorn.

En el fútbol, uno de los pocos campos que les quedaba a los hombres como propio, cada día hay más mujeres en la escena que miran, comentan y juegan. Pero ¿tienen credibilidad? Tres miradas distintas.

Cuando yo era pequeño, en los ochenta, las mujeres no veían fútbol. Las que yo conocía por lo menos: mis dos hermanas pequeñas, mi madre, mi abuela. Recuerdo una escena como si fuera ayer. Mi padre llega a casa sonriente. Muestra dos carnés. Dice (en catalán): “Ya somos socios del Barça”. Tengo ocho años. Mi madre grita, protesta, increpa a mi padre. En ese momento no entiendo que un motivo de celebración sea la causa de una pelea. Me escondo en mi cuarto. Años después comprendo que mi madre intuye que separar a la familia en dos bandos, los que van a fútbol los domingos y las que no, no es una buena señal. Al poco tiempo, mi padre se va a vivir a una isla. Es el inicio del fin de la familia unida. Al poco tiempo se separan. Yo sigo yendo al estadio cada semana, a veces solo, a veces con amigas.

A los dieciocho entro en la universidad. Ya estamos en los noventa. Empiezo a salir con mujeres. Sigue sin interesarles el fútbol. Entonces regresa a Barcelona Johan Cruyff, ahora como técnico. Nace el Dream Team. El fútbol del Barça se reinventa. Se vuelve un espectáculo digno de verse, incluso por aquellas que no entienden la regla del fuera de lugar. La explico varias veces. Es la prueba del algodón para saber si puedes ver fútbol con esa persona. Un día me doy cuenta de que estoy en un bar y hay casi tantas mujeres como hombres. Algunas aún se ponen de espaldas al televisor. Son las menos. Otras analizan el juego a partir de los rasgos físicos, o de carácter. Si Pep Guardiola es tan inteligente en la cancha es porque lee poesía. Si Hristo Stoichkov pisa al árbitro es por su sangre eslava. A Michael Laudrup se lo llevarían todas a la cama. Los análisis basados en la testosterona, los cojones, se completan con los basados en las intuiciones, la piel, el famoso feeling que años después usaría Pep como argumento para echar al indomable Eto’o. Al mismo tiempo, las novias de los futbolistas empiezan a salir en los programas de chismes de la televisión. En Argentina las llaman las botineras, las que van a por el botín del futbolista.

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En los dos mil ya es habitual hablar de fútbol con tu novia. O con tu madre por Skype. O ver los partidos en la cama, a la hora de la siesta. Los excesivos piropos a Pujol o a Ronaldinho pueden terminar en pelea. Son unos celos ficticios que desembocan en un polvo rápido, no sea que nos perdamos un gol, o en un calentamiento global que permite vivir el juego excitado y exaltado al mismo tiempo. A veces, en el colmo del éxtasis, el grito del orgasmo se mezcla con el del gol, en una mezcla que jamás imaginó el Dr. Masters, ni mucho menos nuestra querida Virginia Johnsons.

Hoy en día no concibo ver fútbol sin mujeres cerca. Necesito entender por qué Abidal es sexy, fijarme en que Messi, al revés que la mayoría, corre moviendo los brazos hacia los lados, como acunando un niño, para protegerse mejor de los contrarios y, sobre todo, debatir si es cierto que Pep Guardiola dejó el Barça, entre otras razones, por Shakira, culpable de que Piqué ya no sea ese central confiable que todos conocimos. Porque hasta hace poco las diferencias de estilo en el juego entre Barça y Real Madrid se reproducían en los afectos. Los del Madrid salían con modelos, cantantes, periodistas mediáticas mientras los del Barça, si no mantenían a la novia de toda la vida, se buscaban otra de perfil bajo, alejada de los distractores focos de la fama. Todo cambió tras la irrupción en escena de la barranquillera más universal.

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Durante este mundial disfrutaremos de más comentaristas mujeres. Sus colegas de la vieja escuela quizás crean que las escogen por su físico, pero es que hoy en día, hagan la prueba, también los futbolistas guapos lo tienen más fácil que los menos agraciados. La imagen manda y el físico también. Finalmente estamos hablando de deporte, no de un ejercicio intelectual. Si hace unos años un director técnico como Rexach podía decirles a sus jugadores que “correr es de cobardes”, hoy nadie duda de que un jugador en baja forma se sentará en el banquillo. Otro reproche que ya caducó es aquello de cómo pueden hablar de algo que desconocen en la práctica, cuando lo cierto es que cada vez son más las niñas, adolescentes, mujeres que juegan al fútbol en sus colegios. Cualquier actividad en grupo es más interesantes cuando intervienen las mujeres. El fútbol no puede ser la excepción.

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Junio
09 / 2014

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