Cómo preparar sus finanzas ante una muerte inesperada

Ya sé que este tema no le va a gustar, pero hoy puede ser un buen día para hablar del suceso más democrático que existe en el planeta Tierra: la muerte. ¿Cómo organizarse para evitar que lo coja desprevenido?
 
Cómo preparar sus finanzas ante una muerte inesperada
Foto: Ilustración Sindy Elefante @sindyelefante /
POR: 
Adriana Macías

A nadie le gusta hablar de la muerte, o a casi nadie, y muy pocos pueden afirmar que están preparados para irse del mundo terrenal en cualquier momento. Esta es una reacción básica que obedece a que nuestro cerebro está diseñado para garantizar la supervivencia, por lo que evita pensamientos que nos puedan ocasionar daño, sufrimiento o angustia.

Quizás por eso también me resistí un poco a escribir esta nota justo empezando el año 2024. “Pensemos en otro tema que no sea la muerte, la gente quiere comenzar un nuevo ciclo enfocada en cosas positivas”, le argumenté a la editora sin mucho éxito. En realidad, me resultaba aún más difícil cumplir el encargo porque en pocos días se cumplirá el primer año del fallecimiento de mi padre.

Después de darle vueltas al tema muchas veces, me convencí de que el ejercicio puede ser propicio en esta época precisamente porque nos recuerda que debemos sacarle el máximo partido a la vida. Así que lo invito a seguir leyendo, aunque el cerebro lo esté forzando a pasar la página y disfrutarse la nota sobre viajes o gastronomía.

Todos somos vulnerables

Según la Agencia Nacional de Seguridad Vial, el año pasado fallecieron en Colombia 8.405 personas en accidentes viales, de los cuales el 62 % fueron motociclistas, y el 21 % peatones. El exceso de velocidad es uno de los factores que más contribuyeron a la accidentalidad vial. Ya le explico por qué arranco con estas estadísticas.

En el año 2000, el exceso de velocidad, sumado a la falta de pericia del conductor del automóvil en que viajaba, nos condujo a un abismo de 45 metros en un tramo entre Calarcá y Cajamarca, en el famoso alto de la Línea de la cordillera Central. Han pasado más de dos décadas y todavía recuerdo los detalles del accidente, del cual salimos ilesos por obra de lo que no dudo en calificar como un milagro, pues el carro quedó destrozado.

Ese día, mientras miraba desde la orilla de la carretera cómo el carro reposaba sobre el techo y con las llantas aún girando, fueron tomando forma varias decisiones que había aplazado. Al mes ya estaba en trámite de divorciarme, me incorporaba a un nuevo empleo que me ayudó para mejorar mi calidad de vida y compré un seguro de vida que amparaba a mi hijo y a mi mamá en caso de que yo llegara a faltar.

Además, empecé a vivir con más entusiasmo cada minuto, dedicando más horas a la vida familiar y a mi bienestar. Mientras hago este recuento de esos instantes dentro del carro, vuelvo a sentir los vestigios del síndrome de vértigo que experimenté una semana después del siniestro, como resultado del estrés postraumático.

¿En la salud y en la enfermedad?

Conclusión: nadie tiene asegurada la vida. Y aunque me considero bastante organizada en mi economía, no había hecho el ejercicio de poner en orden todos los temas financieros personales y de mi familia. Para comenzar a escribir este artículo, hice un balance de lo que no conoce mi esposo sobre mis cuentas de banco, deudas, inversiones, bienes raíces, préstamos personales, entre otros.

En resumen, si mañana falleciera, mi familia se podría demorar varios meses en identificar esa información, incluso tramitando la pensión de sobrevivencia para mi hija menor porque no tienen a la mano el historial de Colpensiones (yo tampoco lo he solicitado y hasta olvidé la clave de acceso). Sería algo así como armar las piezas de un rompecabezas, aunque bastante pequeño.

La muerte en finanzas
Ilustración Sindy Elefante @sindyelefante

Lo más simpático de todo es que yo conozco mucho menos la economía de mi esposo y me he acomodado a un presupuesto familiar que se definió en conjunto. Tengo una idea más o menos clara de cuánto se gana y creo que no tiene deudas, aparte de la hipotecaria, pero ignoro si tiene pólizas de vida o si la empresa le brinda algún beneficio de este estilo.

En consecuencia, yo también tendría que hacer un trabajo de investigación bien aburrido si el que llegara a faltar fuera él. En este punto recordé una conversación con Carlos Barbosa, economista y antiguo compañero de trabajo, que medio en broma me contó que tenía un seguro de vida pero que no se lo había dicho a su esposa, que estaba embarazada de su segunda hija, porque de pronto a ella se le ocurría que valía más muerto que vivo. 

Si bien en su momento me reí de su ocurrencia, he confirmado que los colombianos tendemos a ser muy desconfiados con nuestras parejas y omitimos información sobre nuestra vida económica.

Llega lo inesperado

Aun cuando es duro enfrentar la pérdida de los padres o de los abuelos, finalmente es un suceso que aceptamos como inexorable, dada la edad. Otro asunto es enfrentar la muerte prematura o inesperada de un ser querido en plena edad productiva porque, además del trauma por la pérdida, nos enfrentamos a la angustia de resolver desde el funeral hasta la supervivencia de la familia que dependía de esa persona, cuando hay hijos o adultos mayores que estaban a su cargo.

Para que vean que nada ocurre por casualidad, y si bien este tema no estaba aún programado, el 9 de diciembre pasado me llamó mi mamá para contarme que el esposo de una prima había fallecido en un accidente de tránsito. Más allá del siniestro estaba el hecho de que la joven, de apenas veinticuatro años, estaba culminando el sexto mes de embarazo de su segunda hija. El esposo salió de trabajar en la moto y se encontró de frente con un bus que le segó la vida. 

Viviana quedó viuda, con una niña de dos años y otra que vendrá al mundo a principios de marzo. En medio de la desgracia, que causó conmoción entre toda la familia, llegó el consuelo de la pensión de sobrevivencia, puesto que su joven esposo llevaba varios años vinculado a una empresa de la capital vallecaucana.

Además, contaba con el seguro de vida del crédito hipotecario de la casa que habían comprado un par de años atrás, así que esa deuda también quedó saldada. El dinero jamás llenará el vacío del padre ausente, pero con seguridad sí le dará tranquilidad y algo de holgura económica a esta mamá que ahora vuelve a ser soltera.

La vida es un ratico

El 19 de noviembre del año pasado nos estremeció la noticia de un accidente absurdo en el autódromo de Tocancipá: el viento tumbó una pantalla gigante, que al caer ocasionó la muerte de la periodista Luz Piedad Eusse, de 38 años y madre de tres niñas pequeñas. Ella estaba a punto de lanzar su nueva marca y tenía planes para retomar su carrera de piloto en este 2024.

Varios de sus colegas lamentaron el siniestro y citaron una canción de Juanes, La vida es un ratico, para recordar su alegría y pasión por la vida. Este acontecimiento nos evidencia que todos enfrentamos la posibilidad de morir, así a nuestro amado cerebro no le guste esta verdad. ¿Qué podemos hacer para andar más tranquilos cada día, sintiendo que al menos dejamos organizados nuestros asuntos?

La médica Elsa Lucía Arango se ha dedicado por décadas a comprender y acompañar a las personas que padecen una enfermedad terminal. Como resultado de su experiencia escribió el libro Legado de amor, que leí hace varios años cuando le diagnosticaron cáncer a mi papá. En él, la médica paisa sugiere que como parte de ese legado todos deberíamos dejar instrucciones escritas a nuestra familia para que sepan cómo proceder cuando ya no estemos en este plano terrenal; de esa manera, se les evitan sufrimientos y angustias.

María Inés Luna, asesora financiera con experiencia de más de 22 años en el sector, tiene la misma filosofía, razón por la cual decidió armar un archivo en Excel para dejar visibles todos sus asuntos económicos. “Siempre he sido muy organizada en lo financiero; además, en mi profesión he visto de todo cuando fallece un cliente. Por eso, un día me cuestioné sobre lo que pasaría con mis hijos y mi esposo si yo falleciera, puesto que ellos no sabían nada de mi vida económica”, me dice sobre los eventos que desencadenaron la decisión de armar su legado informativo.

Esta asesora reconoce que en Colombia existe la cultura del secretismo sobre el dinero porque las personas consideran que la plata es solamente de ellas. “El problema es que ni siquiera ellas saben datos básicos, como dónde cotizan para pensiones o en qué fondo de cesantías le consigna cada año la empresa”.

Cómo organizar su legado para la muerte

Luna dice que creó varias pestañas en una hoja de Excel, organizando por temas la información clave. En la pestaña número uno registró los datos de identidad suyos, de su esposo y sus hijos, como la cédula, las tarjetas de identidad, los números de pasaporte y de la libreta militar.

Allí también dejó un registro de las partidas de bautismo, confirmación y hasta la de su matrimonio. Por si acaso llega la muerte, creó carpetas con la fotocopia de los documentos de identidad y de los pasaportes. “Yo registro las fechas de vencimiento de las visas porque ha pasado que la gente compra tiquetes para viajar a Estados Unidos, y cuando alista la maleta, se da cuenta de que se le venció la visa”, señala.

En otra pestaña tiene el registro de la información relacionada con la salud, como sus médicos de cabecera, número de contrato de medicina y claves de acceso a la oficina virtual de la medicina prepagada. 

La muerte en finanzas
Ilustración Sindy Elefante @sindyelefante

En la siguiente pestaña relaciona todos los bienes a su nombre o compartidos con otras personas, incluyendo el registro catastral o el certificado de tradición que facilite su búsqueda en caso de ser necesario; también registra la tarjeta de propiedad de los vehículos. Allí incluye las fechas de pago de prediales y paz y salvos de esas obligaciones, así como los números de las escrituras y las notarías en las cuales están registradas. Por si fuera poco, cuenta con un calendario de vencimientos de impuestos para estar atenta a las fechas claves.

Finalmente, incluyó una pestaña con la información de los bancos, cuentas, inversiones y CDT. En ella registra los números de sus cuentas bancarias, cuentas AFC, cuentas de pensiones voluntarias, tarjetas de crédito vigentes, datos de inversiones y seguros a su nombre. “A mi hijo le entregué las claves escritas, pero además tengo todo en una USB que él sabe dónde guardo por si se llega a necesitar”, me comenta sobre su decisión de no dejar la información en la nube.

Así mismo, para evitarles dolores de cabeza a sus familiares, hace poco tiempo se reunió con sus mejores amigas del colegio y, después de tomarse varios cocteles, firmaron un documento en el que dio instrucciones precisas si se presenta un evento de salud que le impidiera decidir a ella. “Todas firmaron y son testigos de mi voluntad; así les quito ese peso de encima a mi esposo o mis hijos si es que llega a darse esa situación”, me dijo muy convencida de haber hecho lo correcto.

Finalmente, la asesora financiera manifiesta que su consejo infaltable para las mujeres que están a cargo de la crianza de los hijos y dependen del ingreso de su pareja es que se pongan de acuerdo para que coticen a pensión y que el esposo adquiera un seguro que les garantice calidad de vida en caso de fallecer.  

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marzo
5 / 2024