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Un mundo de ideas, el boom digital colombiano

Estos emprendedores colombianos demuestran que la tecnología es mucho más que programar máquinas. Colombia vive su boom digital gracias a una generación que aprende a pensar distinto.

Foto: Manuel Olarte

Estos emprendedores colombianos demuestran que la tecnología es mucho más que programar máquinas. Colombia vive su boom digital gracias a una generación que aprende a pensar distinto.

(En la imagen de izquierda a derecha: Andrés Muñoz, Juan Salcedo, Santiago Caicedo, Catalina Holguín y Matías Jaramillo)

Hace quince años, Andrés Roldán era un estudiante recién graduado de la carrera de Diseño Industrial en la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín. Para entonces, la relación que tenía con la tecnología no pasaba del manejo de algunos programas específicos de su carrera, y el uso de la red como un canal de comunicación que comenzaba a revolucionar el mundo apenas unos años antes. Roldán había sido educado bajo la premisa de que de ahí en adelante tendría que apañárselas solo, consiguiendo un trabajo, y quizás llevando una vida en la que él sería el único capaz de poner en práctica sus ideas. Con suerte que la ciudad buscaba hacer una feria de ciencias, así que con un grupo de profesores, amigos e inversores se puso manos a la obra y creó el embrión de la que sería una de las experiencias más exitosas y revolucionarias en el campo de la tecnología en Colombia. “La creación del Parque Explora, dice Roldán, su director creativo, sentado en un café al norte de Bogotá, obedeció a la insistencia de un gobierno –el de Sergio Fajardo– en enfocar todos sus esfuerzos a la educación y a aprender a trabajar por proyectos y no de manera individual”. Explora nació a comienzos del siglo XXI con el reto de brindar un espacio a una ciudad que había sido sacudida –y lo seguía siendo– por una violencia que arrasó con valores como el conocimiento y el libre acceso a la información. Al ofrecer estímulos para la apropiación del conocimiento a partir de exposiciones interactivas que pusieran a pensar a la gente en temas que iban desde el funcionamiento del cerebro hasta la vida de los dinosaurios, Roldán dice que aprendió, desde entonces, que la tecnología es un herramienta para contar historias, más que una ciencia en sí misma.

Cuando comenzó la investigación para este reportaje, mi pregunta central era cuánto influían hoy dichas tecnologías en la vida cotidiana de un país cuyos debates están atravesados por decenas de encrucijadas por resolver. Mis prejuicios e ignorancia sobre el tema, que se define en el Diccionario de la lengua española de la Real Academia Española como el “conjunto de teorías y de técnicas que permiten el aprovechamiento práctico del conocimiento científico”, eran decenas. En general, muchas de las personas con las que hablé hicieron que pensara más en ideas que en técnicas; en posibilidades que en certezas.

Como Roldán, centenas de colombianos trabajan hoy en el campo de la innovación proponiendo soluciones concretas a problemas que nos afectan a todos: desde el transporte, con la creación de aplicaciones que han contribuido a facilitar el servicio de taxis en las ciudades, hasta la lectura y los libros, cuya distribución en físico es uno de los cuellos de botella para que los índices de lectura por habitante no hayan crecido lo suficiente en los últimos años, y que son definitivos para la educación de los colombianos.

Todos estos innovadores escapan del prejuicio que tenemos los mortales de que la tecnología funciona gracias a una cantidad de programadores encerrados en sus estudios que saben solo de códigos para programar máquinas. Son diseñadores industriales, arquitectos, literatos, artistas plásticos, ingenieros, economistas, y gente que proviene de otras disciplinas, como Andrés Muñoz, arquitecto de la Universidad de los Andes, que es uno de los principales expertos en el tema de la innovación digital en Colombia: ha sido director de Campus Party Colombia en dos ocasiones, y organizador de Colombia 3.0 en sus cuatro ediciones. “Somos todavía un país muy alejado del emprendimiento digital y creemos que es un lugar que dominan los ingenieros, pero no es así, las mejores ideas provienen de personas de cualquier profesión que dominan ampliamente un tema y su cadena de valor y pueden transformar un modelo de negocio y ponerlo en un contexto global de la mano de un producto diferente. Más que pensar en hacer apps (aplicaciones), deberíamos estar pensando en ideas diferentes: suena sencillo pero no lo es, más cuando la mayoría de nosotros no tiene dentro de sí ese espíritu emprendedor”. Cuando Muñoz habla de ideas diferentes, se refiere a asesorías puntuales brindando ayuda a emprendedores que quieren comenzar su negocio digital a través de eventos como MiPyme, una feria en la cual se muestran experiencias de todos los niveles de complejidad. Muñoz ha sido, además, uno de los pioneros en la investigación sobre cómo, según sus propias palabras, la tecnología “puede ayudar a cambiar ideas preconcebidas y a construir una manera diferente de ver el mundo”. Lo muestra hablando de Campus Party, de la cual fue director durante cinco años, una gran feria en donde miles de personas intercambian información sobre negocios y posibilidades digitales, y cuyo crecimiento ha sido exponencial desde entonces. “Hoy en día la tecnología y las comunicaciones han revolucionado la vida de todos, estén involucrados en ella o no, y lo lindo de trabajar con ella es su dinamismo y su poder de cambio. Somos un país distinto de la mano de la tecnología, los ciudadanos tenemos más protagonismo, dependemos más de nosotros mismos que nunca. Ya no se puede decir: Si hubiera nacido en Estados Unidos o en Europa sería más exitoso porque aquí no hay oportunidades. La tecnología y el emprendimiento son la oportunidad de cambiar nuestro país. Yo creo ciegamente en esto”.

Aunque aún hoy muchos tenemos la obsesión de que Colombia carece de una infraestructura suficiente en conectividad, y acceso a la información, según MinTIC, hoy ocho de diez colombianos navegan por Internet, y en consecuencia tienen acceso a ese vasto mundo de posibilidades del que habla Muñoz. Catalina Holguín es una de las emprendedoras digitales más interesantes por su nivel de especialización: ella, que provenía del mundo de las letras, comenzó a trabajar hace cinco años en la Biblioteca Nacional de Colombia y se dio cuenta de los vacíos digitales que había en dicho campo. Durante un año analizó las potencialidades del acervo bibliográfico más importante del país y creó contenidos específicos, como “Huellas de la Independencia”, un portal de exposiciones virtuales y tutoriales para estudiantes con documentos de la época de la Independencia, hasta “CareLibro”, la primera red social dedicada al intercambio de opiniones sobre lectura social, conectando textos literarios con Facebook. Así mismo, asesoró toda la puesta en marcha de la donación de la fundación Bill y Melinda Gates, un proceso que aún continúa, para fortalecer a nivel digital las más de 1.400 bibliotecas que se encuentran en todos los municipios colombianos.

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A propósito de la conectividad, que en muchas de estas bibliotecas no ha sido evidente, dice: “Las autopistas digitales son esenciales para que todas las personas tengan acceso a los beneficios que brinda Internet. Además, con el traslado de servicios a la red, si el país no se conecta vamos a sumar una brecha digital a las múltiples grietas que ya existen. La oportunidad de la conectividad es de acceso a la educación, a fuentes de trabajo, a servicios de Gobierno y trámites. Si uno no se puede imaginar su vida laboral y personal sin Internet, ¿por qué pretender que otros sí pueden vivir sin eso?”. En ese sentido, Manuvo Colombia, empresa de la cual es gerente, es la apuesta de “continuar y robustecer el trabajo conjunto con editoriales latinoamericanas y distribuir libros digitales interactivos de calidad para niños y jóvenes en todo el continente. La incidencia (potencial) de Manuvo en la vida de los colombianos es ampliar sus horizontes y posibilidades de lectura al entrar con libros fantásticos diseñados especialmente para dispositivos móviles –como los proyectos Blanco, un poema interactivo de Octavio Paz, hasta aplicaciones en las que se encontrará toda la actividad de la Asociación de Librerías Independientes de Colombia–. Creemos que si los chicos están en la red, también deben tener la oportunidad de educarse y entretenerse, sea en bibliotecas públicas, en sus colegios o en su casa”. Como esta iniciativa, cientos de jóvenes colombianos le apuestan hoy al renglón de la educación y la cultura que será esencial para el desarrollo de una generación que al decir del filósofo español Daniel Cassany pertenece ya a la categoría de nativos digitales.

La revolución cultural

Conectarse resulta entonces fundamental, como lo confirmaron cada uno de los personajes que hacen parte de este reportaje, aunque con reservas, como Roldán, quien dice que el acceso está muy bien, pero que la tendencia de dicha conectividad no es la nuez del asunto. Para él, sería precisa una revolución cultural para entender que hasta ahora, en Colombia, dicha conectividad está circunscrita al recibo o intercambio de información, pero no a la creación de ideas propias. “Todo pasa por la educación, si no aprendemos a pensar distinto desde niños, a trabajar por proyectos, a enfrentar el conocimiento como un problema que se puede encarar desde diversas soluciones, incluso la del fracaso, será muy complejo que podamos usar la tecnología para algo más que chatear, ver mails, videos…”. Aunque no es pesimista, Roldán se ha dedicado, desde hace quince años, a pensar cómo divulgar y poner en un museo la ciencia para que los visitantes no salgan con respuestas, sino con miles de preguntas. De ahí el éxito del Parque Explora.

Santiago Caicedo, director de Timbo Estudio, un estudio de animación que ha trabajado inventándose técnicas propias, cree que aunque hay aún un abismo entre países como el nuestro y los del primer mundo, es posible, con buenas ideas, adaptar los proyectos “con lo que hay a mano, sin necesidad de caer en la precariedad y, por el contrario, por eso nos hemos destacado: porque somos diferentes”. Eso les ha ganado reconocimientos alrededor del mundo, como el mejor cortometraje en 3D, en el Festival de Tokio, o el primer premio a corto usando imágenes sintéticas, en el Festival de Lieja, entre otros. “Nos hemos visto obligados a inventarnos formas de optimizar los procesos de producción para poder cumplir con los estándares más altos de calidad. Todo esto nos ha dado la oportunidad de trabajar con grandes empresas de tecnología como Nintendo”, dice Caicedo.

Cuando uno comienza a descubrir las miles de ideas que han sido desarrolladas por colombianos, descubre lo obvio: los emprendedores digitales en Colombia no se cuentan con los dedos de la mano, y los casos aquí señalados solo son paradigmáticos de ciertos sectores, y las omisiones resultan apabullantes. John Higuera y sus hermanos Raúl y Frank fundaron Higuera Studios para crear productos digitales de entretenimiento. Ya lanzaron su primer libro y se enfocarán en producir contenidos educativos, uno de los cuales es “Axels’ Chain Reaction”, un producto que incluye un videojuego y un libro sobre un niño curioso que le encantan los inventos, que está ya disponible en el App Store. Álex Torrenegra, CEO de Bunny Inc., creó VoiceBunny, un servicio para comprar voces profesionales (de locución) para cualquier tipo de proyecto, y Voice123, el supermercado más grande del mundo en donde productores y locutores se ponen en contacto para sus proyectos. “Tenemos más de 150.000 locutores en más de cincuenta idiomas y acentos, y más de 85.000 clientes. Somos más de treinta personas en el equipo, la mayoría de ellos ubicados en Bogotá y otros en San Francisco. Toda nuestra tecnología la desarrollamos en Bogotá y nuestros servicios los ofrecemos globalmente. También estamos construyendo un equipo de Project Management de clase mundial en Bogotá. Hemos recibido varios reconocimientos, incluyendo el premio de MIT’s Technology Review como Top Colombian Innovator of 2012”.

Pero la idea que mayor atención mediática recibió el año pasado fue, indudablemente, la de Tappsi. Esta aplicación revolucionó para muchos la manera de acceder al transporte público de una forma segura, lejos de las llamadas eternas a los call centers, y con la certeza de saber quién está al volante cuando se necesita un taxi. Juan Salcedo y Andrés Gutiérrez, sus inventores, cuentan que pensaron en crear Tappsi al contemplar los altos niveles de inseguridad a los que se enfrentaban usuarios y transportadores en una ciudad como Bogotá: “Aproximadamente 1,3 millones de personas toman taxis a diario en Bogotá, y nos dimos cuenta de que se exponían a dos males al momento de conseguir un taxi: subirse a un taxi inseguro o padecer la pesadilla de pedir un taxi por teléfono, donde podían pasar diez minutos en la línea con una operadora solo para que le dijeran que no había taxis en su zona”. Como usuarios, y emprendedores, pensaron en algo grande: reinventarse.

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“Un año después podemos decir que uno de cada cuatro taxis en Bogotá ya tienen Tappsi, hemos transportado a más de siete millones de personas y hemos llevado a que las mismas radiofrecuencias tengan sus propias apps para pedir taxi. Cuando nosotros comenzamos, éramos la única; ahora hay más de ocho. Lo que empezamos siendo solo los dos, ha crecido a ser un equipo de más de quince personas que trabajan en la empresa”.

El medio, no el mensaje

Hace más de veinte años Matías Jaramillo ya trabajaba en el mundo digital, pensando en asuntos que hoy parecen corrientes: los desarrollos digitales para nuevos medios, y sus aplicaciones en el mundo de la publicidad. Hoy, Jaramillo trabaja en la agencia Ogilvy, al mando de la estrategia digital y es crítico con ciertos aspectos del emprendimiento que está ocurriendo en el país. “Veo que hay mucho ‘emprendedor’ con ganas de obtener los mismos logros que los de países del norte. Eso está bien, entiendo que tengan todas las ganas de gloria y dólares, pero creo que Colombia se halla en otra realidad. Y aquí no me refiero a una realidad de conexión o acceso a tecnologías, sino que como país tenemos otro tipo de necesidades. Pienso mucho en una capa gruesa de la población en la cual estos emprendedores no han pensado: Pymes, sector de la educación, el agro son algunos de ellos”. Algo que quizá podría suscribir de alguna manera Andrés Muñoz: “Hay más de 1,3 millones de Pymes y MiPymes, ahí hay una oportunidad inmensa de negocio y con una ventaja: está todo por hacerse. Aunque el Gobierno haga inversiones millonarias, se requieren contenidos e ideas que permitan solucionar problemas grandes o pequeños”. Es decir, pareciera que la responsabilidad es de cada cual al pensar en esos desarrollos. Santiago Caicedo comenta en ese mismo sentido: “Seguramente, antes de regalar tabletas hay que enseñar a leer y escribir, pero creo que educar es también darles a las personas la posibilidad de tener las herramientas que se están utilizando en el mundo actual para su desarrollo personal”. Aunque, como dice Catalina Holguín, las TIC –y no la tecnología, aclara– han producido “en el ámbito cultural rupturas generacionales y de paradigmas. Creo que eso, en términos filosóficos, es lo más importante. Rupturas generacionales: el jefe ya no se las sabe todas, y tiene que oír a los jóvenes de la institución/empresa o lo deja el bus. Eso me encanta: ya nada se puede hacer individualmente para trabajar en temas de tecnología: o se hacen equipos multidisciplinarios o se cae en la trampa, pues una sola persona no sabe hacer de todo; y además está el asunto de la descentralización, pues las TIC permiten generar estructuras de trabajo más distribuidas, menos centralizadas y eso impacta todo”.

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Febrero
26 / 2014

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