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Economía circular para ‘dummies’

Aunque el término parece aplicar solo al mundo empresarial, todos deberíamos comprometernos con este concepto en nuestro estilo de vida.

Foto: Sindy Elefante (Ig: @Sindyelefante)

Aunque el término parece aplicar solo al mundo empresarial, todos deberíamos comprometernos con este concepto en nuestro estilo de vida.

¿Sabe qué es economía circular? ¿Estaría dispuesto a alquilar jeans que se han puesto otras personas para disminuir el impacto que genera la industria de la moda sobre el medioambiente? Aclaro: no se trata de comprar unos vaqueros destruidos. No es como los tenis que lanzó la marca de lujo Balenciaga, completamente rotos, desgastados y sucios por la suma de 1850 dólares.

Según la Alianza para la Moda Sostenible de la Organización de las Naciones Unidas, “este sector pierde cada año un valor de casi 500 mil millones de dólares. Esto es debido a la falta de reciclaje y la ropa que se bota en los rellenos sanitarios sin ser vendida”. Además, consume cerca de 215 billones de litros de agua al año. 

Para aportar alternativas a esta problemática, en 2013 la empresa Mud Jeans lanzó una plataforma que renta jeans. Y también los vende a clientes que tienen el compromiso de retornarlos para que puedan reciclarse y salir de nuevo al mercado.

En Colombia, lo más cercano a este modelo es la opción del vestido de fiesta en alquiler. La novia lo estrena, lo manda a la lavandería y lo entrega a su sastre. Él lo alquila a otra mujer más interesada en ahorrar que en estrenar.

Este es un ejemplo simple de lo que significa economía circular. Se trata de un concepto que nos compete a todos los consumidores. Tenemos la responsabilidad de mitigar el impacto de las diferentes industrias que fabrican los productos que usamos, comemos y bebemos.

El Consejo Empresarial Colombiano para el Desarrollo Sostenible (Cecodes) tiene una definición de la economía circular. Es un modelo operativo de negocios con el que se logra mayor aprovechamiento y duración de los productos, componentes y materias primas empleadas en la industria, el comercio y el sector servicios.

No deseche, reprocese

Empresarios como María Camila Velasco, directora de Reva, han logrado aterrizar el reto en términos de negocio porque tienen claro que el concepto va más allá del reciclaje.

“Los empresarios debemos replantear el modelo de negocio para mantener siempre en ciclos, tanto los productos como los materiales. Así se puede evitar la extracción de nuevos recursos de la naturaleza para su fabricación; esto incluye realizar acciones como el mantenimiento preventivo para alargar la vida de los productos”, señala.

Reva es el socio soñado de las empresas que quieren hacer tangible la economía circular. Pero se enfrentan a disyuntivas como qué hacer con lotes de productos que están cerca de vencer. También tienen que disponer correctamente de jabones, champús, cremas corporales y cremas dentales. Estos empaques resultan averiados en alguna parte del proceso y se convierten en devoluciones.

Su operación arrancó cuando una multinacional les pidió soluciones para manejar los grandes volúmenes de devoluciones de productos de aseo personal. Antes, la única alternativa que tenían era enviarlos al relleno sanitario y agudizar así el problema ambiental que enfrenta el mundo.

Pero lo más grave es que algunas firmas recicladoras piratas rescataban los productos de la basura. Les ponían nuevas etiquetas con fechas de vencimiento confiables y los comercializaban en establecimientos de comercio informales de las ciudades y los pueblos.

Las tres líneas de Reva

Reva surgió como una solución para proteger las marcas y mitigar el impacto sobre el medioambiente. A través de sus tres líneas de producción se encargan de dar una vuelta más a los productos que han sido descartados.

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En la línea de alimentos, hacen mezclas nutricionales que aprovechan productos como féculas, salsas, margarinas, entre otros, y se venden a industrias de alimentos para el ganado.

La segunda línea, maneja el reciclaje de plástico a partir de empaques flexibles, como los sachets que se venden en las tiendas, y los empaques rígidos en los que se envasan detergentes líquidos y champús.

Todos los envases se convierten en pellets o pequeñas píldoras plásticas. Son la base para fabricar nuevos productos plásticos o para generar la madera plástica con la que se producen postes, estibas y hasta ladrillos para la construcción.

La tercera línea se llama Bioter. Permite hacer un reciclaje químico de productos como suavizantes, jabones líquidos y champús para transformarlos en productos de limpieza para el canal institucional.

“Desde 2014 hemos aprovechado más de 14 mil toneladas de residuos en las tres líneas. Trabajamos con más de ocho clientes generadores de residuos. Uno de ellos es Unilever, y más de 120 clientes de producto terminado”, dice esta joven caleña apasionada con la protección del medioambiente.

Oro en la basura

Para impulsar estos compromisos ambientales, el gobierno ejecuta la estrategia nacional de economía circular. Allí se plantean opciones para obtener el máximo proyecto de los productos e insumos empleados. La práctica más común es el reciclaje, que procuramos aplicar en nuestro hogar cuando realizamos la separación de la basura o desechos.

Pero también está la opción de reutilizar, que comprendí hace muy poco. Mi hija le quedó pequeña la chaqueta del colegio y me enfrenté al dilema de comprar una nueva. Solo la usaría durante tres meses, pues el uniforme cambiará a partir de agosto.

Mis dudas se esfumaron cuando me informaron que una chaqueta “reencauchada” en la Asociación de Padres de Familia del colegio valía 20.000 pesos. La nueva costaba 150.000 pesos.

Al día siguiente llegó la chaqueta de segunda mano. Estaba como nueva y recién salida de la lavandería. Mi hija se la puso orgullosa porque iba a contribuir con el medioambiente, y con el bolsillo de los papás. 

En otros sectores

En sectores como la construcción también se puede aplicar este modelo de operación, aunque en el país aún es muy incipiente el concepto de construcción sostenible.

Según el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo, el 96 % de los residuos de construcción y demolición que generan los proyectos inmobiliarios podrían ser reutilizados en otras obras. Pero terminan en rellenos sanitarios o son arrojados a lotes baldíos o quebradas.

Para resolver estos desafíos, la firma de diseño y construcción de vivienda R+B Diseño Experimental S. A. S. BIC decidió incorporar el concepto de economía circular en todos sus proyectos.

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Aunque es una empresa pequeña en el sector de la construcción, ha desarrollado proyectos de vivienda sostenible. En ellos, por ejemplo, instalaron un sistema de reciclaje, purificación y reutilización de aguas grises o jabonosas (las que salen de la lavadora y del lavaplatos) que permite su uso en las cisternas de los baños, en el riego de las plantas y el aseo de las instalaciones.

Estas acciones les permitieron certificarse como una empresa del Sistema B y Sociedad de Beneficio e Interés Colectivo (BIC), porque incorporan prácticas de sostenibilidad en sus procesos para generar impacto económico, social y ambiental.

Reciclando el conflicto

María Luisa Ortiz es reconocida como una de las diseñadoras más importantes del país. También se destaca por su sensibilidad social, que la llevó a vincularse al proyecto Todos Ponen. En él, se les da una nueva vida a los uniformes de dotación de las empresas, incluso de la policía, para fabricar portapasaportes, maletas, billeteras y hasta chaquetas.

En el marco de la iniciativa también han reutilizado los neumáticos de las llantas para producir piezas de diseño de gran utilidad, como cartucheras y portacables.

Esta iniciativa cuenta con el apoyo de la Corporación Mundial de la Mujer Colombia (CMMC). Esta acompaña todo el proceso productivo para que participen poblaciones en riesgo de vulnerabilidad, como mujeres cabeza de familia, comunidades indígenas, desplazados y desmovilizados de grupos armados.

De esa manera, Todos Ponen cumple con los objetivos de la economía circular. Estos son generar nuevos ingresos, optimizar costos y obtener ahorros, al tiempo que crea un impacto positivo entre las comunidades vinculadas.

Aplique la economía circular en su casa

Pero no solo las empresas tienen el deber de repensar su modelo de negocio para contribuir a un esquema en el que se disminuyan desperdicios y residuos. Si lo pensamos bien, todos tenemos en nuestro hogar la oportunidad de aplicar el concepto de economía circular.

Mis suegros son el mejor ejemplo de ello, pues el año pasado decidieron mudarse de la casa tradicional que habían ocupado durante cuarenta años cerca del centro de Bogotá a un apartamento más pequeño y se enfrentaron al desafío de decidir qué hacer con el 60 % de los muebles, enseres y prendas de vestir que habían acumulado en esas cuatro décadas.

En contra de todos los pronósticos pesimistas que dimos, encontraron compradores para la máquina de coser Singer con la que mi suegra hizo los pañales de sus cinco hijos, la biblioteca, los cuadros pintados por algún artista anónimo de escasa creatividad, una estufa eléctrica de dos puestos, una colección de más de 300 libros sobre esoterismo y hasta las tablas de los viejos clósets. 

También consiguieron cajas a precios de ganga en un local del barrio 20 de Julio que las recicla de otras mudanzas y las revende a precios irrisorios. Sin duda alguna, ellos fueron muy hábiles al aplicar los conceptos clave de la economía circular: repensar, renovar, reutilizar, reparar y sustituir en lugar de tomar, hacer y disponer. 

Mi suegro, que tiene 72 años, y mi suegra, que va por los 67 años, nos dieron una gran lección a todos y cada vez que alguien de la familia dice que se va a cambiar de casa se ofrecen para ayudarle a vender lo que no necesita o le sobra. La última que siguió el ejemplo fue la madrina de mi hija, que en dos semanas remató la nevera, la estufa, dos camas, dos sofás y un montón de enseres. ¿Se anima a poner en práctica la economía circular en su casa?

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Julio
04 / 2022

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