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Así funcionan las aceleradoras: la Fórmula 1 del emprendimiento

Diners le cuenta cómo funciona una aceleradora y qué tipo de herramientas les brinda a los emprendimientos con mayor potencial en el mercado.

Foto: Sindy Elefante. En Instagram: @sindyelefante

Diners le cuenta cómo funciona una aceleradora y qué tipo de herramientas les brinda a los emprendimientos con mayor potencial en el mercado.

Cuando era niña me acostaba todas las noches con la ilusión de que algo mágico me hiciera crecer de un jalón para levantarme al día siguiente como una joven de veinte años, lista para ser independiente y tomar la vida por los cuernos. Pero cada mañana abría los ojos y me hacía a la idea de seguir haciendo cosas de niña, al menos por un buen tiempo.

A Juan Camilo González sí se le cumplió el sueño de vivir un crecimiento acelerado, aunque en materia de negocios. Este experto en el manejo de finanzas personales ha pasado por procesos con varias organizaciones aceleradoras. Y Combinator (YC) y On Deck, algo así como el Harvard del ecosistema de emprendimiento en el mundo, son algunas de ellas.

Como parte de estos procesos, González ha vivido en Silicon Valley, San Francisco, Chile y México. Esto en inmersión total durante periodos de 4 y hasta 6 meses. Sus días en esos espacios transcurrían entre entrenamientos y sesiones con mentores. Además estaba en espacios de networking con pares y maestros de las tecnológicas más reconocidas del mundo. 

Triplicarse en 180 días

“Con Tranquifinanzas nos postulamos tres veces a YC. En las primeras dos no pasó nada, a la tercera nos llamaron y nos entrevistó en línea uno de los socios de la aceleradora. Fueron diez minutos exactos, ‘no me llames, yo te llamo’.

«Al día siguiente nos citaron para una entrevista en vivo, con todos los gastos cubiertos, en Mountain View (California); fueron otros diez minutos enfrentando preguntas a mansalva”, asegura González sobre su experiencia junto a sus dos socios de entonces.

Al finalizar el día les dieron la noticia. Tranquifinanzas había pasado el filtro entre 185 postulantes de todo el mundo. Esto significaba un logro mayúsculo teniendo en cuenta que la tasa de aceptación de YC es del 1,5 %. Por obra y gracia de esa decisión, la aceleradora les dio 125 mil dólares a cambio del 7 % de la participación accionaria en el incipiente emprendimiento.

Los tres socios empacaron maletas. Luego se instalaron en el costoso vecindario de YC para aprender todo lo que necesitaban saber para convertirse en una empresa tres veces más grande en solo 180 días y aprender cómo funcionaban las aceleradoras.

¿Está listo para ser grande?

aceleradoras

Felipe Santamaría se lanzó al emprendimiento muy joven, aunque en sectores tradicionales como restaurantes y generación energética. Gracias a esta experiencia conoció los ecosistemas de emprendimiento en Estados Unidos y otros países.

“En el proceso me di cuenta de que los emprendedores colombianos necesitan apoyo en este tema de la aceleración y decidí iniciar Rockstart. En los primeros meses conocí a mis actuales socios, que me invitaron a hacerlo global, y abrimos operaciones desde Bogotá para toda Latinoamérica. Ahora estamos en seis países y tres continentes”, explica Santamaría. 

El modelo de negocios de las aceleradoras tiene un gran parecido con el de los casinos. Se apuesta por cien iniciativas y en el mejor de los casos se gana con una.

“El tema de emprender tiene un altísimo índice de fracaso. Cerca del 90 % de las startups en cinco años no existen, así es el juego. Acá hay empresas en las que si todo sale bien pueden crecer. Pero si no se logra la magia se acaban y no pasa nada”, dice.

Con estos indicadores es natural cuestionarse la decisión de invertir la bobadita de 100 mil dólares en cada uno de los diez emprendimientos seleccionados por la aceleradora. Especialmente porque en algunos casos ni siquiera han registrado su primera venta y apenas están validando los supuestos de su modelo de negocio, pintado en una presentación.

Menos del 7,5 %

En sus seis años de operaciones, la aceleradora ha invertido en 40 startups de base tecnológica y ha acelerado el crecimiento de más de 70. Por la inversión que realizan, reciben el 6 % de las acciones del negocio.

Durante seis meses se dedican a capacitar, relacionar, animar e impulsar a sus pupilos para dejar abonado el terreno que les permita recoger frutos en 8 o 9 años. Incluso les brindan acompañamiento psicológico para ayudarles a consolidar la mentalidad que se necesita para ser grande más rápido.

“De las 40 compañías que hemos acelerado en Colombia ha fracasado menos del 7,5 %. Esto lo hemos logrado brindándoles conocimiento, acceso a mentores. También networking con corporativos y entidades de gobierno, lo que permite subir las oportunidades de triunfar”, dice Santamaría.

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Acelerar, en esencia, significa hacer todo lo posible para que los fundadores logren que el tamaño de su negocio se triplique en seis meses. Esto en lugar de los dos o tres años que usualmente toma alcanzar ese nivel de manera orgánica.

“Les facilitamos todo lo que necesitan para encontrar la solución a un problema de manera más objetiva, pivotar su modelo de negocio y validar con los clientes reales: es una maestría acelerada en emprendimiento y en empresa”, asegura.

En el ecosistema de aceleración de Rockstart hay empresas de 17 sectores, desde moda y belleza, pasando por educación, tecnología financiera, tecnología en el sector inmobiliario, comercio electrónico, salud y medicina, terapia en salud mental y medios de comunicación, hasta inteligencia artificial.

¿Rockstart solo acelera negocios de tecnología? “No, pero la tecnología es un habilitador clave para impulsar el crecimiento exponencial de los negocios, así que es un factor importante para lograr los resultados de la aceleradora”, aclara el director de Rockstart.

Aprender a crecer 

aceleradoras

Greendipity se dedica a diseñar e implementar soluciones de energía fotovoltaica (solar) en empresas y viviendas. La empresa comenzó operaciones en febrero de 2015 y en 2018 su fundador, el italiano Gian Luca Marin, decidió participar en el programa Foguéate, de la Cámara de Comercio de Cali (CCC), con el objetivo de mejorar su presentación de venta a inversionistas. 

En 2019, Marin fue aceptado en Valle Impacta, el programa de aceleración de la CCC. Cuando empezaron el proceso, las ventas anuales eran de 4500 millones y al terminar, un año después, ya habían superado los 10.700 millones de pesos en ingresos anuales.

“Trabajamos con el equipo de mentores de la CCC durante un año y tuvimos el acompañamiento de un asesor que nos hizo entender la importancia de tener los indicadores correctos y manejar bien los números de la empresa. Yo también empecé a delegar el control de la operación y me enfoqué en gestionar el crecimiento y los resultados”, dice Marin.

El empresario, que está casado con una caleña y se empeñó en vivir en el Valle del Cauca, asegura que el paso por las aceleradoras le ayudó a crear las conexiones de valor que necesitaba la empresa y hacer cumplir su promesa de valor a los clientes. La decisión le ha reportado grandes resultados, pues al cierre de 2021 las ventas superaron los 14.000 millones de pesos y para 2022 apuntan a duplicar los ingresos.

Crecer el negocio debe ser un objetivo básico para los empresarios, dice Marin, porque “si no crece, es porque la empresa está enferma”. Los inversionistas han sido fundamentales para impulsar la visión: en una primera ronda levantaron 500 mil dólares y ahora están en el proceso de cerrar una ronda con nuevos fondos de inversiones por un estimado de 4 millones de dólares. 

¿Fueron felices y comieron perdices?

Como lo advierte Felipe Santamaría, de Rockstart, ser seleccionado por alguna de las grandes aceleradoras no es garantía de éxito para un emprendedor. Por el contrario, puede propiciar ajustes o cambios drásticos en el modelo de negocio, incluso en el equipo de fundadores que participan en el proceso.

En el caso de Juan Camilo González, el paso por Y Combinator demostró que su propuesta inicial de ofrecer soluciones de bienestar financiero no tenía la capacidad de escalar a los niveles que se requerían. Así que cada socio hizo una propuesta para pivotar a un nuevo modelo de negocio.

“Yo propuse algo de seguros, pero se decidió ir por el tema de crédito y esa no era mi línea, por lo que decidí dar un paso al costado y permitir que otra persona pudiera apoyar esa nueva ruta”, dice el emprendedor.

Los aprendizajes obtenidos en esa etapa los capitalizó en la creación de un nuevo emprendimiento. Se llama Figuro. Es un marketplace de seguros que se define como el personal shopper de este tipo de soluciones y ofrece como valor agregado formación en temas de finanzas personales.

Con la aceleradora On Deck obtuvieron grandes beneficios durante las 12 semanas que estuvieron en el proceso. “Al programa hay que llegar con un plan, porque si esperas a crearlo dentro del proceso se te pasa el tiempo y no lo aprovechas. Nosotros ya sabíamos qué necesitábamos y qué podíamos obtener con la aceleradora, así que levantamos la mano y pedimos apoyo en las áreas más críticas”, dice.

Enamorarse del problema

aceleradoras

Para las aceleradoras resulta fundamental la calidad del equipo emprendedor, porque es el responsable de resolver los problemas cuando estos aparecen.

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A este respecto, Felipe Santamaría, de Rockstart, dice que las aceleradoras busca emprendedores que demuestren tener la capacidad de pasar de la presentación a la acción, que hacen experimentos muy rápidamente, que aprenden de sus usuarios. “Que salen a la calle y se untan de barro” para construir una solución que de verdad resuelva las necesidades de sus segmentos.

“En las aceleradoras nos gusta la gente que se enamora del problema, no de la solución. Estos son los que se obsesionan con la mejora. Miden los datos, los resultados de manera permanente, están abiertos a recibir feedback y dispuestos a invertir muchos años de su vida en consolidar un negocio. Una empresa requiere al menos doce años para dar resultados”, dice.

Otro punto clave en este tipo de organizaciones es tener mentalidad internacional, construir emprendimientos que se puedan replicar en muchas ciudades y países, con impacto en miles de personas. 

¿Hay materia prima en Colombia para que más emprendimientos se conviertan en el próximo Rappi? Felipe Santamaría dice que sí. “Para donde uno mira hay oportunidades porque se pueden mejorar procesos y aportar a la calidad de vida de las personas. Esto es un caldo de cultivo perfecto para crear soluciones”.  

Romper los límites

Rockstart es es una de esas aceleradoras que no tienen límites para sus emprendedores, en términos de sexo, género, edad, raza o región. De hecho, están comprometidos con el incremento de la participación de las mujeres en el ecosistema de sus empresas.

“En el mundo, la representación femenina en cofundadores es de menos del 25 %. Nosotros en Latinoamérica tenemos el 46 % de las compañías con mujeres como cofundadoras y queremos subir la representación”, señala Felipe Santamaría.

Y aunque cada aceleradora define el perfil de los emprendimientos que quiere apoyar, es muy usual que se enfoque en organizaciones que cumplan los siguientes criterios:

Menos de cinco años de creación (en etapa temprana)

Ventas promedio de 45 millones de pesos/mes

Modelos escalables geográficamente

Emprendimientos en los que la tecnología habilita el crecimiento

Con soluciones que apuntan a resolver los problemas de una gran masa de consumidores o clientes (miles o millones de personas)

Con un equipo de fundadores compuesto por al menos tres personas con diferentes habilidades que se complementan.

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Junio
13 / 2022

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