Hongos: un reino sorprendente por descubrir en Colombia

Se estima que en Colombia hay unas 300 mil especies de hongos, pero hasta el momento se han catalogado un poco más de 7000. Sin embargo, empiezan a surgir varios proyectos científicos para conocer un poco más sobre este reino, que tiene usos diversos, más allá del gastronómico.
 
Hongos: un reino sorprendente por descubrir en Colombia
Foto: Hernán Mendieta
POR: 
Claudia Arias

“Trajimos vida a la tierra. No puedes vernos, pero florecemos a tu alrededor, en todas partes, en todo. Incluso dentro de ti. Tanto si crees en nosotros, como si no. Desde el primer y hasta el último suspiro. En la oscuridad y a la luz. Somos más antiguos y los más nuevos, más grandes y los más pequeños. Tenemos la sabiduría de mil millones de años. Representamos la creación, la resurrección, la condena y la regeneración. Somos hongos”.

Esta es una de las frases que abre el documental Hongos fantásticos. Se transmite por Netflix y ha convertido en una verdadera sensación global, pues constituye un acercamiento hacia este mundo del cual conocemos muy poco.

Los hongos en Colombia

En el país también se investiga sobre el tema. El biólogo Mauricio Diazgranados es investigador líder del Kew Royal Botanic Garden de Londres. Coordina desde 2019 el proyecto Una mirada a las plantas y los hongos útiles en tres áreas biodiversas de Colombia. Lo hace con el apoyo del Instituto Humboldt y otras 22 instituciones del país.

Durante una charla en el pasado Hay Festival de Cartagena, Diazgranados compartió una anécdota. “Alguna vez acampaba con un colega en un bosque andino cerca de Bogotá, lejos de cualquier fuente de luz. Comimos, nos adentramos en el bosque y nos sentamos a disfrutar de los sonidos. Apagamos las linternas. Empezamos a mover las hojitas, cuando de repente vimos que el suelo comenzó a iluminarse, seguimos corriendo hojas y se veía el micelio bioluminiscente”, contó.

“Tomamos fotos pero no salía nada, llevamos una muestra a la universidad y ya había pasado el efecto. Solo tiempo después nos dimos cuenta de que existen hongos bioluminiscentes que generan este efecto”, explicó Diazgranados.

Otros micólogos colombianos

De un fenómeno similar fue testigo su colega, la micóloga Aída Marcela Vasco. Es presidenta de la Asociación Colombiana de Micología y docente de la Escuela de Microbiología de la Universidad de Antioquia.

Vasco recuerda que en el Amazonas también se encuentran estos hongos, a los que suelen llamar “palo de luna”. Su bioluminiscencia ha sido utilizada por las comunidades indígenas para alumbrar en la noche. 

Hongos
En el país, varias comunidades indígenas han utilizado los hongos tradicionalmente de forma ritual. Foto: IMDb.

Hasta 1969, se consideraba que los hongos integraban del reino vegetal. En ese año afirmaron su independencia en el reino fungi. Este es el segundo más diverso después del reino animal, con un número estimado de 2,2 a 3,8 millones de especies en todo el mundo. Así lo informa el portal ColFungi, creado por el proyecto.

En Colombia el panorama es muy  interesante, y con todo aún por hacer, pues actualmente hay 7.273 especies catalogadas. Sin embargo, los cálculos presumen unas 300.000, es decir, se desconoce más del 95 %.

Red de redes bajo tierra

Imagine que camina por el bosque. En medio de la yerba, sobresale un par de hongos carnosos, con el pie color crema y el sombrero rojo. Al verlos es inevitable pensar en Los Pitufos y que en cualquier momento podría asomar una de estas criaturas azules.

Sin embargo, se ignora que lo que conocemos como hongo es solo su cuerpo fructífero. Bajo tierra existe una amplia red que los conecta unos con otros, incluso si están alejados. Mejor dicho, el cuerpo fructífero que hay en un punto, puede ser el mismo individuo visto 200 metros atrás.

“Los hongos han sido olvidados por mucho tiempo, su importancia es reciente en el mundo de la ciencia. Es porque resultan difíciles de estudiar y solemos conocerlos cuando nos causan problemas. Las setas que vemos son solo la parte reproductiva del hongo, pero este ha estado en el subsuelo, en la hojarasca y en los troncos”, explica Diazgranados.

El biólogo añade que aunque los hongos tienen una morfología compleja, “su estudio tuvo un avance enorme gracias al surgimiento de las técnicas moleculares. Estas se expandieron en la década de 1990, pero que solo ahora son accesibles para los investigadores, pues eran muy costosas”.

El “internet” del bosque

Hongos
Lentinus crinitus, ‘orejas’ o ‘chitos’. Foto: Rocío Peña.

Bajo tierra se constituye lo que algunos denominan ‘el internet del bosque’. Está conformado por los hongos micorrícicos, una extensión de las raíces de las plantas que se pueden comunicar con otras mediante señales a través de esta red. Además, usan este sistema para compartir nutrientes.

De esta forma se posibilita esa relación entre plantas y hongos, en la que la planta aporta azúcares provenientes de la fotosíntesis y así ambos organismos se benefician.

“En la agricultura, las micorrizas están tomando importancia, pues ayudan a que los cultivos crezcan más vigorosos y sean más resistentes a patógenos y sequías. Los hongos son muy diversos, conforman un reino con un éxito evolutivo alto, por eso hay tantas especies gracias a las interacciones con otros organismos. Yo creo que debemos aprender de ellos y del aporte de esas simbiosis”, anota Aída Marcela Vasco.

Colombia, tres territorios y muchas oportunidades

Las zonas elegidas para el proyecto Una mirada a las plantas y los hongos útiles en tres áreas biodiversas de Colombia se seleccionaron tras un análisis con expertos en diferentes áreas.

Al final quedaron los municipios de Bahía Solano (Chocó), Becerril (Cesar) y Otanche (Boyacá), dueños de una diversidad complementaria de plantas y hongos, gracias al contraste de climas, ecosistemas, topografías y ubicaciones.

Diazgranados explica que si bien se hicieron varias actividades en terreno, una de las labores más importantes era reunir la información ya existente y dispersa, para organizarla, catalogarla y subirla a los portales ColFungi y ColPlanta.

Hongos
Ilustración de Lisa Anzellini @lisa.anzellini.

El municipio de Otanche fue la sede para el estudio de los hongos, utilizados tradicionalmente de forma ritual por comunidades indígenas, en la medicina y en la alimentación, con el consumo de especies como el champiñón, las orellanas, las amarillas, las manitas y las kallambas, y entre otras menos conocidas, la melena de león, que crece en troncos de roble de zonas como Boyacá. 

Aída Marcela Vasco recuerda que varios grupos indígenas de la Amazonia y la región andina consumen hongos de manera tradicional: “En municipios como Otanche, pero también en Arcabuco y otros han hecho uso de los hongos desde lo local; van a sitios ya identificados y los recolectan para su consumo y para comercializar en las plazas de mercado”.

La alimentación: uso tradicional

Según el proyecto del Kew Garden, “de las especies recolectadas en Otanche, cinco han sido reportadas como comestibles en otras regiones del país e incluso en otros países amantes de los hongos”.

De los registrados, las especies con evidencia de uso en las comunidades campesinas del municipio son las tocinas, las orejas blancas o nacumas y los nipurches. También se registró la preparación de una especie de Auricularia y se mencionó otra comestible conocida como “vomitona”, aunque no se identificó.

Tampoco hay que olvidar que el pan, el queso, el vino y la cerveza no serían posibles sin las levaduras, otro tipo de hongo, ni los alimentos fermentados, llenos de propiedades y en boga en la actualidad.

Mauricio Diazgranados ha probado varias veces las orejas blancas: “En el campo, si veo orejitas, como. El último hongo que consumí fue en enero cuando llevé a dos colegas al páramo de Cruz Verde, cerca de Bogotá, donde encontramos ‘cora’, un liquen delicioso común en los páramos. Ellos lo probaron y les pareció sensacional. Podemos pensar en platos con un hongo así. Los líquenes suelen ser usados por mamíferos para sobrevivir en condiciones extremas, en el Ártico, por ejemplo, los venados lo comen”.

Ilustración de Lisa Anzellini @lisa.anzellini.

Hernán Mendieta (48) y Adolfina Medina (60) viven en la vereda San José de Nazareth de Otanche, donde los hongos, “la carne del campo”, han sido una presencia permanente, los han recolectado y cocinado siempre.

Las orejitas –blancas, rojas y cafés–, forman parte de su paisaje y de su dieta: “Las recolectamos, las picamos pequeñas y las ponemos a sancochar con agua y sal; luego las doramos en manteca con cebolla, alguna hierba y huevo si se quiere”.

Dicen que son deliciosas, que con el auge del turismo y el interés en los hongos, están felices de compartir información con los visitantes y de acompañar a los investigadores a las salidas de campo para conocer otras especies:

“Quizás haya otras comestibles”, aseguran. Ahora quieren que muchos de sus coterráneos que desconocen el producto y sus propiedades, además de los interesados en cualquier lugar, disfruten esta delicia natural.

Otros usos de los hongos

Recientemente, han aparecido otros usos de los hongos, como el de control biológico –degradan materia orgánica–; biorremediación –contribuyen en procesos de recuperación de un medioambiente contaminado–, y para materiales y biotecnología.

“De las 7241 especies de hongos conocidas hasta la fecha en Colombia, al menos 382 especies (nativas y no nativas) presentan usos diferentes”, informa el portal ColFungi.

Sobre los hongos alucinógenos (al igual que sucede con las plantas), asegura Diazgranados, “forman parte de culturas milenarias en las que son considerados especies sagradas, y existe una gran diferencia entre estas y la cultura occidental.

Muchas de esas culturas indígenas promueven su uso, pues consideran que consumirlos es socialmente correcto, y que los líderes que lo hacen con regularidad y controlan sus alucinaciones son más sabios que quienes no han pasado por esta experiencia; en cambio, la nuestra lo restringe y señala como socialmente incorrecto consumir un producto que genera alucinación”.

No se trata de promover el uso de estos hongos de manera general, experimental o recreativa, pero tampoco de condenarlo desde el desconocimiento.

hongos
Hongos que aparecen en el documental de Netflix. Foto: MUBi.

Hoy en el mundo existen diversos estudios sobre el uso de la psilocibina, compuesto alucinógeno del psilocybe cubensis, usado en microdosis para combatir la depresión y la ansiedad. Instituciones como el Imperial College of London y el Johns Hopkins Medicine International tienen proyectos de investigación dedicados a evaluar el efecto del compuesto en personas con depresión, con prometedores resultados hasta el momento.

Hongos para combatir derrames de petróleo, para la agricultura, para sustituir la carne, para la neurogénesis y como tratamiento para el alzhéimer. En el documental Hongos fantásticos dicen que su papel genera miedo, pues descomponen organismos muertos, pero también existen sus fanáticos, que los buscan y comen juntos; además, hay festivales y excursiones para recolectarlos y aprender de ellos.

Un camino de exploración del reino natural más antiguo, pero joven en reconocimiento. Es, sin duda, todo un mundo por descubrir. 

Un espacio para los hongos

Los fungarios o micotecas, algunos adscritos a herbarios, son sitios en los que se clasifican y archivan los cuerpos fructíferos recolectados secos; por su parte, los ceparios albergan colecciones vivas para su conservación, estudio y uso.

El Herbario de la Universidad de Antioquia tiene el fungario más grande del país, abierto al público y con más de 12.000 ejemplares de 123 familias, 398 géneros y mil especies. La universidad cuenta también con la colección de microorganismos de la Escuela de Microbiología, cepario en el que se preserva la biodiversidad de hongos del país, con ejemplares de importancia ambiental, industrial y clínica.

         

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abril
7 / 2022