¿Por qué nos entristecemos cuando termina nuestra serie favorita?

La respuesta tiene que ver con sistemas de recompensa y sensaciones que pueden estar relacionadas con comportamientos adictivos.

Mientras se revelaban las últimas escenas de Breaking Bad, catalogada como una de las mejores series de la historia, Nina González no pudo contener la tristeza, “no podía creer lo que le había pasado a Walter White. Comenzó una sensación de duelo, como la que se siente cuando un amigo ya no está”.

A Catalina Oquendo la angustia la dominó al finalizar The Handmaid´s Tale, “sentí que esa ficción es palpable en nuestra realidad en temas como el aborto, por ejemplo. La serie plantea una teodictadura en la que un grupo de personas “de bien” deciden sobre el cuerpo y la maternidad de las mujeres. Hay una frase de la protagonista que recuerdo mucho: todo se estaba derrumbando y nosotros seguíamos la vida como si nada”.

Lo mismo le ocurrió a Fabián Tamayo con el final de Dr. House, la serie protagonizada por Hugh Laurie. Se conmovió tanto que no pudo evitar llorar. “Estuve muy triste porque pudo haber otra temporada y no pasó”.

Hay pocas sensaciones comparables con la que se siente cuando una serie nos engancha y se acaba. Muchos dicen que no hay forma de evadir la tristeza, ni la sensación de inconformidad y el vacío que deja ver las últimas escenas de la serie favorita.

Y es que se vuelven parte de nuestra cotidianidad. Su poder supera las fronteras de la habitación o del dispositivo desde el cuál las vemos y sus tramas nos acompañan incluso cuando estamos trabajando, hablando con amigos, y en ocasiones solo pensamos en acabar lo que estamos haciendo y correr a ver el siguiente episodio.

¿Por qué nos enganchamos a las series?

“Porque tienen reforzadores positivos de recompensa que nos hacen sentir bien”, explica Gabriela Orozco, doctora en Psicología, en la especialidad de neurociencias de la conducta. “Se activan mecanismos cerebrales o caminos del cerebro que participan en la recompensa, esto hace que queramos hacer de nuevo algo que nos hizo sentir bien, que nos gustó”.

Este circuito de recompensa se activa ante estímulos naturales como la comida, hacer deporte, tener sexo y dormir.

Entonces ha sido tanto el bienestar que sentimos que perdemos de vista el paso del tiempo y ya faltan solo unos pocos capítulos para que se acabe, se van despuntando posibles finales y aparece una doble angustia: no saber cómo terminará, y el hecho inevitable de que ya no habrá más historia.

¿Por qué nos sentimos tristes cuando termina una serie?

La primera respuesta es que los reforzadores que nos mantenían enganchados, se pierden. Con el final de la historia también dejan de activarse estos circuitos positivos que nos mantenían con la expectativa y el ánimo arriba en cada capítulo.

La psicóloga Gabriela Orozco brinda otra perspectiva sobre la tristeza post serie. “No se da en todas las personas, solo en las que tienen la predisposición para generar una conducta adictiva”, se apresura a decir, y además, señala un estudio realizado por la Universidad de Texas durante 2015, para el cual analizaron a 400 personas entre 18 y 29 años que tenían en común estar acostumbrados a ver series.

“Los resultados mostraron que las personas se sentían solas y con deficiencia de autorregulación. Sus sentimientos y emociones negativas aumentaron”.

Orozco también menciona la relación entre el tipo de contenido que se ve y que puede condicionar la reacción final. “Otro estudio presentó un video que contaba una historia acerca de un chico con cáncer terminal y su padre. Aunque este último intentaba disfrutar el tiempo que le quedaba con su hijo era imposible que fuera feliz. Se encontró que las personas que veían el video sentían incomodidad, tristeza y empatía, les tomaron muestras de sangre y encontraron altas concentraciones de cortisol, que es la hormona del estrés, y de oxitocina, la hormona clave en la empatía entre las personas”.

Pero no todo es así. Cuando Carlos Castro terminó Twin Peaks, la serie emitida durante la década de 1990 y dirigida por David Lynch, no se sintió triste, todo lo contrario. Aunque la obsesión que le produjo lo llevó a ver las tres temporadas en una semana, al finalizar “tuve una sensación de tranquilidad, de haber resuelto el enigma porque la serie consigue meterlo a uno en esa trama de querer resolver los misterios que se van presentando”.

Así que la respuesta es química. Dopamina, cortisol, oxitocina son las protagonistas durante y después de acabar una serie. Nuestro organismo genera ciertas hormonas asociadas a sensaciones que van desde la felicidad hasta el estrés y la tristeza.

Otro capítulo más: en la línea de adicción

El gusto por las series en ocasiones se convierte en asunto de devoción que se puede salir de las manos, por eso no resultó una sorpresa que el año pasado se presentara el primer caso documentado de “adicción a Netflix”.

Un ciudadano de la India ingresó a la Clínica del Servicio para el Uso Sano de la Tecnología por pasar seis horas diarias durante seis meses viendo series. “Cada vez que su familia lo presionaba para ganarse la vida (estaba desempleado), se ponía a ver todo el tiempo series. Era un método de escapismo porque así se olvidaba de sus problemas y obtuvo un inmenso placer de ello”, le dijo el director de la clínica, Manoj Kumar Sharma, al medio The Hindu.

“Al tener disponible en tantos dispositivos electrónicos el acceso a las series puede promover en ciertos perfiles la adicción. Existe un perfil de personalidad en el cual se presenta una alta búsqueda de la novedad, alta dependencia a la recompensa. Por lo general afectan otras esferas de su vida, como la social, la familiar, laboral y económica. Pueden padecer cuadros de síndrome de abstinencia”.

Pero no se alarme, este artículo no es diagnóstico. Si se sintió extrañamente identificado con algunas de las señales de alerta que menciona Gabriela Orozco, consulte a un especialista. Esta nota es solo para entender por qué nos sentimos de una u otra manera cuando ya no existe la opción de ver el siguiente capítulo.

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