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En los años 80 el imperio musical tuvo carátula negra

Parece un absurdo, pero no. Mucha gente blanca-blanca quería ser negra. Una especie de segregación al revés. Todo comenzó en el círculo dorado platinado del espectáculo.

Foto: Atlantic Records/ Wikimedia Commons/ public domain/

Parece un absurdo, pero no. Mucha gente blanca-blanca quería ser negra. Una especie de segregación al revés. Todo comenzó en el círculo dorado platinado del espectáculo.

Publicado originalmente en Revista Diners Ed. 114 de septiembre 1979

Los cantantes negros al llegar a Estados Unidos se vieron limitados en el plano melódico. Para cultivar una música de mayor contenido comunicativo se plegaron a determinadas formas occidentales.

Los blancos reaccionaron. Al Johnson, protagonista de la primera película sonora, «El cantante de jazz», es el más famoso de los trucadores faciales; se tiznaba la cara para remedar a los negros.

El drama aumentaba con los mismos intérpretes de color. Como no eran lo suficientemente oscuros se ennegrecían el rostro para despejar cualquier duda.

Caso patético lo da el célebre Sammy Davis. Cuando su primera presentación en un escenario un tío le aconsejó tras las bambalinas: «Y no olvides nunca que no has de tocarte la cara». Sammy estaba pintado de negro y llevaba guantes blancos.

El color de las voces negras ha seducido y debilitado a muchas generaciones por varios hechos que van más allá del simple gusto. Tiene implicaciones psicológicas: salvajes, primitivas, sensuales, apoyadas con buena dosis de melancolía, tristeza, nostalgia y con esa manera de emitir sonidos, como si tuviera sordina en la garganta.

Dentro de la constelación de vocalistas negros se debe mencionar a la más completa: Ethel Waters, cantante y actriz. Esta última actividad opacó la primera. Dejó estela y secuela. Vale decir, muchos imitadores.

Posteriormente, con préstamos armónicos de aquí y allá (de negros y blancos) aparece Ella Fitzgerald. Louis Armstrong introdujo el estilo silabeante o cantando sílabas que pueden ser. Pero Ella Fitzgerald es su más grande exponente. Demostró que no solo Dizzy Gillespie tocaba ese estilo de música sino que también se podía “tocar» con la voz humana.

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Al fraseo de la cantante Billie Holiday debe Frank Sinatra muchos de sus dones interpretativos. Estas voces fueron abriendo brecha para los futuros amos y señores de las ventas discográficas. Después de la Segunda Guerra Mundial aparece la voz de sacristía y capilla de Nat King Cole. Aquí el imperio negro comenzó a constituirse sólidamente. Se hizo más concreto al «paganizar» su idioma cantando en español.

Sarah Vaughan fue otra de las idolatrizadas por el público: su dominio y técnica de la respiración hay que ubicarlo en lo fantástico.

Una pareja que revolucionó la comedia musical y el disco fue integrada por la erótica Dorothy Dandridge y Harry Belafonte en la supermillonaria «Porgy and bess» del genio George Gershwin. Belafonte es sinónimo de Calipso.

Ya en nuestros días la legión de cantantes de color se ha dado el lujo de fundar sus propios sellos donde únicamente graban sus clanes, adeptos, apóstoles en todas las modalidades de la música: instrumental, coral, conjuntos, solistas. Aretha Franklin circula mundialmente con potencia, color y sentimiento. Hay mucha sinceridad y desgarre.

En este elenco de privilegiados brillan Roberta Flack, Donna Summer, Diana Ross. El dominio blanco detentado por Bing Crosby y Frank Sinatra siempre estuvo en duda.

Estas se disiparon cuando irrumpió Elvis Presley. Muerto el rey el asunto cambió otra vez de color y hasta de sabor: editorialistas de diarios serios estadounidenses comentan la intromisión más que introducción, de un condimento que estaba esperando la música popular yanqui: La Salsa.

El aporte caribe-latino, el filtro antillano de la música africana. Es un desquite razonable y justo. Si los derechos civiles son débiles, si su participación en la política y economía del país es íntima, si su literatura es subterránea, los músicos y cantantes negros conmueven las entrañas sensibles del alma estadounidense.

Son los propietarios de los sistemas nervioso y sensorial de la juventud. Y con esto está dicho todo. ¿Cuantos no cayeron enloquecidos por culpa de los modernos cantos de sirena de un Barry White, el señor Barry Blanco? ¡Qué ironía! Ellos crean, piensan, producen para la juventud que ha comenzado a adorar dioses de ébano alegres, ruidosos, bullangueros.

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A los racistas contumaces les queda el consuelo de que «los negros también tienen alma blanca».

La voz científica

El conocido profesional Jorge E. Helo, otorrinolaringólogo, opina así: «La garganta de negros y blancos es exactamente igual. Lo diferente es el tamaño y la dimensión de las cuerdas. Eso ocurre en todos los seres humanos donde ningún órgano es igual a otro. Hay diferencia en la cavidad de los senos paranasales».

Música y folclor

Octavio Marulanda desde su esquina de musicólogo y folclorista expresa otra cuestión, basado en investigaciones directas realizadas en Tumaco, Buenaventura, Chocó, la Costa Atlántica, Nueva York y la Historia Antigua.

«Si hay una diferencia, por una razón llamada ‘El ámbito vital de las Razas’. Su medio físico y geográfico es utilizado por los negros para su desarrollo. Esta raza es solar, se desenvuelve al aire libre, no es urbana. Otra cosa es que se vea obligada a ello.

Tal situación le confiere una extensión muscular, cavidad torácica y estomacal más amplia. Posee una gran facultad musical innata, congénita para responder al ritmo con manos y pies.

Mientras los blancos tienen posibilidades líricas, los negros en cambio, son estupendos bajos y barítonos. Cuentan con una gran tradición de canto colectivo y de ceremonias de tipo ritual con expresiones sonoras.

Personalmente conozco en varias comunidades negras, cantantes y músicos sin preparación expresándose espontáneamente sin el menor esfuerzo. En ellos todo es movimiento. Esta no es una actitud científica sino humana de acuerdo con mis experiencias».

Informe de etiqueta

El poder negro tiene voz, voto, dólares, seducción y mucha clave de sol. Un poderío a base de sismos, temblores y terremotos corporales que desembocan en la locura sexual.

El erotismo Negro lo conocen y aceptan muy bien los celtas, los iberos, los sajones, los eslavos y los arios. BLACK IS BLACK.

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Agosto
08 / 2019

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