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La armonía, los sonidos y la música se reúnen desde hoy en Cartagena

Hoy comienza la decimotercera edición del Festival Internacional de Música de Cartagena, que se extenderá hasta el 13 de enero. En esta ocasión explorará la fascinante relación entre música y ciencia.

Foto: Fotos Cortesía Cartagena Festival Internacional de Música

Hoy comienza la decimotercera edición del Festival Internacional de Música de Cartagena, que se extenderá hasta el 13 de enero. En esta ocasión explorará la fascinante relación entre música y ciencia.

Para los griegos, el universo era música. Los astros vibraban con un sonido propio que se hacía más agudo cuando se acercaban al Sol y más grave cuando se alejaban. En la Tierra, todo vibraba en sincronía: las plantas, los suelos, los hombres. Con el tiempo, la “armonía de las esferas” –como se llamó entonces– quedó reducida a un mito, pero la música y la ciencia se unieron para siempre.

Siglos más tarde, Pitágoras aseguró que hasta el mismo Dios era un número. Los sonidos que resultaban agradables para el oído dependían de su longitud de onda y las siete notas musicales, do, re, mi, fa, sol, la, si eran el resultado de partirla sistemáticamente a la mitad. Después vinieron Aristóteles, Platón, Ptolomeo, Galileo, Newton, Euler y Kepler. Para todos, el cosmos tenía su propia melodía.

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Aunque con el tiempo la idea quedó obsoleta, algo había de cierto. El 2 de abril de 1998, la Nasa lazó su cuarta misión SMEX al espacio: el Transition Region and Coronal Explorer (Trace). Un observatorio solar que trajo las primeras evidencias de música en cuerpos celestes, algo así como una serie de ultrasonidos 300 veces más graves de lo que puede escuchar el ser humano.

Este año, el Cartagena Festival Internacional de Música tiene por título Armonía celeste y sus conciertos giran alrededor del eterno coqueteo entre música y ciencia, de esa relación milenaria, que a través de fenómenos físicos alcanza estados mentales y eleva el espíritu. Los sonidos y los números integran un orden sensible de justas proporciones. Una armonía absoluta entre las partes y el todo, entre lo natural y lo sobrenatural, entre el hombre y la infinidad que lo rodea.

Es simple, la música es equilibrio.

Bach y Pärt

En 1980, cuando del sida no se sabía mucho y la medicina a duras penas atinaba a poner sus enfermos en cuarentena, Patrick Giles, quien para entonces era voluntario de un albergue estadounidense, volvía todas las noches a su casa sintiéndose impotente. El dolor de sus pacientes terminales era cada vez peor y ya no bastaban los analgésicos.

Las obras de Bach son protagonistas en esta edición.


Una tarde decidió acudir a quien hacía las veces de Dios en su vida: la música. Funcionó. El segundo movimiento de Tabula Rasa, una pieza para dos violines, piano y orquesta, escrita por el compositor estonio Arvo Pärt, se convirtió en un murmullo casi religioso, en una plegaria que calmaba el desespero de los moribundos. “La música de los ángeles”, como la llamaron todos, sonó desde entonces cuando el miedo inclinaba la balanza a su favor.

Más de treinta años después, el pianista James Rhodes escribió en la contratapa de Instrumental, su primer libro: “Me violaron a los seis años. Me internaron en un psiquiátrico. Fui drogadicto y alcohólico. Intenté suicidarme cinco veces. Perdí la custodia de mi hijo. Pero no voy a hablar de eso. Voy a hablar de música. Porque Bach me salvó la vida. Y yo amo la vida”.

Cualquier otro intento por explicar su historia sería una osadía. La Chacona en re menor, de J. S. Bach, ocupa el lugar más especial de su repertorio. Es la pieza que escuchaba de niño cuando volvía a casa y sentía aún las manos del profesor de gimnasia en su cuerpo, y la que toca de adulto cuando la vida le pesa demasiado.

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La Orquesta Philarmonia.


Bach y Pärt son dos de los compositores que sonarán en el Cartagena Festival Internacional de Música. El primero, como protagonista absoluto de las justas proporciones y el segundo como artífice de las formas simétricas. Dos ideas que van más allá de las matemáticas y de los números. Que se hacen extensivas a los estados mentales, a la relación entre mente y cuerpo, a la valentía y al miedo ante la muerte.

Bach y Arvo Pärt también son equilibrio.

La equidad 

La historia de las mujeres en la música clásica es corta y más aún si se trata de mujeres directoras de orquesta. Según la Royal Philharmonic Society, solo una orquesta británica tiene una mujer como directora titular, y de 371 directores representados por agentes, únicamente 22 son mujeres. En el resto del mundo pasa lo mismo: de las 427 orquestas profesionales de Estados Unidos, solo 27 tienen una mujer en su podio, y sin ir tan lejos, en más de setenta años de historia sinfónica, la música colombiana solo puede contar tres directoras principales: Carmen Moral, Ligia Amadio y Cecilia Espinosa.

La Juilliard School of Music, una de las escuelas más prestigiosas del mundo, solo recibió mujeres en su programa de dirección desde 1960. El Teatro Metropolitano de la Ópera, en Nueva York, no tuvo ninguna directora de planta hasta 1996, cuando llegó Simone Young. El cierre de los BBC Proms –el ciclo de conciertos más importante de Londres– tuvo por primera vez una batuta femenina en 2013, la de la estadounidense Marin Aslop. Y la Orquesta Sinfónica de la Radio de Viena solo contó con su primera directora en enero de este año, cuando de nuevo Aslop, con 62 años, asumió el rol.

“Me siento honrada –dijo esta segunda vez–, pero al mismo tiempo, sorprendida de que todavía, en este año y en este siglo, sigan existiendo primeras veces para las mujeres”. Para ella, la música es un “microcosmos” de la sociedad actual, y la falta de mujeres en el podio debe constituir una de las preocupaciones más urgentes del mundo: la inequidad de género. Dice que tiene que ver con la falta de oportunidades, puesto que nos hemos acostumbrado a no tenerlas y no hemos llegado al nivel de equidad que razonablemente esperaríamos en esta época.

Natalie Murray será la primera mujer en dirigir una orquesta principal en el marco del festival.


“Es cierto –dice Natalie Murray Beale–. Es triste que sigan existiendo primeras veces, pero tenemos que avanzar, y precisamente por eso se hacen más urgentes”. Esta directora australiana es la primera mujer que dirigirá una orquesta principal en la historia de este festival. Estará al frente de la Orquesta Philharmonia, una de las más reconocidas de Gran Bretaña, y de cinco conciertos que van desde Johann Sebastian Bach, en el barroco, hasta Arvo Pärt y Philip Glass en el minimalismo del siglo XX.

Antes de ser directora, Murray Beale fue pianista de la Welsh National Opera durante varios años y despertó una sensibilidad especial por los dramas cantados y la música vocal, tanto que sus primeras apariciones al frente de una orquesta fueron con Madama Butterfly de Giacomo Puccini. En 2015 resultó seleccionada como una de las seis becarias del Linda and Mitch Hart Institute for Women Conductors, un programa creado por la Ópera de Dallas, que cada año elige a seis directoras destacadas para estar al frente de sus montajes.

Pero ella no es la única “primera vez” del Cartagena Festival de Música, que también trae entre sus artistas invitados a la pianista canadiense Angela Hewitt, famosa por su precisión y serenidad cuando se trata de Bach, y a la arpista holandesa Gwyneth Wentink, una de las primeras en mezclar sonidos experimentales con música clásica.

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Y es que si bien el arpa y el piano han sido considerados instrumentos femeninos siempre, solo desde hace pocas décadas las mujeres pueden tocarlos de manera profesional. Hasta más allá de la mitad del siglo XX estaban vetadas de cualquier ejercicio musical que se saliera del oficio doméstico. Cocinar, coser e interpretar valses y danzas durante las fiestas y reuniones familiares eran cualidades deseables y casi obligatorias en una dama de buenas costumbres, pero absolutamente mal vistas en escenarios públicos, concursos u orquestas.

El chelista colombiano Santiago Cañón, ganador del tercer premio en el concurso Queen Elisabeth 2017.


Este año, el festival apuesta por “el número, el sonido y la música”, como se lee en la frase que acompaña su título. Sus conciertos giran alrededor de la simetría, la razón y el equilibrio del universo. De esa relación entre ciencia y música, por la que tanto se preocuparon Pitágoras, Kepler y el mismo Bach. De las justas proporciones, del micro y del macrocosmos, de la repartición igual de los sonidos para conseguir la afinación perfecta. Una bella metáfora para hablar también de su apuesta por las mujeres en la música clásica.

La equidad también es equilibrio.

Conciertos recomendados

Del Microcosmos al Macrocosmos: la pianista canadiense Angela Hewitt interpretará las Variaciones Goldberg, de J.S.Bach. ¿Cuándo?: el 6 de enero, a las 11:00 a.m. ¿Dónde?: en la Capilla Sofitel Legend del hotel Santa Clara.

Armonía de las Formas: la directora australiana Natalie Murray Beale dirigirá la Orquesta Philarmonia en un concierto que incluirá obras de J.S. Bach, Joseph Haydn, Franz Schubert y Philip Glass. ¿Cuándo?: el 5 de enero, a las 7:00 p.m. ¿Dónde?: en el Teatro Adolfo Mejía.

Armonía del Misterio: la arpista holandesa Gwyneth Wentink se presentará junto a la Orquesta Philarmonia en un concierto que tendrá a Natalie Murray como directora y en el que interpretarán obras de Samuel Barber y J.S. Bach. ¿Cuándo?: el 7 de enero, a las 7:00 p.m. ¿Dónde?: en la Capilla Sofitel Legend del hotel Santa Clara.

Armonía en el Castillo del Cielo: el reconocido director sir John Eliot Gardiner dirigirá al English Baroque Soloists en una función que incluirá dos conciertos y una suite de Johann Sebastian Bach. ¿Cuándo?: el 9 de enero, a las 7:00 p.m. ¿Dónde?: en el Charleston Santa Teresa.

El Juego Simétrico de las Partes: el chelista colombiano Santiago Cañón, ganador del tercer premio en el concurso Queen Elisabeth 2017, se presentará junto al pianista iraní Ramin Bahrami. ¿Cuándo?: el 11 de enero, a las 8;30 p.m. ¿Dónde?: en la Capilla Sofitel Legend del hotel Santa Clara.

 

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Enero
04 / 2019

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