Septimania, una historia de amor a la cuántica

“Quería darle a los lectores la sensación de que el amor llega de muchas formas y que la búsqueda del amor muchas veces involucra múltiples lenguajes, no necesariamente hablados", le dijo el autor Jonathan Levi a Diners.

Septimania, la nueva novela del norteamericano Jonathan Levi, es una lectura curiosa que celebra el amor como una fórmula llena de ciencia e historia. La relación de Louiza, una matemática superdotada con serios problemas de socialización, y Malory, un estudiante de música, quien a lo largo de la trama descubre que es el gobernante de un reino perdido, invita a reflexionar sobre la búsqueda desenfrenada por el autoconocimiento y cómo las conexiones con las personas y los lugares afectan la identidad. La estructura se inspira en la física cuántica y la composición musical, y crea una historia de amor con una narración exitosa, sensible, filosófica y sofisticada.

“Quería darle a los lectores la sensación de que el amor llega de muchas formas y que la búsqueda del amor muchas veces involucra múltiples lenguajes, no necesariamente hablados. Pueden ser lenguajes sin palabras como la música, las matemáticas, la ciencia. La búsqueda del amor no es tan diferente a la búsqueda de los orígenes del universo o de significado a través de la religión. Todas esas búsquedas vienen de un deseo profundo en nuestras vidas de encontrarle un sentido a este tiempo corto que tenemos en la tierra”, aseguró Levi en el lanzamiento de la novela en la sede de la Editorial Rey Naranjo.

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La novela invita a pensar en las búsquedas y los caminos. Los personajes oscilan entre el deseo de encontrar una respuesta y los apegos a la búsqueda. “La vida es así. Es reconfortante pensar que tenemos un solo camino y que lo seguimos toda la vida, pero en realidad, todos nos desviamos. Queremos algo, pero vienen otras cosas y nos sacan del camino. Muchas veces nos alejamos por mucho tiempo hasta que volvemos a lo directo, a lo más acotado. En parte, esta idea también tiene que ver con la pregunta de si hay una sola explicación para todo, un solo amor, una sola religión, o si de hecho el mundo es más complejo. Si hay siete explicaciones como en Septimania. O si todas estas explicaciones nos van a convertir en maníacos, si es una enfermedad el buscar todas las respuestas”.

Levi cuenta que el personaje de Malory y sus aventuras como monarca de un reino que fue entregado a los judíos en la época de Carlo Magno, tuvieron origen en un incidente que ocurrió en una cena en Cambridge en sus épocas de estudiante. “Estaba con un amigo que estaba investigando una sociedad secreta francesa. Al final de lo noche, recibió una llamada en francés que le pidió que abandonara el proyecto, o se atuviera a las consecuencias”. Luego, el personaje tomó vida propia cuando se empezó a relacionar con otros personajes y a explorar lugares.

La trama hace uso de la imaginación para crear escenarios con personajes como Carlomagno e Isaac Newton y modifica la historia oficial. “Me interesan mucho los huecos que existen en el conocimiento. Una obsesión que se podría llamar cuántica, pues nunca sabremos si ciertos personajes o hechos existieron o no. En este caso, la mayoría de la evidencia histórica sobre Carlomagno viene de dos fuentes, una es un monje que fue su contemporáneo y la otra es un hombre que vivió veinticinco años después. Eso es todo. Los académicos han construido un monopolio sobre la verdad, pero hay una gran cantidad de cosas que uno puede indagar” comentó Levi.

La separación de los personajes y los viajes en Europa, especialmente a Cambridge (Inglaterra) y Roma, son parte fundamental de la trama. “Los lugares tienen una parte extremadamente importante en la escritura del libro. No soy del tipo que sale a escribir una novela sobre Detroit, o sobre algún lugar que pueda ser desagradable y aburrido para vivir. Quiero escribir una novela sobre un lugar donde quiera pasar un par de años para investigar y conocerlo a profundidad. Empecé a escribir Septimania en 1997. La retomé en el 2007 cuando vivía en Roma y se impregnó de Roma”.

Uno de los elementos filosóficos que atraviesa la narración es la idea de que el yo solo existe en la medida que se relacionan con su entorno y otros seres. La identidad es la experiencia. “El reino que Malory hereda, no es lo que uno se imagina como un reino, pero son todas las cosas que se relacionan con él. Él descubre quien es, al descubrir los objetos alrededor como la biblioteca de La Villa.

Su vida cambia con este lugar que nadie más parece saber que existe, una biblioteca llena de posibilidades infinitas al estilo de la de Borges. La Villa Septimania, su reino, es un organismo vivo como el ser. Para Malory, los lugares se definen por quién es él y lo que está buscando en ese momento. Creo que funciona así para todos. Mi Bogotá es diferente de su Bogotá. Bogotá son mis relatos, las personas que conectó con los diferentes lugares. Y eso no significa que no haya una realidad aparte, solo que observar sí cambia la realidad. Ese poder del sentido de la observación y de quién observa y cuenta, es una posibilidad enorme para la imaginación y la ficción”.

Levi agregó que la escritura es la mejor herramienta para reflejar este tipo de complejidades. “Escribir un libro es una combinación de una investigación intensa y una vida intensa, de una exploración vital de las reacciones a todas las cosas. Le digo a mis amigos que escribir le gana a trabajar. Agradezco cuando uno se empieza a perder en la escritura, esos momentos cuando uno pierde la noción del tiempo y del espacio y de repente, termina un párrafo y vuelve en sí mismo sin saber cuánto tiempo pasó o dónde está. Esa es la droga, la experiencia que tratamos de obtener al escribir. Agradezco que si uno es constante, tiene suficientes experiencias de esas, como para levantarse todas las mañanas y volver al escritorio”.

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