Pilar Quintana: “Escribo en cualquier ratico que tenga libre”

La premiada escritora caleña, ganadora del premio Biblioteca Narrativa de la Universidad de Antioquia 2018, conversó con Diners sobre los instintos maternales, la animalidad, y la escritura de la seducción.

Vestida de azul marino, con pelo corto a la altura de los hombros, crespo, sandalias plateadas y un morral de cuero carmelito, Pilar Quintana, la escritora caleña, ganadora del premio Biblioteca de Narrativa Colombiana, habla con generosidad de La Perra, su cuarta novela, de su proceso creativo, de sus profesiones.

En su charla en el Hay Festival de Cartagena con el periodista Jorge Eduardo Espinosa sus respuestas van al punto y con la misma ligereza de su prosa en la novela, tejen la historia de su búsqueda por hacer ficción, por encontrar una voz de escritora en la comunicadora social de la Universidad Javeriana, en la guionista de televisión, en la oficinista de la agencia de publicidad en Cali.

Cuenta que La Perra, una novela corta sobre una mujer que recoge a una cachorra en un pequeño pueblo entre la selva y el mar en el Pacifico colombiano, empezó siendo un cuento, escrito en un bloc de notas mientras “daba teta”, con muchas reescrituras, que comentaron amigos lectores como el escritor caleño Antonio Garcia Ángel. Que la efectividad de la novela y la manera como captura al lector, con “una historia derechita que no se va por las ramas” se inspiraron en Crónica de una muerte anunciada de Gabriel García Márquez y Monsieur Pain de Roberto Bolaño.

Y que cuando la escribió, lloró mucho, porque extrañaba la selva, ese lugar que no se calla, que es como estar en una discoteca todo el día, que la persigue, y que al mismo tiempo, siempre la lleva adentro. Dentro de sus nuevos proyectos se encuentra un libro de cuentos y seguir con sus talleres literarios en la librería Luvina en Bogotá.

¿Piensa en el género de sus narradores cuando está escribiendo?
Sí, el narrador siempre es un personaje, así sea un personaje invisible y creo que también un poco eso lo enseño en los talleres, es que tenemos que crear un personaje que es el narrador, así luego el lector no sepa si es hombre o mujer, pero yo como escritor, como el autor del texto lo tengo que saber. Yo tengo que decir mi narrador es dios que lo ve todo o es una cámara que solo ve y oye y no juzga o mi narrador es… hay que construirlo, saber dónde está respecto a lo que está contando, cuál es su posición frente a los hechos que está contando, si la tiene, porque si es una cámara no tiene una posición o trata de no tenerla.

¿Es más fácil escribir como mujer o como hombre?
Yo creo que como mujer. Yo no he hecho primera persona hombre pero en Coleccionistas de polvos raros hice un personaje hombre que a veces introducía su primera persona, como que el narrador le daba paso y él hablaba en primera persona y uno de mis temores más fuertes era, ¿será que hice bien a este hombre? y esa era una de mis preguntas a mis lectores amigos hombres, yo les decía al final ¿y eso es un man o me quedó como chueco ese hombre? Pues yo creo que creando un personaje mujer me siento nadando en mi medio natural.

La Perra invita a pensar en los cuerpos, los paisajes, la animalidad de esa relación y los diferentes roles que las mujeres asumen ¿cómo siente que se han negociado esos roles en su vida?
Yo soy de Cali y de un colegio de señoritas donde educan a las señoritas no para ser amas de casa. Es un colegio que quiere mujeres profesionales, fuertes, trabajadoras, entonces es un colegio en cierto sentido feminista, pero el lugar en el que a mi me toco ser en la vida en ese Cali era un lugar donde no había muchas opciones para ser artista para salirse de esa norma. El destino que a mi me tenia trazado la vida al haber nacido en ese barrio, en esa familia y en ese colegio, era haber sido una ingeniera industrial y estar trabajando en este momento en Colgate, en Johnson y Johnson o alguna de las multinacionales de Cali, verdad. Entonces lo mío fue toda la vida una lucha por encajar hasta que dije, ay ya, me sabe a mi*rda, yo no quiero encajar, hagamos un intento por ser lo que yo de verdad soy, y fue cuando decidí convertirme en escritora y ya como que salió un caudal, lo que siempre había detenido ser porque eso era lo que me había tocado ser en la vida.

Usted ha escrito mucho sobre el deseo. En cuanto a los personajes, hay un tema de cómo se negocia el deseo con el paso del tiempo, quiero esto y después ya no lo quiero, ya no sé que hacer, ¿cómo fue el proceso de escribir esa idea?
Sí, yo creo que por ejemplo, yo escribía mucho sobre sexo porque conectaba con esa animalidad, como con la consecución del deseo más por instinto. Algo que me gustó mucho cuando publicaron mi libro Caperucita se comió al lobo en Chile es que la editora puso en el texto de la contratapa que estos cuentos se trataban, que en estos cuentos había seducción no normada, seducción que se sale de la norma, no el señor que llega con un ramo de flores y se sienta a hacer la visita en la casa sino quizá mi cuento empezaba, las historias de amor o de los encuentros empezaban por el final. Entonces ese fue un tema que me intereso mucho.

Ahora con la maternidad me di cuenta que esa animalidad no estaba solamente en el aspecto sexual sino en mucho otros aspectos de la vida de los personajes y creo que para eso me sirvió la maternidad, para encontrar otros temas literarios que nos los habría encontrado sin ser mamá.

¿Y quiere tener más hijos?
No. Ya tengo 46 años. Uno es suficiente.

¿Cuál es el peor consejo que se le da a la gente que quiere escribir?
Yo creo que uno no debe alentar que haya escritores, sino desalentarlos y los que uno desaliente y siguen siendo esos son los que son. Como que no sé, hay como esto de aliente a los jóvenes a ser escritores, no. Aliéntelos a que tengan una profesión de la que puedan vivir en la que puedan estar más adaptados a la sociedad, donde no vayan a tener problemas financieros para siempre, donde no vayan a estar en un medio tan competitivo y con tan poquitos espacios, desaliéntelos, que un escritor no necesita que lo alienten, porque un escritor es escritor a su pesar y al pesar de todo el mundo y a pesar de su familia, a pesar de lo que la razón le dicta.

¿Y ahora que ha tenido más éxito cómo está negociando eso con la parte financiera? ¿Todo eso, se ha resuelto un poco en su vida?
Sí, pero igual vivo en pareja y mi pareja trabaja y con él tengo un poco la parte económica mas resuelta entonces. Pero también tenemos mas exigencias porque vivo en Bogotá, tengo un hijo, va al jardín, pagamos cuentas, tenemos carro, entonces somos señores padres de familia responsables y tenemos más responsabilidades. Sí, podemos vivir, no de las regalías de los libros, pero de actividades entorno a la escritura.

En su charla en el Hay Festival contó que escribió La Perra en el bloc de notas del celular ¿Cómo es usualmente su proceso para escribir? ¿Tiene algún ritual?

Eso es un lujo que uno se puede dar cuando tiene mucho tiempo para escribir, cuando no sé, no tiene hijos, cuando ha resuelto los asuntos prácticos de la existencia y tiene un tiempo para dedicarse a escribir entonces ahí puede decir, necesito un lapicero tal, porque yo lo hacia antes, ahora en cualquier ratico libre que tenga ahí escribo.

¿Y cómo hace cuando se desconcentra o se distrae? ¿Qué hace para retomar o enfocarse de nuevo?
Pensar: tiene poquito tiempo aprovéchelo, tiene estas dos horitas hoy aprovéchelas. No sé meta a Facebook, vuelva la bloc de notas.

Ha vivido por muchas partes del mundo y conocido muchos migrantes ¿cómo navega todo eso ahora que está en una vida más estructurada?
Yo veo más desplazamiento en Bogotá que uno ve campesinos recién llegados en las calles con su letrero. En la zona en la que yo vivía (en Buenaventura) era una zona con una base naval, entonces los dos pueblos quedaban entre un aeropuerto militar y una base naval, entonces era un lugar en el que la violencia estaba ahí el lado pero no llegaba.

Era como una pequeña burbuja en un medio súper hostil, pero a una hora en lancha estaba Buenaventura donde había guerra, había momentos en que llegaban desplazados de Buenaventura que venían huyendo porque había estallado una batalla entre dos bandos y llegaban a contar como entraba una camioneta como en las películas y le disparaba a todo el barrio, o como mataban a una mujer porque se había metido con un hombre de un barrio y luego con otro de otro barrio y allá ser de un barrio a veces significa que eras o ‘paraco’ o guerrillero, y era una violencia que estaba en nuestra cara aunque nosotros vivimos lejos, en esa burbuja.

¿En un país como Colombia, los escritores tienen una responsabilidad social de ayudar a evaluar nuestro roles en el estatus quo? ¿Cuál es la responsabilidad del arte?
Todo arte es político. Mi responsabilidad como escritora es solo una, y es contar una buena historia y esa buena historia toma una posición política. Y trato de enseñar en mis talleres que si un texto no incomoda, sino te provoca una conmoción, ¿entonces para que está ahí, yo pienso que la literatura tiene que incomodar, que debe decirnos algo, que debe mostrarnos algo, un espejo en el que no queremos vernos, mostrarnos algo que nos diga “uy”, que nos haga pensar, conmovernos, emocionarnos, que provoque algo en nosotros.

¿Qué está leyendo?
En este momento estoy leyendo a Eduardo Rabasa, “La suma de los ceros”, es uno de los Bogota 39 y voy a presentarlo en una charla. Esta chévere, me interesa hablar mucho con él, quisiera hablar sobre las diferencias entre generaciones.

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