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"Antes de Higuita, yo fui el que empezó la moda de arquero salidor", Navarro Montoya

Es colombiano. De padre argentino y madre paisa. Jugó en el Santa Fe y fue arquero del Boca Juniors, con el récord de 824 minutos sin recibir goles. Conozca a Carlos Navarro Montoya.

Foto: twitter.com/VarskySports/status/1100475425116033025

Es colombiano. De padre argentino y madre paisa. Jugó en el Santa Fe y fue arquero del Boca Juniors, con el récord de 824 minutos sin recibir goles. Conozca a Carlos Navarro Montoya.

Publicado originalmente en Revista Diners Ed. 241 de abril de 1990

Nadie recuerda muy bien por qué se fue Carlos Fernando Navarro Montoya del país. Unos dicen que por indisciplinado, otros que por problemático, y hay quienes afirman que porque se atrevió a decir que este era un fútbol de mafiosos. Él, desde Buenos Aires, afirma que el motivo fue sus enfrentamientos con los dirigentes colombianos.

Llegó a Colombia en 1985. Por entonces aquí no teníamos grandes arqueros, y había que importarlos. Lo llamaron de urgencia para que tapara durante la segunda fase de las eliminatorias para el Mundial de México. Perdimos, pero no por culpa de él. Se quedó en el Santa Fe y allí empezó a hacer sus diabluras dentro y fuera de la portería.

Cuando el partido estaba aburrido, se ponía en cuatro pies debajo del arco y maullaba como un gato. Otras veces salía con la pelota a lo Higuita, aunque no tan lejos. Y cuando terminaba el encuentro la emprendía en declaraciones contra los árbitros, contra los dirigentes deportivos y contra sus propios compañeros de juego. Pero ni en lo uno ni en lo otro estaba tan equivocado.

A finales del 86 se fue para Argentina: Hace unos meses sustituyó como arquero titular del Boca al legendario Gatti, «el Loco», un hombre que le imprimió al fútbol una auténtica dimensión de espectáculo y alegría, y que a los 46 años se retiró como el más experimentado «payaso» de las canchas. Y a Navarro Montoya le dieron a los 23 años el encargo de reemplazarlo, tal vez por su desempeño futbolístico, pero quizás también por su carácter.

Ahora, cuando llegamos al estadio de «La Bombonera», muchos niños están aguardándolo a la entrada a los camerinos. «Mono le dice un muchachito descalzo, prometes que no te meten ni uno mañana? ¿Sí, Mono, sí?». Navarro se queda mirándolo, le acaricia la cabeza y le dice: «Y… está bien, lo prometo». «El Mono» ahora le dicen así es el nuevo ídolo de los niños y de la popular hinchada del Boca Juniors.

Difícil, entonces, esa doble condición de ser colombiano y argentino. Y más difícil aún por las circunstancias en que él se encuentra. Nació en Colombia, y por lo tanto es colombiano, pero vivió toda su vida en Argentina, y habla y piensa como argentino. Y por haber integrado la Selección Colombia alguna vez, las normas internacionales le impiden ir a un Mundial en representación del país austral. Como si fuera poco, necesita nacionalizarse cuanto antes como argentino para poder seguir jugando en el fútbol de ese país.

Su única opción de ir a un Mundial es que lo convoque la Selección Colombia. Pero los técnicos siempre pensarán: «Si tenemos buenos arqueros colombianos que hablan como colombianos, ¿para qué necesitamos un buen arquero colombiano que habla como argentino?». A eso Navarro Montoya contesta:

«Yo amo a mi país porque soy colombiano, porque tengo sangre colombiana, pero también amo a Argentina porque aquí crecí, porque aquí me he hecho hombre. Y lo del acento es solo porque viví más años acá».

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Y cuando dice que en Argentina se ha hecho hombre, está en lo cierto. Es ahora más aplomado, menos fanático si se quiere, en sus declaraciones sobre el fútbol colombiano. Hay que tener en cuenta que las hizo cuando tenía 18 y 19 años.

Un resumen de nuestro diálogo con él es el siguiente:

¿Por qué se fue de Colombia?

«Creo que por algunas diferencias con los dirigentes, no recuerdo bien».

¿Qué diferencias?

«Yo no estaba de acuerdo con algunos aspectos del fútbol colombiano, pues no había control antidoping, no había una agremiación para los jugadores. El jugador tenía muchas obligaciones pero no se le respetaban sus derechos».

¿Cuáles?

«Como por ejemplo ese de tener una agremiación, que se les cumplan sus contratos hasta el día en que firmaron, que tengan un respaldo sanitario adecuado, que las familias y los chicos tengan un lugar donde los atiendan, como sucede aquí, como en cualquier parte del mundo. En Colombia, antes era muy común que el jugador del equipo que no clasificaba al Octogonal se le licenciaba o, en su defecto, no se le pagaban los haberes correspondientes hasta la terminación del campeonato. Una serie de cosas que llevaban al jugador, en especial al colombiano, a estar muy desprotegido».

¿Y sus compañeros apoyaban esas demandas?

«En ese momento muy pocos me acompañaban, aunque yo no hice ninguna convocatoria ni nada parecido, yo solamente expresé mi opinión personal. Pero casi todos en el camerino, a un lado, me decían que estaban de acuerdo, yo creo que a consecuencia de esta falta de personalidad que tenía el jugador colombiano, que estaba muy reprimido y no se le permitía volcar sus pensamientos, sus ideas. Afortunadamente eso está cambiando, y uno ve que los jugadores están expresando lo que sienten».

¿Y qué piensa de la situación actual del fútbol colombiano?

«Bueno, en cuanto a lo de la suspensión del campeonato yo estoy enterado de todo, porque mi familia me mantiene informado. Creo que todos se están dando cuenta ahora de la importancia del jugador colombiano. Espero que este receso sirva como principio para poder mejorar las condiciones aprovechando que hay una gran generación de jugadores en este momento. Puedo decir que fui el iniciador de un movimiento. En ese momento no me entendieron bien lo que dije, pero ahora tengo la satisfacción de que lo que yo proponía se está dando».

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¿Cómo ve a Colombia para el Mundial?

«Colombia, sin duda, va a ser una de las atracciones de este Mundial. El estar allá es ya un gran logro. Pero Colombia no puede soñar en ganar, eso lo veo muy difícil. Y no puede pensar en eso porque es apenas el inicio de un camino, que ojalá se continúe, y siga el trabajo serio para que no puedan decir que es solo una buena racha, como le ha pasado a tantos equipos.

¿Usted piensa volver a jugar en Colombia?

«Bueno, de volver, volvería al Independiente Santa Fe, pero eso ahora lo veo muy difícil, porque en el Boca Juniors estoy muy bien. Yo en un momento, cuando tuve la oportunidad de jugar en la Selección Argentina Juvenil, tomé la decisión de jugar para mi país. Si me nacionalizo argentino entonces ya no podré volver al seleccionado colombiano, pero yo no pierdo la esperanza de que me convoque la Selección de Colombia, aunque ya tiene un equipo muy bien formado y por el momento no tengo lugar allí.

¿Y de Higuita que piensa?

«Con Higuita yo compartí la Selección Colombia, era suplente mío. Yo fui el iniciador de un estilo, del arquero ‘salidor’, fuera del área. René y Eduardo (Niño) lo están haciendo muy bien, y creo que con ellos la Selección va a estar segura».

De todas maneras Navarro Montoya sigue soñando con ir algún día a defender un arco en un campeonato del mundo. Por ahora se dedica también a una escuela infantil de fútbol de la cual es director general. Además de trabajar por los campeones del futuro, a Navarro y sus compañeros les importa fundamentalmente «que el chico se aleje de la calle. Por eso les inculcamos una serie de valores como la amistad, la responsabilidad y la sociabilidad».

Caminando por los pasillos del Club Boca Juniors se entiende más a Navarro Montoya. Quienes dicen en Colombia que los jugadores de fútbol no deben quejarse, deberían ver a todos esos niños que entran y salen del Club con sus paqueticos de camiseta, pantaloneta y tenis.

Son como hormigas que van a practicar o aprender un deporte, cualquiera que sea, no solamente el fútbol. Son, en fin, hijos, o amigos de los hijos, de los miles de socios de un club deportivo como aún no existe en nuestro país, y en el que los niños pueden compartir diariamente con el «Mono» y con sus demás ídolos.

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Mayo
21 / 2019

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